Los psicólogos de la evolución
Los líderes de la «cuadrilla» de psicólogos de la evolución son Leda Cosmides y John Tooby, dos personas encantadoras con mentes agudísimas[18]. A finales de la década
de los ochenta y principios de los noventa publicaron una serie sucesiva de artículos que culminó en un largo ensayo titulado «The Psychological foundations of culture», publicado en The Adapted Mind, un libro editado en 1992 por ambos y por Jerome Barkow[19]. Al adoptar un enfoque basado explícitamente en la evolución, sus trabajos han cuestionado muchas de las ideas convencionales sobre la mente: la mente-esponja, la mente-programa general de ordenador. De hecho vi a Leda Cosmides hace pocos meses empezando su intervención con una navaja suiza en la mano y declarando que aquello era la mente[20]. Me referiré a Cosmides y a Tooby como C&T.
La razón de que aparezcan bajo la etiqueta de psicólogos de la evolución es porque el grupo en su conjunto afirma que sólo se podrá comprender la naturaleza de la mente moderna si se la considera como un producto de la evolución biológica. El punto de partida de esta afirmación es que la mente es una estructura compleja y funcional que no pudo aparecer por casualidad. Si estamos de acuerdo en descartar la posibilidad de una intervención divina, el único proceso conocido capaz de generar tal complejidad es la evolución por selección natural[21]. En este sentido, C&T tratan la mente como cualquier otro órgano del cuerpo: es un mecanismo evolucionado que se ha ido construyendo y ajustando en respuesta a las presiones selectivas que nuestra especie ha tenido que afrontar durante su evolución. Y, más concretamente, afirman que la mente humana evolucionó bajo las presiones selectivas que conocieron nuestros antepasados humanos cuando vivían de la caza y la recolección en el ambiente del Pleistoceno, los actos y escenas centrales de nuestra prehistoria. Como ese estilo de vida llegó a su fin hace muy poco tiempo en términos de la evolución, nuestra mente sigue adaptada a aquel estilo de vida.
Consecuentemente, C&T sostienen que la mente consiste en una navaja suiza con un sinfín de hojas altamente especializadas. En otras palabras, está compuesta por múltiples módulos mentales. Cada uno de estos hojas/módulos ha sido diseñado por la selección natural para hacer frente a un determinado problema adaptativo que tuvieron que afrontar en el pasado los cazadores-recolectores. Tal como afirma Gardner, la mente posee más de una capacidad para una «inteligencia general»: hay múltiples clases especializadas de inteligencia, o de maneras de pensar. Como en el caso de las inteligencias de Gardner, es muy posible que cada módulo tenga su propia forma concreta de memoria y sus propios procesos de razonamiento[22]. Pero los módulos de la mente que proponen C&T son muy distintos de las inteligencias de Gardner. En realidad se parecen mucho más a los procesos de input de Fodor: están firmemente ensartados en la mente desde el nacimiento y son universales a lodos los seres humanos. Mientras que el carácter de las inteligencias múltiples de Gardner estaban abiertas a la influencia del contexto cultural en que se desarrollaban las jóvenes mentes, no ocurre lo mismo con los módulos de C&T.
Estos módulos presentan una característica fundamental que hasta ahora no hemos abordado: son «ricos en contenido». Es decir, los módulos no sólo proporcionan conjuntos de reglas para resolver problemas, sino que suministran también el grueso de la información necesaria para ello. Este conocimiento refleja la estructura del mundo real, o al menos el mundo del Pleistoceno en el que evolucionó la mente. Esta información sobre la estructura del mundo real, junto con una multitud de normas para solucionar problemas, cada una contenida en su propio módulo mental, ya está presente en la mente del recién nacido. Algunos módulos son llamados a actuar de forma inmediata —módulos para el contacto con los ojos de la madre—, y otros requieren algo más de tiempo antes de ponerse en funcionamiento, como los módulos para la adquisición del lenguaje.
Antes de abordar las clases de módulos que C&T creen ver presentes en su análisis de la mente, es importante entender por qué creen que la mente se asemeja a una navaja suiza, y no a una esponja o a un programa informático general o a cualquier otra cosa. Defienden tres razonamientos centrales.
En primer lugar, sugieren que puesto que cada problema que tuvieron que afrontar nuestros antepasados cazadores-recolectores era único en su forma, intentar resolver todos los problemas mediante un único dispositivo de razonamiento habría llevado a cometer muchos errores. Por consiguiente, todo humano que tuviera módulos mentales especializados dedicados a tipos concretos de problemas habría podido evitar errores y resolverlos más eficazmente. Esa persona habría gozado de una ventaja selectiva y sus genes se habrían transmitido a la población, codificando la construcción de navajas suizas en las mentes de su prole.
Los criterios para la elección de pareja sexual pueden ilustrar el valor de los módulos mentales. Si un hombre elige a alguien para la relación sexual eludirá a cuantas personas estén biológicamente relacionadas con él. Pero si la elige para compartir su comida, entonces no hay razón para eludir a nadie en razón del parentesco. Alguien que utilizara un razonamiento simple que dijera «muéstrate siempre cordial con los parientes» o «no hagas nunca caso a tus parientes» tendría menos éxito reproductivo que alguien armado de un conjunto de reglas mentales dedicadas cada una a resolver un problema concreto.
El segundo argumento que utilizan C&T para apoyar su teoría de módulos mentales ricos en contenido es que los niños aprenden rápidamente tantas cosas sobre tantos temas complejos que resulta sencillamente increíble que esto fuera posible si sus mentes no estuvieran preprogramadas para hacerlo. Este argumento se conocía originalmente como la «pobreza del estímulo» y Noam Chomsky lo acuñó en relación con el lenguaje. Este lingüista se preguntaba cómo era posible que los niños adquirieran las infinitas y complejas reglas gramaticales a partir de la limitada serie de sonidos que salían de los labios de sus padres. Y cómo era posible que un
programa de aprendizaje general en la mente pudiera deducir estas reglas, memorizarlas y luego permitir a un niño de cuatro años utilizarlas casi a la perfección. Bueno, la respuesta es muy simple: no era posible. Chomsky sostenía que la mente contiene un «dispositivo para la adquisición del lenguaje» genéticamente determinado y dedicado a aprender el lenguaje, que viene ya equipado con un programa detallado para las reglas gramaticales. Fodor y Gardner coincidieron con este punto de vista, lo que explica que ambos consideraran el lenguaje como un rasgo especializado de la mente.
C&T generalizan el argumento de la «pobreza del estímulo» a todos los ámbitos de la vida. ¿Cómo podría un niño aprender el significado de una expresión facial, o el comportamiento de ciertos objetos físicos, o aprender a atribuir creencias e intenciones a otros si no contara con la ayuda de módulos mentales ricos en contenido dedicados a esas tareas?
Su tercer argumento se conoce como el problema del estado de ánimo o de la disposición mental, y hace referencia a la dificultad para tomar decisiones. Es el mismo argumento que utiliza Fodor para explicar por qué existen sistemas de input estúpidos. Imaginemos que un cazador prehistórico da la vuelta a un recodo y se encuentra de repente frente a un león. ¿Qué hacer? Si tiene sólo un programa general de aprendizaje, el lapso de tiempo que necesita para valorar las intenciones del león y sopesar los pros y los contras de echar a correr o quedarse quieto podría ser excesivo. Lo más seguro es que el león acabe por comérselo, como dice Fodor.
El problema con las reglas de aprendizaje de tipo muy general, según C&T, es que no existen líneas precisas que permitan saber el tipo de información que habría que descartar a la hora de tomar un decisión, o el curso de acción alternativo que habría que excluir. Habría que analizar cada una de las posibilidades individuales existentes. Nuestros antepasados prehistóricos se hubieran muerto de hambre tratando de decidir dónde y qué cazar. Pero si uno de los cazadores hubiera poseído un módulo mental especializado para tomar decisiones «de caza», que prescribiera la información que debía considerar y cómo procesarla, habría prosperado. Cosa que sin duda habría incrementado su éxito reproductivo, y pronto la comunidad se hubiera visto poblada de hijos suyos, todos ellos provistos de ese módulo mental especializado para tomar decisiones de caza[23].
Hay que reconocer que son argumentos de peso. Si creemos legítimo imaginar la mente como un producto de la selección natural, entonces el caso en favor de un diseño mental tipo navaja suiza parece abrumador. Pero ¿qué tipo de hojas habría en esa navaja? La pregunta nos conduce a uno de los aspectos posiblemente más relevantes de los argumentos de C&T: sugieren que podemos realmente predecir los dispositivos que debiera incluir la navaja. No es necesario proceder como Gardner y basarnos en suposiciones y en corazonadas. Como mínimo podremos predecir el
conjunto instrumental si conocemos la clase de problemas que tuvieron que afrontar y resolver de manera regular nuestros cazadores-recolectores prehistóricos. C&T creen que los conocen y sugieren que la mente contiene un sinfín de módulos, que incluyen:
Un módulo de reconocimiento de rostros, un módulo de relaciones espaciales, un módulo de mecánica de objetos rígidos, un módulo de utilización de útiles, un módulo del miedo, un módulo de intercambio social, un módulo de emoción-percepción, un módulo de motivación orientada al parentesco, un módulo de asignación-recalibración de esfuerzos, un módulo de cuidado de niños, un módulo de inferencia social, un módulo de amistad, un módulo de inferencia semántica, un módulo de adquisición de gramática, un módulo para la pragmática de la comunicación, un módulo para una teoría de la mente, ¡y etc.![24].
Esta extensa lista, aunque incompleta, de posibles módulos seguramente no difiere tanto de las propuestas de Gardner. Ya que a partir de este tipo de listas se pueden reagrupar diversos módulos, como por ejemplo los que se ocupan de la interacción social, o los que se refieren a objetos físicos. C&T llaman «facultades» a estas agrupaciones. Como tales, estas facultades se asemejan a la idea de inteligencia propuesta por Gardner. Pero la diferencia fundamental en relación con las ideas de Gardner es que sus inteligencias son arbitrarias, como lo son sus corazonadas acerca de lo que ocurre en la mente. C&T, en cambio, predicen qué tipo de módulos deberían estar presentes, porque parten del supuesto de que la mente es un producto de la evolución durante el Pleistoceno, un periodo en que la selección natural desempeñó seguramente un papel dominante. Además, las inteligencias de Gardner se configuran en función del contexto cultural de desarrollo. C&T son inmunes al mundo exterior. Pero ¿tantos módulos? ¿Es posible realmente que tengamos tantos procesos psicológicos independientes en nuestra mente? Me pregunto si estas ideas son las que Fodor temía cuando advertía que «la teoría de la modularidad se había vuelto loca[25]».