CAPÍTULO I LOS S LOS S OFI OFI STAS STAS
B. ORIGEN Y ESENCIA DE LA JUSTICIA
II. EL MÉTODO SOCRÁTICO
Doble aspecto de la ironía: la refutación y la mayéutica 1. Motivos del doble procedimiento. — Y me sucedió que buscando a los mayormente reputados, me pareció que eran menos sabios que los otros, y aquellos que lo parecían poco, eran más sabios (PLATÓN,Apol. VII).
2. La refutación: a) su característica. — He ahí, ¡por Hércules!, la acostumbrada ironía de Sócrates. Y yo bien sabía esto, y se lo predije a ellos, que tú no habrías querido responder, sino que te habrías servido de la ironía, y si alguien te interrogara lo habrías hecho todo, menos
responder. . . Sí, sí, lo creo. . . (vosotros hacéis) de manera que Sócrates obre como le es habitual: de no responder él mismo, y en cambio, cuando otro responde, tomar su discurso y refutarlo. . . He aquí la sabiduría de Sócrates (PLAT., Republ., lib. I, XI-XII, 337-38).
b) su función de liberación del espíritu. — A algunos. .. les parece que se debe considerar que toda ignorancia es involuntaria, y que nadie quisiera aprender nunca aquello en lo cual se creyera ya sabio, y (por eso) la forma de educación admonitoria, obtendría muy poco provecho con mucha fatiga. — Esta es una opinión justa — .
Así, cuando alguien cree decir algo bueno sobre un argumento cualquiera, y no dice nada, ellos lo interrogan sobre eso; después, estas opiniones. . . uniéndolas con razonamientos, las colocan las unas junto a las otras y reuniéndolas de esta manera, demuestran que están en contradicción consigo mismo, sobre el mismo argumento, bajo la misma referencia y en el mismo sentido . . Y aquellos, observando esto, se irritan consigo mismos y se hacen afables con los otros, y de esta manera se liberan de grandes y duras opiniones, por aquella liberación. . . que es la más segura para quien la experimenta. Pues, hijo mío, los que los purgan, piensan como están habituados a pensar los médicos del cuerpo, los cuales no creen que éste pueda beneficiarse de los alimentos que ingiere, si antes no ha expelido lo que lo perjudica en su interior. . . Precisamente éstos se han convencido de lo mismo para el alma, es decir, que ésta no podrá beneficiarse con la enseñanza, antes de que otros, refutando y conduciendo al refutado a experimentar vergüenza, deseche las opiniones que le impedían aprender, y lo presente puro y convencido de saber sólo lo que en verdad sabe, y nada más (PLAT., Sofista, 230).
[El empleo de la refutación para la liberación del espíritu, es derivación eleática. SÓCRATESla toma de Zenón de Elea, que es el
creador de la misma. Cfr.PROCLO, IN Parm., I, 7: "Zenón. . . refutaba a aquellos que afirmaban la multiplicidad de los entes, purificando su pensamiento de la inclinación a lo múltiple: pues la refutación es también una purificación y una liberación de la Ignorancia y un encaminamiento hacia la verdad". Pero Zenón no hacía sino aplicar al método de la investigación esa exigencia de la purificación espiritual que ya la mística pitagórica quería satisfacer con la filosofía, buscando en ésta el mejor camino de liberación de las almas del error, del pecado y de la condena al ciclo del nacimiento. La verosimilitud de que tal idea religiosa pudiese haber sido acogida porSÓCRATES,está confirmada por el hecho de que Platón vuelve a afirmarla en el Menón, en el Fedón, en el Fedro].
c) preparación a la investigación: la duda metódica y su eficacia estimulante. — Antes de conocerte, Sócrates, he oído decir, que tú no haces sino crear dificultades, a ti y a los demás, como consecuencia de sembrar dudas, en ti y en los demás. . . Me recuerdas al magullado pez torpedo; pues, si alguien se le acerca y lo toca, súbitamente lo hace entorpecer. Y siento que, verdaderamente, tú has provocado en mí semejante efecto. . . que realmente se me ha adormecido el alma y el cuerpo y ya no sé más qué responderte. . . — Si el torpedo adormece a los demás porque él mismo es torpe, yo me asemejo a él: si no, no; porque no es que yo tenga la certeza y suscite dudas a los demás; sino que yo, teniendo mayores dudas que los demás, los hago dudar también a ellos. Y volviendo a la virtud, yo no sé lo que es; tal vez lo sabías tú antes de encontrarte conmigo; ahora te has convertido en igual a uno que no sabe. . . Observa ahora . . antes él (el esclavo), creía saber y respondía osado, como alguien que sabe, y no lo detenía ni la menor sombra de duda; ahora, en cambio, duda; no sabe y no cree saber. —
Dices verdad — . Pero, ¿no sabe más ahora que antes? — Así me parece — . Y tornándolo dubitativo, y entorpeciéndole como si fuese yo
un pez torpedo, ¿le he acarreado algún mal? — Me parece que no — . Más bien me parece que lo hemos colocado en el camino para que halle la solución por su propia cuenta, porque ahora que no sabe, podrá buscar con alegría; pero entonces, ligeramente, en presencia de muchos
y durante muchas veces, jactanciosamente, habría afirmado, creyendo decirlo bien, que un cuadrado doble debe tener su lado de doble longitud. — Efectivamente — ¿Piensas tú que se habría puesto a investigar y a aprender esto que él pensaba saber ya, si antes no dudaba, habiéndose hecho consciente de su ignorancia y si no lo incitaba el deseo? — No me parece — . ¡De manera, pues, que el entorpecimiento lo ha beneficiado! — Así me parece — . (PLAT., Menón, XIII. XVIII, 80- 84). 3. La mayéutica. — Y ¿no has oído decir que soy hijo de una
partera muy hábil y seria, Fenareta? — Sí, lo he oído decir — . Y ¿has oído, también, que yo me ocupo igualmente del mismo arte? — Eso no — . Pues bien, debes saber que es así. . . Reflexiona en la condición de la partera, y comprenderás más fácilmente lo que quiero decir. Sabes que ninguna de ellas asiste a las parturientas, cuando ella misma se encuentra en cinta o parturienta, sino únicamente cuando no se halla en estado de dar a luz. . . ¿Y no es natural y necesario que a las mujeres grávidas las ausculten mejor las parteras que las otras? —
Ciertamente — . Y las parteras tienen también medicinas y pueden, por medio de cantilenas, excitar los esfuerzos del parto y hacerlos, si quieren, dóciles, y aliviar a las que tienen un parto muy penoso, y hacer abortar cuando sobreviene un aborto prematuro. — así es, efectivamente — . Ahora bien, todo mi arte de obstétrico es semejante a ese en lo demás, pero difiere en que se aplica a los hombres y no a las mujeres, y se relaciona con sus almas parturientas y no con los cuerpos. Sobre todo, en nuestro arte hay la siguiente particularidad: que se puede averiguar por todo medio, si el pensamiento del joven va a dar a luz alguna cosa fantástica o falsa, o algo genuino y verdadero. Pues, lo
mismo que a las parteras, me sucede lo siguiente: yo soy estéril de sabiduría, y lo que me han reprochado muchos, que interrogo a los demás, pero que después yo no respondo nada sobre nada, por falta de sabiduría, en verdad puede reprochárseme. Y la causa es la siguiente: que el Dios me constriñe a obrar como obstétrico, pero me veta dar a luz. Y yo, pues, no soy sabio, ni puedo ostentar ningún descubrimiento mío, engendrado por mi alma. Pero los que me frecuentan, al principio parecen (algunos también en todo) ignorantes, pero después, alcanzando familiaridad, como asistidos por el dios, obtienen un provecho admirablemente grande, tal como les parece a ellos mismos y a los demás. Y sin embargo, es evidente que nada han aprendido nunca de mí, sino que ellos han encontrado por sí mismos, muchas y bellas cosas, que ya poseían . . Y es verdad que mis familiares pasan justamente por el mismo estado de las parturientas, porque sienten los dolores del parto y están llenos de angustia, día y noche, aún mayores que las de aquéllas. Pero mi arte puede suscitar y hacer desaparecer prontamente estas angustias. . Confíate, entonces, a mí, como a hijo de partera y obstétrico yo mismo, y a las preguntas que te haré trata de responder de la manera en que eres capaz. Y si después, examinando alguna de las cosas que tú digas, la juzgo imaginaria y no verdadera, y por ello la aparto y la desecho, no te ofendas, como hacen las primerizas con los hijitos. (PLAT., Teetetos, 148-151).
[Después de realizado el interrogatorio y la refutación de Teetetos:] ¿Ahora, querido mío, estamos todavía grávidos y sentimos las angustias del parto, en torno a la ciencia, o hemos dado a luz todo?
— ¡Por Zeus, por tu intermedio he dicho más cosas de las que contenía
dentro de mí! — Ahora bien, todas estas cosas, ¿nos dice, acaso, mi arte de obstétrico, que estén engendradas en el vacío y sean indignas de crianza? — Cierto — . Y por eso, si en el porvenir intentaras estar grávido de otro, Teetetos, cuando llegues a estarlo, en virtud del
examen cumplido ahora, te hallarás lleno de cosas mejores, y si en cambio, te encuentras vacío, serás menos grave para tus compañeros y más dócil, no imaginando (pues te has convertido en sabio) saber lo que no sabes (ibíd., 210).
Presta atención ahora cómo responde, buscando conmigo, y cómo en verdad hallará . . y yo no hago sino interrogarlo; yo no le enseño. Abre bien los ojos, para ver si me sorprendes enseñándole y mostrándole algo, en lugar de interrogarlo sobre lo que por sí mismo piensa. . . Por lo tanto realmente posee ciencias si la extrae de sí mismo
interrogándolo, y sin que nadie le enseñe (PLAT.,Menón, 84-85). [En estos pasajes, es evidente la ironía socrática, junto a la seriedad de las convicciones expresadas. Sócrates finge ser capaz únicamente de actuar de obstétrico, pero incapaz de concebir por cuenta propia (es decir, sólo capaz de interrogar, pero no de enseñar nada), pero, en cierto momento, su interlocutor declara haber dicho más cosas de las que llevaba dentro de sí, reconociendo que Sócrates, con sus preguntas, le ha inspirado y comunicado nuevas ideas, pero sin haber dado apariencia de ello. Pero, por otra parte, Sócrates afirma seriamente que sus interlocutores han vuelto a encontrar por si mismos, conocimientos que ya poseían sin saberlo: pues es una profunda convicción suya, que los conocimientos que nosotros hallamos, los hallamos justamente porque los poseíamos dentro de nosotros mismos. E1 alma, de srcen y naturaleza divina, descubre en sí misma la sabiduría oculta que le viene de su naturaleza y propio srcen: la mayéutica es posible y eficaz en cuanto las almas, a las que se aplica, ya están llenas y grávidas de un saber srcinario. Se prepara y se delinea así la teoría platónica de la reminiscencia: conocer es recordar, es decir, reconocer lo que el alma tiene en sí, por haberlo contemplado antes de venir a habitar el cuerpo].
III. EL OBJETO DE LA INVESTIGACIÓN = LO UNIVERSAL