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C ANTIDAD « EFECTIVA » DE PARTIDOS

In document lijphart-1 2.pdf (página 123-130)

£1 problema más importante para determinar la cantidad de partidos que hay en un sistema político radica en si se tiene o no en cuenta a los partidos pequeños, y en todo caso, en el volumen que deba tener un partido para poder ser contabilizado. Por ejemplo, en las elecciones de 1979 a la Cámara de los Comunes británica consiguieron representación parlamentaria diez partidos. De seguir llamando bipartidista al sistema británico, obviamente deberíamos ignorar a ocho de estos diez partidos, incluyendo a los liberales, que ganaron el 13,8 % del escrutinio y once escaños.

Giovanni Sartori ha propuesto una solución bien conocida. Sugiere, en primer término, que no se tengan en cuenta los partidos que no consigan escaños en el parlamento; que el poder relativo de los demás partidos se mida en función de los escaños parlamentarios; que si bien no se pueden contabilizar todos los partidos sin tener en cuenta su importancia, tampoco cabe establecer una cota de ruptura arbitraria, digamos de un 5 % o un 10 %, por encima de la cual se contabilizarían los partidos y por debajo de la cual se les ignoraría. Estas hipótesis preliminares son incuestionables. Más controvertidas se presentan, en cambio, las «reglas de contabiliza- ción». Sartori aduce que sólo deben ser consideradas parte del sistema político de aquellos partidos que cuenten con «posibilidades de coalición» o con «posibilidades de chantaje». Un partido tiene posibilidades de coalición si ha participado en gobiernos de coalición o, por supuesto, en gobiernos monocolores, o si los mayores partidos lo consideran un eventual compañero de coalición. Además, deben contabilizarse los partidos ideológicamente inaceptables para todos o para la mayor parte de los demás compañeros de coalición, y que, por lo tanto, carezcan de posibilidades de coalición siempre y cuando sean lo suficientemente importantes. Ejemplos de ello los brindan los poderosos Partidos Comunistas

6. Véase Carol Cari-Sime: «Bavaria the CSU and the West Germán Party System», West European Politics 2, n.° 1, enero de 1979, pp. 89-107.

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Tabla 7.1. Criterios de posibilidad de coalición y de posibilidad de intimidación Compatibilidad ideológica Sí No T a m a ñ o suficientemente importante

Posibilidad de coali- Posibilidad de intimi- ción dación

italiano y francés durante la mayor parte de la posguerra. Ésta es, según Sartoris, la «norma auxiliar de cálculo del poder de intimidación o, más exactamente, las posibilidades de chantaje de los partidos de vocación opositora».7

Los criterios de Sartoris resultan muy útiles para distinguir entre los partidos auténticamente relevantes dentro del sistema político y los que únicamente desempeñan un papel menor (en el próximo capítulo sobre las dimensiones de los sistemas de partidos, los utilizaremos con este propósito). Pero dichos criterios no son satisfactorios a la hora de contabilizar el número de partidos que hay en un sistema político. Conviene señalar en primer lugar que, aunque los criterios de Sartori sean función de dos variables, tamaño y compatibilidad ideológica, el factor tamaño es crucial. Todo esto se esquematiza en la tabla 7.1. Los partidos muy pequeños, que sólo cuentan con algunos escaños en el Legislativo, pueden ser bastante moderados y, en consecuencia, ideológicamente aceptables para la mayoría de los otros partidos; pero raras veces cuentan con posibilidades de coalición, simple

7. Giovanni Sartori: Parties and Party Systems: Framework for Analysis, Cambridge, Cambridge University Press, 1976, 1, pp. 122-123. Sartori es demasiado critico con su propio criterio de posibilidades de coalición cuando afirma que no es sino meramente «posdictivo», ya que «los partidos que cuentan con posibilidades de coalición coinciden, en la práctica, con los partidos que de hecho han accedido en algún momento a gobiernos de coalición» (p. 123). Por ejemplo, inmediatamente después del primer éxito electoral en 1967 del Partido Demócratas 66 holandés, éste pasó a ser considerado como un aceptable compañero de coalición, aunque efectivamente no entrase a formar parte de ningún gabinete hasta 1973.

mente porque carecen de «peso» para contribuir a la formación de un gabinete. En consecuencia, los partidos por contabilizar, tanto si son ideológicamente compatibles como si no, son sobre todo los mayores. No obstante, aunque el factor tamaño figure de forma tan destacada en el pensamiento de Sartori, no lo usa para elaborar nuevos factores de diferenciación entre los partidos más importantes. Por ejemplo, tanto el predominante Partido Cristianodemócrata italiano como su frecuente aunque pequeño socio de coalición, el Partido Republicano, que desde 1948 nunca ha ganado más del 2,5 % de los escaños de la Cámara Baja, son contabilizados por un igual.

A fin de poner remedio a este defecto, Jean Blondel ha propuesto una clasificación de partidos políticos que toma en consideración a la vez la cantidad y el tamaño relativo de los mismos. Sus cuatro categorías se muestran en la tabla 7.2.

Tabla 7.2. Clasificación de sistemas de partidos basada en el número y tamaño relativo de los partidos políticos

Sistemas de partidos Casos hipotéticos de

reparto de escaños Número efectivo de partidos

Sistema bipartidista 55-45 2,0

Sistema de dos partidos

y medio 45-40-15 2,6

Sistema multipartido con

un partido predominante 45-20-15-10-10 3,5

Sistema multipartido sin

Fuente: Tomado de Jean Blondel: «Party Systems and Patterns of Government in Western Democracies», Canadian Journal of Politic Science 1, n.° 2, junio de 1968, pp. 184-187.

Los sistemas bipartidistas están dominados por dos grandes partidos, aunque en el parlamento pueda haber otros pequeños partidos. Ejemjplos de ello son el Reino Unido, los Estados Unidos, Nueva Zelanda y Austria. Cuando además de los dos grandes partidos haya uno considerablemente más pequeño, pero dotado de posibilidades de coalición y que desempeñe un significativo papel político —como los liberales

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alemanes y luxemburgueses, el Partido Laborista irlandés y los neodemócratas canadienses—, Blondel lo denomina sistema de «dos partidos y medio». Otro ejemplo de «medio» partido es el Partido Campesino australiano, aunque el mismo Blondel clasifique Australia entre los bipartidismos, basándose en la discutible suposición de que los Partidos Liberal y Campesino constituyen un único partido. Como nosotros hemos considerado el Partido Campesino como otro más, a Australia habrá que situarla én la categoría de los dos partidos y medio.

Los sistemas que tienen más de dos partidos y medio significativos son sistemas multipartidistas y pueden a su vez subdividirse en sistemas multipartidistas con y sin un partido predominante. Ejemplos de lo primero son, según Blondel, Italia con su Partido de la Democracia Cristiana, los tres países escandinavos con sus poderosos Partidos Socialistas e Islandia, donde los independientes han constituido durante mucho tiempo el partido más fuerte entre otros varios más débiles. Otros ejemplos son la V República francesa, Japón desde finales de los años sesenta e Israel hasta mediados de los setenta. Multipartidismos sin un partido predominante son los de Suiza, los Países Bajos, Finlandia y la IV República francesa. Blondel clasifica Bélgica como un sistema de dos partidos y medio, con los liberales figurando como «medio» partido. Como resultado de su fragmentación en los años setenta, al sistema de partidos belga hay que considerarlo ahora como multipartidista sin un partido predominante.8

Los conceptos de partido «predominante» y de «medio» partido son muy útiles para destacar la posición más bien fuerte y más bien débil de uno de los partidos en comparación, respectivamente, con los demás partidos importantes del sistema, pero dichos conceptos son todavía bastante imprecisos. Lo que necesitamos es un índice que nos diga con exactitud cuántos partidos hay en el sistema, teniendo en cuenta sus tamaños relativos respectivos. Afortunadamente dicho índice existe, desarrollado por Markko Laakso y Reim

8. Véase de Jean Blondel: «Party Systems and Pattems of Government», páginas 184>187. Señalemos que, lógicamente, las clases de Blondel no son exhaustivas; por ejemplo, no hay una categoría para los sistemas que cuentan con tres partidos igualmente importantes o para los multipartidismos con dos partidos predominantes. Pero entre las cuatro clases abarcan la mayor parte de los casos empíricos, constituyendo los Países Bajos la única excepción parcial. En otro trabajo, Blondel llama al sistema de partidos holandés «de transición» entre la tercera y la cuarta categoría; véase al respecto su An Introduction to Comparative Government, Londres, Weidenfeld and Nicolson, 1969, p. 157.

Taagepera, y proporciona una cifra que ellos denominan el «número efectivo de partidos». Este número es igual a

donde pt es la proporción de escaños del partido i.9

En un bipartidismo con dos partidos igualmente fuertes se puede constatar que el número efectivo de partidos es de 2,0. Si un partido es considerablemente superior al otro, con una distribución de escaños de, por ejemplo, el 70 y el 30 % respectivamente, el número efectivo de partidos es de 1,7, lo que concuerda con nuestra sensación de estarnos alejando de un bipartidismo puro y moviéndonos en la dirección de un monopartidismo. De igual modo, con tres partidos iguales la fórmula del número efectivo da un valor de 3,0. Si uno de estos partidos es inferior a los otros dos, el número efectivo de partidos tendrá un valor entre 2,0 y 3,0, dependiendo de la importancia relativa del tercer partido. En el caso hipotético que para el sistema de dos partidos y medio se da en la tabla 7.2 —con tres partidos en posesión del 45, 40 y 15 % de los escaños parlamentarios—, el número efectivo de partidos es de 2,6, de hecho muy cercano a los dos y medio.

9. Markku Laakso y Rein Taagepera: «"Effective” Number of Parties: A Measu- re with Application to West Europe», Comparative Political Studies, 12, n.° 1, abril de 1979, pp. 3-27. El número efectivo de partidos (N) aporta la misma información que el índice de fragmentación (F) de Douglas W. Rae y Michael Taylor, y puede calcularse fácilmente a partir de F como sigue:

La ventaja de N es que puede imaginarse más fácilmente como el número de partidos que el abstracto índice de fragmentación de Rae-Taylor. N se parece también al índice de hiperfraccionamiento (/) de John K. Wildgen. N e / coinciden exactamente en sus valores cuando todos los partidos tienen la misma importancia; en cualquier otra circunstancia, los valores de I suelen ser mayores que los de N. Una ventaja de N es que sus valores son tanto más realistas cuanto más bajos son. Por ejemplo, un sistema de tres partidos que tenga un reparto de escaños del 45, 45 y 10 % parece estar más próximo a un sistema de dos partidos que al de tres; el valor de N, en este caso, 2,4, refleja bastante bien dicha característica, mientras que el de I es 2,6. Otra ventaja de N radica en que es mucho más fácil de calcular. Véanse Douglas W. Rae y Michael Taylor: The Analysis of- Political Cleavages, New Haven, Conn., Yale University Press, 1970, pp. 22-44; y John K. Wildgen: «The Measurement of Hyperfractionalization», Comparative Political Studies 4, n.° 2, julio de 1971, pp. 233-243.

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En los casos en que la totalidad de los partidos sean iguales, el número efectivo coincidiría estrictamente con el de los que haya. Cuando no todos los partidos tengan la misma importancia, el número efectivo será más bajo que el real. Esto se puede ver también en la tabla 7.2. Los dos hipotéticos casos de sistemas multipartidistas incluyen cinco partidos cada uno. Cuando predomine un partido, el número efectivo de partidos será sólo de 3,5; cuando éste no sea el caso, el reparto de escaños será más equilibrado, y el número efectivo se elevará a 4,5, casi el número estricto de partidos que cuando se contabilizan sin tener en cuenta su importancia.

La tabla 7.3 muestra el número efectivo de partidos pro-

TABLA 73. Número efectivo medio, mínimo y máximo de partidos

parlamentarios resultado de las elecciones habidas en 22 democracias entre 1945 y 1980

Medio Mínimo Máximo

Estados Unidos 1,9 1,8 2,0 Nueva Zelanda 2,0 1,9 2,0 Reino Unido 2,1 2,0 2,3 Austria 2,2 2,1 2,5 Canadá 2,4 1,5 2,9 Australia 2,5 2,4 2,7 Alemania 2,6 2,2 4,0 Irlanda 2,8 2,4 3,6 Japón 3,1 2,0 5,8 Suecia 3,2 2,9 3,5 Noruega 3,2 2,7 4,1 Luxemburgo 33 2,7 4,1 Francia V 3,3 1,7 4,6 Italia 3,5 2,6 4,4 Islandia 3,5 3,2 3,9 Bélgica 3,7 2,5 6,8 Dinamarca 4,3 3,5 6,9 Israel 4,7 3,4 6,0 Francia IV 4,9 4,2 5,9 Países Bajos 4,9 3,7 6,4 Suiza 5,0 4,7 5,5

Fuente: Basada en datos de Tilomas T. Mackie y Richard Rose: The International Almanac of Electoral History, Londres, Macmillan, 1974; European Journal of Political Research 2-9, n.° 3, septiembre de 1974, p. 81; y John F. Bibby, Tilomas E. Mann y Norman J. Amstein: Vital Statistics on Congress, 1980, Washington, D. C., American Enterprise Institute, 1980, pp. 6-7.

mediado a lo largo de todas las elecciones habidas entre 1945 y 1980 en veintidós regímenes democráticos. Se relacionan en orden creciente del número efectivo de partidos, y esta ordenación se corresponde estrechamente con las cuatro categorías de Blondel: sus bipartidismos están en lo alto de la tabla y sus multipartidismos sin partido predominante, en el fondo. En el centro sólo Bélgica y Luxemburgo no están en el orden que cabría esperar, el último porque su tercer partido se ha hecho más importante de lo que habitualmente se considera un «medio» partido, y el primero a causa de que después de haber sido un sistema de dos partidos y medio en los años cincuenta (exactamente 2,5 en 1958) ha pasado a ser en los setenta un sistema multipartidista sin partido predominante. Asimismo, en la mayor parte de los otros países el número efectivo de partidos fluctuó, al menos en cierta medida, durante el período 1945-1980, pero no llega a percibirse tendencia alguna hacia una disminución o incremento en el número de partidos. Entre los países con un amplio margen de fluctuación en cuanto al número de partidos, se registró una tendencia a la consolidación en Alemania, Irlanda, Israel y el Japón; una tendencia a la fragmentación en Bélgica y Dinamarca y notables altibajos sin ninguna tendencia clara en el Canadá y en la V República francesa.

Es preciso destacar que el número efectivo de partidos incluidos en la lista de la tabla 7.3 y comentados en este capítulo, se refieren a los partidos políticos tal como están representados en la primera o en la cámara única del Legislativo, y están calculados en base a sus escaños parlamentarios. También se puede calcular el mencionado índice basándose en la distribución de votos y no en los escaños. Nos referiremos al número basado en la distribución del sufragio como número efectivo de partidos electorales, para distinguirlo del de partidos parlamentarios. El capítulo 9 ahondará en la relación que exista entre los dos. Baste señalar aquí que el número efectivo de partidos electorales puede fluctuar mucho más que el de partidos parlamentarios. Concretamente, algunos de los números que figuran en la tabla 7.3 y aparentan ser muy estables no reflejan variaciones sustanciales con respecto al nivel electoral. El muy estable bipartidismo británico, con un estrecho margen de variación que oscila entre

2,1 y 2,3 partidos, es un caso que conviene destacar. En el capítulo 1 se hizo hincapié en que la hegemonía de los dos mayores Partidos de Gran Bretaña declinó durante los años setenta. Esta tendencia se pone muy tenuemente de manifies

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to en el número medio de partidos parlamentarios, que fue de 2,0 en las elecciones de los años cincuenta y sesenta y aumentó a 2,2 en las de los setenta. En contraste con ello, el número medio de partidos electorales fue de 2,3 en los años cincuenta y sesenta, pero en los setenta llegó a 2,9.

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