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Dónde está Dios?

In document Joe Vitale - La Plegaria Secreta.pdf (página 121-125)

Nuestras voluntades son nuestras para hacerlas vuestras.

Alfred Lord Tennyson

«¿Crees en Dios?».

La gente me lo preguntaba después de leer La ley de la atracción o leer (o ver la película) El secreto.

De algún modo, asumieron que la Ley de la atracción sustituía a Dios.

De alguna manera, asumieron que la gente que pone en práctica la Ley de la atracción está jugando a ser Dios.

Y eso me confundió.

Yo solía responder: «Dios nos ha dado la Ley de la atracción. Igual que Dios, o lo Divino, el Universo o la Naturaleza, nos ha dado la gravedad. Es una herramienta que podemos utilizar, pero no sustituye al que nos la ha dado».

Después, explicaba que sí que creo en Dios, pero que, normalmente, suelo referirme a lo Divino como «esa fuerza suprema de la vida» para neutralizar cualquier sentimiento que a algunas personas les despierta la palabra Dios.

Sin embargo, esta fuerza invisible, no sólo nos da la vida. También nos dirige hacia una dirección en concreto.

En cierto modo, esa fuerza nos va «podando».

A medida que vas avanzando por la vida, los acontecimientos te van golpeando y eso es una forma que tiene la Vida (Dios, lo Divino, etc.) de dirigirte hacia donde ELLA quiere que vayas.

Si te dejas llevar por los empujones de la vida, todo es más fácil. Y este capítulo es un ejemplo de ello.

Estaba sentado, cenando con Nerissa, cuando se me ocurrió la idea de este capítulo.

Yo no estaba buscando ideas. Estaba disfrutando de la cena.

Sin embargo, he aprendido a obedecer las inspiraciones de lo Divino.

De modo que me volví hacia Narissa y dije: «¿Sabes que a veces se me ocurren ideas en los momentos más inoportunos?».

Me entendió.

Y la siguiente historia es otro ejemplo.

Estaba en Nueva York por trabajo y decidí ir a la tienda Rudy’s Music Store en el SoHo.

Sabía que era un establecimiento conocido, que Rudy Pensa es un reconocido coleccionista de instrumentos raros y supuse que valdría la pena ver la tienda.

Y así fue.

La preciosa tienda ocupa dos pisos llena de guitarras viejas y nuevas, acústicas y eléctricas, algunas piezas muy apreciadas por los coleccionistas, pero todas maravillosas.

Aquel lugar me dejó sin palabras.

En una funda había una guitarra archtop D’Angelico New Yorker de 1938. Si entiendes de guitarras, se te acaba de descolocar la mandíbula.

El difunto John D’Angelico está considerado el Miguel Ángel de los fabricantes de guitarras.

Los coleccionistas, músicos, museos y seguidores van como locos detrás de sus instrumentos.

Se han escrito libros sobre su estilo y sus guitarras.

Incluso Rudy, el propietario de la tienda, creó una gigantesca mesita (la Archtop Guitars) con imágenes de algunas de las piezas de D’Angelico, conoció al propio D’Angelico y posee varias de sus guitarras.

D’Angelico fabricó 1.164 guitarras (murió en 1964). No hizo a mano todas esas guitarras por la fama o por el dinero. Solía decir: «¿Una fortuna? ¿Un título? ¿Para qué? Quiero fabricar guitarras que lleven mi nombre, para mis propios clientes, tal como me gusta hacerlo. ¡Para mí, eso es una buena vida!».

Y ahí estaba yo, frente a una de ellas.

Gordon, el vendedor, sacó la obra maestra de 1938 de la funda y me la dio. —¿Puedo tocarla? –pregunté.

—Por supuesto –respondió él–. Queremos que experimente cualquier guitarra que vea en la tienda.

Sujeté el instrumento como si fuera una pieza de museo. Rasgué las cuerdas y escuché un sonido celestial.

Miré la guitarra y vi la artesanía divina en ese instrumento.

Sabía que la habían cuidado bien, que la habían mimado y que todavía estaba en unas condiciones excelentes.

—Todo es original excepto la cubierta del golpeador –dijo Gordon–. Incluso tenemos la funda original.

Después, Rudy me enseñó el documento con la referencia: número de serie, año de fabricación y para quién se había fabricado, todo escrito a mano por el propio D’Angelico.

Fue entonces cuando noté un pequeño vuelco en el corazón que creo que es la llamada de lo Divino.

Y he aprendido a hacer caso a esas pequeñas señales.

Cuando Rudy me dijo el precio de la guitarra, y después de recuperarme del susto, le pregunté si no había ningún descuento para un amante de las guitarras que seguramente le compraría más piezas. Rudy se rio, hizo algunos cálculos y me ofreció un pequeño descuento.

La compré.

¿Y qué tiene que ver eso con Dios? Mira entre bambalinas…

Sólo fui a una tienda de todo Nueva York, a Rudy’s. Podría haber ido a cualquiera.

Creo que fue el resultado de que lo Divino me marcó la dirección.

Después, cuando salí de la tienda y decidí caminar los tres kilómetros que me separaban del hotel, me pregunté qué consecuencias tendría mi inversión en una valiosa obra de arte.

Y entonces tuve otra inspiración. (¿De dónde salen esas inspiraciones?)

Me di cuenta de que mi siguiente libro, La plegaria secreta (sí, el que tienes entre las manos) ganaría mucho si añadía la historia de cómo sentí una fuerza que me guiaba hasta la guitarra.

El hecho es que antes de salir del hotel había pronunciado una plegaria, pidiendo que la vida me llevara al lugar adecuado y que me permitiera vivir un acontecimiento feliz.

Como he escrito antes: «La plegaria es una forma de activar la Ley de la atracción a través de la petición de una intención y la invitación a una inspiración».

Pronuncié mi plegaria con gratitud, pedí un día lleno de emociones y emprendí una acción cuando seguí mi instinto hasta la tienda de Rudy.

A partir de ahí, sencillamente permití que el milagro sucediera. Y sucedió.

Dicho de otra manera, Dios me dirige (y a ti también, por supuesto), y nosotros podemos atraer (o permitir) los milagros si actuamos de acuerdo con las señales y las oportunidades que nos ofrecen.

Eso sí, tenemos que participar.

Podría haber dicho: «En lugar de ir a Rudy’s, me voy a un Starbucks». Podría haber dicho: «No, esa D’Angelico es demasiado cara».

Podría haber dicho: «No, prefiero acabar la cena en lugar de escribir este capítulo».

Sin embargo, cuando dices SÍ a las inspiraciones, y actúas acorde a ellas, estás siguiendo el plan que lo Divino ha diseñado para ti.

Cuando sigues la inspiración (ya sea fabricar una guitarra del calibre de una D’Angelico o comprarte una), sigues el camino que lo Divino te ha marcado.

No obstante, quizá necesites una sensibilidad muy profunda para ser consciente del susurro, y una fe absoluta para actuar cuando te lo indiquen.

Werner Erhard, creador de est (Erhard Seminars Training) solía decir: «Si supieras lo que Dios quiere que hagas, lo harías y serías feliz. Bueno, pues lo que estás haciendo ahora es lo que Dios quiere que hagas».

Así pues, la próxima vez que te sientas atascado u obstaculizado, pregúntate si lo Divino está intentando redirigir tu camino o tu proceso.

O bien, la próxima vez que sientas la urgencia de levantarte antes de la mesa a la hora de la cena, o de comprarte una guitarra, pregúntate si estás dispuesto a saltar al vacío basándote en tu fe.

¿Dónde está Dios? Aquí mismo.

In document Joe Vitale - La Plegaria Secreta.pdf (página 121-125)