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Capítulo II. Dinámicas de poder desde el dispositivo Familias en Acción: control y regularización

2.1. El biopoder y sus dispositivos

Estamos en la época del biopoder, un poder que invade la vida, y que desde allí impregna la subjetividad, las relaciones sociales y las instituciones de la sociedad de forma eficaz; un poder cuya amplitud y profundidad va más allá de lo que creemos. Como poder se dirige a los seres humanos en tanto seres vivos, ejerciendo su dominio precisamente sobre su calidad de vivientes: para Aristóteles, el hombre era “un animal viviente y además capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en cuya política está puesto en entredicho su vida de ser viviente” (Michel Foucault, 1977, p.152).

Sin embargo, el poder no reside en ninguna parte. El poder se expresa en relaciones en las cuales, la parte que controla -o que intenta controlar- existe en referencia a otra parte, que constituye su resistencia. En otras palabras, para la comprensión de lo que es hoy el poder, es preciso mostrar el accionar del poder en sus dos polos: control y resistencia.

Quién Gobierna, Para Qué Gobierna o A Quién se Gobierna, preguntas que se ha hecho la ciencia política tradicional, deben hacerse en el marco de la gran pregunta del Cómo se Gobierna, que no se limita solamente a la descripción de las formas de gobernar sino que más bien apunta a ver el conjunto de estrategias que se articulan para que el poder pueda darse y se difunda, estrategias que tienen que ver tanto con el control como con la resistencia. Si es posible hablar de una racionalidad política que subyace a una forma particular de expresión del poder, tal racionalidad sería la que surge como resultado de una articulación de acciones y prácticas de actores y circunstancias múltiples -no siempre coherentes y en constante recomposición-, que debe ser develada a través de esa mirada desde el Cómo se Gobierna.

Se requiere entonces una descripción exhaustiva de los procedimientos o tecnologías, con sus dispositivos y mecanismos, que son los términos que utiliza Foucault y que grafican tanto el papel que cumplen, así como lo que hay que buscar en el análisis. Santiago Castro-Gómez, recogiendo lo desarrollado por Foucault, señala que los dispositivos son “emplazamientos” que articulan elementos muy distintos entre sí, que se definen por la

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función que cumplen como conjunto. Son “cajas de resonancia” que permiten que cada elemento se exprese dentro de un accionar articulado por una racionalidad eminentemente práctica (Castro-Gómez, 2010, Cap. 2).

De estos dispositivos y mecanismos se sirve el poder en su intento de control en el marco de una racionalidad política determinada. La forma como se establece la articulación interna de estos dispositivos está influida por la dinámica de las resistencias, que surgen en oposición a éstos y que provocan gracias a su accionar, nuevas articulaciones y reordenamientos en los dispositivos del poder (Rubén Antonio Sánchez, 2007). Este será el marco analítico general para analizar lo que sucede alrededor del PTC Familias en Acción.

Antes de entrar al análisis requerimos hacer algunas precisiones conceptuales. Este poder para la vida o biopoder al que hemos hecho referencia, se organizó bajo dos modalidades: a) La anatomopolítica del cuerpo humano, que se centró en el cuerpo como máquina, lo que fue posible gracias a la intervención de las disciplinas, es decir, las disciplinas del cuerpo y, b) la biopolítica de la población, la cual se centró más bien en la especie humana y se fue consolidando a través de una serie de intervenciones y controles reguladores que se expresaron en dispositivos de seguridad para regular a la población. “…los dispositivos de seguridad ya no buscan disciplinar los deseos sino gobernar la circulación” (Castro-Gómez, 2010, p. 81). Sin embargo, estas dos modalidades coexisten en la expresión de las tecnologías de poder actuales, como de hecho nos proponemos explorarlo a través del análisis que haremos del PTC Familias en Acción.

La biopolítica otorga mayor importancia a la norma frente a la ley (propia de la disciplina), ya que busca distribuir, apreciar, jerarquizar, hacer mediciones, administrar flujos, sobre lo viviente. Importa más regular que legislar. Y en contra de ese poder que se va tornando omnipotente, es la defensa de la vida misma la que se alza contra esta intención de dominio y la que se expresa en los contenidos que asumen las prácticas de resistencia. El biopoder tiene un referente que emerge de la propia vida que se resiste a ser dominada, que permite definir el concepto de resistencia o de contra-conducta. Y ya que “el poder no se ejerce sino sobre sujetos libres”, siempre es posible la reversibilidad en la relaciones de

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poder15

Ahora bien, la noción de resistencia en Foucault difiere mucho de la manera en la que normalmente se la entiende: “Es sólo en términos de negación que hemos conceptualizado la resistencia. […] la resistencia no es únicamente una negación: es proceso de creación. Crear y recrear, transformar la situación, participar activamente en el proceso, eso es resistir.”

. La resistencia, por lo tanto, es un aspecto inherente a toda relación de poder, que se enmarca en la complejidad de las manifestaciones de este poder relacional.

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Asimismo, Foucault prefiere hablar de agonismo más que de antagonismo en las relaciones de poder: “…Foucault prefiere el término agonisme que define como una relación a la vez de incitación recíproca y de lucha, de provocación permanente. El análisis del agonismo entre las relaciones de poder y la intransitividad de la libertad constituye la tarea política inherente a toda existencia social.” (Rosa María Rodríguez, 1999, p. 193).

El análisis de las políticas públicas, que forman parte de las formas de gobierno de la población y, en particular, el análisis de las políticas sociales, cuyo objeto directo es el bienestar de la población, puede aportar a la comprensión del biopoder en nuestros tiempos. Pero, es preciso descubrir cómo es el juego en el que disciplina y regulación (anatomopolítica y biopolítica) despliegan sus estrategias y en el que se ejercen resistencias de diversa índole, creando una dinámica permanente que es preciso describir en detalle. Analizar las relaciones de poder a partir de la “confrontación de estrategias” jugadas desde las tecnologías biopolíticas, desde un dispositivo concreto como el PTC Familias en Acción y su espacio relacional, nos parece una vía adecuada para lograrlo.

15 Nos remitimos al propio Foucault que hace la distinción entre lo que es poder y dominación: los estados de

dominación se producen cuando las relaciones de poder no permiten a los participantes el manejo de estrategias que las puedan modificar y cuando se bloquean todas las opciones de respuesta creativa y no hay libertad. Mientras haya libertad de acción del sujeto, entonces estaremos dentro de una relación de poder, en el sentido que le atribuye Foucault.

16 Citado en Lazzarato, Maurizio (marzo de 2000), Del biopoder a la biopolítica, En: Multitudes, núm 1.

(traducción informal) y tomado de la recopilación de escritos y entrevistas a Foucault reunidas en Dits et Scrits.

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Cuando Foucault hizo el análisis de la anatomía política del cuerpo y de la biopolítica de la población, llamó la atención acerca de la compleja red de sistemas disciplinarios y tecnologías prescriptivas a través de las cuales operaba el poder en la era moderna, estableciendo que la sexualidad emergió en este periodo histórico como un mecanismo de nuevas formas de organización del conocimiento (Biddy Martin, 1988), es decir, la famosa diada poder/saber. Su análisis de la sexualidad como dispositivo de poder17

La articulación entre la disciplina y la regulación se da, según Foucault, a partir de “arreglos concretos” en los cuales el dispositivo de sexualidad ha sido uno de los más importantes apoyos del biopoder desde el siglo XIX. El sexo, que se ubica en la intersección entre la disciplina y el control, ha sido la base para las disciplinas y las regulaciones que permiten acceder a la vida tanto del cuerpo como de la especie humana. En la sociedad del sexo o de la sexualidad, que es como denomina Foucault a la sociedad moderna, “los mecanismos del poder se dirigen al cuerpo, a la vida, a lo que la hace proliferar, a lo que refuerza la especie, su vigor, su capacidad de dominar o su aptitud para ser utilizada” (Foucault, 1977, p. 156).

alude a una “historia de los cuerpos” en la que el poder se dedicó a invadir la materia principal de que están hechos: la vida.

Foucault habló de la “idea de sexo” y su papel en el biopoder, pero no tomó en cuenta la diferencia sexual y sus implicancias para el propio análisis del biopoder. Al respecto, Rodríguez señala que:

…Foucault traza un lúcido y rico espacio de la histerización del cuerpo de la mujer que nos posibilita integrar en un mismo análisis el paradigma constructivista del sexo femenino, el desarrollo normalizado de su corporeidad, su función como madre y reproductora, y su configuración en la espesa trama médico-legal psicológica y moral. Pero olvida analizar cómo esa construcción del género anida y alimenta todas las demás estrategias tanto prácticas como teóricas del dispositivo de la sexualidad. Así la conceptualización de los géneros está a la base de la biopolítica y del cuerpo-especie cuyo tratamiento foucaultiano encontramos excesivamente desexualizado. (Rodríguez, 1999, p.219).

17 Foucault afirma de manera radical que el sexo no es el espacio donde se manifiesta la sexualidad, sino que

éste es “una idea compleja, históricamente formada en el interior del dispositivo de sexualidad” (Foucault, 1977, p. 162), y es un producto de las estrategias de poder del dispositivo de la sexualidad.

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Gracias a la división sexual del trabajo y a sus implicancias de género, es que el biopoder pudo lograr su cometido de controlar el cuerpo para su funcionalidad en los esquemas de producción capitalista así como en el control de las poblaciones. La recurrencia permanente a la mujer y al reforzamiento de sus roles en el cuidado, dentro de un esquema tradicional y discriminatorio, ha sido una constante y lo sigue siendo.

Nos preguntamos si los Programas de Transferencias Condicionadas, modelo del actual y exitoso Programa Familias en Acción, en tanto dispositivos del biopoder, albergan mecanismos disciplinarios y reguladores. Estos PTC funcionan a través de la participación de las mujeres madres de familia -que son las receptoras y administradoras de los subsidios monetarios-, y necesitamos saber en qué medida están reafirmando los roles tradicionales de género, atribuyéndoles la principal responsabilidad en el cuidado de la familia, ya que se asume que son quienes administran mejor los recursos para el hogar. ¿Qué significa que se recurra a la mujer en su rol de cuidado? Por eso nuestra búsqueda requiere incorporar la perspectiva de género para poder dar cuenta cabal de lo que sucede en los espacios de interrelación entre el Estado y las mujeres que se generan en el accionar de este dispositivo. Los estudios de los PTC que adoptan una perspectiva de género han cuestionado que se utilice a las madres de familia como meros instrumentos para lograr los objetivos del Programa, que se estén reforzando patrones tradicionales de división sexual del trabajo que van en detrimento de las mujeres y que estos programas no atiendan de manera explícita sus necesidades estratégicas como mujeres18

18 Se alude, entre otros aspectos, a la carga adicional de trabajo que cae en los hombros de las mujeres que

conlleva la participación en estos programas y la posible exacerbación de la violencia basada en el género generada por la competencia por el aprovechamiento del subsidio condicionado al interior del hogar. Este asunto será desarrollado más adelante.

. Es cierto que estos programas no las asumen como sujetos de la política, pero esto no quiere decir que ellas estén participando de manera pasiva. En la relación que se establece entre el programa y las mujeres madres de familia participantes, pese a que se trata de una relación instrumental, hay asuntos tanto o más serios que pueden estar en juego.

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¿Qué es lo que está sucediendo con ellas a partir de su acción en el PTC y de qué manera lo que están viviendo está marcando la constitución de ellas mismas como sujetos? Si en esta relación de poder -en donde el PTC estaría en posición de dominio y las mujeres en la resistencia-, ambas partes ponen en juego una diversidad de estrategias y prácticas, habría que preguntarse si las prácticas de resistencia de las mujeres están dando la pauta en la relación de poder que se está jugando, y cuáles han sido las respuestas del PTC a la resistencia ejercida por las mujeres, ya sea como personas individuales, es decir frente a los mecanismos disciplinarios, o como colectivo, haciendo frente a los mecanismos de regulación.

La resistencia al biopoder se expresa en la defensa de la vida pero, qué implica esta afirmación en el caso que vamos a analizar. Por el lado de la resistencia, lo que se juega para las mujeres que están en la pobreza y para sus familias no es nada menos que la sobrevivencia. Pero, se juegan también otros asuntos tan vitales como éste como lo son el descubrimiento y la oportunidad de apropiación de nuevos espacios de autonomía y de poder en la situación límite que impone vivir en la pobreza y su propia autoconstrucción como sujetos.

Por el lado del control y la regulación expresados en el PTC Familias en Acción, caemos en cuenta que este dispositivo ha sido definido como eje de las acciones estatales para combatir a la pobreza, desde el cual se pretende articular todo el conjunto de acciones en este campo19

19 Bruno Lautier (2005) señala que llama la atención que la función de control de las políticas sociales, y en

particular lo referido a la lucha contra la pobreza, sea ocultada en estos días, cuando antes existía consenso entre los historiadores que esta lucha no sólo servía para dar ayuda a los pobres, sino también para controlarlos.

. Aunque el PTC en cuestión cubre sólo a la población que está en la pobreza extrema, es un dispositivo de enorme valor simbólico, ya que por las dimensiones del problema de la pobreza en Colombia, la creciente desigualdad social, económica y cultural, a lo que se agrega la situación de permanente conflicto político que vive el país, estamos también ante una situación de importancia vital para el gobierno. Hasta qué punto este programa canaliza la necesidad que tiene el Estado de controlar y regular a esta población. A esto se aúnan las exigencias, tanto internas como las que provienen de los

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organismos internacionales, que apuntan a comprometer a los Estados en la garantía de los derechos fundamentales y a poner en prácticas medidas frente a la pobreza. Este dispositivo, cuyo discurso plantea combatir a la pobreza, viene siendo por tanto un espacio privilegiado para el despliegue del biopoder.