• No se han encontrado resultados

BICHITOS CONTRA DIOS?

In document Renovación nº 36 Agosto 2016 (página 32-34)

1.

rino. Tiene boca y ano pero también cerebro y corazón aunque, eso sí, notablemente redu- cidos. Puede vivir en casi todos los mares tem- plados y cálidos del mundo. Es un tunicado como las ascidias rojas del Mediterráneo, sólo que más pequeño y en vez de estar fijo al sus- trato, vive como las medusas, de aquí para allá, sin rumbo fijo y dependiendo de la direc- ción de las corrientes. Se trata de una especie conocida desde mediados del siglo XIX y de la que se sabía que resiste bien las diferentes temperaturas y concentraciones salinas de las aguas del mar. A los zoólogos nunca se les ha escapado que eran organismos singulares, in- tuición que se ve ahora confirmada mediante los estudios genéticos. Son tan diferentes de los demás organismos que no resulta extraño comprobar que poseen mecanismos biológi- cos también distintos y que carecen del 30% de los genes propios de los demás animales, como se acaba de comprobar. El equipo des- cubridor de esta ausencia de genes en Oiko- pleura dioica, siguiendo los planteamientos del darwinismo, supone que hace 500 millo- nes de años el último ancestro común entre este tunicado y el ser humano, debía poseer dichos genes que supuestamente nos unían, pero que después se habrían ido perdiendo poco a poco. Desde luego, esto se asume sin pruebas porque lo exige el guión ya que, en otra perspectiva diferente, podría plantearse la cuestión: ¿realmente Oikopleuriaperdió el 30% de sus genes o es que quizás no los tuvo nunca? ¿Cabe la posibilidad de que, tanto él como sus congéneres, fueran diseñados así, más o menos con el mismo genoma que muestran hoy y que hayan variado en el tiempo, pero siempre en torno a su determi- nado plan estructural y genético? Ya sé que esto contradice el paradigma imperante hoy. No obstante, cuando no se dispone de prue- bas concluyentes, ¿no es mejor dejar abiertas todas las preguntas? Es evidente que dicho animalito acuático, a pesar de diferir en ese importante tanto por ciento genético, ha so- brevivido con éxito y ha ganado en la batalla de la selección natural. Hoy puebla los océa- nos en una proporción de hasta 20.000 indivi- duos por metro cúbico de agua. Semejante triunfo les lleva a nuestros biólogos a una con- clusión bastante insólita. La de suponer que la pérdida de genes es el motor de la evolución. Pero, ¿cómo es posible que al eliminar genes se cree mayor eficacia y complejidad en las es- pecies? Hasta el propio Darwin se revolvería en su tumba. Él afirmó que la evolución bioló-

gica avanza gradualmente desde lo simple hasta lo complejo. De la materia inorgánica a las macromoléculas orgánicas, de la sola célula hasta el astronauta que voltea la Tierra. Para perder algo hay que disponer de ello previa- mente. ¿De dónde surgió todo ese genoma que se perdió después? Decir que la pérdida de genes pudo ser fundamental tanto para Oi- kopleuracomo para el propio ser humano, y que quizás nos hizo más inteligentes, aparte de ir contra el sentido común, no explica en absoluto el origen de la complejidad genética original, que sigue demandando un diseño in- teligente. Al reflexionar sobre el reducido ge- noma de este animal planctónico, el artículo concluye que no hay animales superiores ni in- feriores ya que todos estamos construidos por las mismas piezas de Lego, sólo que montadas de diferente forma. El biólogo Cristian Cañes- trosentencia: “hemos estado mal influencia- dos por la religión, pensando que estábamos en la cúspide de la evolución. No lo estamos. Estamos al mismo nivel que el resto de los ani- males”. Actualmente suelen estar de moda estas afirmaciones tendentes a confundir la esencia del ser humano. Que estemos forma- dos por átomos y genes no significa que se nos pueda reducir sólo a eso. No conozco a ningún

Oikopleuraque haya puesto satélites artificia- les en la órbita del planeta azul, o escrito algo parecido al El Quijote, o compuesto cantatas como las de Bach. Sí me consta, en cambio, que todos estos organismos del plancton con- tinúan viviendo como inconscientes esperma- tozoides gigantes, pululando a la deriva por los diversos mares del mundo. Afortunadamente, Dios permanece siempre al margen de tales críticas. Ningún bichito, teoría o descubri- miento humano, por raros que sean, podrán jamás desbancarle. Él es la fuente necesaria e insustituible del ser y sin su sustento provi- dente no habría nada de nada. Ni plancton, ni biólogos, ni universo. Si nuestros corazones prosiguen latiendo es porque el Creador toda- vía no ha cerrado su mano. El cosmos no se ha podido crear a sí mismo a partir de la nada. La nada de los físicos no es la nada de Dios. De manera que la causa de la existencia del uni- verso y de los seres que éste contiene, como nosotros mismos, no es una cuestión ade- cuada para la ciencia. Solamente la filosofía y la teología pueden ofrecer alguna respuesta. Pero muchos no se resignan a esta realidad y, como si fueran niños, siguen lanzándole bichi- tos a Dios. R

Unas 17.000 niñas en Españ

ablación y el riesgo s

En España hay 17.000 niñas víctimas potenciales de sufrir ablación

In document Renovación nº 36 Agosto 2016 (página 32-34)