3. Indígenas en territorio bonaerense
3.2. Persistencia de la lógica colonial
3.2.4. El caso del guaraní
Tampoco la población de habla guaraní en Buenos Aires, capital y conurbano, está dispensada de los prejuicios y de la discriminación, hecho confirmado por los entrevistados a lo largo de nuestra investigación. Por otro lado, nos pareció muy interesante el comentario de Thomas Valenzuela, paraguayo, hablante y enseñante de guaraní en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que comenta su estancia en Buenos Aires de este modo:
Es imposible negar que en toda Latinoamérica, incluida obviamente Argentina, hubo un cambio social muy interesante, muy importante, que hizo caer un montón de paradigmas a nivel económico, a nivel político, a nivel cultural, de forma muy fuerte, en estos últimos quince años también, si se quiere. Yo vivo en Argentina hace dos años y medio aproximadamente, entonces no puedo hablarte de más de eso porque mi experiencia es la de dos años y medio viviendo acá, pero yo nunca viví una situación de discriminación, nunca. Nunca viví una situación de xenofobia. Las personas con las que me relaciono, la mayoría obviamente argentina aunque también me relaciono con muchas personas de otros países, la mayoría, no digo todas, valoran el guaraní, ven como algo muy valioso poder tener la posibilidad de haber nacido en un país bilingüe y hablar dos idiomas. Y es eso, o sea el valor de eso, hablar dos idiomas, de cuna básicamente (Valenzuela, 17.07.15).
La experiencia de Thomas, como guaraníhablante, parece estar en contra de todo lo que hemos dicho hasta ahora. En este sentido, es menester subrayar que Thomas es un paraguayo criollo bilingüe de clase medio-alta. Esto no quiere decir que Thomas es “menos” guaraní que otras personas, sino que no es pobre, no migró por cuestiones económicas, y no ha pasado por el calvario de muchos indígenas al venirse a Buenos Aires. Además, en Buenos Aires, nunca sintió vergüenza por su lengua, más bien está muy orgulloso de ser bilingüe guaraní-castellano. Gracias a Meliá (1992: 175-178), sabemos que se ha llevado a cabo un único estudio sistemático sobre las actitudes de la sociedad paraguaya hacia la lengua guaraní, realizado sobre la base de observaciones de los años 1960 a 1965, por Joan Rubin (1968; 1974), no muy actualizado; en todo caso, coincidimos con Meliá en que todavía es muy válido en sus conclusiones fundamentales.
En primer lugar, el guaraní es motivo de una gran lealtad lingüística, como si representara el corazón de la nación, a pesar de los ataques que ha recibido en algunas
épocas52. En segundo lugar, la mayoría de los paraguayos manifiesta una actitud de orgullo hacia el guaraní, a través de elogios sobre la excelencia de la lengua en sí, sus calidades poéticas y su precisión gramatical, criterios que responden a la proyección de sentimientos53. Por otro lado, las actitudes son ambivalentes, debido al prejuicio relativo a las supuestas deficiencias de la lengua en sí, y al hecho de que el guaraní no se considera una lengua de prestigio, en el sentido de que no permite avanzar socialmente. Cabe añadir que el hecho de que los guaraníhablantes manifiestan una actitud de orgullo y lealtad lingüística no significa que no sean discriminados en el contexto social porteño. Acercándonos a la realidad de la Capital Federal, tuvimos la posibilidad de hablar con los alumnos que siguen un curso de guaraní y preguntar el porqué de esta discriminación. Según sus opiniones, la discriminación estaría relacionada principalmente con la cuestión económica, es decir, con un estrato social bajo, y, por consiguiente, con el hecho de que se instalaron en barrios pobres y en villas de emergencia o “villas miseria”. Giménez y Ginóbili afirman que
la ‘villa’ constituye no sólo un enclave de pobreza dentro de la ciudad sino también un espacio estigmatizado en donde la trama cultural construye una identidad también estigmatizada en sus habitantes. [...] Si bien no puede identificarse un patrón único, en general la localización inicial de muchas villas estuvo relacionada con la posibilidad de obtener empleo en sus proximidades, abaratando de este modo los costos de transporte. [...] La ‘villa’ es para los demás un territorio de nadie, lugar oculto, caótico y peligroso. Representa un lugar vergonzante, símbolo permanente y doloroso de la desigualdad social (2003: 76-77).
Entonces, podemos decir que no se trata simplemente de pobreza, sino de una nueva forma de identidad que ha ido desarrollándose en las últimas décadas, la identidad
villera, que en el imaginario común significa principalmente delincuencia y, de ahí,
discriminación y estigmatización:
la villa es algo terrible, porque es un espacio de exclusión, pero a la vez la villa, para el que vive dentro de la villa, es mucho más compleja. Pensando en la villa, la gente automáticamente piensa en delincuencia, es verdad, hay delincuencia en la villa y hay delincuencia bastante brava, pero normalmente es un 10%, el resto es gente que trabaja y
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“Durante la dictadura fue muy reprimido el guaraní, fue totalmente vilipendiado y atacado. A mi, en mi casa me decían no hables guaraní porque eso es de guarangos. [La palabra guarango] viene directamente del guaraní y es como una forma despectiva o negativa de referirse a alguien, como si fuese considerado de poca cultura, y que ya de por sí decir de poca cultura es un concepto errado, que está mal, pero, bueno, era lo que socialmente o popularmente se conocía” (Thomas Valenzuela, 17.07.15).
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“El guaraní tiene una característica muy linda: es muy descriptiva y toma la función principal del objeto para darle nombre. [...] El guaraní es una lengua principalmente polisintética y, si el lingüista conoce el valor de las raíces dentro de una cultura y dentro de una lengua, va a poder recrear todas las cosas que, por la represión y los asesinatos, se fueron dejando de lado” (Ignacio Báez, 15.07.15).
que no tiene otro lugar donde vivir sino en la villa. Además, en los últimos años ha ocurrido como un fenómeno, también antropológico, que es esto de la identidad villera, o sea como una forma de, siendo tan discriminados, enaltecer la propia cultura interna (Anabelle Castaño, 15.07.15).
Ahí tenemos otra vez la misma discriminación debida a desconocimiento, la falta de información y el miedo en su mayoría inmotivado. Y no se trata solamente de pobreza, es una suma de factores, debidos a ignorancia y décadas de una realidad silenciada:
[...] el 90-95% de la migración paraguaya y de toda Latinoamérica es pobre, y después hay un porcentaje obviamente de clase quizás media o medio-alta, o con acceso a la educación universitaria, o que tiene otro tipo de trabajo, o que no tenía oportunidad de trabajo siendo una persona formada allá que vino a la Argentina y que obviamente no sufre quizás la discriminación xenofóbica que sufren los pobres. Se da básicamente por una suma de factores: por ser pobre, lo mismo que pasa al argentino pobre discriminado; por ser pobre y paraguayo; por ser pobre, paraguayo y de color de piel oscura; por ser pobre, paraguayo, de piel oscura y mujer; por ser pobre, paraguayo, de piel oscura y menor; o sea, es una suma (Thomas Valenzuela, 10.07.15).
Dirigiéndonos hacia el exterior de la Capital, en el partido de Moreno, que junto con otros veintitrés partidos forma el Gran Buenos Aires (GBA), tuvimos la posibilidad de hablar con el cacique de la comunidad Tupí guaraní de Cuarajhi Vera, que nos contó sus travesías para llegar a Buenos Aires, para obtener la personería jurídica y para encontrar un trabajo, así como la discriminación que sufrió al llegar:
me vine acá en Buenos Aires y trabajé en la fábrica de calzados, trabajé en los bares, trabajé en la construcción, y ahí me sentía mejor porque trabajaba con varios provincianos y hablábamos en guaraní, nos reíamos y todo. “Paragua54” me decían y yo me enojaba por decirme eso, paragua para mí es la sombrilla, por eso me enojaba yo. [...] Es toda discriminación y yo me enojaba demasiado por eso (Draulio Escobar, 16.07.15). La discriminación sufrida por el cacique no fue solamente verbal. De hecho, le llevó once años la obtención de la personería jurídica para su comunidad, y eso no pasó a causa de algún problema burocrático, sino porque durante muchos años el cacique fue considerado extranjero en su propia tierra:
Imagínate vos, mi hermana no nació en Paraguay, ella es argentina, nació en Misiones, es real esto, no estoy mintiendo, pero con todo eso en el Instituto me dijeron que un extranjero no podía tener la personería jurídica, entonces presenté todos los censados, quien era argentino y quien no era argentino, porque el número de DNI es diferente entre extranjeros y argentinos. Yo le dije a ellos “yo soy un ciudadano acá, yo soy un votante ciudadano acá, yo voto”. Me fui al Ministerio de Desarrollo Social, hablé con los
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“Al paraguayo acá le dicen ‘paragua’, abreviando, al uruguayo le dicen ‘uru’, al boliviano le dicen ‘bolita’, al peruano le dicen ‘peruca’, son todas formas de discriminación” (Andrés Ramón Vera Gómez, 16.07.15).
jurídicos, si vos sabés mi historia sabés lo que es, sabés lo que sufrí (Draulio Escobar, 16.07.15).
Todos los testimonios que conseguimos recoger a lo largo de nuestra investigación hacen referencia a algún tipo de discriminación sufrida, experimentada o incluso simplemente oída, por parte de los entrevistados. Así que podemos afirmar que la discriminación hacia lo indígena está, a día de hoy, presente en la ciudad de Buenos Aires, capital y conurbano, bajo varias formas y debido a una multitud de factores heterogéneos.