• No se han encontrado resultados

LA BONDAD ANTES QUE EL BIEN

¿ Usted diría entonces que Dios, o el Dios de la Biblia, es el Bien, es la justicia, y que quizás es más importante saber esto que insistir en que es único?

Sí. Pero es muy importante distinguir entre la idea de Bien, o su «concepto», como dicen los filósofos, y la experiencia muy concreta del bien y de lo bueno. La idea del Bien, tal como se encuentra en los filósofos griegos, y especialmente en Platón, supone que cada uno, con su propia subjetividad, debe «subir», para realizar el Bien y realizarse así él mismo, hacia el concepto, la idea, el ideal; en otras palabras, buscar el Bien, la Belleza y la Verdad. Esta forma «idealista» de ver las cosas es peligrosa, pues está desconectada de la vivencia de los hombres; de repente, por realizar el Bien, puedo hacer mucho mal.

también en otros han suscitado crímenes en nombre del Bien presente o futuro. La Inquisición es un triste ejemplo, en particular para los judíos. Vaclav Havel, el presidente de la República checa y ex disidente, lo ha expresado magníficamente en uno de sus discursos:

En nombre de los partidos, se llenaron los hospitales psiquiátricos de hombres y mujeres que se atrevieron a pensar.

En nombre de verdades «científicas», se envió a los opositores a las tinieblas del oscurantismo y la locura.

[...]

En nombre de la verdad de ideologías revolucionarias, los intelectuales masacraron a su propio pueblo.

En nombre del Dios único, la Inquisición encendió hogueras.

En nombre de otro Dios, también único, se declaran guerras santas con la buena conciencia de cumplir con la justicia y el deber.

¿Pero la Biblia propone de todos modos hacer el bien?

Sí, pero no se trata de un Bien conocido con antelación (en nombre de esta idea, Abraham obedeció sin chistar y llevó a su hijo al sacrificio). En la tradición bíblica, la «idea del Bien» se transforma en bondad concreta para con otro. Sólo hay esta norma de bondad para con el prójimo sea éste cual sea. El prójimo hace la ley. La diferencia con el Bien es que la bondad para con el prójimo supone sujetos, personas concretas y no ideas y valores abstractos. La tradición hebraica a veces ha expresado este cambio de perspectiva con las imágenes de la pirámide y la estrella. Una de las metáforas de la filosofía o del sistema político de Egipto es la pirámide: triángulo apoyado en su base, cima que apunta hacia lo alto, evoca la idea de un conjunto de sujetos que no se definen por su relación con ellos mismos, sino por la construcción de un valor divino supremo. El Dios que se revela en el Sinaí a los judíos que han salido de Egipto se define siempre, en cambio, respecto de ese suceso de liberación. Cuando habla, dice: «Soy el Eterno, tu Dios que te hizo salir de Egipto, de la casa de esclavitud» (y no: Soy el Dios de lo alto, el Dios pirámide por construir y por esperar).

Para el conjunto de los hebreos se funda la posibilidad de una sociedad, de una política y de una religión sobre su relación con una «ética», un vínculo con el otro, un cara a cara concreto bajo el signo de la bondad (en otras palabras, sobre el conjunto de bondades concretas que surgen del cara a cara de cada uno con cada uno), y no sobre un Bien definido de an- temano.

Podríamos decir, entonces, que prevalece la imagen de una pirámide invertida, con la base arriba y la punta abajo. La revelación de Dios en la Biblia consiste en invertir el «sistema» del Bien que simbolizaba la religión egipcia con sus pirámides. Si se juntan la pirámide de pie sobre su base -el sistema antiguo de referencia, del que hay que liberarse siempre- y la pirámide invertida -la novedad que aporta la revelación-, se obtiene una estrella, la Estrella de David. Ésta es la revolución que aporta la Biblia.

Como dice un personaje en Vida y destino, novela de Vassili Grossman: «No creo en el Bien, creo en la bondad.»

Y no obstante Abraham obedeció sin chistar...

Quizás cree que el sacrificio no se concretará: «Dios proveerá», le dice a su hijo cuando éste le pregunta por el cordero del sacrificio. Y en el mismo texto se encuentran otras señales de confianza. Abraham alude a que volverán «juntos». Pero también se puede comprender -eso creo- que el texto quiere enseñar que Abraham todavía está en la ignorancia, que se equivoca con Dios. Es un gran Justo, pero sigue preso del sistema antiguo. Con Abraham, el lector debe aprender que el creyente es capaz de hacer gestos que matan en nombre de Dios. Pero son gestos idólatras. Después del «no sacrificio» de Isaac sabemos definitivamente que nunca está permitido cometer actos de violencia contra otro hombre -en este caso, el propio hijo de Abraham- en nombre de un sistema de valores, por muy «superiores» que se los proclame.