No hay más que una sola alma en el cuerpo.
Esta verdad se prueba así. El alma es la forma sustancial del ser que tiene su alma, en razón a que por medio del alma está constituido en un género animado y en tina especie. Es imposible que una misma cosa tenga muchas formas sustanciales, porque la forma sustancial se diferencia de la accidental en que da el ser pura y simplemente, al paso que la forma accidental se produce en el ser ya constituido como tal, determinando en él la cualidad, la cantidad o el modo de ser. Si una sola cosa tiene muchas formas sustanciales, o la primera es la que le da el ser, o no; en este último caso no es una forma sustancial, y en el otro caso es necesario considerar a todas las demás formas como accidentales al ser ya constituido. Luego todas las formas que sobrevengan después de la primera, son accidentales, y no sustanciales. Así aparece claramente que una misma cosa no puede tener muchas formas sustanciales, y por consiguiente, es imposible que haya muchas almas en un mismo cuerpo. Además, el hombre es llamado ser viviente, por razón del alma vegetativa; animal, por razón del alma sensitiva, y hombre, por razón del alma
inteligente. Si hay tres almas en el hombre, a saber, la vegetativa, la sensitiva y la racional, se sigue que el hombre recibe su género de un alma, y su especie de otra: es así que esto es
imposible, porque no resultaría del género y de la diferencia una unidad simple, sino una unidad por accidente, o una especie de agregación, como la música y la blancura, que juntas no
CAPÍTULO XCI
Razones que parece demuestran que hay muchas almas en los hombres.
La verdad consignada en el capítulo anterior tiene algunos adversarios. En primer lugar, la diferencia es comparada al género, como la forma a la materia: es así que lo animal es el género del hombre, y lo racional su diferencia constitutiva; luego siendo el animal un cuerpo animado de un alma sensitiva, parece que un cuerpo animado por una alma sensitiva está en potencia con respecto al alma racional, y por lo mismo, el alma racional será un alma diferente del alma sensitiva. Además de esto, el entendimiento no tiene órgano corporal: es así que las potencias sensitivas y nutritivas tienen un órgano corporal; luego parece imposible que la misma alma sea a la vez inteligente y sensitiva, porque una misma cosa no puede estar a la vez separada y no separada. Otra razón. El alma racional es incorruptible, según se demostró ya: es así que el alma vegetativa y el alma sensitiva están sujetas a la corrupción porque son actos de órganos
corruptibles; luego el alma vegetativa, sensitiva y racional no es una misma, supuesto que es imposible que una misma cosa sea a la vez corruptible e incorruptible. Además, en la generación del hombre aparece la vida producida por el alma vegetativa, antes de que el feto haya recibido la forma de animal por medio de los sentidos y el movimiento, existiendo el animal con el movimiento y los sentidos antes de tener entendimiento. Si es la misma alma que da la vida al feto, primero haciéndole vivir con la vida de la planta, después con la vida de animal, y por último con la vida de hombre, se seguiría que las almas vegetativa, sensitiva y racional proceden de un principio externo, y se seguiría también que el alma inteligente tendría por principio la virtud seminal. Estas dos hipótesis son inadmisibles, porque las operaciones del alma vegetativa y del alma sensitiva no pueden efectuarse sin el cuerpo, ni sus principios pueden existir sin el cuerpo: es así que las operaciones del alma inteligente existen sin el cuerpo; luego parece imposible que su causa proceda de alguna virtud corporal, y por consiguiente, parece también imposible que la misma alma sea a la vez vegetativa, sensitiva y racional.
CAPÍTULO XCII
Solución de las objeciones anteriores.
Para resolver estas dudas debemos considerar que así como en los números las especies se diferencian por la adición de la una a la otra, así también en las cosas materiales una especie aventaja a otra en perfección; porque todas las perfecciones que existen en los cuerpos
inanimados se encuentran en las plantas y otros seres. Todo lo que tienen las plantas, lo tienen los animales, y alguna cosa mas; y así puede procederse hasta llegar al hombre, que es el ser más perfecto de todas las criaturas corpóreas. Todo lo que es imperfecto, es como la materia respecto de una cosa más perfecta; y así se ve más claramente en los diversos órdenes de las criaturas, porque los elementos son la materia de los cuerpos que constan de partes semejantes: estos cuerpos son a su vez materiales respecto de los animales, y la misma observación puede hacerse en un solo y mismo objeto. En efecto: en las cosas naturales, lo que ha llegado al más alto grado de perfección, posee, en virtud de su forma, las perfecciones que convienen a la naturaleza inferior, y además, por medio de la misma forma, posee aquella parte de perfección que recibe por incremento, a la manera que la planta recibe de su alma su cualidad de sustancia corporal y de cuerpo animado. El animal, en virtud de su alma, goza de todas estas cualidades, y además, de la sensibilidad; y el hombre, además de todo esto, recibe de su alma la inteligencia. Si
consideramos en una cosa lo que pertenece a la perfección del grado inferior, veremos que esto será material con respecto a lo que pertenece a la perfección del grado superior; por ejemplo, en el animal lo que tiene la vida de la planta, será en cierto modo material, con respecto a lo que pertenece a la vida sensitiva, que es propia del animal. El género no es la materia, porque no puede ser aplicado a todo, sino a alguna cosa procedente de la materia. En efecto; la
ella, y del mismo modo se toma la diferencia de la forma. Por esta razón cuerpo viviente o
animado, es el género del animal; y sensible, la diferencia constitutiva; del mismo modo animal
es el género del hombre, y racional su diferencia constitutiva. Por lo mismo que la forma del grado superior tiene todas las perfecciones del grado inferior, no hay en una cosa dos formas, una que constituya el género y otra la diferencia, sino una sola, de la que se deduce el género, en cuanto que dicha forma posee las perfecciones del grado inferior, deduciéndose de ella también la diferencia, en cuanto que posee las del grado superior. De lo dicho se deduce que aunque animal sea el género del hombre, y racional su diferencia constitutiva, no es, sin embargo, necesario que haya en el hombre una alma sensitiva y otra alma intelectual, como afirman los que hacen la primera objeción. Estas mismas razones sirven para resolver la objeción segunda. En efecto: hemos dicho que la forma de la especie superior comprende en sí todas las
perfecciones de los grados inferiores.
Debemos considerar que cuanto más elevada está una especie material, tanto menos está sujeta a la materia y, por consiguiente, cuanto más noble es una forma, tanto más elevada está sobre la materia. De aquí se sigue que el alma humana, que es la más noble de las formas materiales, llega al más alto grado de elevación, ejerciendo, como ejerce, operaciones sin comunicación de la materia corporal. Pero como esta alma comprende las perfecciones de los grados inferiores, tiene otras operaciones, en virtud de las cuales está en comunicación con la materia corporal. Es así que la operación procede de una cosa según su virtud; luego el alma humana tiene fuerzas o potencias, que son los principios de las operaciones, que se ejercen por medio del cuerpo, y es necesario que sean actos de algunas partes del cuerpo. A este género pertenecen las potencias de la parte vegetativa y sensitiva. El alma tiene también potencias, que son los principios de las operaciones que se ejercen sin el cuerpo: tales son las potencias de la parte intelectual, que no son actos de órgano alguno. En virtud de esto, el entendimiento, tanto posible como activo, se llama separado, porque ni uno ni otro tienen órganos de que se deriven sus actos, como la vista y el oído, los cuales actos residen solamente en el alma, que es la forma del cuerpo. Porque el entendimiento se llame separado y no tenga órgano corporal, lo cual no sucede en los sentidos, no hemos de decir que haya en el hombre un alma inteligente y otra sensitiva: de esto se deduce también claramente que no estamos obligados a suponer en el hombre un alma inteligente y otra sensitiva, porque el alma sensitiva es corruptible, y la inteligente no lo es, en razón a que la incorruptibilidad conviene a la parte inteligente, en cuanto está separada. Como en la misma esencia del alma residen potencias, unas que están separadas, como hemos dicho, y otras que no lo están, no hay inconveniente en que algunas potencias del alma perezcan con el cuerpo, y que las otras permanezcan incorruptibles. Lo dicho anteriormente sirve para resolver la cuarta objeción. En efecto: todo movimiento natural pasa poco a poco de la imperfección a la perfección, lo que sucede de un modo distinto en la alteración y en la generación. La misma cualidad recibe más y menos, y, por consiguiente, la alteración, que es el movimiento en la cualidad, siendo una y continua de la potencia al acto, procede de lo imperfecto a lo perfecto. Por el contrario, la forma sustancial no recibe más y menos; porque el ser sustancial de cada cosa está constituido de una manera indivisible. Por esto la generación natural no procede de una manera continua por una serie de modificaciones de lo imperfecto a lo perfecto, sino que es necesario que haya una generación y una corrupción nueva para cada grado de perfección (9). En la generación del hombre el feto vive primero con la vida de la planta por el alma vegetativa. Después, quedando destruida esta forma por la corrupción, adquiere por otra generación una alma sensitiva, y vive con la vida animal; y destruyéndose, en fin, esta alma por una nueva corrupción, recibe la última y completa forma, que es el alma racional, abrazando todas las perfecciones de las formas precedentes.
CAPÍTULO XCIII
La Formación del alma racional no se efectúa por traducción.
Esta forma última y completa, a saber, el alma racional, no recibe el ser de la virtud que existe en el semen, sino de un agente superior, porque la virtud que está en el semen es la virtud de un cuerpo cualquiera. En efecto; el alma racional aventaja a toda naturaleza y naturaleza y virtud corporal, supuesto que ningún cuerpo puede llegar a su operación intelectual. Como nada hace fuera de su especie, porque el agente es más noble que el que es pasivo, y el ser que produce más noble también que el ser producido, es imposible que la virtud de un cuerpo cualquiera produzca el alma racional, y por lo mismo lo es también que la produzca la virtud que está en el semen. Además, siempre que una cosa recibe nuevo ser, es necesario que sea nuevamente formada, porque quien tiene el ser tiene la forma, y ninguna cosa es hecha más que para que sea. Las cosas, pues, que tienen el ser en sí mismas, como las cosas subsistentes, les conviene ser hechas por sí mismas; lo contrario sucede en las cosas accidentales y en las formas materiales, las cuales no tienen el ser por si mismas: es así que el alma racional posee el ser en sí misma, porque tiene una operación propia, según se dijo antes; luego el alma racional debe ser producida de una manera propia. Como esta alma no está compuesta de materia y de forma, claro es que no puede recibir el ser sino por la creación: es así que el poder de crear compete sólo a Dios; luego Dios es el único que da el ser al alma racional. Hay además de estas razones una razón natural. En las artes mutuamente combinadas, el arte supremo da la última forma, y las artes inferiores preparan la materia para esta última forma: es así que el alma racional es la forma última y más perfecta que puede recibir la materia de las cosas sujetas a la generación y a la corrupción; luego los agentes naturales en los grados inferiores son las causas de las disposiciones primarias, y Dios, que es el agente supremo, es el autor de la forma última, que es el alma racional.
CAPÍTULO XCIV
El alma racional no está sacada de la sustancia de Dios.
Conviene, sin embargo, no creer que el alma racional está sacada de la sustancia de Dios, como erróneamente han creído algunos. En efecto: hemos demostrado que Dios es simple e indivisible; luego Dios no une el alma racional al cuerpo, como por una separación de su propia sustancia. También hemos probado antes que es imposible que Dios sea forma de un cuerpo: es así que el alma racional está unida al cuerpo como forma; luego no ha sido sacada de la sustancia de Dios. Hemos probado, por último, también que Dios no es mudable ni por sí ni por accidente, y lo contrario sucede en el alma racional, porque se muda o mueve, pasando de la ignorancia a la ciencia, y del vicio a la virtud; luego el alma no está sacada de la sustancia de Dios.
Notas
7. Los escolásticos llaman material no sólo lo que es materia. sino también lo que depende intrínsecamente de la materia: así los principios vitales o las almas de las plantas y de los brutos, como también sus operaciones, son materiales porque dependen de la materia (in fieri et in esse). El alma humana no es material, porque tiene operaciones, como el entender, que no dependen de la materia.
8. En filosofía escolástica se dice del todo, como del caballo cuando muere, que se corrompe por sí (per se), de la forma que se corrompe por accidente (per accidens).
9. En tiempo de Sto. Tomás todos los sabios sostenían sentencias muy otras de las de los modernos biólogos sobre el proceso de la generación de los vivientes; creían que los elementos de los cuales se origina el nuevo ser vivo. provenían no del organismo vivo de los padres, sino del alimento aún no vivificado; por consiguiente, diríamos nosotros, que las células germinales separadas no vivían; que el óvulo ya fecundado, todavía no tenía vida, sino más tarde; que en la generación del animal, por ejemplo, primero se producía una ánima vegetativa y después más adelante el alma sensitiva. pereciendo por supuesto la anterior.
CAPÍTULO XCV
Las cosas que tienen el Ser por una virtud extrínseca, vienen inmediatamente de Dios.
De lo antes dicho debe deducirse que las cosas que no pueden recibir el ser más que por la creación, vienen inmediatamente de Dios. Es evidente que los cuerpos celestes sólo pueden recibir el ser por la creación, porque no puede decirse que han sido hechos de una materia preexistente. Si así fuera, estarían sujetos a la generación, a la corrupción y a la contrariedad, cosas que no les convienen, como lo demuestra su movimiento. Este movimiento es circular: es así que el movimiento circular no tiene contrario; luego los cuerpos celestes han recibido el ser inmediatamente de Dios. Además, los elementos completos en sí mismos no han sido hechos de una materia preexistente, porque lo que fuera preexistente tendría una forma cualquiera, y así sería necesario que cuerpos diferentes de los elementos fuesen anteriores a ellos en el orden de la causa material. Si la materia preexistente a los elementos tuviera otra forma, preciso seria que uno de los elementos fuese anterior a los demás en el mismo orden, si la forma preexistente tenía la forma de elemento. Los elementos, pues, han sido producidos inmediatamente por Dios. Aun es mucho más imposible que las sustancias incorporales e invisibles hayan sido creadas por otro ser distinto de Dios, porque todas estas sustancias son inmateriales. La materia no puede existir sin estar sujeta a dimensión; dimensión que hace sea divisible, y como es imposible que dichas sustancias tengan por causa una materia preexistente, necesario es afirmar que han recibido el ser de Dios. Esta es la razón por qué la fe católica proclama a Dios Creador del cielo y de la tierra,
de los cosas visibles e invisibles.
CAPÍTULO XCVI
Dios no obra por una necesidad natural, sino por su voluntad.
Lo que antes hemos dicho prueba que Dios da el ser, no por una necesidad de su naturaleza, sino por un acto de su voluntad. En efecto: un agente natural no puede producir inmediatamente más que una cosa, al paso que un agente voluntario puede producir muchas, y la razón de esto es que todo agente obra por la forma. Es así que la forma natural, en cuya virtud obra un agente natural, no es forma más que de una cosa es así que las formas intelectuales; en cuya virtud obra un agente voluntario, son múltiples; luego produciendo Dios inmediatamente una multitud de cosas, según hemos demostrado antes, es evidente que Dios comunica el ser por un acto de su voluntad, y no por una necesidad de su naturaleza. Además, el agente que obra por la inteligencia y la voluntad, es anterior en el orden de los agentes al que obra por una necesidad de su naturaleza; porque el agente voluntario se propone un fin: es así que sin duda alguna, como resulta de lo antes dicho, Dios es el primer agente; luego Dios obra voluntariamente y no por una necesidad de su naturaleza. Antes hemos demostrado también que Dios posee un poder infinito, y que por consiguiente no está determinado hacia tal o tal efecto, sino que los abarca todos de una manera indeterminada. Lo que así es indeterminado con respecto a todos los efectos, es determinado para
producir uno por el deseo o por la determinación de la voluntad, como un hombre que puede andar o no andar, y anda cuando quiere. Necesario es, pues, que los efectos procedan de Dios, según la determinación de su voluntad, y que esto sea así, no por una necesidad de su naturaleza, sino por un acto libre de su voluntad. Esta es la razón por qué la fe católica, no sólo llama a Dios
Criador, sino también Hacedor, porque hacer es un acto propio del artífice que obra
voluntariamente. Todo agente voluntario obra por la concepción de su entendimiento, llamada, su verbo. Y como el Verbo de Dios es el Hijo, por eso la fe católica hablando del Hijo confiesa