Lo primero en lo que se había fijado Gia de Emie era su inteligencia, su autenticidad y su ingenio . Respetaba a Emie más que a ninguna o tra mujer que hubiera co no cido y su perso nalidad la atraía, no había vuelta de ho ja. Sin embargo , cuanto más tiempo pasaba cerca de Emie, más atracció n física sentía y empezaba a no tarse o bsesio nada co n to carla. Emie no tenía ni idea de lo sexy que era. Gia no pensaba disculparse po r desearla, pero la regla que mantenía su relació n a nivel plató nico o bstaculizaba ligeramente sus anhelo s.
Pep y Palo ma ya se habían marchado y Gia estaba haciendo to do lo que estaba en su mano para no mirarle el culo a Emie mientras esta se aclaraba el pelo en el lavabo . Lo s tejano s bajo s le quedaban mejo r que a ninguna o tra mujer: no eran demasiado ajustado s —sencillamente marcaban lo bastante co mo para insinuar el misterio so bre el que reflexio naría po r la no che, mientras se quedaba do rmida— y eran lo suficientemente ancho s co mo para no ro mper co n el aire recatado que la caracterizaba y que a Gia empezaba a vo lverla lo ca de deseo .
Deseaba a Emie.
Dio s, có mo la deseaba.
El peinado r de plástico negro se le había abierto y dejaba al descubierto la fina cintura de Emie. En la parte baja de la espalda tenía algo de vello finísimo y casi invisible y Gia se descubrió co n ganas de acariciarlo , de pasarle las mano s alrededo r del suave vientre plano y estrechar a la atractiva pro feso ra entre sus brazo s. De fro tarse co ntra Emie hasta que entendiera lo mucho que la deseaba y lo cacho nda que la po nía.
—¿Bueno , lo ves bien?
Gia apartó la mirada lujurio sa de go lpe. —¿Qué?
Emie levantó la cabeza, envuelta en una to alla co mo si fuera un turbante. Tenía las mejillas ligeramente so nro jadas. —El berenjena —explicó , co mo si fuera algo o bvio —. ¿Esto y ridícula? Dime la verdad.
Gia tragó saliva, aunque no taba la garganta seca y agarro tada. Lo que deseaba beber no le pertenecía. Po r lo que había visto , el baño de co lo r le había quedado brillante e intenso , a Emie le iba a encantar, pero Gia tenía la cabeza en o tra parte y en ese mo mento la traía sin cuidado .
—Antes de nada tenemo s que peinarte, pero te pro meto que no estás ridícula. ¿Po r qué no vas a po r el secado r? — sugirió , mientras se vo lvía para o rganizar sus suministro s.
Se to mó su tiempo , co n la esperanza de que la mirada de deseo que llevaba escrita en la cara se desvaneciera y pudiera pensar co n claridad. Gia no estaba segura de cuánto tiempo más po dría so brellevar lo de ser solo amigas. Jo der, la deseaba. ¿Tan malo era? ¿Es que el destino iba a negarle la po sibilidad de tener una relació n más pro funda co n aquella mujer so rprendente so lo po rque habían empezado co n mal pie? Gia quería co rtejarla y seducirla, mirarla a lo s brillantes y amables o jo s mientras le hacía el amo r y co nectaban de la manera más intensa po sible, creando un vínculo que nadie po dría reemplazar.
La putada era que Emie ni siquiera pretendía atraerla, pero su candidez no hacía más que intensificar lo s sentimiento s de Gia. Le gustaba to do de Emie: desde su seriedad a su ingenio , lo limpia que tenía la casa, lo impo rtante que eran sus amigas para ella y la só lida educació n que le habían dado . No se parecía a nadie que hubiera co no cido antes. Claro que quería ser su amiga, pero también quería más. Mucho más.
Había ido a Co lo rado siguiendo un impulso , en busca de una mujer que la intrigaba, pero lo que había enco ntrado era una mujer a la que sabía que co n el tiempo po día llegar a amar co n to da su alma.
Jo der, daba mucho miedo . No sabía si sería capaz de ser el tipo de mujer que Emie se merecía. «Vale, respira ho ndo .»
Estaba adelantándo se a lo s aco ntecimiento s. Distancia, eso era lo que necesitaba. Necesitaba espacio para…
Emie le ro deó la cintura co n el brazo y to do pensamiento racio nal se hizo añico s dentro de Gia. El cuerpo cálido , suave y perfumado de lavanda de Emie se amo ldaba perfectamente a su espalda y, cuando le apo yó la mejilla en el o mo plato , fue vagamente co nsciente de que la to alla húmeda le estaba mo jando la camiseta. Po r supuesto , no le impo rtó , sino que se dejó abrazar y cerró lo s o jo s. ¿Era real o una cruel manifestació n de lo s deseo s de su mente?
—No tienes ni idea de lo mucho que te agradezco lo que has hecho po r Pep —le susurró Emie. Su aliento le hizo co squillas a Gia en la espalda.
Esta no dijo nada, no se mo vió . No quería ro mper el hechizo de aquel mo mento precio so .
—No pretendía escuchar a hurtadillas, Gia, pero me alegro mucho de haberlo hecho . Yo … yo nunca había co no cido a nadie tan amable y tan genero sa co mo lo has sido tú co n ese po bre pequeño .
«No so y mejo r que lo s crío s que le pegan.»
El insidio so pensamiento aguijo neó a Gia, pero lo apartó de su mente.
—No he hecho nada especial, querida. No me des más mérito del que tengo —dijo , echando el brazo hacia atrás para apretar a Emie co ntra su cuerpo co n más fuerza e inclinando la cabeza.
—¿Có mo puedes decir eso ? —murmuró Emie—. No habría hablado co n Palo ma ni co n Deanne. Tampo co hablaba co nmigo . Pero en el saló n lo tenías co miendo de tu mano .
—Ha sido la camio neta —carraspeó Gia—. Le gusta mi camio neta, así que hemo s co nectado . Emie suspiró .
—Fuera lo que fuera, esto y impresio nada. Y agradecida. No … no tengo palabras. Gracias… Muchas gracias. Un día serás una madre excelente, Gia.
So lo de pensar en Emie embarazada de un bebé de las do s hizo que a Gia le temblaran las ro dillas y fue incapaz de respo nder.
—Y a pesar de có mo no s co no cimo s, me alegro mucho de que seamo s amigas —añadió Emie co n firmeza, al tiempo que la liberaba del inesperado abrazo .
«Amigas.»
La palabra quedó co lgada en el aire, co mo un muro de ladrillo s. El mo mento se había ro to y, antes incluso de que Gia dejara de lamentar la pérdida, Emie salió de la habitació n. La pinto ra giró so bre sí misma, preguntándo se si se lo había imaginado to do . No po día ser un sueño , ya que el aire le refrescó el ho mbro allá do nde la to alla de Emie le había mo jado la tela de la camiseta y ella se to có la tela húmeda en gesto distraído .
Emie la había abrazado . Había sentido su aliento en la piel. Habían co nectado … Y se había ido .
puño s manchado s de tinte y apretó lo s dientes. Qué bo ba que era. Había leído más de lo que debía en un mo mento espo ntáneo y aho ra se sentía co mo si la hubieran atado a la vía y la hubiera atro pellado el tren de una mo ntaña rusa emo cio nal yendo a to da velo cidad. Varias veces.
—Jo der —farfulló entre dientes. Emie quería que fueran amigas. Y Gia quería co mplacerla. Estaban en un punto muerto .
Muy bien, pues daría un paso atrás y sería su puñetera amiga. De acuerdo . Pero para lo grarlo , iba a necesitar algo de distancia física y emo cio nal. En definitiva: no po dría permanecer cerca de Emie po r más tiempo sin querer más que una simple amistad, po rque ya hacía mucho que había cruzado aquella línea.
Le hacía falta una ducha. Fría. Eso sin mencio nar un vibrado r. Turbo . * * *
Media ho ra más tarde, Emie se miraba en el espejo del baño , co n el pelo ya seco y peinado .
—Me encanta. De verdad. —Vo lvió la cabeza a lo s lado s para admirar el sutil reflejo co lo r mo ra de su cabello —. Berenjena, ¿quién iba a pensarlo ?
—Me alegro de que lo apruebes.
—¿Sabes po r qué me gusta? —co ntinuó , tratando de no preo cuparse po r el hecho de que Gia se mo straba distante y ansio sa po r alejarse de ella.
¿Y si se había enfadado po rque la hubiera puesto en la tesitura de hablar co n Pep? A lo mejo r no le gustaban lo s niño s o no quería que Emie la metiera tanto en su vida perso nal.
—Me… me gusta po rque es mi estilo , pero … mejo r —co ncluyó , en un intento de lanzarle una indirecta so bre el tipo de cambio de imagen que quería.
Ojalá Gia decidiera rebajar un po co el to no de exo tismo que tenía previsto .
—Es verdad —dijo Gia, sin mirarla directamente—. Que es tu estilo , quiero decir. Pero no temas, que para la fiesta del semestre haremo s algo un po co más atrevido . Co n el pelo de punta, quizá.
Emie se quedó helada mientras se atusaba el pelo . —¿De punta?
Gia asintió y le tembló un músculo de la mandíbula mientras le daba a Emie un repaso o bjetivo y pro fesio nal.
—Puede que un po co de purpurina también. Queremo s que destaques para que a la Elizalde no se le escape tu presencia.
Pues vaya co n rebajar el to no . Estaba claro que a Gia lo s cambio s de imagen sutiles le parecían demasiado aburrido s en co mparació n co n las mujeres explo sivas del Chapultepec que tanto le gustaban. Aho gó un suspiro . Po r ridículo que fuera, le to caba la mo ral pensar en que a Gia la pusieran cacho nda aquellas seducto ras despampanantes. A lo mejo r a ella le parecían exó ticas, pero Emie las veía po stizas y desesperadas. Ella nunca po dría tener un aspecto tan… chabacano . Y sería lo último que querría. ¿Có mo había pasado de ser una mujer segura y centrada en su carrera a alguien tan o bsesio nada co n su puto aspecto ? Era absurdo .
No debería de impo rtarle nada de to do aquello . Ya le había dicho a Gia que no la deseaba y, a juzgar po r la actitud distante que mo straba Gia en aquello s mo mento s, claramente se había dado cuenta de que Emie tampo co era su tipo . ¿Y qué o tra co sa cabía esperar?
«Basta ya, Em.»
Tenía una venganza que co brarse, y lo que sintiera Gia po r ella era irrelevante para el esquema de las co sas. Además, si aceptaba lo s co nsejo s de Gia so bre su cambio de imagen, fueran cuales fueran lo s resultado s, puede que esta empezara a verla de o tra manera, al margen de remo rdimiento s o lástima o lo que quiera que hubiese sido lo que había impulsado a dejar su trabajo e ir en co che hasta Co lo rado así, de buenas a primeras. Co n suerte, ya no parecería que quisiera estar en cualquier sitio antes que allí.
Emie se dio la vuelta y apo yó el trasero ligeramente en el lavabo . —¿Sabes qué? Tienes razó n. Lo del pelo de punta estaría genial. Gia enarcó las cejas. Casi se diría que se había so bresaltado . —¿Sí?
—Cuanto más atrevido , mejo r. Gia to rció el gesto co n suspicacia. —¿Desde cuándo ?
—Oh, no lo sé. —Emie se enco gió de ho mbro s—. Desde aho ra. ¿Qué tengo que perder? ¿Quieres de punta? Pues de punta —so nrió —. Saca el cuero .
Se hizo el silencio , ro to únicamente po r el go teo del grifo del pequeño lavabo que llevaba tiempo queriendo arreglar. Había esperado una reacció n más efusiva, pero Gia se limitaba a mirarla fijamente, co n el ro stro impenetrable. Emie abrió lo s brazo s.
—¿Qué? Creía que te alegrarías de que estuviera de acuerdo co ntigo . ¿No se trataba de eso ? ¿No quieres que tenga un look exó tico ?
Al cabo de un mo mento , Gia carraspeó y le puso la mano en el brazo .
—No , sí. Quiero que estés co ntenta y que te veas… exactamente co mo quieres verte. Es que me has so rprendido , eso es to do . —Gia esbo zó una so nrisa to rva—. Parece que es algo que se te da bien.
* * *
El so l de la tarde caía a plo mo so bre Emie mientras se dirigía al apartamento co n una misió n y un o bjetivo : averiguar po r qué Gia había estado evitándo la y lo grar que dejara de hacerlo . Maldita sea, echaba de meno s su co mpañía. En lo s último s días, no la había visto más que un par de minuto s y to davía no le había dicho nada de sus lentillas nuevas.
¿Po r qué? ¿Qué había hecho ?
Desde que había metido a Gia en lo s pro blemas de Pep, estaba claro que la pinto ra evitaba a Emie a to da co sta. En lugar de pasar tiempo co n ella, Gia se pasaba el día en casa o haciéndo le chapuzas a Emie. Y esta se lo agradecía, pero si dependía de ella prefería saber qué le pasaba a Gia po r la cabeza antes de que le arreglara la puerta que chirriaba, lo s grifo s que go teaban y las tablas sueltas del po rche.
Toc, toc, toc.
Dentro se o ía música zydeco y también a Gia mo viéndo se. El so nido de sus paso s se apro ximó a la puerta, so nó el cerro jo al desco rrerse y a co ntinuació n…
Se pro dujo una pausa incó mo da.
—Ho la —la saludó Gia, pestañeando co mo abso rta.
Obviamente, Emie la había so rprendido al presentarse sin previo aviso . Dentro o lía muchísimo a pintura y trementina y a Emie le esco ciero n lo s o jo s, así que dio un paso atrás para respirar aire fresco .
—¿Estás bien? —Gia miró a su espalda y a co ntinuació n se deslizó fuera y ento rnó la puerta—. Perdo na po r el o lo r. Yo esto y aco stumbrada, pero sé que puede ser terrible.
Gia iba descalza y llevaba lo s tejano s Levi’s ro to s que tanto le gustaban y una camiseta de tirantes igual de gastada co mo único atuendo , a no ser que las manchas de pintura co ntaran co mo acceso rio s.
—No pasa nada, esto y bien. Es que… últimamente no te he visto mucho . —«Patético », pensó Emie, arrugando lo s ho mbro s—. So mo s vecinas, así que he pensado en pasar a saludar.
Vale, aquella situació n era ho rriblemente incó mo da. ¿Gia pensaba invitarla a entrar? No lo parecía, así que Emie se cruzó de brazo s.
—Así que… ho la.
La mirada de Gia se dulcificó y esbo zó una so nrisa lenta. —Ho la.
—¿Estás muy liada? —quiso saber Emie, indicando la puerta cerrada tras Gia, para luego vo lver a mirarla a la cara. —Yo … eh… —Gia se fro tó la barbilla co n el do rso de la mano y señaló al interio r co n el pulgar—. Esto y trabajando . —Ya lo he supuesto . ¿Qué tal va la co sa?
—Genial —co ntestó ella. Lo s o jo s le chispearo n—. Hay un par de galeristas interesado s en echarle un o jo a alguno s de mis trabajo s. Puede que co nsiga alguna expo sició n o incluso venda algo .
—¡Es maravillo so ! —exclamó Emie, juntando las palmas de las mano s.
De repente, ya no se sentía tan igno rada. Si Gia se hacía un hueco en la co munidad artística, puede que tuviera algún incentivo para quedarse cuando terminara su acuerdo so bre el cambio de imagen. Jo der, estaba dispuesta a retenerla a su lado co mo pudiera.
—¿Cuándo te dirán algo ?
—No esto y segura. He estado trabajando co mo una lo ca para que esté to do listo . —Miró al suelo —. Supo ngo que po r eso no he estado muy… so ciable.
—No pasa nada —aseguró Emie, aunque no acababa de creerse la excusa—. No tienes que darme explicacio nes. Además, ¿qué mejo r razó n? —Quiso añadir «lo único es que te echo muchísimo de meno s», pero no lo hizo —. Esto y o rgullo sa de ti.
Gia escrutó su semblante y le acarició la mejilla co n la yema de lo s dedo s. Fue una caricia tan inesperada co mo breve. También irresistible y sexy.
—¿To davía sigue en pie ir de co mpras mañana?
A Emie le co squilleaba la cara y se le había quedado la bo ca seca. —Claro . Vamo s, si tienes tiempo .
—No me lo perdería po r nada del mundo .
¿Ah, sí? Muy bien, Emie estaba o ficialmente co nfusa. Gia no parecía enfadada co n ella. De hecho , casi se la veía co ntenta po r que Emie hubiera ido a verla. Ento nces, ¿po r qué había dejado de desayunar co n ella en la terraza de la parte trasera? No po día ser so lo po r la pintura, po rque to do el mundo se to maba un descanso de vez en cuando .
—Vale, perfecto .
Titubeó , po rque quería decir algo más, pero no estaba segura. Especialmente, po rque no sabía si había hecho algo que hubiera o fendido a Gia.
—¿Te pasa algo ?
—No . —Emie se quedó callada un mo mento —. Bueno , en realidad sí. —So ltó una risilla—. Es que me preguntaba si querías cenar ho y en mi casa.
Po r un instante Gia pareció aco ngo jada, pero enseguida se le pasó . —Bueno , es que tengo mucho trabajo …
—Venga, Gia. Vienen Palo ma y lo s niño s. Iris iba a venir, pero al final no po drá.
Analizó la reacció n de Gia y no le pareció que la echara para atrás cenar en grupo . Es más, casi diría que sus armó nicas faccio nes se to caro n de algo so specho samente parecido al alivio .
—Seguro que Pep se llevará un disgusto si no estás. Eres co mo su superhero ína, ¿sabes? Gia reso pló .
—Créeme, no so y ninguna hero ína.
Emie levantó la barbilla, preparada para llevarse una decepció n, pero sin co ntener sus siguientes palabras.
—Luego po dríamo s alquilar una película. No será co mo salir de fiesta po r la ciudad, que es a lo que estarás más aco stumbrada, pero …
Gia le puso lo s dedo s so bre lo s labio s para hacerla callar. —Deja de intentar co nvencerme. Me encantaría ir.
—¿Sí? ¿De verdad? —De verdad.
—Genial. —Emie luchó po r co ntener el entusiasmo . No tenía ningún sentido que hiciera ver que estaba aco stumbrada al rechazo —. Pues, perfecto . —Fue a marcharse, pero se dio la vuelta o tra vez—. ¿A las siete?
Gia estiró el brazo y se apo yó en el marco de la puerta. Su mirada líquida penetró a Emie co mo una lanza.