Creo yo que un proverbio contribuirá a explicar el por qué de que muchos lectores de El extranjero terminen viendo un héroe de autenticidad en un
56 Robert C. Solomon ha escrito un ponderado ensayo sobre los temas de la mentira y la
monstruo, y por qué el dilema del capitán Vere en Billy Budd produce un efecto muy distinto en nosotros a partir de una situación comparable. El proverbio que nos cuadra en este caso es ampliamente conocido, aunque sólo aparece en una colección estándar. Su forma genérica parece provenir del francés: "Tout
comprendre c'est tout pardonner", que se traduce escuetamente, abandonado el tout, como "Entender es perdonar"57. A algunas variantes modernas se les ha añadido color y aliteración locales: "No critiques a nadie hasta haberte calzado sus zapatos". El poeta Henri Michaux incluyó la siguiente versión pastoral con moraleja en una de sus colecciones: "Si el lobo comprende a las ovejas, se muere de hambre". En una u otra expresión, estas esencias de sabiduría popular tratan sobre el poder de la empatía para ofuscarnos el juicio.
Una fórmula tan cautivadora como "Tout comprendre c'est tout pardonner" no podía existir mucho tiempo sin generar su polo opuesto. La Rochefoucauld nos proporciona una versión sutil: "Si el mundo conociera los motivos que subyacen a ellos, a menudo nos sentiríamos avergonzados de nuestros mejores actos". En otras palabras: "Comprender es condenar". G. B. Shaw lo dijo sin rodeos: "Si un gran hombre consiguiera que le entendiéramos, tendríamos que colgarle". Podríamos reformularlo en términos neutros: una comprensión plena obliga a un juicio pleno. ¿Pero cuándo alcanzamos esa comprensión plena?
He elegido "Tout comprendre c'est tout pardonner" en parte porque este refrán liga nuestra tendencia a heroizar a Meursault al hechizo del estilo narrativo de Camus, aparentemente transparente. Dicho estilo nos induce a creer que entendemos a Meursault. Pero el refrán encierra también una variante de relativismo moral. Los viajeros han advertido siempre que las costumbres y leyes pueden ser muy diferentes al cruzar una frontera. Montaigne aprobaba el canibalismo entre los indios de Suramérica, pero no en su Burdeos natal. Hasta la época moderna, el relativismo no se ha aplicado nunca de forma general
dentro de una cultura. En las primeras páginas de Diario de un escritor,
Dostoievsky ofrece un comentario sobre la "manía absolutoria" que mostraban los jurados de toda Rusia en la década de 1870. Los jurados veían a los delincuentes como víctimas de las circunstancias. "¿Quién es el culpable? El medio es culpable... no existe el delito". Aunque Nietzsche encontró la manera de justificar el delito y la inmoralidad entre los más fuertes, no podía soportar la simpatía hacia las trangresiones de los débiles.
Conocemos a la índole de ser humano enamorado del lema, tout
comprendre c'est tout pardonner. Es débil... Es esa filosofía de la desilusión que
tan humanamente se envuelve en la piedad y es de dulce apariencia.
57 The Home Book of Proverbs cita la obra de Mme. de Staël Corinne (1807) como primera
fuente ("Tout comprendre rend très indulgent"), seguida por otras referencias a Guerra y paz de Tolstói (1,1,26) y a Soliloquios y conversaciones de Unamuno. Pero la última referencia, a un refrán alemán, es claramente la más antigua: "Ein Ding ist nicht bos wenn man gut es verstecht". En otras colecciones encontramos: "Peché avoué est à moitié pardonne": "Pecado confesado es medio perdonado".
(La voluntad de poder)
En su juventud, Marcel Proust respondió dos veces a un cuestionario en el que aparecía el siguiente punto: "¿Qué faltas le merecen mayor indulgencia?". A los doce años Proust respondió: "La vida privada de los genios". A los diecisiete su respuesta fue: "Aquellas que entiendo". En la inmensa novela de Robert Musil El hombre sin atributos, el personaje de Moosbrugger, violador y asesino, se convierte en predilecto de los intelectuales que admiran su franco testimonio y encuentran motivos para exculpar su conducta. Moosbrugger empieza a parecer una versión astuta y jovial de Meursault. Thomas Mann crea el escenario para la narrativa interior de La muerte en Venecia alertándonos a su contenido moral. Tras un largo periodo de duda y pensamiento antisocial, Aschenbach está de vuelta "de todo escepticismo moral" y tiene una visión más equilibrada de la responsabilidad individual. Este cambio se describe como "el contramovimiento respecto a la laxitud del principio de simpatía, según el cual comprenderlo todo es perdonarlo todo". Un cantante folclórico popular del este de Estados Unidos, Banjo Dan, canta con frecuencia una larga balada titulada
Werewolf ("Hombre lobo"). En cada estrofa se relatan nuevos horrores cometidos
por el Hombre lobo, seguidos por este estribillo:
He's ravished a few maidens,
He drank the blood of many poor children. But if you knew him you 'd see
The Werewolf is like you and me. (Ha destrozado a varias doncellas,
Se ha bebido la sangre de muchos pobres niños. Mas si lo conocieran verían
Que el Hombre Lobo es como tú y yo).
Todos y cada uno de estos autores reconocen el argumento de la defensa basada en la empatía-sinceridad: cualquiera lo habría hecho de estar en su situación. Proust y Banjo Dan parecen aplaudirla. Dostoievsky, Nietzsche, Musil y Mann son contrarios. No es fácil encontrar el origen de esta inclinación
a renunciar al juicio moral, que parece haber aumentado en el siglo XX. En
Occidente, el relativismo recibió empuje del desafío ilustrado a la moral cristiana. Fue entonces cuando Lessing y Goethe ofrecieron, con serenidad y displicencia, un nuevo modelo de Fausto. El personaje anteriormente condenado al Infierno, después de una vida prolijamente documentada, llena de un presunto "esforzarse", que ha causado muchas muertes y mucho dolor y destrucción, flota esta vez blandamente hacia el Cielo por mandato expreso de Dios. El Señor, especialmente en "El prólogo en el Cielo", parece "comprender" muy bien a Fausto y perdonarlo con antelación.
Un análisis de los atractivos y peligros del relativismo podría embarcarnos en un viaje muy largo. Permítanme volver, pues, al refrán genérico. "Tout
comprendre c'est tout pardonner": "Comprender es perdonar". Compuesto de dos
infinitivos (en español, en la forma absoluta) y de la cópula rudimentaria es, este refrán adopta la forma esquemática de una proposición lógica, y aun de una ecuación matemática. Pero nos damos cuenta enseguida de que no es aplicable a todas las cosas del universo sino solamente a los actos humanos, particularmente los actos malos o malvados.
Comprender, este infinitivo implica muchas cosas. En primer lugar, como
afirmaron Terencio, Montaigne y Vico, implica que cada uno de nosotros contiene la totalidad de la condición humana en potencia, con todos sus extremos máximos de virtud y monstruosidad, altruismo y autismo. En segundo lugar, el infinitivo comprender implica que todos poseemos en grado variable la capacidad para explorar toda esta gama de talantes y conductas. Denominamos esa capacidad de exploración y experimentación mental
imaginación, como si fuera una facultad, casi un órgano. La imaginación es sin
duda un proceso intensamente complejo, pero un proceso primario tan esencialmente humano como el sentimiento o la razón. En tercer lugar, el infinitivo comprender significa a menudo que cuando la imaginación parece introducirnos de manera convincente en un espíritu ajeno por medio de la empatía tendemos a interpretar el comportamiento de esa persona como algo
causado por una forma de destino o determinación. En el siglo XX podemos
elegir entre un destino exterior contenido en la sociedad, la cultura y el entorno, y un destino interior —bien la herencia genética, bien el inconsciente—. "Comprender" la conducta de alguien en este sentido significa atribuirle una serie de causas y arrancarla del ámbito de la elección y el libre albedrío. Esa forma de comprensión niega la acción individual y la responsabilidad de los propios actos. En estas circunstancias, no queda gran cosa que perdonar. Cuarto, comprender puede también significar una operación mental no de empatía sino de distanciamiento y valoración mesurada. Buscamos esa clase de comprensión con el fin de conseguir un juicio justo. En este caso, cualquier narración interior está expuesta a corrección por parte de la narración exterior de otros testigos. Pero la interpretación aceptada del refrán abandona este significado de comprender en pro del anterior significado de empatía, de introducirse en la conciencia de otra persona.
Después de "comprender" tenemos otra pareja de palabras que examinar:
indultar y perdonar (to pardon, to forgive). En el habla común, apenas
diferenciamos una de la otra. En francés suele utilizarse un solo verbo,
pardonner, para cubrir todos los aspectos. "Mon Père, pardonnez-leur, car ils ne savent pas ce qui'ils font" (Lucas 23:34) ("Padre, perdónalos, pues no saben qué
están haciendo"). Pero las palabras de Cristo en la cruz en inglés no podrían ser nunca: "Pardon them, for they know not what they do". En la traducción al inglés del refrán francés "Comprender es perdonar" se ha elegido correctamente la
palabra inglesa: forgive, no pardon. Porque to forgive supone un acto de empatía imaginativa hacia el prójimo, mientras que to pardon implica un sistema de justicia. Para aclarar estos matices, tenemos que examinar un grupo de términos que el idioma inglés nos ofrece en este contexto. Ruego al lector que tenga paciencia con este intento de analizar las palabras con mayor precisión de la que es siempre necesaria.
Los infinitivos exonerar y exculpar significan librar a alguien de una acusación, determinar que no hay delito y por consiguiente no hay culpa que absolver. Otros dos infinitivos tienen un significado más restringido: indultar
significa, condonar el castigo o pena por un delito; e implícitamente reconocer la
culpabilidad de dicho delito. (Al indultar al ex presidente Nixon con antelación a cualquier procedimiento de acusación, el presidente Ford estableció también la presunción de culpa) . Perdonar otorga un perdón que incluye la culpabilidad de un delito y el resentimiento que pueda originar. No se anula el castigo. El "soñador" Vere, en tanto que hombre, podía perdonar a Billy su explosiva reacción a la mentira de Claggart; el capitán Vere no podía indultar al marinero bajo su mando. Indultar designa un acto legal; perdonar, una respuesta moral. Después de una condena por un agravio, o falta, en términos legales se cumple la pena a menos que haya indulto. En términos morales, con perdón o sin él, se nos exige arrepentimiento y penitencia. Con excesiva frecuencia, en nuestros días, desoímos enteramente este último deber moral.
Estas puntualizaciones en términos que se utilizan sin rigor producen un perfil esquemático de cinco resultados posibles, legales y morales, cuando una persona es juzgada por un presunto delito.
1.Absolución: no hay razones para creer que haya culpabilidad ni para castigo.
2.Condena: sentencia, imposición de castigo.
3.Condena e indulto: se mantiene la culpabilidad, se condona el castigo. 4.Condena y perdón: se absuelve de culpabilidad, se mantiene el castigo.
5. Crimen sin criminal: ni culpabilidad, ni castigo (defensa por empatía-
sinceridad).
Estos posibles resultados nos permiten situar Billy Budd y El extranjero en algún punto de esta secuencia derivada del refrán "Comprender es perdonar".
Billy Budd se ajusta con holgura a la cuarta categoría: debido a circunstancias
atenuantes y a la "nobleza" de su carácter, todas las partes perdonan a Billy pero reconocen la necesidad de mantener la severidad de su castigo. El extranjero plantea problemas más espinosos. Exteriormente, la novela se adapta al segundo punto: al final, Meursault ha sido condenado y espera su ejecución; la narrativa interior se esfuerza por defender su pertenencia al primer punto. Pero dado que ni la evidencia ni la confesión de Meursault justifican su absolución, el narrador en primera persona va creando pacientemente un clima psicológico
que apunta a la quinta posibilidad. Meursault parece estar contando la verdad simple sobre sí mismo; la defensa por empatía-sinceridad empieza a desdibujar toda distinción. En tanto que lectores, nos sentimos tan fuertemente atraídos hacia el mundo vacío y la conciencia indiferente de Meursault, que las ideas de falta y culpa empiezan a desvanecerse tan rápidamente como el humo de los cigarrillos de Meursault. Entretanto, los pormenores de la historia se empeñan en sugerir que Meursault es simplemente humano, demasiado humano. Una similar defensa se presentó frente a una decisiva contribución al empeño nazi de un arquitecto muy culto con un inmenso talento para la organización industrial. En sus Memorias (1970), Albert Speer sostiene apasionadamente pero contrito que simplemente cumplía lo que se exigía a su capacidad. 'Totalmente bajo el influjo de Hitler, me sentí desde entonces poseído por mi trabajo. Nada más importaba". (32). Este Meursault de las altas esferas nunca miró de frente el rostro de la abominación que estaba contribuyendo a cometer. Y también él se ganó a muchos lectores con su estilo aparentemente sincero.
Lo que yo propongo es que los estudiantes que vieron en Meursault a un hombre "honrado" e "incomprendido por una sociedad francesa que se erige en juez" cayeron en un serio error parcialmente explicado por el refrán "Comprender es perdonar". G. K. Chesterton calificó esta actitud de "sentimentalismo del diablo". En condiciones cuidadosamente dispuestas, como cuando escuchamos la voz narradora "sincera" y seductora de El extranjero, nuestra empatía hacia otra persona puede dar mucho de sí; podemos acercarnos demasiado y perder nuestra perspectiva de la humanidad. Una vez entendemos otra vida introduciéndonos en ella, viéndola desde dentro, cabe la posibilidad de que absolvamos y perdonemos un acto criminal; puede incluso que ni siquiera lo reconozcamos como acto criminal. Todos somos culpables en cierto sentido; ¿cómo podemos juzgar a otro, cómo podemos castigar a otro?
Esta forma de pensar desemboca en un dilema inaceptable. O bien la justicia es imposible y se nos escapa, o la justicia, si intentamos aplicarla, es inhumana. La acción de Billy Budd se enfrenta y cierra el paso a esta forma laxa de pensamiento. El capitán Vere en su fanática determinación de mantener una disciplina estricta a bordo de la nave es, no obstante, un personaje plenamente
humano, y trágico58. Pero un defecto de humanidad y de juicio afecta al lector
58 En los últimos veinte años ha habido especialistas en temas legales que han escrito
comentarios sumamente sagaces sobre Billy Budd. Los hechos simples e indisputados de que Billy golpeó y mató a Claggart se enredan en varios corpas de leyes.
El incidente se presta, pues, a interpretaciones y adjudicaciones conflictivas. Por el contrario, la película clásica de Kurosawa Rashomom (1950), sobre un presunto incidente de violación y asesinato, no se centra en la ley aplicable sino en los esquivos hechos del caso, en la naturaleza de la verdad. El artículo más vigoroso de análisis jurídico sobre Billy Budd, "How Judges Speak", de Richard Weisberg, interpreta la novela de manera opuesta a lo que yo he sostenido y después utiliza la presunta malevolencia del capitán Vere como medio para atacar la decisión del Tribunal Supremo formulada por el juez Rehnquist. Weisberg presenta a Vere como una figura que representa en un nivel más alto el papel de Claggart de falsario ambicioso.
que pasa por alto el asesinato de un árabe, por motivos oscuros, por parte de Meursault y que considera que la átona descripción que hace éste de los detalles de su vida cotidiana redimen el resto de su conducta. ¿Cómo puede una persona tan ordinaria y sencilla ser un asesino? Durante algún tiempo, el propio Camus se convirtió en uno de esos lectores confundidos, pareciendo olvidar lo que la Trilogía Oresteia griega —un conjunto de tumultuosas obras dramáticas claramente relacionadas con Billy Budd y El extranjero— nos plantea: que no podemos sobrevivir sin un sistema de justicia. Tenemos obligación de juzgar y castigar los delitos. (La pena de muerte es otra cuestión). Orestes no es absuelto; es finalmente perdonado por el crimen de sangre de su matricidio, pero sólo después de intenso sufrimiento a manos de las Furias, una auténtica penitencia y limpieza ritual. Se hace justicia, y se sienta un precedente. Dos milenios después, Benjamín Constant, coetáneo de Mary Shelley, expresó (vid. el epígrafe de este capítulo) un justo desprecio por las explicaciones, análisis y excusas ante una acción censurable. Constant era partidario del arrepentimiento.
Los juicios de Billy y Meursault se llevan a cabo a una gran distancia moral de cualquier posible "grandeza del mal" como la concibieron La Rochefoucauld, Pascal y Goethe (vid. pp. 134-135). Estos dos hombres humildes no están infectados de presunción y pleonexia. Su falta, por el contrario, estriba en falta de imaginación sobre sí mismos y los demás; en el caso de Meursault, una indiferencia rayana en el autismo.
Y hemos llegado ya inesperadamente a una encrucijada muy debatida, denominada "la banalidad del mal". Como Eichmann juzgado por sus múltiples crímenes, Meursault puede ilustrar esta provocadora frase que aparece en la última oración del libro de Hannah Arendt sobre Eichmann. Posteriormente, tuvo que explicar una vez y otra lo que había querido decir con aquellas palabras.
...este nuevo tipo de criminal comete su crimen en circunstancias que le hacen prácticamente imposible saber o sentir que hace mal.
(Epílogo, Eichmann en Jerusalén) ...cuando hablo de banalidad del mal, lo hago en un nivel estrictamente factual... Eichmann no era un Yago ni un Macbeth... Simplemente, por expresar la cuestión en lenguaje coloquial, nunca se dio cuenta de lo que hacía... esta falta
Igual que Claggart envidia y siente rencor hacia el Hermoso Marinero en Billy, Vere envidia y siente rencor hacia el heroico liderazgo del almirante Nelson. Así, Vere descarga su resentimiento en Billy, cuya ejecución justifica con artimañas legales y alta retórica. El último párrafo de Weisberg presenta a Vere como antecedente simbólico de Stalin y Hitler.
En mi opinión, el papel que Weisberg asigna a Nelson no está suficientemente corroborado por el relato escrupulosamente escrito de Melville. El desenmascaramiento que hace Weisberg de los motivos ocultos de y las tenebrosas ambiciones de Vere terminan pareciéndose más a una ejemplificación del contrarrefrán: Comprender es condenar. Robert Cover y Richard A. Posner han escrito tratamientos más equilibrados de Billy Budd.
de imaginación... [esta] pura irreflexión... puede causar más estragos que todos los malos instintos juntos.
(Postcripto, Eichmann en Jerusalén) [La intención del libro de Eichmann fue] destruir la leyenda de la grandeza del mal, de la fuerza demoniaca.
(Entrevista, New York Review of Books, 26 de octubre de 1978)
Billy no quería matar a Claggart; el sencillo marinero no conocía su propia fuerza. Si hay grandeza en la novela de Melville, ella reside en la lucha del capitán Vere. Meursault no parece tener intención alguna; se deja llevar hacia la catástrofe por una oleada de circunstancias. Yo no veo grandeza de espíritu o de acción en El extranjero. Los dos potentes crescendos de estilo narrativo- descriptivo de Camus pintan a un hombre indiferente ante el bien y el mal que
pierde el control de sí mismo por la banalidad de su imaginación59.
Una novela más voluminosa que las dos que hemos estado considerando explora también esta cuestión literaria y moral que estudia el crimen desde dentro. En principio, Dostoievsky esbozó Crimen y castigo en primera persona; la versión final en tercera persona se mantiene muy próxima a Raskolnikov y se introduce a menudo en sus pensamientos, emociones y sueños. Es frecuente que nos sintamos identificados con Raskolnikov e incluso podamos sentir la seducción del egoísmo nihilista que palpita bajo su decencia y su idealismo. Pero Dostoievsky crea otros personajes y penetrantes conversaciones para señalar y poner de relieve al monstruo que Raskolnikov lleva dentro. A