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UN DIOS DESNUDO Y HAMBRIENTO

In document Renovación nº 36 Agosto 2016 (página 88-90)

LUPA PROTESTANTE

“Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; en- fermo, y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a mí’.” (Mateo 25:31-36).

sión en comparación con la de los otros creyentes sin este “ministerio”?

Tras una llenura del Espíritu se buscaba otra; tras una experiencia de gozo en medio de la alabanza se esperaba poder repetir una similar, o mejor, en la siguiente reunión de iglesia. Si los creyentes alaba- ban, levantaban oraciones y asistían sin falta se in- terpretaba que era una iglesia llena del Espíritu y ferviente, en definitiva, una iglesia ideal… pero mientras, tras esas cuatro paredes, el resto de seres humanos podían estar muriéndose de desespera- ción, de dolor o de hambre.

El evangelio resultante por este tsunami de olas ca- rismáticas casi no tenía nada que decir en relación a tomar una cruz para seguir a Jesús. Parecía haber olvidado que muchas oraciones jamás son respon- didas y que el cristiano no va siempre de victoria en victoria. Esta vida tiene una complejidad mucho mayor que esas peligrosas simplificaciones. Estaban tan ocupados en vivir en base a experien- cias del Espíritu Santo que no tenían lugar para ha- blar del Getsemaní. Habían errado en colocar el centro de atención en las vivencias de aquellos pri- meros cristianos registradas en Hechos. Todo su ser y estar debería haber sido la imitación de Jesús. No es a Hechos donde el cristiano debe mirar en pri- mer lugar sino a los Evangelios. El Mesías es el Maestro y es detrás de quien debemos estar. El cris- tianismo es un seguimiento pateando literalmente los caminos polvorientos de este mundo perdido y no una serie de estados espirituales que te eleven a los cielos.

El texto de Mateo con el que abría este artículo está en el contexto del juicio final. Allí el Rey está juz- gando a todo ser humano y no lo hace con base a experiencias, profecías o número de oraciones rea- lizadas. Tampoco al número de conversiones con- seguidas. Lo realiza teniendo presente si dimos de comer al hambriento, si calmamos la sed del se- diento, si aceptamos al extranjero, si vestimos al desnudo, si visitamos al enfermo y si fuimos a ver al encarcelado. Aquellos otros a los que condena es porque no realizaron nada de lo anterior.

Ambos grupos de personas le preguntan al Rey que cuándo lo vieron en estas circunstancias ya que, al principio, es este mismo Rey el que se presenta a sí mismo como al que vieron en todas estas necesida- des y lo auxiliaron o no. La respuesta: “Os aseguro que todo lo que hayáis hecho en favor del más pe- queño de mis hermanos, a mí me lo habéis hecho”. Por medio de una total contradicción en la concep- ción de lo que era la vida opulenta de un rey, Jesús

se presenta como un monarca hambriento y des- nudo. No sólo experimentó mucho de esto en su vida terrena, sino que además vivía como algo pro- pio cualquier injusticia y quebranto que el ser hu- mano padeciera. Esto sí que es compasión y misericordia.

Pero, una vez dicho esto, el mensaje de Jesús no se trataba de un evangelio puramente social. El Galileo entendía que sus seguidores debían actuar para ali- viar tanto el sufrimiento del alma como el del cuerpo. Era una Buena Noticia que en primer lugar se dirigía al ser humano perdido en sí mismo, que permanecía sin esperanza y que necesitaba un Sal- vador. Y desde aquí se comprende que la Iglesia ver- dadera no puede estar mirándose el ombligo, sino que, por el contrario, es aquella que prepara come- dores sociales o es la que envía misioneros a otros lugares. Es la que se deja sentir en su entorno, y todo ello como consecuencia de que ha conocido la redención. Esta experiencia de gracia es la que la impulsa a tomar. de sus muchos o pocos recursos, materiales y destinar una parte para comprar las medicinas de varios ancianos del asilo que está frente a su casa. Es el ejemplo de Jesús el que le im- pele a adquirir ropa y salir una fría noche de in- vierno buscando indigentes que la necesiten. Estos creyentes no pueden olvidar que ellos eran autén- ticos indigentes espirituales, personas rotas y des- orientadas hasta que se encontraron de frente con el Sanador.

¿Por qué la iglesia llega a ser tan irrelevante en medio de la sociedad? La respuesta no puede ser otra a que ha olvidado a quién debe seguir e imitar. A aquellas otras iglesias históricas o denominacio- nes que creen estar centradas en la “sana” doctrina y presumen de no haberse contaminado con el sen- timentalismo carismático, me temo que tampoco les ha ido muy bien al haber igualmente permane- cido muy satisfechas consigo mismas.

Lo más esencial en este sentido, me temo, todavía no ha sido redescubierto por la gran mayoría de los cristianos.

“Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, ense- ñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y viendo las multitudes, tuvo compa- sión de ellas, porque estaban angustiadas y abati- das como ovejas que no tienen pastor.”(Mateo 9:35-36). R

En el capitulo anterior analizamos la similitud que existe entre las cosmogonías míticas que sustentaban las civilizaciones antiguas y la cosmogonía que hallamos en los textos de la Biblia, tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento. Esto no es sorprendente, pues los escritores sagrados compartieron la cos- movisión de las culturas de su entorno. En este capítulo hemos de remitirnos una vez más al huevo cósmicode las tres “moradas”, porque en esta imagen del mundo mítico radica el lenguaje simbólico de la Biblia.

Si bien los filósofos griegos fueron abando- nando los mitos para preguntarse por la realidad desde una apuesta “científica”, es decir –en aquella época–, por medio del análisis de la naturaleza de las cosas, no obstante, fueron explicándose de maneras filosóficamente diferentes y, a veces, contradictorias. Las más

importantes para nosotros son el dualismoy el monismo, que son dos maneras de entender el mundo y su realidad.

El dualismo es un sistema religioso y filosó- fico que admite la existencia de dos principios diversos y contrarios entre sí: espíritu y ma- teria, cuerpo y alma, bien y mal…, y que, entre uno y otro, siempre están en un eterno conflicto. En China el dualismo se observa en la materialización del yiny el yang. [1] El dualismo está presente en todas las religiones, desde las animistas más primitivas hasta las monoteístas más sofisticadas, como son el judaísmo, el cristianismo y el islam, y en toda formulación filosófica de la vida. De manera que es muy difícil abstraerse de cualquier tipo de dualismo.

Emilio Lospitao

In document Renovación nº 36 Agosto 2016 (página 88-90)