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Capítulo 1. Marco Teórico

1.9. Ciberespacio y esfera pública

El concepto de esfera pública desarrollado por Habermas, que cuestiona las prácticas de los gobernantes de monopolizar las decisiones, entendiéndola como la apertura de espacios de argumentación y debate público para asuntos de interés público, ha sido punto de partida y cuestionamiento en algunos estudios sobre foros en línea, discusiones y debates virtuales (Bernal, 2006; Lecomte, 2009; Papacharissi, 2004, Dahlberg, 2001). Para los propósitos de mi investigación retomo los planteamientos que desde la teoría crítica de la

Habermas con respecto a la esfera pública. Lo primero que la esfera pública debe poner

entre paréntesis la desigualdad. Fraser cuestiona tal argumento señalando que las

desigualdades económicas, sociales y políticas existen y por tanto ponerlas entre paréntesis representa suponer que no existen o que no deben ser eliminadas y en este sentido, la deliberación en la esfera pública en un contexto compenetrado por relaciones de dominación y subordinación significa mayor ventaja a los grupos dominantes y desventajas a los subordinados. Una segunda premisa de Habermas es que los asuntos debatibles en la

esfera pública deben ser de interés púbico y no los asuntos privados y domésticos. Al

respecto Fraser se pregunta ¿quién o cómo se determina en el ámbito público o privado los temas en deliberación? Hay asuntos que son de carácter público y desde las esferas dominantes se ha querido confinarlos a temas doméstico privados, asuntos como la violencia contra la mujer, los derechos de los homosexuales, etcétera. La tercera premisa de Habermas plantea que una esfera pública única es preferible a muchos públicos dispersos y

diversos, ya que desde su perspectiva la fragmentación y multiplicidad de públicos

representa un distanciamiento de la democracia. Fraser critica este postulado de Habermas y asevera la importancia de la participación en la esfera pública de públicos alternativos ―subordinados‖ distantes de las esferas del poder dominante a los que llama contra públicos

subalternos que tienen un potencial emancipatorio frente a los privilegios de los grupos

dominantes. Para Fraser

las esferas públicas no son solamente escenarios para la formación de una opinión discursiva; son además escenarios para la formación y expresión de identidades sociales… la participación significa el poder hablar con voz propia y simultáneamente entonces poder construir y expresar la identidad cultural propia a través del idioma y estilo (1990: 68-69).

Desde la perspectiva de Habermas, la cuarta premisa consiste en que debe haber una

separación clara entre la sociedad civil y el Estado y ante ello Fraser cuestiona que con

esta disociación se promueve la formación de públicos débiles con prácticas deliberativas solamente de opinión que no tienen vinculación con la toma de decisiones, a diferencia de una esfera pública fuerte que es vinculante con la toma de decisiones. Y señala ―cualquier concepción de la esfera pública que requiere una clara división entre la sociedad civil (asociativa) y el Estado será incapaz de imaginar formas de autogestión, de coordinación interpública y de responsabilidad política, que son esenciales en una sociedad democrática

e igualitaria‖ (Fraser, 1990: 76). En síntesis para Nancy Fraser una concepción apropiada de esfera pública 1) requiere reconocer que existen las desigualdades sociales y eliminarlas; 2) es preferible una multiplicidad de públicos a una sola esfera pública; 3) en la esfera pública se deben incluir y no excluir temas señalados por ―la ideología burguesa y masculinista‖ como privados e inadmisibles; y, 4) señala que una esfera pública debe dar lugar tanto a públicos fuertes como a públicos débiles.

Abonando a lo anterior, para Dagnino, Olvera y Panfichi (2006) el concepto de espacio público fue retomado en años recientes como uno de los ejes en la perspectiva de la democracia participativa. Lo relevante de este concepto, es que permite hacer público y manifiesto lo que está oculto, no sólo en lo político, sino en lo social ―de pronunciar en público las opiniones que habían permanecido privadas, de poner en conocimiento de los otros las ideas, valores y principios que se sostienen, así como los actores que portan esos temas e intereses…[es] el carácter privado de los arreglos políticos y la naturaleza igualmente privada de los mecanismos de exclusión lo que invisibiliza la falta de democracia y reduce el concepto y la práctica de la política‖ (p. 23). Bajo este enfoque los espacios públicos

son instancias deliberativas que permiten el reconocimiento de y le dan voz a nuevos actores y temas, que no son monopolizadas por algún actor social o político o por el Estado mismo, sino que son heterogéneas, …reflejan la pluralidad social y política,…visibilizan el conflicto, ofreciendo una opción para manejarlo de manera que se reconozcan los intereses y las opiniones en su diversidad, y en las que hay una tendencia a la igualdad de recursos de los participantes en términos de información, conocimiento y poder (Dagnino, et al., 2006: 27).

A partir de lo anterior, me referiré a esfera pública indistintamente desde la perspectiva de Fraser, como también a la que Dagnino y otros (2006) han caracterizado como espacio público.

Concebir el ciberespacio como esfera pública o no entenderlo así, obliga a tomar en cuenta una serie de consideraciones que muchos autores han señalado (Papacharissi, 2002; Porras, 2005; Araya, 2005; entre otros) para problematizar el tema. . En primer lugar, Papacharissi (2002) plantea que por un lado el acceso a información gracias a Internet proporciona elementos invaluables para la discusión política con información de otra

manera no disponible; por otro lado, tomando en cuenta que se requieren determinadas condiciones materiales –equipo de cómputo, acceso a la red- así como habilidades en el manejo del equipo, la entrada al ciberespacio es desigual; para esta autora comprometen la representatividad de la esfera virtual. En este punto Ribeiro (2004) afirma que los habitantes del ciberespacio son una elite, y apunta que más que hablar de un espacio público virtual, se debería definir como una esfera-pública-virtual destinada al encuentro de una elite transnacional. Papacharissi señala en segundo lugar, que en el ciberespacio pueden discutir personas en los puntos más alejados del planeta, pero a su vez, también con frecuencia esta dispersión fragmenta el discurso político. En tercer lugar, debido a las tendencias del capitalismo global, es más posible que las tecnologías basadas en Internet se adapten a la cultura política actual, en lugar de crear una nueva cultura política (Papacharissi, 2002).

El punto de partida de este proyecto es que la existencia y constitución de un espacio virtual disponible para múltiples voces y la potencialidad de que éste se convierta en una esfera o espacio público (débil o fuerte) en los sentidos arriba mencionados, dependerá siempre de diversos factores (la diversidad de personas, grupos, intereses, necesidades, puntos de vista, propuestas y proyectos, etc.), que se apropiarán de esta tecnología para llevar a cabo determinadas acciones con determinadas consecuencias, fuera y dentro del ciberespacio.

En este sentido, Woolgar (1996) defiende que Internet es un artefacto cultural, que la tecnología ha sido generada y es usada por personas concretas, con sus objetivos y prioridades contextualmente situados y definidos. Así, los contextos locales de interpretación y uso de tal tecnología y, por supuesto, el contexto latinoamericano, estarán presentes, desde el inicio, en el análisis de nuestro caso.