Nuestro punto de partida se basa en dos voluminosos libros publicados en 1983. De hecho el primero de ellos es pequeño y no muy grueso, pero contiene varias grandes ideas acerca de la arquitectura de la mente, y ofrece algunas claves fundamentales para acceder a su pasado. Se trata de The Modularity of Mind, de Jerry Fodor[9].
Jcrry Fodor es un psicolingüista con ideas muy claras sobre la arquitectura de la mente. Propone dividirla en dos partes que él llama percepción, o sistemas de input, y cognición, o sistemas centrales. La arquitectura de una y otra son muy diferentes; los sistemas de input son como las cuchillas de la navaja suiza y el autor los describe como una serie de «módulos» independientes y separados, como por ejemplo la vista, el oído y el tacto. El lenguaje también figura como uno de esos sistemas de input. En cambio, los sistemas centrales no tienen ningún tipo de arquitectura, o como mucho su arquitectura siempre permanecerá oculta para nosotros. Es aquí donde operan esos misteriosos procesos que conocemos como «pensamiento», «resolución de problemas» e «imaginación». Y es aquí donde reside la «inteligencia».
independientes. Por ejemplo, los sistemas que usamos para oír son radicalmente distintos de los que utilizamos para ver o para hablar: son como las distintas cuchillas de la navaja suiza, contenidas todas ellas dentro del mismo envoltorio casi por azar. Esta modularidad de los sistemas de input viene confirmada por varios niveles de evidencia, entre ellos su clara asociación con partes concretas del cerebro, con pautas características del desarrollo infantil, y con su propensión a exhibir pautas concretas de fracaso. Fodor destaca asimismo la rapidez con que operan los sistemas de input y su carácter imperativo: es imposible no oír, o no ver, ante el estímulo correspondiente. Pocos cuestionarían estos rasgos de los sistemas de input, pero sí otros elementos de la teoría de Fodor que resultan más controvertidos. El primero es la idea de que los sistemas de input no tienen acceso directo a la información adquirida a través de otros sistemas de input. Lo que oigo no influye en lo que veo aquí y ahora. Fodor utiliza el término «encapsulado» para describir este rasgo de los sistemas de input. El segundo rasgo es que los sistemas de input reciben sólo información limitada de los sistemas centrales. Este es, según Fodor. un rasgo arquitectónico decisivo, porque significa que el conocimiento que posee todo individuo tiene una influencia limitada, tal vez incluso marginal, en la forma de percibir el mundo. El autor se sirve de un ejemplo muy claro para ilustrar este hecho: las ilusiones ópticas. Estas siguen presentes aun cuando sabemos que lo que vemos no es real.
La idea de que la cognición sólo influye de forma marginal en la percepción choca frontalmente con las ideas relativistas de las ciencias sociales. Recordemos que, de acuerdo con el supuesto funcionamiento de la mente como una esponja, lo que hacen los niños es absorber los conocimientos de sus respectivas culturas. Para la mayoría de los científicos sociales ese conocimiento también incluye la manera de percibir el mundo. Fodor afirma que eso es erróneo: la naturaleza de la percepción ya está sólidamente ensartada en nuestra mente en el momento de nacer. Fodor dice que odia el relativismo tanto como los barcos de fibra de vidrio, lo cual significa, supongo, que lo odia en grado sumo[10].
Según Fodor, los sistemas de input están encapsulados, son imperativos, rápidos y firmemente ensartados. Los llama «estúpidos». Como tales, difieren radicalmente de la cognición, que es el sistema central «listo». Fodor afirma que apenas sabemos cómo funcionan los sistemas centrales, sólo que poseen una serie de rasgos opuestos a los sistemas de input: operan lentamente, no están encapsulados y su campo de acción es neutral: o dicho de otro modo, los procesos de pensamiento y resolución de problemas permiten integrar la información procedente de todos los sistemas de input, incluida la que está siendo generada internamente. En cambio, los procesos de los sistemas centrales, a diferencia de los sistemas de input, no pueden relacionarse con partes concretas del cerebro.
El rasgo fundamental de la cognición es su carácter generalizado, holístico, justo lo contrario de los sistemas de input, que están dedicados a tratar solamente una clase concreta de información. Y ese rasgo de la cognición es para Fodor el más abstruso: «su no encapsulación, su creatividad, su holismo y su pasión por lo analógico[11]». Fodor se siente vencido frente a los sistemas centrales, cuyo estudio considera imposible. Para él, «el pensamiento», «la solución de problemas», «la imaginación» y «la inteligencia» son irresolubles.
En pocas palabras, Fodor cree que la mente posee una arquitectura de doble rango: el inferior seria como la navaja suiza, y el superior como… bueno, no lo sabemos, puesto que no hay nada igual en todo el mundo.
A primera vista, la combinación entre sistemas de input y sistemas centrales configuraría una arquitectura de la mente relativamente extraña, un choque dramático y desagradable de estilos. Pero Fodor afirma que, de hecho, la arquitectura de la mente moderna —los procesos de la evolución humana— posee un diseño sumamente ingenioso. Resulta poco menos que perfecto para permitir nuestra adaptación al mundo que nos rodea. La percepción existe para detectar lo bueno en el mundo: en situaciones de peligro o de oportunidad, una persona necesita reaccionar con rapidez y sin pensar. Según Fodor, «sin duda es importante atender a lo eternamente bello y verdadero, pero es más importante no ser comido[12]». En otros momentos, sin embargo, es posible sobrevivir contemplando la naturaleza del mundo de un modo sosegado, reflexivo, integrando múltiples fuentes y tipos de información. Sólo así se pueden llegar a reconocer las regularidades y la estructura del mundo. «La naturaleza se las ha ingeniado para integrar ambas posibilidades —afirma Fodor— para lograr lo mejor de los sistemas rápidos y estúpidos pero también de los más contemplativos y lentos, negándose sencillamente a optar entre ambos[13]».