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Militante peronista. Exdiputado Nacional. Consejero Nacional del Partido Justicialista.

La resistencia peronista y la universidad

Pese a la gran efervescencia política propia de la época, la militancia universitaria para los grupos afines al peronismo tuvo grandes obstáculos durante la década de 1960. Luego del golpe militar que llevó al poder al general Pedro Eugenio Aramburu, el peronismo había sido proscrito política e institucionalmente. Ya son conocidas las secuelas de condicionamientos militares a los

sucesivos gobiernos surgidos de las «elecciones» en las que el peronismo fue impedido de participar.

Por supuesto, los escollos para la participación política del peronismo no excluían al ámbito universitario.

Llegué a la ciudad de La Plata en el año 1964 para estudiar Abogacía. Para entonces, ya tenía algún tiempo de militancia acumulada en Bragado y no pasaron muchos días para que me encontrara inmerso en la convulsionada política de los pasillos de la UNLP. Aunque debo aclarar que mi mayor relación fue con

veteranos dirigentes de la Resistencia Peronista como don Juan Agote, «el Gringo» Pierini, Hugo Maldonado y «el Mongelo» Torres, entre los que más recuerdo. En la facultad y el comedor

universitario, generé muchos lazos con los trabajadores no docentes, agrupados en ATULP.

Por aquellos años, los sectores de la izquierda destacaban en la universidad por su antiperonismo, particularmente el Partido

Comunista. Los peronistas encontrábamos dificultades para

expresarnos en discusiones públicas, donde éramos fuertemente hostigados. Con frecuencia, cuando intentábamos sostener la palabra, otras fuerzas políticas intentaban impedirlo. Escenas de gritos, carteles arrancados y alguno que otro intercambio de manos, ambientaban la mayoría de aquellas asambleas. El resto de las

agrupaciones realizaban un gran esfuerzo para impedir cualquier expresión del peronismo.

Franja Morada ya se perfilaba como fuerza política hegemónica en la universidad. Aunque no se identificaba formalmente como parte del radicalismo, no negaban que los jóvenes radicales eran mayoría dentro de sus filas. Pero también tenían una integración significativa de socialistas y de otros grupos menores, políticamente independientes. En aquel entonces, nosotros no los

caracterizábamos como «gorilas». De hecho, dos figuras que junto con Federico Storani y Silvia Rébora lideraban la Franja en la UNLP, el radical Sergio Karakachoff y el socialista Domingo Teruggi, fueron desaparecidos con sus esposas por la última dictadura cívico militar.

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En esos años se fueron multiplicando los grupos filoperonistas en varias de las facultades. Diversos hechos fueron consolidando esta tendencia.

Recuerdo particularmente uno. A mediados de 1965, durante el gobierno de Arturo Illia, se sucedió una huelga de los trabajadores de ATULP. Con su habitual simpatía por las causas populares, las agrupaciones de izquierda de aquel entonces plantearon su acuerdo en respetar el derecho de los trabajadores a realizar el paro, pero sostuvieron que también se debía garantizar el funcionamiento de la universidad. En consecuencia, formaron piquetes para limpiar las facultades e intentaron hacer funcionar el comedor universitario, lo que en los hechos implicaba neutralizar el efecto del paro de ATULP. Fue entonces que las incipientes agrupaciones de estudiantes

peronistas organizamos contrapiquetes en solidaridad con los trabajadores y hubo fuertes

enfrentamientos. Finalmente, la huelga fracasó y ATULP quedó muy debilitada. Pero la experiencia de acompañar las luchas de los

trabajadores en el ámbito universitario fue un enorme estímulo para la convergencia de los estudiantes peronistas, que se fortaleció a partir del año siguiente, durante la «dictablanda» de Juan Carlos Onganía.

En los años siguientes, se redujo mucho la actividad de los centros de estudiantes. La izquierda universitaria y los «grupos apolíticos» se vieron bastante eclipsados; no así la Franja Morada, que mantuvo siempre su accionar. Incluso, durante aquellos años de resistencia, frecuentemente coincidíamos con ellos en distintas

actividades.

Se consolidó la incipiente Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), que no participaba de la actividad gremial estudiantil, y se perfiló como brazo universitario de la

Juventud Peronista de La Plata. Desde la FURN, sosteníamos que, estando proscrito el peronismo, no debíamos hacer el juego a la ficción de «la isla democrática universitaria», por lo que

rechazábamos participar en los centros de estudiantes.

Entre los miembros fundadores de la FURN se encontraban «el Negro» Leguizamón y su esposa Alicia; (2) Rodolfo Achem y Carlos Miguel; (3) Cacho Uriarte; Aleardo «Coya» Laría; Everardo «Negro» Facchini; Roberto «Chacho» Taboada; Leopoldo «el Gallego»

García; (4) Carlos Negri y Héctor Moreda; (5) Amalia Ramella;

Néstor «Pichila» Fonseca; (6) Carlos «el Ruso» Ivanovich; (7) María Teresa

Berardi; (8) Hugo Bacci; Carlos Cafferata; Pablo y Alfredo Fornasari;

(9) Eduardo y Aníbal Visus; Daniel Fernando Balbuena; Horacio Truco; y José «Pepe» Sbatella.

Tengo muy presente que en los primeros años, las agrupaciones peronistas de cada facultad querían conservar su identidad política previa y se limitaban a agregar (en tamaño más chico) en sus

carteles y publicaciones la sigla FURN.

Algo que hacíamos con frecuencia con otros compañeros, que conocía por ser de pueblos cercanos a Bragado, era viajar juntos a Buenos Aires a ver a Boca. Recuerdo que en varias ocasiones, a la salida de la Bombonera nos juntábamos a charlar con compañeros de las FAP (10), con quienes eventualmente coincidíamos en

actividades en capital y en La Plata.

Paulatinamente se fueron incorporando a la FURN más

compañeros del interior y se comenzó a asumir públicamente la identidad peronista, a la vez que fueron quedando en desuso los nombres de las agrupaciones de las distintas facultades. Entre ellas,

la de la facultad de Derecho, donde yo participaba. Allí la agrupación más tradicional del campo nacional se llamaba Movimiento

Universitario Reformista (MUR)... de reformista teníamos poco. A partir de entonces se consolidó la unidad con la Juventud

Peronista. Yo me comprometí de lleno con la militancia universitaria y a fines de 1968, fui designado referente de la FURN en la facultad de Derecho.

La incorporación de Néstor a la FURN

Néstor Kirchner llegó a La Plata en 1969. Junto con José «Pepe» Salvini, que llegaría al año siguiente, comenzaron a conectar a los santacruceños que estudiaban allí y fundaron el Centro de

Estudiantes Santacruceños. Pepe era su presidente y Néstor, el vicepresidente. Además se sumaron como secretarios Rafael Flores

(11) y Freddy Martínez. (12)

Néstor, Pepe y el Rafa se incorporaron a la FURN en la facultad de Derecho. Aquellos eran ya años de irrupción masiva del

peronismo en las universidades. Leíamos de manera intensa y desordenada cuanta publicación consiguiéramos de Juan Domingo Perón, Arturo Jauretche, José María Rosa, Rodolfo Puiggrós,

Leopoldo Marechal, José María Castiñeira de Dios, Raúl Scalabrini Ortiz, John William Cook, Juan José Hernández Arregui, Marcelo Sánchez Orondo, Jorge Abelardo Ramos, Manuel Gálvez, Manuel Ugarte y muchos otros líderes e intelectuales del tercer mundo.

En abril de 1971 fui designado secretario general de la Juventud Peronista de La Plata (que abarcaba también a Berisso y Ensenada) y que, a través de los compañeros de la FURN, tenía ramificaciones en distintos pueblos del interior. Por entonces, además de las ramas universitarias estudiantiles, docentes y no docentes, la JP de La Plata estaba creciendo notoriamente en los barrios de la ciudad, sobre todo a partir de sus agrupaciones sindicales, cuyas máximas referencias eran Gonzalo Chaves, (13) Manuel María Lojo (14) y Babi Práxedes Molina.

Al frente de la FURN en Derecho, quedó Carlos «Cuto» Moreno,

In document Néstor El hombre que cambió todo (página 197-200)