Capítulo 1. Marco Teórico
1.5. Comunidades virtuales transnacionales
Como acabo de comentar citando a Martínez (2004), gracias a la apropiación de estos sitios virtuales que emergen de Internet, se puede hablar de grupos de ciudadanos que comienzan a construir espacios virtuales para llevar a cabo acciones colectivas translocales. Sin embargo, de acuerdo a Jones (1997) para que un espacio virtual donde se establezca comunicación en grupo sea catalogado como asentamiento virtual existen cuatro características definitorias: (1) un nivel mínimo de interactividad; (2) una variedad de comunicadores; (3) un nivel mínimo sostenido de miembros afiliados; (4) un espacio- público-común virtual donde se lleve a cabo una parte significativa de la CMO en grupo interactivas. (...) Por lo tanto, la existencia de un asentamiento virtual no demuestra por si solo la existencia de una comunidad virtual asociada.
Las discusiones, temores y críticas iniciales a las relaciones e interacciones en línea según las cuales no sólo tenderían a suplantar la comunicación y las relaciones sociales directas, sino que además propiciarían el aislamiento de quienes interaccionaban a través de la web, han quedado totalmente absoletas. Desde entonces, innumerables experiencias y estudios empíricos (Turkle, 1995, 1997; Rheingold, 1996; Baym, 2003/1998; Wellman, 2000; Miller y Slater, 2000; Bonini, 2011; Lecomte, 2009; de Brujin, 2014; Bernal, 2006, entre otros) han demostrado que se incrementan los contactos sociales, se establecen nuevas relaciones de sociabilidad limitadas y definidas por la vida offline y no a la inversa.
En cuanto al concepto mismo de comunidad virtual, históricamente no ha habido un acuerdo entre quienes iniciaron los estudios sobre este tema ya que éste se conceptualizó estableciendo una comparativa con el concepto de comunidadtradicional. Lo primero que sobresalió de este enfoquees que presentaba una contradicción intrínseca: por un lado la comunidad, que para muchos autores era definida a partir de su ubicación territorial (Hillery, 1959; Doheny-Farina, 1996; Weinreich, 1997), y, por otro lado, lo virtual de la misma que hacía referencia al uso de las tecnologías de la información y con ello a la ruptura de la dimensión espacial. Wellman y Giulia (1999), Wellman (2001, 2004), Jones (2003), Castells (2001b), entre otros, coincidieron en que la cercanía geográfica o el
territorio compartido ya no eran imperativos centrales en la constitución de una comunidad virtual. Castells (2001b: 144) apuntaba que la ―proximidad espacial perdió su preeminencia en la constitución de las relaciones sociales (...) la gente no construye su significado en las sociedades locales, no porque carezca de raíces territoriales sino porque selecciona sus relaciones sobre la base de sus afinidades‖. Para Barry Wellman (2001: 228), la comunidad está constituida de ―redes de vínculos interpersonales que proporcionan sociabilidad, soporte, información, un sentido de pertenencia e identidad social‖, el que exista o no vecindad compartida en torno a la comunidad virtual era un asunto secundario.
El pionero Howard Rheingold (1996/1993: 5), a partir de la experiencia precursora de la WELL, ya señaló que las comunidades virtuales son ―agregados sociales que surgen de la Red cuando una cantidad suficiente de gente lleva a cabo estas discusiones públicas durante un tiempo suficiente, con suficientes sentimientos humanos como para formar redes de relaciones personales en el espacio cibernético‖. Por ello es básico que se reconociera que además de información, en la CMO se transmiten valores, compromisos, intereses y preferencias personales (Baym, 2003/1998). O como lo expresan Gálvez y Tirado (2006: 13), en los entornos virtuales ―se produce, articula y maneja interacción, dinámicas grupales y sociabilidad‖.
En cuanto a quiénes han abordado la formación de comunidades a partir de los vínculos e interacciones de los migrantes por medio de Internet, mencionaré cuatro estudios que me parecen relevantes: el de Jacques Ramírez sobre las comunidades virtuales de Guasuntos y Pepinales; el de Harry H. Hiller y Tara M. Franz (2004) sobre la CV de Newfoundland; Eduardo Sandoval y Carlos Mora (2010) analizaron la CV de Tonatico y, finalmente los trabajos de Victoria Bernal (2005 y 2006) sobre Dehai.org de la diáspora de Eritrea.
Jacques Ramírez (2007, 2008) estudió la formación de comunidades virtuales entre migrantes y pobladores de Guasuntos y Pepinales de Ecuador. Para el caso de Pepinales utilizó el término re-desterritorialización ―para indicar, por un lado la ruptura de la ecuación –en términos naturales y esenciales- entre comunidad y territorio y a su vez la parcial, temporal, cíclica o virtual resignificación y recomposición de la comunidad en varias geografías‖ (Ramírez, 2008: 122). Para Ramírez (2007) hablar de comunidades
[transnacionales] virtuales de migrantes conlleva el reconocimiento de tres elementos a tener presentes: 1) atraviesan varios niveles de integración; 2) se produce un flujo de información y recursos; y, 3) se alimentan periódicamente por medio de rituales de co- presencia real. Ramírez encontró que en la formación de las comunidades virtuales que él estudió incidieron tres factores: a) Los culturales, como el perfil de los migrantes, en su caso hombres y mujeres jóvenes considerados no pobres y con altos niveles de instrucción educativa, siendo las mujeres las más propensas a usar Internet ya que habían dejado hijos y familia en su país y a través de la web se mantienen en comunicación como mecanismo de perdurabilidad familiar; b) Los factores estructurales como la penetración y acceso al Internet y, c) un sentido de pertenencia e identidad comunitaria. Afirma que ―En la comunidad virtual se vive una cotidianidad por medio de la interacción multimedia continua que permite contrarrestar la distancia física y se está dando paso a la conformación de comunidades virtuales y de cotidianidades en línea‖ (Ramírez, 2007: 181).
Hiller y Franz (2004), en su trabajo sobre los migrantes internos de Newfoundland, Canadá, analizaron el uso de Internet en tres fases del ciclo migratorio: pre-migrantes (antes de migrar), post-migrantes (emigrados en un lapso menor de 5 años) y migrantes establecidos (al menos 5 años de haber emigrado). Encontraron que, de acuerdo a la etapa en que los migrantes se hallaban, había usos e intereses diferenciados a propósito de Internet. Así mismo, identificaron tres tipos de relaciones sociales en línea entre los miembros de la diáspora: desarrollo de nuevos vínculos sociales, mantenimiento de los viejos lazos y redescubrimiento o reencuentro de lazos perdidos. Hiller y Franz mostraron que para los migrantes de Newfoundland el territorio de origen es un punto central de interés, señalaron que la comunidad virtual enlazó a los neofoundlandeses que permanecieron en el lugar con quienes habían emigrado. Para quienes salieron de su lugar, la comunidad virtual les permitió pertenecer y ser miembros de una comunidad compartida en lugar de sentirse forasteros en tierra extraña permitiéndoles mantener un hilo de continuidad entre su anterior y su nuevo lugar de residencia. Estos autores concluyeron que ―Internet no fue usado para construir una comunidad virtual basada en la interacción personal que existiera previamente. Pero tampoco la comunidad en línea es independiente de una comunidad mayor que existe en el espacio físico‖ (Hiller y Franz, 2004: 748).
Sandoval y Mora (2010), en su investigación sobre la comunidad virtual formada por los migrantes y pobladores de Tonatico, estado de México, plantean que a partir de las TIC se presenta un nuevo panorama en la forma de interaccionar de las comunidades transnacionales imaginadas convirtiéndolas en comunidades en línea. A partir de Benedict Anderson (1993), estos autores precisan el componente imaginario de la comunidad en el sentido de los vínculos simbólicos que sus miembros forman al concebir a los otros miembros de la comunidad con estándares de lenguaje, cultura y determinados sistemas simbólicos. Además de los lazos imaginarios, los miembros de esta comunidad virtual establecen vínculos directos con su comunidad de origen más allá de las fronteras y forman alianzas socio comunicacionales a través de la red generando flujos de información y comunicación en línea. La comunidad de Tonatico representa un ejemplo de comunidad transnacional imaginada y virtual porque sostiene vínculos simbólicos y directos con su espacio de origen, ―comparte las interacciones de su comunidad, los rituales, fiestas anuales, ceremonias, y desfiles [por medio de relatos, fotografías y videos], así como problemáticas y discusiones comunitarias, más allá de su territorio, trasgrediendo las distancias geográficas a través de las redes de Internet‖ (Sandoval y Mora, 2010: 89); y afirman que con ello sus miembros refuerzan el sentido de pertenencia e identidad de origen. Estos autores sostienen que como comunidad transnacional imaginaria ésta no se limita solamente a la reproducción de imaginarios y prácticas comunes, sino que ―como parte de una nueva cultura estructurada en la hibridación…cuestionan las políticas estatales y federales sobre el gasto social y exigen rendición de cuentas‖ (Sandoval y Mora, 2010: 91). Para Sandoval y Mora, los habitantes de una comunidad virtual forman una sociedad paralela a la real que funciona según sus propias dinámicas.
El trabajo de Victoria Bernal (2005) sobre Dehai.org, sitio virtual de la diáspora de Eritrea, fue producto de un análisis de más de dos décadas de seguimiento como de visitas y entrevistas a Eritrea y a varias naciones donde residen migrantes de ese país. Dehai.org, fue creado a fines de 1992 por eritreos universitarios residentes en Washington D.C., con el objeto de tener un foro libre para discutir los problemas de Eritrea, que en ese momento estaba luchando por su independencia (declarada en 1993). En un inicio fue un foro cerrado en el que participaban sobre todo universitarios y eritreos vinculados al mundo de la tecnología. Después fue un foro abierto aunque limitado a quienes podían acceder a una
computadora conectada a la web y podían comunicarse en inglés (idioma oficial del foro); por ello, en la década de los noventas fue un sitio para quienes estaban fuera de su país y además una labor masculina (en Eritrea tuvieron acceso a Internet hasta el año 2000). Dehai.org tiene dos componentes: una lista de noticias donde se vinculan o suben noticias publicadas en otros medios y una lista de discusión o tabla de mensajes dedicado a las cuestiones relacionadas con Eritrea. La existencia del sitio virtual facilitó la participación de la diáspora en las discusiones políticas de su país de origen y en su constitución como comunidad diaspórica. En el contexto de la guerra fronteriza con Etiopía (1998-2000), Bernal observó cómo en medio de la violencia, fue posible construir una comunidad donde el conflicto fue conducido sin violencia y el sitio se convirtió además en la fuente de noticias de la guerra y en punto clave para la recaudación de fondos para su país.
En el análisis de la historia social de Dehai, Bernal analizó la construcción en el ciberespacio de una esfera pública de la diáspora eritrea y de una comunidad en la que fue posible manifestar pensamientos y sentimientos sobre temas de interés nacional que no se podían expresar en otro sitio. Para Bernal, Dehai, como un espacio público transnacional no fue simplemente una salida para la expresión de la identidad y la cultura o un vehículo para el nacionalismo y las actividades nacionalistas, sino, más bien resultó ser una esfera pública en la que a partir de la producción de narrativas colectivamente se construyó la identidad, la comunidad y la ciudadanía; a través de procesos de debate e impugnación, los eritreos en el extranjero construyeron una comunidad discursiva.