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Cómo explicar la creatividad

Las ideas de Karmiloff-Smith, de Carey y de Spelke nos recuerdan de inmediato aquellos atributos de la mente que Jerry Fodor y Howard Gardner consideraron tan impresionantes, y parte fundamental de su arquitectura. Recordemos que, para Fodor, los rasgos más característicos y sorprendentes de la mente eran «su no encapsulación, su holismo, y su pasión por lo analógico», y recordemos también los términos en que se expresaba Gardner para describir la forma en que «uno encuentra siempre complejos de inteligencias funcionando conjuntamente de forma armónica, prácticamente sin fisuras, para ejecutar intrincadas actividades humanas». Gardner sugería que los seres humanos más sabios son aquellos mejor capacitados para crear conexiones interáreas —o intermapas—, cuyo ejemplo más paradigmático es el uso de analogías y metáforas.

Esta parece ser la esencia de la creatividad humana. En su libro The Creative

Mind (1990). Margaret Boden explora las posibilidades de explicar el pensamiento

transformación de los espacios conceptuales[57]. Para Boden, un espacio conceptual se parece mucho al área, inteligencia o facultad cognitivas que hemos estado analizando. La transformación de una de ellas implica la introducción de nuevos conocimientos, o de nuevas maneras de procesar el conocimiento ya contenido en las áreas. En su libro menciona que Arthur Koestler ya explicó la creatividad humana en el año 1964 cuando afirmaba que esta surgía a partir de «la repentina interconexión de dos capacidades o matrices de pensamiento previamente no relacionadas entre sí[58]». La idea de matriz de pensamiento se parece sospechosamente mucho a la de inteligencia de Gardner o a la de facultad de C&T.

La evidencia a favor de un pensamiento basado en conocimientos de múltiples áreas cognitivas es tan abrumadora, y tan decisiva por lo que a la arquitectura mental se refiere, que incluso algunos psicólogos de la evolución han querido explicarlo. Existen dos propuestas. La primera ya tiene, en realidad, veinte años y fue formulada por Paul Rozin, uno de los padres, junto con Nicholas Humphrey, de la psicología de la evolución. Rozin desarrolló unas ideas muy similares a las de C&T[59]. Decía que los procesos de la evolución tenían que potenciar la aparición de una serie de módulos en el interior de la mente, que él describió como «especializaciones adaptativas» (el término técnico de C&T, acuñado veinte años más tarde, sería «algoritmos darwinianos»). Pero la pregunta decisiva, según él, era ¿cómo puede evolucionar la flexibilidad de las conductas? C&T sugieren que esa flexibilidad es sencillamente el resultado de ir añadiendo más dispositivos especializados a la navaja suiza. Rozin, por su parte, decía que el rasgo decisivo en el desarrollo infantil y en la evolución es algún tipo de accesibilidad entre módulos/áreas mentales: «el sello distintivo de la evolución de la inteligencia… es la aparición de una determinada capacidad primero en un contexto limitado, para luego extenderse a otras áreas[60]». Esta afirmación es perfectamente intercambiable con la de Karmiloff-Smith, escrita casi dos décadas más tarde: «el conocimiento deviene aplicable a otros objetivos distintos de aquellos específicos para los que se utiliza normalmente».

Todos estos razonamientos de Fodor, Gardner, Karmiloff-Smith, Carey, Spelke y Rozin parecen cuestionar la idea de una arquitectura estrictamente modular para una mente moderna plenamente desarrollada. Pero la ausencia de modularidad parece ser esencial al pensamiento creativo. El cognitivista Dan Sperber sostiene que se pueden tener las dos cosas: una mente moderna estrictamente modular y al mismo tiempo altamente creativa[61]. Sostiene que en el curso de la evolución la mente ha desarrollado sencillamente otro módulo, un tanto especial. Lo llama el «módulo de la metarrepresentación» (MMR). Este nombre es casi tan extraño como el de «redescripción representacional» de Karmiloff-Smith, pero es evidente que existe una semejanza fundamental entre ambas: las múltiples representaciones, del conocimiento en la mente humana. Mientras que los demás modulas de la mente contienen

conceptos y representaciones de cosas, sobre perros y sobre lo que hacen los perros, por ejemplo. Sperber sugiere que el nuevo módulo sólo contiene «conceptos de conceptos» y «representaciones de representaciones».

Sperber lo explica valiéndose de un ejemplo con gatos, no con perros. En algún lugar de las profundidades de nuestra mente, tenemos un concepto de «gato» que está asociado a nuestro conocimiento intuitivo de las cosas animadas. Este gato conceptual no puede ladrar, porque esa capacidad no está en la esencia del gato. Cuando aprendemos algo nuevo sobre los gatos, ese dato entra inicialmente en nuestra mente, en el MMR. Desde allí, todo cuanto se refiera a gatos y que sea compatible con nuestro concepto preexistente de gato, se combina con aquel dato, y puede alterarlo ligeramente. De modo que el MMR es como un centro distribuidor por el que tienen que pasar las nuevas ideas antes de encontrar un hogar. Pero aun habiendo encontrado su hogar, son libres para volver y visitar el centro de distribución cuantas veces gusten. Hay ideas nuevas, como por ejemplo que los gatos podrían ladrar, que no tienen un hogar propio para cobijarse. Y por consiguiente se quedan en el centro distribuidor. Pero en ese centro pueden ocurrir toda clase de malas pasadas. Tas ideas procedentes de distintos módulos pueden mezclarse de manera un tanto peculiar con las que no tienen hogar. Por ejemplo, el conocimiento que se tiene de los perros puede mezclarse con el conocimiento de los objetos físicos y con el conocimiento sobre creencias y deseos, y así ocurre que un niño a quien se le ha regalado un perro de juguete —un bulto inerte hecho a base de material de relleno — juegue con él como si realmente fuera un perro, y le atribuya opiniones, deseos e intenciones «humanas». ¿Cómo se ha podido desarrollar este centro de distribución? O, en caso de que un tal centro no esté realmente presente, ¿cómo se las ha ingeniado la evolución para hacer agujeros en las paredes de nuestras áreas cognitivas y dejar así que fluyan los conocimientos entre unas y otras o reverberen en distintas partes de la mente, como sugieren Gardner, Karmiloff-Smith y Rozin? Para dar con la respuesta hay que conocer la prehistoria de la mente. Porque esta permeabilidad entre unas áreas y otras es, después de todo, precisamente lo que, según C&T, no debe de ocurrir en el curso de la evolución, ya que puede traducirse en toda una serie de errores en materia de conducta. Por ejemplo, imaginemos que a la hora de comer veo un cuenco con plátanos de plástico; en vez de comprobar si esos objetos amarillos encajan o no con lo que yo sé sobre las cosas comestibles (por ejemplo, que no son de plástico), podría darles un mordisco. Y todo porque algún trastorno o disfunción en mi centro mental de distribución ha hecho que se mezclara mi conocimiento de los objetos físicos inanimados con mi conocimiento de los (en su día) seres vivos.

He acabado de almorzar y no hay ningún plátano de plástico a la vista. En realidad nunca he corrido el riesgo de comerme uno ya que la mente no parece

cometer este tipo de errores. Podemos crear conceptos erráticos y absurdos, pero con frecuencia (no siempre) somos muy capaces de disociarlos del mundo real Pero lo cierto es que la capacidad para pensar tales conceptos ha evolucionado, y los psicólogos no saben por qué ocurre. Los únicos psicólogos que han pensado seriamente en términos de evolución, como C&T, no tienen explicación de cómo ni por qué los numerosos módulos mentales que según ellos existen en la mente pueden desembocar en ideas así. Porque creen que la mente funciona como una navaja suiza.

En este capítulo hemos visto que la mente es más que una simple navaja suiza. Puede que no sea ni una esponja indiscriminada ni un ordenador con un único programa que sirve para todo, tal como sostenían anteriores teóricos, pero tampoco es sólo una navaja suiza. Es demasiado creativa e impredecible para ello. Así que tal vez sea posible conciliar la idea de una especie de centro de distribución defendida por Karmiloff-Smith, Carey, Spelke y Sperber con las teorías de Cosmides y Tooby, si se analizan en el contexto de la evolución. La tarea del próximo capítulo es precisamente proponer este tipo de marco de referencia.

Capítulo 4

Una nueva propuesta sobre la

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