Las propiedades relativas son la misma esencia divina.
Las propiedades relativas son la misma esencia divina, Las propiedades relativas son las mismas personas subsistentes: es así que en Dios la persona subsistente no puede ser más que la esencia divina: es así que la esencia divina es Dios mismo, como ya hemos demostrado; luego las propiedades relativas son en el fondo lo mismo que la esencia divina. Además, todo lo que hay en un ser, fuera de su esencia, está en él accidentalmente: es así que en Dios no puede haber accidente alguno; luego las propiedades relativas no son en el fondo diferentes de la esencia divina.
CAPÍTULO LXVII
Las relaciones no son exteriores como afirmaron los Porretanos (6).
No puede decirse que las propiedades de que hemos hablado estén fuera de las personas, y no en las personas, como dijeron los Porretanos. En las cosas sometidas a las relaciones de esta clase, debe haber relaciones reales, como se ve claramente en las criaturas, en las cuales hay relaciones reales, como hay accidentes en los sujetos. Es así que las relaciones que distinguen a las personas divinas son relaciones reales, como dijimos antes; luego es necesario que estas relaciones estén en las personas divinas, pero no como accidentes. En efecto: hemos demostrado que aquellas cosas que en las criaturas son accidentes, trasladadas a Dios, dejan de ser accidentes, como la sabiduría, la justicia y otras cosas semejantes. Además de esto, en Dios no puede haber distinción más que por las relaciones, porque las cosas que están designadas de una manera absoluta son comunes; luego si las relaciones están fuera de las personas o son exteriores a ellas, no quedará ninguna distinción entre estas personas. Necesario es, por consiguiente, admitir que las propiedades relativas están en las personas; pero de tal suerte, que son las personas mismas, y aun la misma esencia divina, a la manera que se dice que la sabiduría y la bondad en Dios, son Dios mismo y la esencia divina.
CAPÍTULO LXVIII
De los efectos de la divinidad, y en primer lugar del Ser.
Después de estas consideraciones referentes a la unidad de la esencia divina y a la trinidad de personas, aun nos quedan por examinar los efectos de la divinidad. El primer efecto de Dios en las cosas, es su mismo ser, que suponen todos los demás efectos de que es fundamento. Todo lo que tiene una existencia cualquiera, necesariamente recibe su ser de Dios. En efecto: en todas las cosas ordenadas se encuentra comúnmente que lo que es primero y perfectísimo en un orden
cualquiera, es causa de lo que es posterior en el mismo orden, como el fuego, que es calidísimo, es causa del calor en los demás cuerpos cálidos. Las cosas imperfectas traen su origen de las cosas perfectas, como las simientes, que proceden de los animales y de las plantas. Antes hemos demostrado que Dios es el primero y el más perfecto de los seres; luego necesario es que sea causa del ser en todo lo que goza del ser. Además, todo lo que tiene una cualidad por
participación, se refiere a lo que goza de ella por esencia, como al principio y a la causa, a la manera que el hierro encendido tiene la virtud ígnea de lo que es fuego por esencia: es así que Dios es su propio ser, como antes se ha probado; luego el ser le conviene por su esencia, en tanto que no conviene más que por participación a los demás seres. En efecto: no hay ningún otro ser cuya esencia sea su propio ser; porque el ser absoluto y subsistente por sí mismo debe
necesariamente ser único, como ya queda probado; luego Dios es necesariamente la causa de la existencia de todo lo que es.
CAPÍTULO LXIX
Dios no tuvo necesidad de materia preexistente para la creación de las cosas.
Lo dicho anteriormente demuestra que Dios, al crear las cosas, no tiene necesidad de materia para obrar, porque ningún agente, antes de obrar, tiene necesidad de lo que produce con su acción, sino solamente de aquello que no puede producir con su misma acción. El arquitecto, para obrar, necesita piedras y maderas, porque no puede producir estos materiales con su acción, al paso que produce la casa con su operación, pero no la supone preexistente a su obra. Necesario es que la materia sea producida por la acción de Dios, puesto que hemos demostrado que todo lo que de cualquier modo es, tiene a Dios por causa de su existencia. Queda, pues, probado que Dios, al obrar, no supone la materia ya existente. Otra razón: el acto es naturalmente anterior a la potencia, y por esta razón le conviene primariamente la cualidad de principio: es así que todo principio que al crear presupone otro, no posee la cualidad de principio más que de un modo subalterno; luego siendo Dios el principio de todo como acto primo, y la materia como un ser en potencia, inconveniente sería decir que Dios, al crear las cosas, supone la materia existente. Además, cuanto más universal es una causa, tanto más universal es también su efecto, porque las causas particulares aplican los efectos de las causas universales a un objeto determinado;
determinación que es al efecto universal lo que el acto es a la potencia. Toda causa que constituye una cosa en el estado de acto presupuesto, por lo mismo que está en potencia con respecto a este acto, es causa particular relativamente a alguna causa más universal. Es así que esto no conviene a Dios, siendo como es causa prima; luego la materia no es preexistente a su acción, y por consiguiente, a Él pertenece el poder hacer que las cosas pasen de la nada al ser, lo cual es crear. Por esta razón el Símbolo de la fe católica le confiesa Creador.
Notas
6. Los Porretanos son los discípulos de los discípulos de Gilberto de la Porré, obispo de Poitiers, que murió en 1154. Fue célebre por sus desgraciadas aplicaciones de la filosofía a la teología. Exageró mucho la distinción real entre la esencia común y la esencia individualizada. Por esto en el concilio de Reims de 1148, forzado por S. Bernardo, tuvo que dar cuenta de cuatro
proposiciones contenidas en su comentario in Boetium, que parecían contraria a la fe. Se le acusaba de establecer una diferencia real entre Dios y la divinidad o entre la divinidad y las personas divinas; de afirmar que solas las tres personas son eternas, mas no las propiedades y relaciones; y por fin que la naturaleza divina no se había encarnado. Gilberto no fue condenado , pero se le impuso la retractación, a la cual se sujetó.