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Campos de Francia: prisioneros de guerra

El 5 de julio de 1945 el Ministerio de la Guerra y al Ministerio de Marina italianos eran informados por la embajada en España de que pequeños grupos de militares y civiles fugados de los campos de concentración franceses estaban atravesando clandestinamente los Pirineos para ponerse a disposición de las autoridades diplomáticas de su paísTPF

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En su inmensa mayoría provenían del campo nº.180, ubicado en Germignano (Burdeos), que estada destinado exclusivamente a los prisioneros de guerra italianos. Habían estado recluidos en Germigliano soldados de todas las graduaciones hasta el invierno de 1944, en el que los oficiales fueron trasladados al campo nº.182 (Landernos).

En abril de 1945 se hacinaban en Germignano casi un millar de internados, en su mayoría marineros provenientes de la organización republicana de Burdeos. A ellos había que sumar los miembros de la marina mercante desembarcados en puertos franceses así como los militares del ejército. Este último colectivo estaba compuesto por los soldados a los que el armisticio había sorprendido en unidades emplazadas en el litoral franco-mediterráneo y que habían sido hechos prisioneros de inmediato por los alemanes y obligados a trabajar en obras de fortificación, así como por un grupo minoritario de soldados del ejército republicano fascista que habían desertado con motivo de la ocupación aliada de Francia, ante el riesgo de ser desplazados a AlemaniaTPF

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Según los testimonios de los refugiados, los prisioneros italianos de Germignano eran divididos en grupos de trabajo a los que se encomendaban labores agrícolas y viarias. Uno de estos grupos, constituido por entre 200 y 250 hombres, en su mayoría pertenecientes al ejército, había sido conducido a la zona de Gabas, en el Pirineo centro-

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Militari italiani rifugiati in Spagna, 5-VII-1945, en ASD-US,b.86.

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Los campos de concentración durante la guerra civil y el franquismo

103 occidental, para construir una carretera fronteriza. Esta circunstancia había facilitado las fugas de las que se nutría el último contingente refugiado en EspañaTPF

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Todos los refugiados sin excepción conservaban un recuerdo amargo de Francia, evocada como tierra de privaciones, sufrimientos y malos tratos. En su indignada opinión, la animosidad demostrada por los franceses contra ellos provenía

“sulla loro qualità di italiani[subrayado en el documento] e non sul passato, sull´attività svolta da ciascuno in suolo francese o sulle circunstanze in cui furono catturati”TPF

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Prueba de lo injustificado de esta actitud era el hecho de que algunos de los militares internados habían colaborado con el “maquis” o se habían ofrecido a combatir, tras el desembarco de Normandía, junto con los franceses. Luego de un breve periodo de adiestramiento, y tras ser encuadrados en nuevas organizaciones, fueron todos ellos, sin distinción, reducidos a la condición de prisioneros de guerra y, como tales, encerrados en campos de concentración.

“Quando i più fortunati varcarono la frontiera spagnola, portavanoo ben visibile la sigla “P.G:” stampigliata in nero sulle braccia e sulle gambe” TPF

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Entre los oficiales transferidos al campo nª.182 había dejado una huella indeleble entre sus compañeros de cautiverio el capitán de fragata Carlo Unger di Löwenbeer, que durante la ocupación alemana había sido el alma de una modesta organización italiana de resistencia. Apresado por los franceses, se había esforzado en mantener altas la moral, el orden y la disciplina de sus compatriotas en el campo de concentración.

Aquellos hombres semidesnudos y hambrientos no podían disimular su rencor hacia una Francia que les había despojado de todas su pertenencias de valor y les había obligado a trabajar 10 horas diarias sin más recompensa que una sopa de patatas y 300 gramos de pan (en otras ocasiones la cantidad de pan se cifra en 100 gramos), que no dudaba en sofocar sus protestas y castigar a los que se quedaban por los evadidos a golpes

somministrate spesso da guardiani negri”TPF

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Cada nuevo grupo de fugitivos que traspasaba la frontera y caía en manos de la policía española, relataba a los agentes consulares la misma historia, al menos en esencia. Salvattore Messina, mecánico naval en el astillero de Tolone , Pasquale Giliberti, soldado en la guarnición de Grenoble, y Antonio di Feo, que servía como soldado en la defensa costera de Tolone, habían sido confinados por los alemanes tras el armisticio en el campo de concentración de Monte Marsan, junto con otros 300 compañeros. Allí se les presentó la disyuntiva de trabajar como voluntarios y recobrar la libertad o seguir el ejemplo de los oficiales De Crerico y Ferrero, que habían rechazado la oferta y optaron por permanecer en calidad de prisioneros trabajadores empleados en labores viarias. Tras su liberación por el “maquis” el 20 de agosto de 1944, se presentaron voluntarios para trabajar en el restablecimiento del campo de aviación de Monte Marsan hasta que el 15 de noviembre, “dopo il discorso De Gaulle”, fueron nuevamente detenidos y trasladados a Germignano en calidad de prisioneros de guerraTPF

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Cuando abordaba el trato recibido en Francia, su relato se tornaba sombrío y afloraban a la superficie de su memoria el caso del soldado Gagliotta y el soldado Maggiore, muerto y herido, respectivamente, al ser tiroteada por los soldados franceses la barraca en que estaban alojados; o la brutalidad de un capitán del campo de Nayonne: o cómo el hambre y la fatiga habían diezmado a los 249 soldados italianos del campo de Lanton hasta reducirlos a 49... Abandonados a la sevicia de sus captores sin más ayuda que la poca que podía ofrecerles un tal Meoni, presidente del Comité de Liberación de Burdeos. No es, pues, de extrañar que, cuando se les presentó la ocasión, escapasen.TPF

10 FPT. TP 5 PT Ibídem. TP 6 PT Ibídem. TP 7 PT Ibídem. TP 8 PT Ibídem. TP 9 PT

Militari italiani fuggiti delle Francia,detenuti, 5-VII-1945, 5-VII-1945, en ASD-US,b.86

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Los campos de concentración durante la guerra civil y el franquismo

104 Cuando los representantes consulares preguntaron a los internados italianos en Miranda de Ebro sobre las condiciones de los campos de concentración alemanes y franceses, todos coincidieron en calificar, especialmente a estos últimos, como inhumanos y salvajes. El trato que se les había dispensado en Francia aventajaba en crueldad al que les habían dado los alemanes en los primeros tiempos de su internamientoTPF

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FPT. Se les

había despojado de sus pertenencias y desnutrido con una sopa spesso immangiabile y raciones diarias de pan de poco más (o poco menos) de 100 gramos, en los últimos tiempos levemente mejoradas merced a las aportaciones del Comité de Liberación Nacional Italiano. Una masa famélica trataba de sacar fuerzas de flaqueza para mantenerse en pie y no faltaban quienes durante el trabajo o durante el retorno del mismo habían caído exhaustos. La falta de energías franqueaba las puertas a las enfermedades infecciosas, como la tuberculosis, que, coaligadas con la falta de medios sanitarios, médicos y medicinas, tenían funestas consecuencias. Los guardias (in

maggioranza senegalesi e marocchini) los maltrataban como animales, castigaban a

bastonazos las infracciones (que en los casos más graves podían llevar al fusilamiento), o, se citaba como ejemplo de inquina, obligaban a los prisioneros, descalzos y semidesnudos, a abandonar las barracas y salir a pasear sobre la nieve en lo más crudo del crudo inviernoTPF

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En opinión de los evadidos -por otra parte nada objetiva- ninguna nacionalidad, incluida la alemana, era objeto de semejantes infamias en el grado en el que le eran inferidas a la italiana. Además, esta animadversión manifiesta no quedaba restringida a los responsables del campo de concentración, pues de ella participaba inclusive la población civil, que, sin distinción de sexo ni edad, cuando se le presentaba la ocasión hostigaba a los prisioneros en sus desplazamientos a los lugares de trabajo. Cuando regresaban de los mismos, arrastrando los pies y un hambre y una sed inmensas, los campesinos franceses se divertían ofreciéndoles un vaso de vino o de agua para que, si algún incauto se detenía para aceptar el ofrecimiento, fuese apaleado de inmediato por los guardias, jaleados por las risas y las injurias de los civiles TPF

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. No es posible probar la acusación realizada por los italianos. Convendría saber si los prisioneros de otras procedencias también se consideraban víctimas de un trato discriminatorio. En cualquier caso, los testimonios de los refugiados en España resultan tajantes e invitan a reflexionar sobre la consideración que los italianos, antiguos aliados de Alemania, merecían a los franceses y si ésta era tan negativa que justificaba tantas y tan mezquinas revanchas sobre hombres desarmados en todos los sentidos.

Como ya hemos repetido, los que contaban con fuerzas y ánimo para ello trataban de escapar, conscientes de que después de cada evasión “segue un periodo di <<terrore>>

per i rimasti, e le più dure misure di rappresaglia vengono presi nei loro riguardi”.

Además, después de la última oleada de fugas, las medidas de seguridad se habían intensificado, lo que parecía augurar un descenso en las tentativas.TPF

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En el campo de concentración de Germigliano, los italianos recibieron trato de prisioneros de guerra por una Francia que había sido derrotada y ansiaba desquite. Quizá el recuerdo fresco de su deshonra llevó a la nación gala a propasarse, a interpretar con cierta dejadez lo dispuesto por las convenciones internacionales y a descargar su ira sobre los chivos expiatorios a su disposición, vejados y forzados a trabajar, a reconstruir tal vez lo que simbólicamente habían destruido.