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CAPERNAUM, CENTRO DE

In document Renovación nº 58 Junio 2018 (página 76-78)

OPERACIONES

b) Segunda, una aproximación deli- berada hacia la gente más marginada y pobre de Palestina. Los galileos fue- ron sistemáticamente subestimados por los de Judea desde la división del reino y particularmente desde la cauti- vidad asiria (Isaías 9:1-2; Mateo 4:12-17; Lucas 13:2; Juan 7:41, 52; etc.). Galilea era también donde más gente rural había, y sus gentes vivían de manera muy precaria (Juan 6:5, 26). Jesús apostó por "los pobres y los quebrantados de corazón" (Lucas 4:16-19).

c) Tercera, el lugar más idóneo para desarrollar el ministerio que Jesús pensaba llevar a cabo. También, qui- zás, porque la mayoría de sus discípu- los residían en las proximidades del lago: Pedro, Andrés y Felipe eran ori- ginarios de Betsaida, pero residían en Capernaum (Juan 1:44; Marcos 1:16).; Natanael era de Caná de Gali- lea (Juan 21:2); Juan, Jacobo y Mateo, de Capernaum (Marcos 1:19-20; Mateo 9:1, 9).  El único que no era galileo fue Judas iscariote (ver Hechos 2:7).

Galilea era también el lugar idóneo para apartarse a lugares solitarios, en las verdes campiñas del noroeste de la región, donde Jesús se retiró repetidas veces con sus discípulos para descan- sar: proximidades de Betsaida (Lucas 9:10), al norte en Tiro y Sidón (Mateo 15:21) y en la región de Cesarea de Filipos, entre el lago y el monte Her- món (Marcos 8:27) . R

Renovación nº58

Espiritualidad Espiritualidad

ventud corrompiéndola de esta forma. El juicio se estableció para un día concreto y el veredicto lo darían 500 ciudadanos libres de Atenas. Los ami- gos del filósofo le hablaron para que en su defensa contratara a locuaces oradores para así ganarse a cuantos más mejor de aquellos que iban a ser sus jueces. Pero Sócrates se negó ro- tundamente, sería él quien defendería su inocencia.

Según nos hizo llegar Platón, la auto- defensa que realizó Sócrates fue im- pecable, irrefutable, pero los acusado- res manipularon a la multitud para que lo condenaran a muerte. Pero todavía había esperanza. Si él lo pedía, le dije- ron, esta pena le sería conmutada por una fuerte multa o el exilio. Sócrates se negó de nuevo. Para él, debido a su amor a la verdad, realizar esta peti- ción significaba que reconocía que

realmente era culpable, que estaba equivocado. A sus propios ojos esto no era honesto. La muerte sería to- mando la cicuta.

Antes de morir pudo estar hablando con sus amigos. Éstos, como última salida a su fatal destino, le propusie- ron poder escapar de la ciudad. De nuevo Sócrates rechazó esta posibili- dad. Él era un ciudadano de Atenas y jamás había roto una sola ley de esta ciudad y ahora no iba a ser la ocasión. Sus últimos momentos los pasó char- lando de filosofía, de lo que pasaría después de la muerte. Mientras el ve- neno iba haciendo su efecto. Sus ami- gos lloraban mientras lo escuchaban. Ante los misterios que suponen el do- lor, la soberanía de Dios, la acción y la pasividad del Creador tanto ante hechos cotidianos como dramáticos, se impone un espíritu de humildad. Esto es una forma de pensar que tenga siempre presente que estamos en un mundo de una enorme complejidad, que reconozca que en no pocas oca- siones no existen respuestas fáciles, y aún en otros casos sencillamente están fuera de nuestro alcance. Se trata, por tanto, de aceptar nuestras limitacio- nes, de la imposibilidad de ser objeti- vos en muchas ocasiones, de que no podemos llegar más allá. Sólo somos personas. Querer siempre hablar des- de la certeza, desde la rotundidad y desde el lugar de Dios es un acto de orgullosa ignorancia (aunque no se sea consciente de ello).

Quien de continuo usa “Dios dice”, “Dios me ha dicho” y “Esto es lo que enseña la Biblia" sencillamente es que se cree infalible. Su opinión pasa a ser la autorizada y por ello el siguiente peldaño es ser alguien autoritario. Es la conciencia de la iglesia, el que mar- ca lo que se debe creer y lo que no. Conozco un caso muy cercano de un hombre que había sido abandonado por su mujer y se había llevado a su hija a otra ciudad. Esto le había pro- vocado mucho sufrimiento ya que du- rante casi un año no sabía dónde su mujer se había marchado. Al tiempo se convirtió y el pastor de la iglesia a la que asistía le dijo que tenía que lla-

mar a la mujer que lo había abandona- do, que Dios no aprobaba los divorcios. Por tanto tenía que perdo- narla e invitarla a que volviera a él. Si Dios es el que estaba hablando por las palabras que aquel pastor no podía oponerse, sólo cabía aceptar. En contra de lo que sentía, sin ya quererla por el sufrimiento soportado le escribió. Ella lo volvió a rechazar, vivía con otro hombre, se rió de él, volvió a ser hu- millado.

¿No es mejor hablar desde uno mismo? ¿No es infinitamente más acertado presentar una predicación o un estudio como una interpretación personal? ¿Por qué no se deja de ma- nosear y usar para todo el nombre de Dios?

Pero no soy ningún iluso. Manifestar lo que aquí estoy apuntado es una invi- tación a que lluevan los conflictos, los problemas. A nadie que lleva media vida predicando y hablando de esta forma le gusta que se ponga en tela de juicio su “autoridad”. Un amigo pro- puso en una iglesia a la que asistía que antes de que alguien fuera reconocido como pastor pasara un examen psico- lógico. Le hicieron la vida imposible. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que toda teología es biografía? Cuando al- guien habla acerca de Dios lo hace desde una serie de condicionantes. En- tre estos están sus experiencias desde la niñez y cómo ha encarado los gol- pes emocionales; qué tipo de educa- ción y estudios ha cursado; qué tanto se conoce a sí mismo; ¿ha experimen- tado lo que es la gracia y la compasión?

Sé, como decía al principio, tan sólo unas cuantas cosas, o mejor, conozco bien a un solo Hombre. Éste se llama Jesús de Nazaret. Un Ser humano que encarnó el amor de Dios. Debo imitar- lo en lo posible, él me ha enseñado el camino a la otra vida. Pero en el trans- curso de mi relación con él me ha mostrado que soy finito, imperfecto y lleno de subjetividades. Pienso que tal vez esto sea el primer paso para transi- tar en el camino de la Verdad. R

Quien de continuo usa

“Dios dice”, “Dios me

ha dicho” y “Esto es lo

que enseña la Biblia"

sencillamente es que se

cree infalible. Su

opinión pasa a ser la

autorizada y por ello el

siguiente peldaño es

ser alguien autoritario.

Es la conciencia de la

iglesia, el que marca lo

que se debe creer y lo

que no.

Capernaum ("aldea del consuelo") fue habitada desde la época helenísti- ca y estaba situada en la ribera no- roeste del lago Genesaret (Mar de Ga- lilea), a unos 4 km de la desemboca- dura del Jordán en el citado lago. Ca- pernaum fue la ciudad de Jesús; Ma- teo dice resueltamente que Jesús "de- jando a Nazaret, vino y habitó en Ca- pernaum" (Mateo 4:13; ver 9:1). Aquí realizó tantos milagros que Jesús selló aquella frase de: "porque si en Sodoma se hubieran hecho los mila- gros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy" (Mateo 11:23).

¿Por qué eligió Jesús Capernaum y no Jerusalén? Entre diversas probabilida- des podemos destacar tres:

a) Primera, un alejamiento delibera- do del centro religioso judío. En Jeru- salén Jesús hubiera encontrado mu- chos obstáculos a su ministerio origi- nados por los líderes religiosos. De hecho, en Jerusalén sólo encontró oposición y disputas con éstos cuan- do asistía a las fiestas (ver Juan 2:13 sig.; 5; 7-8; 10:22 sig. y 11). Por otro lado, Jerusalén era el lugar donde los profetas terminaban siendo mártires (Mateo 23:37; Lucas 13:33). Desde el punto de vista de los Sinópticos, Jesús miraba a Jerusalén como la conclu- sión de su ministerio (Marcos 10:33-34). De ahí, esa frase lapidaria de Lucas: "cuando se cumplió el tiem- po en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Je- rusalén" (Lucas 9:51).

CAPERNAUM,

CENTRO DE

OPERACIONES

b) Segunda, una aproximación deli- berada hacia la gente más marginada y pobre de Palestina. Los galileos fue- ron sistemáticamente subestimados por los de Judea desde la división del reino y particularmente desde la cauti- vidad asiria (Isaías 9:1-2; Mateo 4:12-17; Lucas 13:2; Juan 7:41, 52; etc.). Galilea era también donde más gente rural había, y sus gentes vivían de manera muy precaria (Juan 6:5, 26). Jesús apostó por "los pobres y los quebrantados de corazón" (Lucas 4:16-19).

c) Tercera, el lugar más idóneo para desarrollar el ministerio que Jesús pensaba llevar a cabo. También, qui- zás, porque la mayoría de sus discípu- los residían en las proximidades del lago: Pedro, Andrés y Felipe eran ori- ginarios de Betsaida, pero residían en Capernaum (Juan 1:44; Marcos 1:16).; Natanael era de Caná de Gali- lea (Juan 21:2); Juan, Jacobo y Mateo, de Capernaum (Marcos 1:19-20; Mateo 9:1, 9).  El único que no era galileo fue Judas iscariote (ver Hechos 2:7).

Galilea era también el lugar idóneo para apartarse a lugares solitarios, en las verdes campiñas del noroeste de la región, donde Jesús se retiró repetidas veces con sus discípulos para descan- sar: proximidades de Betsaida (Lucas 9:10), al norte en Tiro y Sidón (Mateo 15:21) y en la región de Cesarea de Filipos, entre el lago y el monte Her- món (Marcos 8:27) . R

Renovación nº58

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