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Capítulo 1. Marco Teórico

1.4. TICs y prácticas de ciudadanía

En torno al tema de la participación política gracias a Internet, son diversas las perspectivas existentes en la literatura académica. En la mayoría de los estudios que analizan esta confluencia hay coincidencia en torno a los siguientes puntos: las TIC disminuyen los costos de la comunicación, facilitan la coordinación y movilización colectiva, pueden ayudar a la formación de organizaciones menos centralizadas y verticales, saltan las barreras del tiempo y del espacio permitiendo una comunicación sincrónica y asincrónica, amplían las capacidades de difusión de cualquier organización política (Cruz, 2014; Somma, 2014). Además, Internet puede ser visto como una posibilidad para el empoderamiento de los ciudadanos, o como un medio más de las instituciones, empresarios y gobiernos de imponer su hegemonía (Araya, 2005).

Diversos autores Bell (1999), Hakken (1999), Castells (1999, 2001a, 2001b, 2009), Woolgar (2005/2002), Wyatt, Thomas y Terranova (2005/2002), Vayreda (2004), Cortázar (2004), destacan y enfatizan que el desarrollo de las TIC son un producto social y, como tales, son los grupos humanos quienes de acuerdo al uso que den y el contexto en que las incorporen a la vida social será como éstas potenciarán o no una determinada dinámica socio-tecnológica.

A diferencia de otros medios, en Internet, los usuarios no sólo son destinatarios de la comunicación, también son emisores, es un proceso interactivo al que Castells (2009: 261) llama autocomunicación de masas, en el cual emisores y receptores de la comunicación se multiplican exponencialmente. En la autocomunicación de masas se pueden generar procesos horizontales que se diferencian de los procesos de comunicación en los medios masivos tradicionales, donde hay un solo emisor y la información es por lo general unilateral y vertical desde quienes detentan el poder de los medios. Asimismo, Castells sostiene que en los procesos de construcción de poder hay dominación, o la intención de adquirir posiciones de dominio, y en los mismos también hay procesos de resistencia al poder. ―Una característica central de la sociedad red es que tanto las dinámicas de dominación como las de resistencia están basadas en la formación de redes y en la

estrategia de ataque y defensa mediante redes‖ (Castells, 2009: 81). Redes que también son de información soportadas en tecnologías de información y comunicación.

Entre los autores que abordan el vínculo internet-prácticas ciudadanas, Benhabib (2009) sostiene que si bien los nuevos desarrollos tecnológicos son importantes para desafiar el monopolio de los medios de comunicación, se requiere mucho más que la información y la comunicación para que las personas se organicen como ciudadanos. Si bien reconoce la importancia de las interacciones múltiples en internet, así como los desafíos que para el monopolio de los medios de comunicación representa la información que se genera y difunde a través de la web, advierte que hay una gran diferencia entre el intercambio virtual de opiniones –así sea sin restricciones-, con los compromisos concretos de convivencia y formas de vida, aspectos que desde su perspectiva son centrales de la democracia.

En opinión de algunos autores, Internet es la mayor ágora que ha existido nunca, donde todas las posiciones políticas pueden encontrar espacio para expresarse, sin embargo no se dialoga, cada postura tiene su propio sitio (Trejo, 2011). Sin embargo, también ―los sitios de contenido político sirven para ratificar posiciones previamente definidas por los internautas,…son instrumentos de propaganda, no necesariamente de proselitismo...‖ (Trejo, 2011: 69). El autor plantea que con las redes sociales los medios de comunicación y los partidos políticos ya no poseen el monopolio de la discusión política. Trejo (2005) señala que en el ciberespacio se podrá hablar de ciudadanía, pero en todo caso de una ciudadanía nómada porque no hay arraigo y lo que caracteriza el viaje en Internet es la movilidad y la fluidez constante. Así advierte

Hablamos de ciudadanos pero, en rigor, habría que reconocer que ese término implica derechos y responsabilidades que no siempre ejercen ni cumplen los usuarios de internet. Una ciudadanía plena solo existe con individuos informados, participativos y comprometidos con valores como la tolerancia, el diálogo, el reconocimiento respetuoso de quienes no son ni piensan como él. Internet es un instrumento extraordinario para facilitar la información capaz de solidificar esa ciudadanía, pero también puede –y suele- servir para lo contrario. (Trejo, 2011: 72).

Otro de los autores que ha abordado el estudio de estos vínculos, es Gildardo Martínez (2004) quien en su trabajo Internet y ciudadanía global, plantea que a partir del dinamismo de las tecnologías de información y comunicación, espacios desterritorializados -como las comunidades virtuales-, llegan a constituirse ―en ejes de producción de ciudadanía posibilitando un carácter global a este constructo social‖ (…) Grupos informales de ciudadanos, en foros electrónicos, y otros desde redes de organización formal ―cual comunidad de ciudadanos comienzan a imaginar y sentir cosas juntos y perciben que pueden ser capaces de construir espacios para acciones colectivas translocales‖ (Martínez, 2004: 3), y afirma que no se trata propiamente de movimientos sociales con identidades y objetivos sociales, sino de individuos con diferentes objetivos con la ―sensación subjetiva de pertenecer a un todo y ello les diera el derecho de actuar desde abajo‖ (Martínez, 2004: 13).

Morán, por su parte, expresa que

(…) relacionadas con esta línea de investigación, se encuentran las propuestas sobre las nuevas formas de ciudadanía activa «globales», que facilitan las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Tanto la mayor valoración de la política local como ámbito

en el que desarrollar nuevas prácticas de ciudadanía, como el discurso —y las experiencias— sobre distintas formas de «democracia virtual» (Poster, 1997) son dos

campos que sugieren nuevas posibilidades para reconsiderar la ciudadanía activa.‖ (Morán, 2005: 97).

Entre los estudios que abordan la relación del uso de internet y la participación ciudadana se encuentra el trabajo pionero de Bonchek (1995), quien, a partir de siete estudios de caso3 encontró que la comunicación por Internet redujo notablemente los costos de comunicación, coordinación e información facilitando con ello la organización y participación colectiva.

Estudios más recientes (entre otros, García, 2013; Rubio, 2013; Castells, 2012; Grillo, 2013; Rincón, 2011; Nadal, 2011; Lecomte, 2009), desde diferentes perspectivas han abordado los usos políticos de Internet. Kruikemeier, et al., (2014), analizan la relación

3Referidos a organizaciones de base, entre ellas: Estudiantes chinos en Estados Unidos; la Red pública electrónica (PEN) en Santa Mónica, Cal,; SCARCNet, una red de activistas anti-tabaco; grupos de supremacía

entre el uso político de Internet y su incidencia en la participación en la política entre los ciudadanos holandeses interesados y los menos interesados en ella; a partir del análisis de dos formas de uso que los autores distinguen: uso pasivo (búsqueda de información, consumo de noticias, etc.) y uso interactivo. Dichos investigadores encontraron una relación positiva entre el uso interactivo y el involucramiento de las personas menos interesadas en la política (participar en movilizaciones y en la votación en periodo electoral), y afirman que entre los interesados no encontraron esa relación ya que de cualquier manera van a votar.

Los ciudadanos y los movimientos sociales se apoyan en las TIC como son las redes sociales, los foros electrónicos y los tuits de Internet, como también teléfonos celulares y diversos dispositivos móviles, hasta hace poco fuera del control de gobiernos y corporaciones y en la seguridad del ciberespacio (Castells, 2012, González-Quijano, 2011). Las TIC han sido los soportes para su organización en red, como también para la búsqueda de información y la difusión de sus comunicados. No es que las TIC sean las que propicien la organización de ciudadanos y de movimientos sociales. Son los propios sujetos como individuos y como colectivos quienes los impulsan en las condiciones propias de cada contexto tales como autoritarismo, abusos y humillaciones de quienes detentan el poder, violación a los derechos de los pueblos, como a los derechos humanos, ausencia de democracia o de condiciones para la misma, inexistencia de mecanismos de rendición de cuentas, entre otros. Sin el soporte de las TIC, las demandas y luchas de los ciudadanos y los movimientos sociales de los últimos años no hubieran sido lo mismo.

Sin embargo, el potencial de participación en el cambio social y político atribuido a las TIC tiene que ver con contextos políticos, sociales y económicos particulares en las diferentes sociedades donde se han ido gestando. En este sentido, Steve Woolgar, a partir de diversos análisis y estudios empíricos en áreas muy dispares, afirma que la adopción de las nuevas tecnologías depende básicamente del contexto social local donde éstas son incorporadas; el entorno social determina la distribución desigual y los riesgos del uso de las nuevas tecnologías; las tecnologías virtuales complementan y potencializan las actividades de la vida real, más no la suplantan (Woolgar, 2005/2002).