Ya cerca de cumplir los cincuenta años, Milton había vivido una de las décadas más trascendentales de la historia inglesa como panfletista y figura pública prominente. En sus escritos defendió la libertad de prensa, la libertad de religión, el derecho al divorcio por incompatibilidad y, lo más incendiario de todo, el derecho de los súbditos a condenar a muerte a un rey indigno. En 1649, cuando el alto tribunal establecido por el Rump Parliament hizo rodar la cabeza de Carlos I en nombre del pueblo inglés, Milton fue nombrado secretario de lenguas extranjeras en el Consejo rector y se le dio residencia oficial en Whitehall. Después del golpe de Estado de 1653, Cromwell le nombró portavoz, un puesto similar al de un secretario de prensa. La Revolución puritana adquirió buena parte de su vigor y estilo intelectuales del pensamiento de formación clásica de Milton.
Pero llegado 1658, la ceguera, la decepción con Cromwell, la muerte de su segunda mujer y una renovada vocación poética retiraron a Milton a la vida privada. Después de la Restauración de 1660, sus libros fueron públicamente quemados y su vida corrió peligro hasta que, mediante la intervención de amigos, fue incluido en una amnistía general. Milton había vivido muy cerca de la hoguera que él mismo había contribuido a encender. Después, con más de cincuenta años, quiso volver a la poesía y granjearse una fama menos escandalosa.
Desde que tenía poco más de veinte años, Milton había buscado un tema suficientemente grandioso para una obra maestra que le procurara una reputación perdurable. Durante mucho tiempo dudó entre los temas de la épica clásica y las historias más recientes de caballería en torno al rey Arturo. Pero hay motivos para creer que Milton fue profundamente sensible a la presión que Bacon, Descartes y la ciencia nueva estaban aplicando para modificar la tradición de conocimiento prohibido heredada de la antigüedad y del cristianismo. ¿Y qué respuesta ofrecer a su reciente experiencia revolucionaria y a sus anteriores viajes? Durante su recorrido por el continente europeo en 1638, Milton había visitado al anciano y ya ciego Galileo, que vivía en reclusión forzada cerca de Florencia. ¿Era posible que aquel hombre de enorme saber hubiera sido amordazado por un papa? Milton halló un vehículo indirecto para todos estos acontecimientos coetáneos en la más antigua de todas las historias del Antiguo Testamento.
No existían muchos precedentes de nuevas versiones literarias del mito de Adán y Eva. Los especialistas en las escrituras habían creado una biblioteca de
comentarios. A fines del siglo XVI, Du Bartas había publicado una versión
popular en verso francés que ocupaba cincuenta páginas, y que incluso tuvo cierto éxito en su traducción inglesa. Pero no debemos subestimar la ambición y originalidad del proyecto de Milton en dos sentidos. Milton dio a Adán y Eva plena dimensión épica, poniéndose a la altura de Homero y Virgilio; y concibió una versión modificada y esencialmente moderna, que se inclina a favor del conocimiento frente a su prohibición. Y después trabajó en ella, ciego y maltrecho, a lo largo de diez años.
La cuestión de la forma también le inquietaba. Uno de los primeros manuscritos contiene un esquema de obra dramática en cinco actos llamada
Adam Unparadised (Adán sin Paraíso), donde la acción de El Paraíso perdido
aparece ya parcialmente concebida en forma alegórica. Pero Milton se inclinó después por escribir un poema épico pensado a escala monumental. Multiplicó los cuarenta versos del Antiguo Testamento (no traducidos a su versión "autorizada" del rey Jacobo hasta 1611) por cuatrocientos creando dieciséis mil líneas decasilábicas de poesía diversificada en rima asonante. Esta narración épica incluye escenas dramáticas de gran fuerza, una teología del bien y del mal protestante y en ocasiones herética, una compleja psicología que fluctúa entre lo intensamente humano y lo inesperadamente pícaro, y una dicción poética que es como un potente motor interior que impulsa la historia a través de maravillosos espacios cosmológicos y mitológicos. El Paraíso perdido muestra una imaginación cósmica que crea episodios de tanta grandiosidad como las escenas de la Capilla Sixtina. Esta obra ofrece también en lengua llana visiones de vida doméstica comparables a las de películas de Ingmar Bergman como
Secretos de un matrimonio. Ante todo, El Paraíso perdido merece una lectura capaz
de revelar su "gran voz inagotable"", su cantabile, como lo expresa C. S. Lewis. Milton, ciego como un bardo, dictó todas estas líneas en su determinación de componer una épica que no fuera sólo de un país, como las de Homero y Virgilio, sino de toda la humanidad.
Con el fin de asegurarse de que los lectores siguieran el relato, Milton elaboró un "argumento", o resumen, de una página para cada uno de los doce libros. Manteniendo este espíritu, propongo una sola sinopsis del poema, resaltando los hechos centrales relacionados con Adán y Eva. De esta forma, a mi juicio, el lector puede percibir el movimiento de la narración tras las frecuentes miradas atrás, anticipaciones, digresiones e intervenciones del autor. Esta versión truncada mete también de contrabando una cierta dosis de comentario e interpretación.
El argumento
como al Espíritu Cristiano para que le ayuden a "volar" más alto que ningún otro poeta anterior, Milton comienza no con la historia de la creación sino con la índole de sucesos trascendentales que él mismo acababa de vivir y sobrevivir: una rebelión y su caída. Expulsado del cielo por el Señor en castigo a su intento de insubordinación, Lucifer-Satán, el Archimaligno, y sus seguidores se reagrupan en el Infierno y traman vengarse del nuevo mundo que se rumorea ha creado el Señor en otro lugar del universo (I). Satán se adelanta solo e inicia un gran viaje intergaláctico para descubrir dónde se encuentra el Paraíso. Al aproximarse a las Puertas del Infierno para salir de él, las encuentra guardadas por dos monstruos inefables: uno es el Pecado, una hechicera nacida enteramente formada de la cabeza de Satán en el instante en que concibió la envidia del Hijo de Dios —un pastiche de Minerva, nacida de la cabeza de Zeus
—. El otro es la Muerte, el odioso vástago del incesto de Satán con el Pecado17.
Con la "fatal llave",/Triste instrumento de todos nuestros males", el Pecado abre las Puertas del Infierno y permite a Satanás encaminarse hacia su misión (II).
Contemplándolo desde las alturas, Dios ve que Satanás se acerca a Adán y Eva en el Jardín del Edén y prevé que el Hombre, creado con fuerza suficiente para resistirse a la tentación pero con libertad para transgredir, va a caer. Por medio de una paradoja no esclarecida, esta profecía no constituye predestinación, no determina los acontecimientos. El Señor explica a su Hijo que, a diferencia del ángel caído, Satán, "tentado por sí y por sí corrupto" (III, 130), el Hombre, engañado por Satanás, hallará la gracia. El Hijo se ofrece para ser instrumento de ese acto glorioso (III). Entretanto, Satanás siente una breve punzada de duda y remordimiento por su arrogante rebelión contra Dios, y después retrocede una vez más cuando ve a Adán y Eva. Casi es capaz de sentir amor y compasión por aquella pareja dulce y agraciada y oye por casualidad que vive con "una prohibición simple" (IV 433), de comer del fruto del Árbol de la Ciencia. Pero el espectáculo de su inocente amor connubial, "encielados uno en brazos del otro" (IV 506), le llena del tormento de la envidia y decide destruir su felicidad. Los agentes del Señor capturan a Satanás en forma de un sapo que susurra en el oído de Eva mientras ella duerme, y tiene que retirarse temporalmente (IV).
Por la mañana, Eva relata su "sueño turbador" de haber sido tentada por un ángel a comer del árbol prohibido. Perplejo ante esta inexplicable manifestación del mal, Adán la tranquiliza y rezan juntos. Después, reciben como visitante inesperado en el Paraíso al Arcángel Rafael, enviado por Dios para prevenirles sobre su condición de seres libres, que les permite tanto obedecer como desobedecer, como en el caso de Satanás. Adán inquiere sobre esa historia, y Rafael relata con detalle los acontecimientos de la rebelión de Lucifer-Satán y de su derrota por el Hijo tras una gran batalla (V-VI). A petición de Adán, el
17 Al inventar estos episodios, Milton separa los orígenes del Pecado y la Muerte de
cualquier acto de Eva o Adán, que, más bien atraen sobre sus cabezas el destino de estas figuras preexistentes. De este modo, Milton modifica la doctrina agustiniana del pecado original.
Arcángel Rafael pasa a describir la creación del Mundo en seis días y un sabbath (VII). Cuando Adán pregunta sobre cosmología y movimientos celestiales —es decir, el debate copernicano— el ángel pone el veto a hablar sobre estas "cosas no reveladas" (121). Aceptando esta admonición, Adán relata su vida en un prolongado flashback desde su propia creación, su conversación con Dios, la creación de la Mujer para ser su compañera, y el arrebato de pasión que siente en presencia de su hermosura y en sus desculpabilizados esponsales. Rafael advierte a Adán contra el sometimiento a la pasión y le revela que es libre para resistir o caer ante la tentación (VIII).
En una segunda y elocuente invocación, Milton va preparándose para los acontecimientos centrales de su historia y afirma que su carácter es más heroico que las épicas griegas y romanas o los modernos relatos de caballería de esplendorosos caballeros en batalla. Por iniciativa propia, Eva está trabajando separada de Adán en el Vergel; tropieza con Satanás ahora en forma de serpiente. Satanás le dice que comer el fruto del Árbol Prohibido le ha dado el poder de la palabra. Su parlamento de tentación, sutilmente argumentado, sugiere que conocer el mal le ayudará a evitarlo. Un Dios justo, afirma Satán, no podría nunca castigar con la muerte. Eva come y siente un placer inaudito, pero temiendo aún que pueda morir, y celosa, por tanto, del futuro de Adán sin ella, le ofrece el fruto. Eva induce a Adán entrar en la muerte con ella. Por amor a Eva, conociendo las consecuencias mejor que ella, Adán come también. De inmediato, su inocente amor se torna en un devaneo de apetitos culposos. Sienten vergüenza y se lanzan mutuas recriminaciones (IX).
Dios el Hijo desciende a la Tierra para juzgar a Adán y Eva. El Pecado y la Muerte (formando con Satanás una trinidad rival) entran en el mundo ahora que Satán ha prevalecido. Al principio, Adán protesta por la injusticia de su destino que le ha empujado a una existencia que nunca pidió; después acepta su responsabilidad y expresa deseo de una muerte inmediata. Su flamante conciencia se lamenta de las consecuencias de su acto para toda la posteridad humana. Adán se niega firmemente a la propuesta de suicidio de Eva, se reconcilian y se resignan a una muerte largamente demorada y a la esperanza a través de la aceptación y la oración (X).
El Arcángel Miguel llega para anunciarles que deben abandonar el Paraíso. En la cima de un monte, ofrece a Adán un avance ilustrado y comentado del futuro curso de la humanidad hasta el Diluvio (XI). La visión culmina con la encarnación del Hijo y la redención del hombre de sus pecados y de la muerte, seguido de los calamitosos acontecimientos de la época moderna. Adán se maravilla de que tanto bien pueda surgir un día de su pecaminoso acto original. Miguel conduce a la pareja, con dolor y esperanza en sus espíritus, fuera del Paraíso (XII).
A lo largo de cuatrocientas páginas, los versos de diez sílabas de Milton llenan columna tras columna ante nuestra mirada con un efecto visual uniforme que nada revela sobre su tono, ritmo y augurios. Es precisa una lectura en voz
alta y expresiva para captar en El Paraíso perdido el repertorio de humores y estilos mostrados por Milton durante los diez años de su composición. En ellos, Milton podía pasar de lo estentóreo-profético a lo definitivamente popular. En el libro V, Eva extiende un generoso déjeuner sur l'herbe para su visitante celestial, el Arcángel Rafael. Pero se ponen a hablar, y el narrador introduce una astuta broma posedénica: "Sin miedo a que pudiera/ la comida enfriarse, un sabroso coloquio tuvieron" (V, 395-396). Después Milton, con su propia voz, nos dirá que "la frialdad del clima" inglés hizo muy difícil la composición del poema (IX, 44-45). Nos imaginamos sus sabañones. San Rafael, alentando a Adán a que cuente su creación, insinúa que como es un ángel muy ocupado estaba fuera en viaje de trabajo en aquel día.
Dime, pues; de tu historia,
Pues pasó que ese día yo me encontraba ausente En el despacho de una misión rara y oscura Que tenía por meta las puertas del Infierno...
(VIII, 228-231. Versión de Abilio Echevarría)
El propio Dios aparece riendo ante las "extrañas y erróneas opiniones" de los hombres (VIII, 78) sobre el trazado de los cielos. Unas páginas después, cuando Adán se lamenta ante el Señor por su falta de compañía humana en el Paraíso, Dios seguramente le sonríe:
¿Qué piensas de mi estado y de mí mismo, entonces? ¿Me crees poseído de suficiente dicha,
cuando me encuentro solo por las eternidades...?
(VII, 403-406)
En términos generales, hay que reconocer en Milton un especial lenguaje pre-joyceano que muestra sus orígenes latinos en un orden de palabras liberado y que se deleita regresando al significado de la raíz de la palabra. Encabalgamientos, elisiones y repeticiones varían constantemente el flujo de su verso blanco. Este poeta magistral en latín e italiano, así como en inglés, que se había pasado treinta años rimando con soltura, eliminó la rima de su obra más ambiciosa. En su nota introductoria sobre su poema rechaza la rima tajantemente por ser, dice, "invención de una época bárbara"; Milton sólo se permite diecisiete pareados o semipareados, aproximadamente uno cada mil líneas. Dos de ellos tienen una importante función: marcan los actos centrales del libro y dramatizan las reacciones cósmicas de Eva primero y Adán después al comer de la fruta prohibida.
Forth reaching to the fruit, she plucked, she eat18.
Earth felt the wound, and Nature from her seat Sighing through all her works gave signs of woe That all was lost.
(...alargando temeraria la mano
noramala hacia el fruto, se lo llevó a la boca. La Tierra en sí la herida sintió. Naturaleza, a través de sus obras, gimió en sus fundamentos, al ver perdido todo).
(IX, 781-783)
Earth trembled from her entrails, as again In pangs, and Nature gave a second groan.
(Tembló otra vez la Tierra de dolor en su entraña, y la Naturaleza dio un segundo gemido).
(IX, 1000-1001)
He aquí, pues, la apuesta de Milton: hace depender todo —la condición humana por entero y su propia reputación— de la historia de Adán y Eva. A partir de una versión hebrea original, tan primitiva como los palotes grabados en una cueva, conforma un drama de proporciones épicas y lo inscribe en una explicación de toda la historia anterior y subsiguiente (XII, 507-537). ¿Por qué confía tanto Milton en que su humilde relato eclipsará y sobrevivirá a los magníficos hechos de antiguos héroes y las hazañas de caballeros andantes?
En mi opinión se debe a que expandiendo este argumento, Milton puede centrarse en la cuestión del conocimiento: el conocimiento brindado y el conocimiento prohibido. En las siguientes páginas se va a documentar esta opinión, que puedo ilustrar también con un pasaje conmovedor. Sin haber llegado aún a un tercio del poema, el poeta mira hacia la pareja después que han experimentado todo el deleite físico de su inocente cópula. Bendice su felicidad y, por un momento, parece querer detener su inevitable destino de adquirir mayor conocimiento, un conocimiento que acabará con su bienaventuranza y lo complicará todo:
Sleep on
Blest pair; and O yet happiest if ye seek No happier state, and know to know no more.
(¡Duerme, feliz pareja, más feliz si no buscas
18 En muchas versiones modernas se cambia la palabra eat ("come") por ate ("comió"). La
pronunciación inglesa de estas palabras en el siglo XVII es incierta y podría haber sido parecida a
un más feliz estado y a aprender más no aprendes!) (IV, 774-776)
La sonoridad de Milton refuerza la escena y el tema. Ese O extasiado rima con un woe (aflicción, dolor) que pende ominoso fuera de escena. Know danza una lenta y sugestiva zarabanda con no. La acción toda se balancea entre el saber y el no saber. Los versos piden ser pronunciados en voz alta, cantados.
3. "D
EL CONOCIMIENTO CON LÍMITES..."
¿Por qué caen Adán y Eva de este paraíso de inocencia e inmortalidad? ¿Qué más o que otra cosa podrían desear?
Del hombre la primera desobediencia, el fruto del árbol prohibido, cuyo sabor mortífero
trajo al mundo la muerte y todos nuestros males...
(I, 1-3)
Las líneas iniciales establecen una prioridad de temas cuya autoridad ha perdurado entre los lectores de El Paraíso perdido. C. S. Lewis declara tajantemente que la Caída representa un acto de desobediencia; que la manzana no tiene importancia intrínseca aunque puede que Eva y Satán así lo crean. En otras palabras, en la expresión conocimiento prohibido, palabras estrechamente asociadas aquí, el énfasis está en la palabra prohibido. Eva y Adán actúan en gran parte por obstinación, por una renuencia a obedecer el contrato mediante el cual les ha sido otorgada la residencia en el Vergel. Sencillamente, son en exceso insumisos, o curiosos o consentidos para tolerar prohibición alguna.
A mi juicio, esta interpretación es excesivamente restrictiva. Con el fin de hacer justicia a la versión de Milton hay que examinar algunos pasajes que
preceden al libro IX, donde se produce la Caída en sí19. Durante los cuatro libros
donde se narra su confraternización y cotilleo con Adán y Eva, el Arcángel Rafael tiene que cumplir una misión benévola para el Señor que concierne a Adán: advertirle que "no yerre" (V, 236-237). Pero antes de que el ángel pueda cumplir su misión, Adán toma la iniciativa haciendo una serie de preguntas. Es como si el descarrío humano brotara aquí inesperadamente y ya totalmente formado de la cabeza de Adán, como el Pecado brotó de la de Satanás. A éste le impulsaba la envidia del Hijo de Dios; nada parece nublar el contento de Adán
19 Hay que recordar también que la desobediencia al rey y a su divina autoridad fue el
delito por el que la Restauración condenó la Revolución puritana y la participación de Milton en ella.
pero su parlamento es "cauto" (V, 460).
Cuando quedaron saciados de bebida y manjares, sin cargar en exceso a la naturaleza,
Adán se vio asaltado por una idea súbita: la de sacar partido de este gran parlamento para saber de cosas de arriba de su mundo e inquirir por los seres que en el Cielo residen...
(V, 452-455)
Mirando ya más allá del Paraíso que le ha sido otorgado, Adán formula una pregunta sobre cómo es su vida comparada con la del entorno de Dios en las Alturas. San Rafael responde que sabrá la respuesta "si la obediencia guardáis" (V, 501). "¿Qué puede significar aquello, dado que tan dichosos somos?", pregunta Adán. El ángel le explica pacientemente que es libre para perder por desobediencia el gozoso estado que le ha otorgado el Todopoderoso. Lo mismo ocurre con los ángeles. "Libremente servimos,/pues libremente amamos" (V, 538-539). Recordando las recientes insinuaciones de Satanás a la imaginación de Eva en un sueño, Rafael añade que algunos, en efecto, han caído