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Un lenguaje social

In document Arqueologia de la mente - Steven Mithen.pdf (página 158-161)

Son tres los rasgos de un cráneo fósil de humano primitivo que nos permitirían deducir su capacidad lingüística: el tamaño del cerebro, la estructura neural deducible a partir de la forma del cerebro, y la naturaleza del aparato vocal.

Por lo que se refiere al tamaño del cerebro, el factor más importante es también el más simple: el tamaño del cerebro de la mayoría de H. erectus, de todos los H.

sapiens arcaicos y de los neandertales entra en la misma categoría que el cerebro de los humanos modernos. El tamaño medio del cerebro de los neandertales es incluso mayor que el de los humanos anatómicamente modernos[63]. Y recordemos que en el capítulo anterior mencionaba las tesis de Robin Dunbar, quien relacionaba el tamaño del cerebro con el tamaño del grupo, y el tamaño del grupo con la cantidad de aseo social necesario para preservar la cohesión social. Este autor sugería que el porcentaje máximo de tiempo que un primate puede dedicar al aseo mutuo sin interferir con otras actividades (como la provisión de alimentos) es aproximadamente de un 30 por 100. En los tiempos de H. sapiens arcaico, hace unos 250 000 años, el tiempo predecible de aseo pudo alcanzar casi el 40 por 100. Leslie Aiello y Robin Dunbar han afirmado que, para aliviar este incremento, habría sido fundamental el uso del lenguaje con un contenido social relevante[64].

Basándose en esta evidencia, Aiello y Dunbar concluían que las bases para la capacidad lingüística tuvieron que aparecer en los albores de la evolución del género

Homo, hace al menos 250 000 años. Un aspecto importante de su argumentación es

que la finalidad central del primer lenguaje fue la interacción social; fue, por lo tanto, un «lenguaje social». Puede decirse, pues, que hubo una coevolución del tamaño del grupo/inteligencia social y de una capacidad para el lenguaje. En la estructura del cerebro puede encontrarse, efectivamente, evidencia en apoyo de esta hipótesis. El

córtex prefrontal no es sólo la zona del cerebro responsable de muchos aspectos del lenguaje, sino que en ella también se encuentra la capacidad de reflexionar sobre los estados mentales propios y ajenos, que, como ya he mencionado, es un factor central de la inteligencia social[65]. Según Aiello y Dunbar, el carácter plurifuncional del lenguaje tal como hoy lo conocemos, así como sus rasgos simbólicos, evolucionaron en fechas más tardías, aunque estos autores no precisan cuanto tiempo más tarde. A nivel mucho más intuitivo, resulta difícil imaginar a un humano primitivo con un tamaño cerebral equivalente al nuestro pero sin capacidad lingüística.

Puede encontrarse evidencia adicional de una capacidad lingüística en la forma del cerebro del humano primitivo, según se ha podido reconstruir a partir de las improntas laterales endocraneanas. Vimos en el capítulo 6 que H. habilis habría dispuesto de un área de Broca bien desarrollada, lo que convencionalmente suele asociarse con el habla. El cráneo KNM-WT 15000 de H. erectus[66], correspondiente a un muchacho de 12 años especialmente bien preservado de 1,6 millones de años descubierto en el lago Turkana, Kenia, también parece presentar un área de Broca bien formada. Y por lo que se refiere a humanos primitivos más recientes, algunos paleoneurólogos han afirmado que la forma del cerebro es prácticamente idéntica a la de los humanos modernos. Ralph Holloway, sobre todo, ha dicho que en el cerebro neandertal pueden identificarse tanto el área de Broca como la de Wernicke y que su apariencia no presenta diferencias respecto a los cerebros humanos modernos[67].

Una tercera fuente de evidencia en favor de una capacidad lingüística es la naturaleza del aparato vocal de los humanos primitivos. Los esfuerzos por reconstruir el aparato vocal, sobre todo de los neandertales, tienen una larga historia[68]. Dado que ese aparato se compone principalmente de tejidos blandos —la laringe y la faringe—, hay que confiar en las relaciones demostradas que existen entre la organización del tejido blando y las partes del cráneo susceptibles de sobrevivir en un contexto arqueológico. Las reconstrucciones más recientes sugieren que el aparato vocal del neandertal no habría diferido sustancialmente del aparato vocal de los humanos modernos: parece que los neandertales tenían capacidades esencialmente modernas para vocalizar y hablar.

Esta hipótesis se ha visto reforzada tras el descubrimiento de un hueso hioides que ha sobrevivido en un esqueleto neandertal fechado hace 63 000 años y enterrado en la cueva de Kebara, Israel[69]. El hioides es un huesecillo que puede suministrar información detallada sobre la estructura del aparato vocal. Sus movimientos afectan a la posición y al movimiento de la laringe, a la que está unido. Descubierto en una posición inalterada respecto de la mandíbula y las vértebras cervicales, es prácticamente idéntico al del humano moderno, tanto en la forma como en sus adherencias musculares y su posición aparente. Ello implica que la morfología del aparato vocal de este neandertal no era muy distinta de la que poseen los humanos

modernos. Entonces, si la capacidad cognitiva para el lenguaje estaba presente, no parece haber razón que impidiera producir una gama completa de sonidos humanos.

Claro que el «si» condicional de esta última frase es un «si» importante. Pero en términos puramente lógicos, sería un tanto extraño que los neandertales tuvieran las estructuras vocales pero no la capacidad cognitiva para el habla. La estructura del aparato vocal humano difiere mucho de la de otros animales, dado que posee un sistema monotubular en lugar de un sistema bitubular. Esa es la razón de que los humanos adultos corran el peligro, a veces incluso fatal, de atragantarse si el alimento se aloja en la faringe. La desventaja selectiva de este hecho queda neutralizada por los beneficios selectivos que reporta este tipo de estructura, al capacitar la emisión de una amplísima gama de vocalizaciones posibles —y por lo tanto de habla articulada[70]—. Supondría un absurdo evolutivo el que los neandertales pudieran atragantarse sin tener al mismo tiempo la capacidad para ¡poder quejarse de la comida!

Toda la evidencia fósil que hemos repasado hasta aquí es ambigua y está abierta a diferentes interpretaciones. Pero lo cierto es que durante estos últimos años se ha impuesto la tesis de que tanto H. sapiens arcaico como los neandertales tenían la capacidad cerebral, la estructura neural y el aparato vocal necesarios para disponer de una forma avanzada de vocalización que debería llamarse lenguaje.

Si los humanos empezaron a usar el lenguaje para hablar de sus relaciones sociales, ¿empezaron a usarlo también para hablar de la fabricación de útiles, de la recolección de plantas y de la caza antes de finalizar el tercer acto? En otras palabras, ¿se había producido la transformación del lenguaje capacitándoles para desarrollar las funciones generales que hoy nos resultan familiares? Es decir ¿se había convertido en un medio para comunicar información de todo tipo, independientemente del área de comportamiento? Algunos dirían que es sumamente difícil adquirir, por ejemplo, la técnica levallois sin instrucción verbal. O que la cooperación que exige la caza y el carroñeo no habría sido posible sin hablar del movimiento de las presas. Contra estos argumentos cabría destacar que H. erectus, el más antiguo de los humanos primitivos, fue, al parecer, un artesano y un proveedor de alimentos sumamente eficiente, aun poseyendo una capacidad lingüística seguramente muy limitada. Además, si es cierto que el lenguaje se utilizó en las áreas técnica y de la historia natural con tanta frecuencia y eficacia como en el área social, cabría esperar una mayor integración entre los comportamientos de estas tres áreas. La comunicación mediante el lenguaje hablado es, después de todo, el medio a través del cual evolucionó, según Dan Sperber, el módulo de la metarrepresentación, como mencionábamos en el capítulo 3.

Por consiguiente, simpatizo con la sugerencia de Robin Dunbar según la cual el lenguaje evolucionó inicialmente para canalizar la información social, y creo que durante todo el tercer acto siguió siendo exclusivamente un «lenguaje social».

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