Si uno hace lo correcto, no habrá nada que perturbe su mente y que él no pueda evitar. Debería estar completamente convencido de que si cumple con su deber, la Providencia se encargará del resto, y nunca pondrá en su camino accidentes, pobreza, enfermedad o cualquier otro mal, excepto en caso de un buen propósito final.
P. T. Barnum
Tal y como yo lo veo, existen dos corrientes sobre los humanos y la plegaria. Si lo reducimos a la esencia, una corriente defiende que las personas deberían decidir qué quieren y pedírselo a Dios, mientras que la otra corriente defiende que las personas deberían dejar que Dios decidiera y entenderlo y ejecutarlo ellas mismas. En cierto modo, es enfrentar el «pide y recibirás» y el «mi voluntad no, la tuya».
Personalmente, creo que son válidas las dos, sin ser excluyentes, y que, como casi siempre, no todo se reduce a eso.
¿Es posible que ambas fueran ciertas?
En mi libro There’s a Customer Born Every Minute , que relata la vida de P. T. Barnum, hablo de su impresionante habilidad para enfrentarse a los numerosos desastres y tragedias personales de su vida con gran aplomo: «Sorteó las tormentas con una calma que mucha gente envidiaría. Barnum nunca perdió la actitud optimista frente a la vida en general. Sabía que todo saldría bien».
Cuanto más me metía en su mundo, más entendía que lo que en realidad le permitió mantenerse «en pie», como él decía, a pesar de todos los obstáculos que se le presentaron, fue la fe, expresada a través de la sencilla idea de «mi voluntad no, la tuya». En el libro, me refiero a esto como a uno de sus «círculos de poder». Fue la fe lo que permitió que todo fuera posible para él. Incluso se la llevó a la tumba, porque en su humilde lápida puede leerse «Mi voluntad no, la tuya».
Según diversas investigaciones llevadas a cabo por instituciones como Spindrift, esta actitud de «mi voluntad no, la tuya» en la plegaria es la que funciona mejor para obtener resultados. Sinceramente, hace que te plantees por qué alguien iba a molestarse en rezar, hasta que recuerdas que el objetivo de la plegaria es apartarte y permitir que lo Divino ejerza su poder sobre nosotros.
Invoking Divinity, junto a Mathew Dixon:
Querido Divino, te doy las gracias por todo lo que me has concedido, lo haya visto o no, y todo lo que sigues haciendo por mí. Te doy las gracias por mi vida, y todo lo que hay en ella y lo que la rodea. Tengo la suerte de que me hayas bendecido de formas que ni siquiera sé, desde el regalo de la vida hasta todas las experiencias que me has dado y he atraído. Sé que hay una corriente divina y una dirección en mi vida, y tú me animas a seguir mi camino y a cumplir la misión que me has asignado, y te doy las gracias. Te agradezco el aire que respiro, el cuerpo que poseo y el amor que me demuestras incluso cuando no estoy pendiente. Solicito la eliminación de todos los obstáculos que pueda tener en mi interior y que me impidan cumplir tu misión. Estoy dispuesto a olvidarme de todo y dejar fluir lo Divino.
Te habrás dado cuenta de que esta plegaria está básicamente centrada en la gratitud y que la única petición es la eliminación de cualquier obstáculo que pueda interponerse a la actitud de «mi voluntad no, la tuya».
No obstante, quiero aclarar que poner en práctica esta idea no significa que debas quedarte sentado sin hacer nada. Significa que debes emprender acciones
inspiradas, y eso nos lleva a la segunda parte del proceso: «Pide y recibirás».
Estas palabras son tan importantes y relevantes para la plegaria como «mi voluntad no, la tuya», y si las tomamos de forma literal, pedir no está mal. Es lo que se supone que debes hacer. Sin embargo, ten en cuenta que en ningún sitio pone que recibirás lo que has pedido. Simplemente, dice: «Recibirás».
Recibirás algo.
Y ya está. Eso es lo que dice.
Dicho de otra forma, puede que no recibas lo que has pedido… [Redoble de tambores, por favor.]
Pero recibirás lo mejor para ti en ese momento . Recibirás lo que has pedido u
otra cosa mejor (que puede acabar llevándote a lo que habías pedido).
Si nos lo planteamos así, establecer una intención (paso dos: pedir/solicitar) y abandonarnos a la suerte de lo Divino (paso tres: acción inspirada/«Se hará tu voluntad») son las dos caras de la misma moneda. Coexisten con la finalidad de que recibas, emprendas acciones inspiradas y crees la vida que deseas. La acción inspirada es la consecuencia de la conexión directa con lo Divino en tu interior. Suelo describirlo como una especie de empujón o motivación que viene acompañado
de una energía dulce, de buenas sensaciones. Es algo que quieres hacer. Es como si una fuente de origen divino te empujara a hacer algo; ésa es la parte de la acción. Abandonarte en manos de lo Divino significa que emprendes una acción sin preocuparte por el resultado final.
Mientras escribía este libro, hablé con George Helmer, que fue socio de Steve Reeves, el legendario culturista y actor. George acababa de terminar una biografía de Reeves titulada A Moment In Time. Me dijo: «Es que no podía dejar de hacerlo. Se me metió en la cabeza y era imposible ignorarlo. No sabía escribir un libro ni qué iba a hacer con él cuando lo hubiera terminado, pero lo hice de todas formas». Y el libro ahora está publicado.
Presencié cómo a mi mujer le sucedía algo parecido. Nerissa trabajó día y noche, hasta la extenuación, para crear setenta y cinco recetas originales. Se trataba de «panes» elaborados a partir de semillas y frutos secos, sin cereales. No sabía cómo se materializarían aquella inspiración y aquella acción, pero acabó escribiendo el libro Bread-Free Bread. Y se ha convertido en un éxito de ventas.
P. T. Barnum era un maestro en esto, y siempre estaba emprendiendo acciones relacionadas con sus muchos objetivos y proyectos al tiempo que dejaba la última palabra en manos de lo Divino. «Mi voluntad no, la tuya» era su plegaria secreta para vivir una vida sin estrés. Y fue esta fe la que le dio la libertad y el optimismo emocional que mantenía su elevada energía (el «círculo de poder») que le hizo prosperar cada uno de los días de su vida.