• No se han encontrado resultados

Gardner y la teoría de las inteligencias múltiples

El mismo año en que se publicó el libro de Fodor, apareció otro: Frames of Mind:

The Theory of Multiple Intelligences, de Howard Gardner[14]. En algunos aspectos esta obra contrasta profundamente con la de Fodor. Gardner se interesa ciertamente por las cuestiones prácticas relacionadas con posibles políticas educativas en las escuelas, pero también aborda temas puramente filosóficos relacionados con la

mente. Y para ello recurre también a la información generada no sólo por la psicología y la lingüística para el estudio de la mente, sino por otras disciplinas tales como la antropología social y la pedagogía.

Gardner propone un tipo muy diferente de arquitectura para la mente. Deja de lado la distinción entre sistemas de input y sistemas centrales y se centra, en cambio, en el concepto de inteligencia, que para Fodor era irresoluble. Cuestiona la existencia de una capacidad intelectual única y generalizada —el tamaño de la propia esponja, o la velocidad de nuestro ordenador— y la sustituye por no menos de siete clases distintas de inteligencia. Afirma que las siete tienen su base en distintas partes del cerebro, cada una con sus propios procesos neurológicos independientes y especializados. De manera que volvemos a encontrar una arquitectura de la mente- navaja suiza, pero donde cada hoja es una inteligencia distinta.

Para identificar las inteligencias múltiples de la mente, Gardner utiliza un conjunto estricto de criterios. Cree, por ejemplo, que tendría que haber evidencia de que la capacidad central puede quedar aislada por lesión cerebral, bien porque pierde esa capacidad (mientras todas las demás permanecen intactas), bien porque pierde todas las demás capacidades pero sigue siendo competente en el área de la inteligencia en cuestión. También cree que tendría que ser posible identificar una historia evolutiva claramente discernible en el niño en términos de la inteligencia, y que el grado de desarrollo de la inteligencia debería ser distinto en individuos distintos. Utilizando estos criterios, Gardner llega a configurar el conjunto de sus siete inteligencias: sus hojas para la navaja suiza de la mente moderna.

Las siete inteligencias de Gardner son: la lingüística, la musical, la lógico- matemática, la espacial, la corporal-cinestética y dos formas de inteligencia personal, una para mirar dentro de nuestra propia mente, la otra para mirar hacia afuera, a los demás. La función de cada una de esas inteligencias viene claramente definida por su propio nombre. La lógico-matemática es tal vez la más próxima a lo que nosotros solemos denotar cuando invocamos la palabra inteligencia, puesto que en última instancia se refiere al pensamiento lógico y científico. La inteligencia que Gardner denomina corporal-cinestética, un nombre ciertamente extraño, es la responsable de la coordinación de los movimientos de nuestro cuerpo, cuyo ejemplo más emblemático serían los deportistas y las bailarinas. Cada una de estas inteligencias responde a los criterios avanzados por Gardner. Por ejemplo, es evidente que el lenguaje parece depender de procesos cerebrales únicos y propios; y todos conocemos algún niño con niveles especialmente avanzados de inteligencia musical o lógico-matemática.

Gardner sugiere, pues, que la arquitectura de la mente está constituida por una serie de inteligencias relativamente autónomas. Y no sólo lo sugiere, sino que defiende su tesis con bases muy sólidas. Se aparta así radicalmente del tipo de

arquitectura propuesta por Fodor. Las inteligencias de Gardner son muy distintas de los módulos de Fodor. Las primeras tienen una historia evolutiva, y en su carácter influye profundamente el contexto cultural del individuo. Los instrumentos de la navaja suiza de Gardner tienen que ver con el pensamiento y la resolución de problemas, no sólo con la adquisición de información, que sería la función de un módulo fodoriano. Y todavía se aprecia una diferencia fundamental entre ambos autores. Pero, paradójicamente, esa diferencia aproxima ambas teorías más de lo que inicialmente se podría pensar.

Mientras los módulos de Fodor son absolutamente independientes unos de otros, Gardner subraya continuamente que para el funcionamiento de la mente la interacción entre las múltiples inteligencias resulta fundamental. Gardner destaca que «en el curso normal de los acontecimientos, las inteligencias de hecho interaccionan entre sí y se basan las unas en las otras[15]». Afirma que un rasgo característico del desarrollo humano es que los niños tienen la capacidad para crear conexiones entre distintas áreas. Y su libro está repleto de ejemplos que demuestran de qué manera las inteligencias trabajan juntas para crear las pautas de conducta y los logros culturales de la humanidad. Es cierto que resulta difícil concebir, por ejemplo, una inteligencia musical disociada de los intrincados movimientos corporales gobernados por la inteligencia corporal-cinestética, o concebir la inteligencia lingüística desvinculada e independiente de la inteligencia personal. Gardner sostiene, pues, que pese a que cada inteligencia depende de sus propios procesos independientes, «en los intercambios humanos normales lo habitual es encontrar complejos de inteligencias funcionando conjuntamente de forma fluida, incluso sin fisuras, para llevar a cabo actividades humanas complejas[16]». Y los individuos más sabios, dice, son aquellos que son más capaces de crear conexiones transversales entre todas las áreas, como demuestra el uso de metáforas y de analogías.

La palabra «analogía» recuerda inmediatamente la descripción que hacía Fodor de los sistemas centrales, que según él poseen «una pasión por el pensamiento analógico». ¿Es posible que Fodor no percibiera modularidad alguna en los sistemas centrales sencillamente porque las inteligencias o módulos que de ellos dependen funcionan articulados entre sí con tanta fluidez que no nos damos cuenta de que exista una tal modularidad[17]?.

Outline

Documento similar