CUADERNO II: El marco de este cuadro
9. Calificación
La sección anterior enfocó la idea de establecer el marco de aquello que buscamos, utilizando el ejemplo de establecer lo que buscamos en términos de una relación no-exclusiva. Nota que éste es solamente un ejemplo—un marco de la infinidad de posibles marcos que un hombre podría tomar como propios, dependiendo de lo que quiere para sí mismo.
La idea de establecer el marco y quedarnos solamente con las mujeres que lo aceptan gustosas equivale a la idea de calificar a una mujer. Calificar implica que vamos a ver si ella tiene lo necesario para ser una invitada en nuestra realidad. Puedes pensar en esto como cualquier aplicación a un trabajo: si alguien no cuenta con las calificaciones necesarias, pues le guste o no, no le van a poder ofrecer el puesto. El proceso de calificación consiste en limitar el número de postulantes. Imagínate por ejemplo qué tan pesada (y ridícula) sería la tarea de admisiones de una universidad si no tuvieran para los postulantes el requerimiento básico de haber completado la educación secundaria.
La idea de calificar a una mujer implica igualmente que nos vamos a ahorrar tiempo y energía al invertir nuestra seducción solamente en aquellas mujeres que pasan nuestro criterio de selección. La clave es que si tú no la calificas a ella, ella te va a
calificar a ti (y basados en los estándares irreales que muchas
mujeres asumen como propios, es muy probable que no pases su criterio de selección). Es aquí donde los estándares que estableces para ti mismo y para las mujeres que quieres en tu vida (Cuaderno I) adquieren una dimensión real y tangible.
Muchos creen que calificar a la mujer equivale a hacer una serie de preguntas a manera de cuestionario, y si responden “correctamente” pues califican. Aquí están aquellos que tienen como criterio de calificación cosas como que sea honesta o que sea liberal, por ejemplo, y durante la conversación le preguntan a la mujer “¿Eres
honesta/ liberal?” Y si ella responde que sí, entonces asumen que ella califica. (Sin embargo, por definición, todas las personas deshonestas deberían responder que en efecto son honestas). En este caso la calificación no fue más que un lapso de masturbación mental: una
respuesta verbal de por sí sola no garantiza que la mujer califique.
En lugar de ver esto como un cuestionario o examen académico, te va a ser mucho más útil pensar en calificar como conducir una audición o el cásting para una película: ella tiene que ser X, comportarse de manera Y, y actuar de manera Z contigo para obtener un papel en la película de tu vida. Por tu parte, como productor ejecutivo de la película de tu vida, necesariamente tienes que tener una idea en detalle del tipo de mujer que estás buscando para el rol.
En parte la importancia de calificar radica en que una mujer que no califica bajo tus estándares no va a poder actuar eficazmente bajo tu marco de referencia—te va a complicar la vida, en lugar de hacerla más cómoda. Tomemos el ejemplo que mi meta-marco es que las mujeres que me rodean son cachorritos que se la pasan jugueteando: si acepto a una mujer que grita, molesta, y busca irritarme todo el día, mi meta-marco simplemente no va a caminar. Hay elementos en algunas mujeres que no se van a poder redefinir con humor o con patrones lingüísticos simples (el ámbito terapéutico no forma parte del espectro de este libro). Algunas mujeres simplemente no
califican: déjalas ir, y quédate con las que van a cohabitar orgánicamente con tu marco de referencia.
El mundo es un lugar grande, y actuar con una mentalidad de abundancia es esencial; si actúas como si alguna mujer es “la última cantimplora del desierto,” buena suerte al intentar calificarla o establecer tu marco. Si tienes escasez en tu pensamiento, ellas te van a ver como el mendigo del ejemplo inicial de este Cuaderno, y la batalla va a estar perdida. Mi idea de un maestro de la seducción no es la de aquel que puede conquistar a cualquier mujer, sino la de aquel que tiene en su vida un número saludablemente abundante del tipo de mujer que quiere. Rodeándote del tipo de mujer que quieres, tus marcos van a caer en secuencia como piezas de dominó—máxima eficiencia, mínimo esfuerzo.
El Principio de Calificación sirve de alguna manera como la chispa que va a activar el combustible de tus marcos y meta-marcos, y su poder nunca debe ser arrimado al ámbito de lo idealista o cursi. Hazañas aparentemente sobrehumanas, como tener una vida sexual
compuesta únicamente de tríos con mujeres bisexuales, o poder tener relaciones con una mujer en el baño de una discoteca a los veinte minutos de haberla conocido, todas parten del principio que el hombre calificó a la mujer. Sus criterios eran que las mujeres sean bisexuales y que quieren estar con él, por ejemplo, o que las mujeres quieran tener una experiencia desenfrenada en un bar. Al encontrar mujeres que calificaban, encontraron candidatas para establecer sus marcos. Es ahí donde la magia ocurre, y la realidad interna se convierte en una realidad tangible.
Llevando estas ideas al ámbito práctico, el qué hacer o decir, la estructura se limita a comparar y contrastar a la mujer que tienes enfrente con el ideal que has bosquejado para ti mismo. Para aquello que sólo se puede observar en contexto, tus ojos y oídos te van a bastar para calibrar (por ejemplo, si acaso requieres que ella sea cortés con los demás, y notas que ella es amable con el personal de un restaurante; o si requieres que ella sea alta o pelirroja).
Para ver si ella califica en cosas que no van a ser inmediatamente aparentes puedes por ejemplo hacer preguntas directamente (ejemplo “¿Eres bisexual...?”), o indirectamente a través de ejemplos o presuposiciones (“¿Qué tipo de mujer te gusta?”). Si ella te pregunta el por qué de tu pregunta, no seas tímido y dile que tú sales con un tipo de mujer X. No puedo enfatizar esto lo suficiente: ella te va a respetar por tener estándares y por no hacerla perder el tiempo. Califícala, o siéntate y mira cómo ella te califica a ti. Si eres respetuoso y no usas lenguaje vulgar, ella no tiene ninguna razón para llamarte la atención. Y no lo digas como que es gran cosa o algo fuera de lo común; si actúas con naturalidad, otros van a responder a tu comunicación con naturalidad.
Ésta es una etapa donde tus preferencias van a dictar el contenido de tu lenguaje, y tu creatividad la forma de darle algún giro humorístico o romántico, en caso decidas que esto es congruente con tu marco. En este campo he visto hombres salirse con la suya en un sinnúmero de calificaciones que, por lo demás, otros encontrarían ridículas. Están aquellos que no aguantan una imperfección facial en la mujer; aquellos que no toleran manos o uñas descuidadas; los fanáticos de los pies; los del club de las bisexuales... Puedo recordar incluso el caso de un amigo que, al no conducir, requería obligatoriamente que ella tuviera un automóvil—por el simple hecho que necesitaban algún vehículo para poder salir juntos (dejó pasar a muchas chicas lindas simplemente porque “no iba a ser práctico tomar
el autobús para encontrarse”). Cada loco con su tema (¿cada seductor con su criterio calificatorio?).
Entiendo que este tema puede parecer “delicado”: la idea de dejar pasar una oportunidad con una mujer porque carece de un requerimiento físico o espiritual. Sin embargo, para poder dejar de lado la mentalidad de escasez y vivir en abundancia es necesario establecer parámetros. Vivir en abundancia implica poder dejar pasar “oportunidades” con una mujer, ya que desde ese punto de vista no se trata de sobrellevar la cosa o sobrevivir, sino de vivir bien, con lo mejor que podemos alcanzar.
Un principio que te va a ser útil en este camino es que no todas las mujeres van a calificar para tener el privilegio de ser seducidas por ti. Al mismo tiempo es posible que las que no califiquen en ese sentido valgan la pena conocer como personas: como compañeras, colegas, amigas, o conocidas. No descartes la posibilidad que una mujer que no califica no pueda tener amigas, hermanas, o primas que sí califiquen. Por ello el ser un caballero para con las mujeres como principio fundamental va a ser tu mejor carta de recomendación. Nunca se sabe.
El proceso de Calificación, como todos los demás componentes de la seducción, puede ser algo lúdico y divertido—tan divertido como quieras que sea. Recuerda, si vives en abundancia no hay razón por la cuál apresurarse o por la cuál tomar demasiado en serio alguna interacción en particular. Concéntrate en jugar a lo largo del proceso: juega a conocerlas; ésta es tu realidad y todas están invitados a tomar parte en ella, siempre y cuando se adhieran al criterio que has establecido para recibir la invitación.