CAPÍTULO I LOS S LOS S OFI OFI STAS STAS
I. CARACTERES Y RAZONES HISTÓRICAS DE LA SOFÍSTICA.
1. Correspondencia a necesidades de cultura (no escuela filosófica) y srcen del descrédito posterior. — Creo que la palabra sofista fuese simplemente un nombre genérico, y que la palabra filosofía tuviese este valor: de ser una especie de amor a lo bello y de ejercitación en los discursos, y no como ahora, una dirección determinada, sino sólo cultura general. . . y me parece que Platón, en cierto modo, siempre desprecia al sofista, y que más que ningún otro se subleve contra ese nombre. Y ello, a causa del desprecio que tenía de muchos sofistas y especialmente de los de su tiempo. Sin embargo, se ha valido de esta palabra también en un sentido enteramente favorable, refiriéndose al Ser, que juzga sapientísimo y asiento de toda la verdad; precisamente a él, lo ha llamado, en algún lugar, perfecto sofista
(ARÍSTIDES,46, II, 407, Dindorf).
[El lugar aquí recordado es Cratilo, 403, E. También ha contribuido al descrédito que pesa sobre los sofistas, JENOFONTE, preocupado, al par deSOFISTASySÓCRATES;y detrás dePLATÓN, de acentuar la antítesis entre losPLATÓN,tambiénARISTÓTELES.De ellos han recogido noticias las fuentes posteriores. Cito aquí dos juicios
característicos: "Los sofistas hablan para engañar y escriben para su propia ganancia y no benefician a nadie; ninguno de ellos se convirtió en sabio ni lo es, sino que a cualquiera de ellos le basta con que se le llame sofista, lo que entre la gente de buen sentido es una injuria. Yo recomiendo la necesidad de cuidarse de las enseñanzas de los sofistas y de no desvalorizar los razonamientos de los filósofos" (JENOFONTE, Cyr. 13, 8). YARISTÓTELES:"En efecto, la sofistica es una sabiduría aparente, pero no real, y el sofista es un traficante en sabiduría aparente pero no real" (Refutaciones sofísticas I. 165)].
2. Los sofistas como maestros de cultura. Los dos métodos: la erudición y el ejercicio activo de habilidades intelectuales. —
Protágoras: Declaro ser sofista e instruir a los hombres. . . ¡Oh, jovencito! si vas a estar conmigo podrás comprobar, el mismo día en que hayas venido hacia mí, que al volver a tu casa, ya te has convertido en mejor, y lo mismo sucederá al día siguiente, y cada día harás nuevos progresos hacia lo mejor. . . Los otros (sofistas) perjudican a los jóvenes, pues conduciéndoles justamente hacia las disciplinas de las que ellos huyen, los conducen, en contra de su voluntad, enseñándoles cálculos, astronomía, geometría y música (y aquí volvió la vista hacia Hipias), mientras que quien viene hacia mí, no estudiará sino aquello que desea estudiar. La prudencia es objeto de estudio, ya sea en las cosas domésticas (para el mejor gobierno de la casa), ya sea en las cosas políticas (para la mayor capacidad política de acción y de palabra). — Sócrates: Me parece que tú entiendes el arte político y que
te empeñas en convertir a los hombres en buenos ciudadanos.
— Protágoras: Eso justamente (dijo), Sócrates, es lo que anuncio y proclamo. — Sócrates: Entonces, . . . llamándote sofista, te exhibes como maestro de cultura y de virtud (PLATÓN,Protág., 317-319, 349).
[PROTÁGORAS personifica aquí, en sí mismo y en HIPIAS, la oposición de los dos métodos de enseñanza. El método de HIPIAS
muestra que no todos los sofistas, a pesar de su humanismo, rechazaban la enseñanza de las doctrinas naturalistas].
3. Necesidad histórica de la enseñanza sofistica: la democracia y la cultura. — Dicen algunos, después, en sus discursos, que los oficios deben ser asignados por la suerte; pero se equivocan. . . Afirman que eso está bien y que es muy democrático, pero yo, en verdad, no lo creo, de ningún modo, democrático. . . Es necesario, en cambio, que el pueblo, preocupándose por si mismo, elija a los que le agradan, y que los capaces tengan el mando militar, y los otros, la vigilancia de las leyes y todo el resto.
Ahora bien, creo que corresponde al mismo hombre y al mismo arte, ser capaz de un debate con preguntas y respuestas, lo mismo que conocer la verdad y saber juzgar rectamente y conocer el arte de componer discursos y la capacidad de pronunciarlos. Y, sobre todo, quien conoce la naturaleza de todas las cosas, ¿cómo es posible que no supiera enseñar también a la ciudad a obrar rectamente en todas las cosas? Y además, conociendo el arte de los discursos, sabrá hablar con propiedad sobre todas las cosas. Porque quien desea hablar rectamente, debe hablar, precisamente, de aquello que sabe: y él sabrá de todo Y para saber disputar ante los tribunales, es menester saber exactamente qué es lo justo, pues sobre esto se vierten los juicios. Y sabiendo esto, sabrá también lo contrario y lo demás. Y también es preciso que conozca todas las leyes; entonces, si no posee la ciencia de las cosas, tampoco la tendrá de las leyes. . . Es una conclusión evidente que quien conozca la verdad de las cosas, lo sabe todo. (Discursos dobles, de sofista desconocido: 7 y 8).
[Sobre la correspondencia existente entre la enseñanza sofista y las tendencias y las necesidades de la época, cfr. también PLATÓN, República, VI, 493: "estos doctores mercenarios que la multitud llama sofistas, y cree que enseñan lo opuesto a lo que enseña ella misma, en realidad no enseñan sino las máximas seguidas por ella en las asambleas"].
4. Exaltación del poder de la palabra. — La palabra es una gran dominadora, que con un pequeñísimo y sumamente invisible cuerpo, cumple obras divinísimas, pues puede hacer cesar el temor y quitar los dolores, infundir la alegría e inspirar la piedad. . . Pues el discurso, persuadiendo al alma, la constriñe, convencida, a tener fe en las palabras y a consentir en los hechos. . . La persuasión, unida a la palabra, impresiona el alma como ella quiere. La misma relación tiene el poder del discurso con respecto a la disposición del alma, que la disposición de los remedios respecto a la naturaleza del cuerpo. En efecto, tal como los distintos remedios expelen del cuerpo de cada uno diferentes humores, y algunos hacen cesar el mal, otros la vida, así también, entre los discursos algunos afligen, y otros deleitan, otros espantan, otros excitan hasta el ardor a sus auditores, otros envenenan y fascinan el alma con convicciones malvadas. (GORGIAS,Elogio de Elena, 8, 12-14).
Cfr. en PLATÓN, Gorgias, 453: "Tú dices que la retórica es creadora de persuasión, y que toda su acción y esencia tiende a este fin", Filebo, 58: "He oído decir a menudo a Gorgias que el arte de persuadir difiere mucho de los otros, porque todo se deja dominar espontáneamente y no por violencia". Fedro, 267: "No recordaré a Tisias y a Gorgias, que hicieron este descubrimiento: que es necesario contar más con la apariencia que con la verdad, y que, por medio de argumentación, hacen aparecer grande a lo pequeño y a lo pequeño
como grande, y disfrazan lo nuevo en formas antiguas y lo antiguo en formas nuevas".
[Aquí se ve el pasaje a la crítica y a la acusación (sobre la cual, véase, más adelante, sobre Protágoras) dirigida a los sofistas de querer "hacer más fuerte la razón más débil"].