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Un campo multisituado: el tránsito de lo online a lo offline y viceversa

Capítulo 2. Metodología

2.2. Un campo multisituado: el tránsito de lo online a lo offline y viceversa

En esta investigación, cuyo caso giraba alrededor de una página web, un primer problema que se me planteó fue ¿dónde situar mi trabajo de campo? Y ¿Cómo delimitar la categoría espacial del caso de estudio? En este sentido, Hine (2004: 80) habla con relación a los estudios de Internet como una dislocación espacial y temporal y señala que ―las etnografías online rompen con la noción de ―espacialidad‖ en las comunidades para concentrarse en los procesos culturales en vez de en los lugares físicos‖, y añade que ―más

que multi-situada, podríamos pensar convenientemente en la etnografía de la interacción mediada como fluida, dinámica y móvil‖.

Cuando plantee esta investigación me di cuenta que situar mi unidad de observación espacialmente no sería del todo fácil. Consideré, en una primera instancia, el ciberesespacio donde se establece la interacción social de la página, esto es en los espacios llamados

Saludos y posteriormente Foro. Mayans (2002) se refiere al ciberespacio como un espacio

no físico, ni material, generado por el accionar social con las máquinas y la tecnología. Donde además para la socialización ya no son indispensables la co-presencia física y el compartir el espacio-territorio, menciona como sus características: su no materialidad física y su cualidad de espacio socialmente practicado y éste ―se caracteriza por la maleabilidad de los contenidos sociales y por la flexibilidad de los vínculos sociales‖ (241).

Para entender las relaciones mediadas entre diáspora y poblado, fue necesario considerar también desde el inicio el contexto territorial, offline. Aquí, de nuevo, mi caso se complicaba ya que me llevaba a un territorio multinacional: el poblado de San Martín de Bolaños, como también los diversos lugares desde donde los participantes visitaban la página. Y también multitecnológico, puesto que el teléfono servía a veces de mediador entre las dos poblaciones y el foro

De acuerdo al planteamiento de algunos autores clásicos de la mirada etnográfica que inspira este trabajo, el trabajo de campo debe hacerse situándose en ―el‖ lugar donde las cosas suceden. Le Play (1982), señala la necesidad de la observación directa de los hechos; Radcliff Brown (1975/1958) afirma la importancia del contacto directo y personal del antropólogo con lo que va a estudiar; para Malinowski se trata de la prolongada presencia en el lugar, la tienda de campaña y permaneciendo ―todo el tiempo en la aldea‖. En la etnografía posmoderna esta unidad entre lugar físico y comunidad se rompe. Por ejemplo Clifford, para referirse a la ubicación, habla del itinerario más que de un espacio con fronteras, se refiere a ello como una ―serie de encuentros y traducciones‖ (1999: 23).

Sin embargo, como he señalado, cuando se trata de llevar a cabo un trabajo de campo en espacios mixtos, virtual y presencial, la cuestión del ‗campo‘ (fieldwork) no era para nada obvio. Algunos autores, en estos casos, han propuesto hablar de etnografía

multisituada (Marcus, 1995); Ardèvol, Bertrán y Callén (2003) en su investigación etnográfica en chats de mujeres6, situaron su objeto de estudio fuera del texto de la pantalla, lo trazaron a partir de la mediación entre su experiencia, el registro textual y sus anotaciones de campo, fue por tanto una construcción teórica resultado de su observación participante que fueron dibujando a partir de la interacción con sus informantes. Su propuesta resulta de lo más apropiada si consideramos, que quienes forman parte de la página web ingresaron a ella desde diversos lugares en contextos muy diversos, como San Martín de Bolaños, poblados de la región Norte de Jalisco y Guadalajara en México; Los Ángeles, San José, Gilroy en California, Seattle, Salem, Denver, Chicago y otros lugares en Estados Unidos.

En este sentido, he tomado como eje o guía de mi trabajo de campo la interacción social online, dejándome llevar hacia los contextos offline con los que se imbricaba, y

viceversa. Por esta razón, puedo afirmar, que mi trabajo se llevó a cabo en un campo

multisituado y añadir que no dejé de transitar continuamente de un sitito al otro, de lo

online a lo offline y de lo offline a lo online. Y es en este ir y venir siguiendo a los actores

sociales que se constituyó mi estudio de caso (que ya no era la web, sino el complejo entramado de relaciones que circulaban a través de distintos medios, uno de ellos, la web).

Esta investigación es un estudio de caso desde una perspectiva cualitativa con mirada etnográfica. Como refieren González y Villagómez (2008: 298) ―la observación directa por medio del trabajo de campo etnográfico es el método más apropiado para estudiar las relaciones sociales, las formas en que las personas valoran y cultivan ciertos tipos de vínculos por encima de otros, en que intercambian favores o se apartan de sus parientes y vecinos‖. Y, como sugiere Escobar (1996), los entornos virtuales constituyen un campo nuevo de exploración para la etnografía.

Como señala Dhiraj Murthy (2008), el incremento de las tecnologías digitales en todos los ámbitos de nuestras vidas contiene la posibilidad de abrir nuevas direcciones e interrogantes a la práctica etnográfica tal y como la conocíamos antes. Una de las autoras

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más reconocidas en este nuevo ámbito es Christine Hine (2000/2004) quien, a propósito de la adaptación del método etnográfico al estudio de páginas web, foros y discusiones en internet, comenta:

Una etnografía de Internet puede observar con detalle las formas en que se experimenta el uso de una tecnología. En su forma básica, la etnografía consiste en que un investigador se sumerja en el mundo que estudia por un tiempo determinado y tome en cuenta las relaciones, actividades y significaciones que se forjan entre quienes participan en los procesos sociales de ese mundo (Hine, 2000/2004: 12).

En este sentido, Woolgar (1996) va un poco más allá y defiende que Internet es un artefacto cultural, que la tecnología ha sido generada y es usada por sujetos concretos, que en contextos específicos tienen sus objetivos y prioridades. Así, los contextos locales de interpretación y uso de tal tecnología deben conformar la agenda analítica de estos entornos virtuales. En mi caso la observación de los usos de la web que describiré, fueron siempre interpretados como contingentes a las prácticas transnacionales a través de las cuales ésta fue adquiriendo distintos sentidos

Yeslam Al-Saggaf and Kirsty Williamson (2006), en una investigación sobre comunidades virtuales en Arabia Saudí, afirman que tomar la perspectiva etnográfica les permitió ubicar sus resultados dentro de lo social y el contexto cultural de la sociedad saudí, sin separar ambas realidades. Sin embargo, estos mismos autores sugieren que ―The impact of virtual communities on people‘s off-line lives is seriously under-researched even in the Western world‖ (p.6). En esta misma dirección, por ejemplo, concluye Wheeler (1998) cuando afirma que los marcos culturales locales desempeñan un papel importante y poco reconocido en los tipos de prácticas que se llevan a cabo mediante la CMC. Este tipo de argumento, sin embargo, aunque reclame una contextualización y conexión entre ambas realidades, en su enfoque establece una separación entre lo que ocurre online y lo que ocurre offline. En este sentido, más recientemente (Ardèvol y Lanzeni, 2014) en una revisión extensa sobre cómo se ha estudiado lo digital desde una perspectiva antropológica, las autoras sostienen que ―persiste una fuerte tendencia por señalar la tecnología como una esfera de producción autónoma que impacta en nuestras vidas y a la cual se atribuye la causa de los cambios sociales que experimentamos‖ (pág. 13). Y, en esta tesitura, proponen ―no estudiar la tecnología como algo separado de la vida, sino partir de una

conceptualización antropológica anclada en una metodología etnográfica, donde la tecnología se comprende como parte integrante de la actividad social y como proceso y producto cultural (…)‖(pág. 13). En esta investigación he partido de la premisa, como la propuesta por estas autoras, que no existe diferencia esencial entre lo digital y otro tipo de producción de la sociedad, ya sean identidades, vínculos, relaciones, debate público, etcétera. Así, en vez de pensar que se trata de estudiar cómo la página web impactó sobre la comunidad local y su diáspora, se ha tratado de ver con qué prácticas la población se fue apropiando de la web y con qué transformaciones sociales, políticas o culturales online y

offline.