4. Guaraní hoy en Buenos Aires
4.1. Una historia escondida
Los conquistadores europeos encontraron el idioma guaraní dominando media América, no obstante no sea raro encontrar quienes afirman que la historia de la Argentina empezó con la conquista europea. En este sentido, Domínguez afirma que:
lo indiscutido científicamente respecto de nuestro tema es que la raza guaraní es tan antigua como la América viva misma. Raza eterna, porque transformada, aparentemente, por la cruza de pueblos dispares, ha permanecido invulnerable en su psicología y en su idioma: transformó su exterior pero conservó su alma. Eso es gloria. Es gloria, porque los pueblos que triunfan son los que, aún vencidos, imponen sus ideas, sus costumbres, su idioma, su espíritu. [...] Y, sobre todo, no se deja exterminar porque subsiste su alma. Y eso lo revela el idioma (1971: 11).
4.1.1. Guaraníes en la cuenca del río Paraná
Dando por sentado que el guaraní no es una lengua autóctona de la Provincia de Buenos Aires, es innegable la presencia guaraní en dicho territorio, debido a la influencia del idioma en la toponimia y en la cultura. El origen del pueblo Guaraní, a nivel geográfico, es todavía una cuestión muy controvertida, pero lo cierto es que no se quedó en el mismo lugar durante mucho tiempo, más bien marchó en su historia66, guiado por sus creencias y, en particular, por el mito de la Tierra sin Mal, tema tratado previamente, que consistía en la búsqueda de un lugar de felicidad:
La raza madre asentó sus parcialidades en un vasto territorio de América que va desde el río Tuvichamirí (Salado) – en la actual provincia de Buenos Aires – por la Mesopotamia argentina, el Uruguay, Paraguay, Brasil, hasta sobrepasar el límite norte de la América del Sur. Y su magnífico idioma se extendió en muchos dialectos de los cuales algunos aún subsisten. En lo que respecta al idioma guaraní que puede llamarse clásico, su pueblo habitó en forma permanente el norte de Buenos Aires, este de Santa Fe, centro y oeste de Entre Ríos, Corrientes íntegramente, Chaco, Formosa, Misiones y el Paraguay. La cuenca del río Paraná diríamos para concretar (Domínguez, 1971: 12).
La historia de una lengua es la historia de su pueblo, y el idioma guaraní es una clara muestra de esta relación tan estrecha. Domínguez (1971) defiende la teoría según la cual el pueblo Querandí, asentado en la Provincia de Buenos Aires, era en realidad una parcialidad guaraní, y respalda sus afirmaciones con una serie de hechos peculiares de los guaraníes que aporta como pruebas: el ejercicio de la agricultura, el uso de redes
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“Los guaraníes andan derramados, condición que facilita la expansión lingüística; además, son amigos de los españoles, por consiguiente, al convertirse en aliados e instrumentos del conquistador, desde temprano, encuentran en la política de éste un factor favorable para propagar el propio idioma” (Ardissone, 1955: 73).
para pescar, el cultivo de tabaco, entre otras. Pero, otras de las pruebas aportadas por Domínguez para demostrar su teoría, son de carácter meramente lingüístico. Una de las palabras a las cuales se refiere el autor es justamente la palabra querandí, originariamente kerandĭ: “absolutamente guaranítica” porque llegaría de kéra, sueño, y
hendĭ, viviente y luminoso, y recalcaría la cualidad del indio kerandí, guerrero siempre
despierto, listo, alerta, aparte de ser el nombre de un cacique guaraní. Pilía (2011: 78- 81) localiza actualmente el topónimo en un faro entre Punta Médanos y Mar Chiquita, y en dos localidades, una en el partido de La Matanza y otra en el de Olavarría. El autor aclara que todavía hay dudas sobre el origen del término “excepto la observación sobre la clara etimología guaraní del nombre”: afirma que llegaría de kîra, gordo, y ndi, un sufijo que agrega carácter colectivo, se referiría a “los indios que tienen grasa o que se frotan con ella”; y sostiene que no se pueden excluir otras teorías según las cuales se trataría de un nombre impuesto por los guaraníes a otras poblaciones.
Otra prueba lingüística aportada por Domínguez (1971), es la palabra Tuvichamirí o
Tubichaminí, que se refiere al actual río Salado, que nace en el sur de Santa Fe y
atraviesa la Provincia de Buenos Aires: “Tuvichaminí es palabra guaraní absoluta” afirma el autor, y significaría subjefe o jefe menor. Pilía (2011: 81-84) confirma esto sosteniendo que la palabra llegaría de tuvichá, jefe o cacique, y miní, chico o pequeño, pero añade que se trata otra vez de un nombre dado por los guaraníes a un cacique de la zona. De todos modos, es posible afirmar que no hay bastantes pruebas para demostrar la teoría de Domínguez (1971) sobre la pertenencia de la parcialidad querandí al pueblo Guaraní; lo que sí es cierto es que la lengua guaraní ejerció gran influjo sobre otras etnias, “lo que manifiesta en la aparición de nombres o cognómenes guaraníes o de raíces guaraníes en personas principales de otros pueblos” (Pilía, 2011: 83).
Los acontecimientos históricos dejan pensar que el guaraní fue la primera lengua indígena con que se encontraron los españoles, debido a la influencia que ejerció sobre otras culturas aborígenes, a tal punto que “a los primeros exploradores europeos les pareció que los guaraníes señoreaban gran parte del país” (Pilía, 2011:24). Además, como ya hemos visto, el idioma guaraní tuvo un papel importante para los europeos durante la colonización y la evangelización de América:
El imperio lingüístico guaraní fue más amplio que el étnico y el político. En la propagación de su lengua debe haber influido no solamente su cultura desarrollada, sino también la actitud de acercamiento a los españoles. No obstante, éstos consideraban el
carácter de “lengua general67” del guaraní como un hecho anterior a la conquista misma
(Pilía, 2011: 25).
De hecho, pronto aparecieron también guaraníes que hablaban español, y gracias a la utilización de su idioma por parte de las órdenes religiosas, el guaraní no tardó en convertirse en lengua cultural.
4.1.2. Guaraníes en tierra bonaerense
La presencia del guaraní en territorio bonaerense es un hecho probado aunque largamente negado. En cualquier caso, cabe precisar, junto con Pilía, que
nunca hemos pretendido demostrar que el guaraní es autóctono de la provincia de Buenos Aires, ni que todos los topónimos guaraníes son producto de la presencia directa de esa nación en nuestro suelo. [...] Lo que sí nos interesa demostrar es que la nomenclatura guaraní, sea autóctona o alóctona, impuesta por los propios guaraníes o por grupos guaranizados o hispanohablantes, sea cual fuera su procedencia, forma parte del patrimonio lingüístico de nuestra provincia (Pilía: 2011:30).
Pilía (2011) ha recogido una serie de palabras guaraníes en territorio bonaerense, obteniendo como resultado un listado de topónimos68 que hacen referencia a animales, plantas, accidentes naturales, nombres de personas y grupos, topónimos de otros territorios o trasplantados y topónimos bilingües. El objetivo de su trabajo ha sido demostrar “que el guaraní es una huella más que ha quedado en nuestro suelo, y que [...] forma parte de nuestra identidad cultural” (2011: 31), dejando a lingüistas y antropólogos la tarea de verificar si se trata del producto de la presencia directa de guaraníes en el territorio de Buenos Aires.
Entre las palabras que consideramos más interesantes dentro de nuestra investigación, encontramos la palabra Paraná: se trata del río que separa la Provincia de Buenos Aires de la de Entre Ríos, del río que separa las provincias de Entre Ríos y Corrientes de las de Santa Fe y Chaco, de un departamento de la Provincia de Entre Ríos y capital de dicha Provincia, y del río que sirve de límite entre la Argentina y Paraguay y entre
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“Si a la multitud de países que constituyen América corresponde una multitud de lenguas, también es cierto que unos cuantos idiomas indígenas se usan en zonas amplísimas y por muchos pueblos, hasta el punto de que estamos en presencia de verdaderas ‘lenguas generales’. [...] Dos lenguas generales se emplean en dos grandes porciones del territorio argentino: el idioma quichua en el Noroeste y el guaraní en el Nordeste” (Ardissone, 1955: 71-72).
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Pilía defiende la concepción integradora de la toponimia, en cuanto se trata “de una disciplina que fomenta la identificación de los hombres con el territorio cultural en el que viven a través del conocimiento de tres realidades fundamentales para la consolidación de la identidad de un pueblo: la geográfica, la histórica y la lingüística” (2011: 32).
Paraguay y Brasil. Por nuestra parte, añadimos que hoy en día se refiere también a una calle muy céntrica de la CABA. Según Pilía (2011: 58-60), el nombre ya se conocía en el siglo XVI, y significaría “pariente del mar” en guaraní, y “río enorme” o “caudal inmenso” en tupí, pues consideraban el mar como un extenso río cuya margen opuesta no veían.
Otra palabra interesante es Paraguay, que hoy día designa arroyos y parajes en varias provincias del país, además de la República de Paraguay y su río epónimo. Nosotros añadimos también una calle muy céntrica de la CABA. Según Pilía (2011: 88-89), hubo muchas interpretaciones del topónimo, por ejemplo “río del cacique Paragua”, “río de los papagayos”, “río cuyas aguas se matizan como el mar o río como mar” y “río de coronas”, entre otros. Esta última sería la interpretación más difundida, aunque no parece del todo admisible. Debido a la sabiduría del pueblo Guaraní, que se transmite oralmente desde siempre, opinamos que para una interpretación más precisa sería necesaria una investigación de campo entre los mismos descendientes directos. Durante nuestra investigación, el profesor Andrés Ramón Vera Gómez y el cacique Draulio Escobar, nos dieron su propia versión del origen de la palabra Paraguay:
Hay un cacique Paragua, y justamente de ahí viene el nombre del río Paraguay. Paragua era el cacique que vivía a la orilla del río Paraguay y todo lo que estaba alrededor le pertenecía a él. Paragua’y, porque la i griega no es una i, es y en guaraní, entonces Paragua’y significa “agua del cacique Paragua”. Otros dicen también que para es el adorno del cacique, entonces “lo que adorna la cabeza del cacique”, porque gua es “de” e y es “agua”, o sea “adorno del cacique del río Paraguay” (Vera Gómez, 16.07.15).
La historia del pueblo Guaraní nos enseña que hay una sabiduría milenaria y muy profunda que abarca, en particular, la flora y la fauna, pero que también hace referencia a una historia que ha sido relegada o escondida a partir de la llegada de los europeos. Para nosotros, entonces, la única manera de recuperar todos estos conocimientos es recuperar la voz perdida del pueblo: “La comunidad, después de tantas agresiones, después de tanta matanza, después de tanta persecución, se calló la boca. Por silenciarse, pudieron mantener hasta ahora, si no ya los hubieran destrozado a todos” (Ignacio Báez, 15.07.15). La recuperación de la historia de un pueblo tiene que partir del propio pueblo.
A confirmación de lo dicho hasta ahora, nos parece interesante referir los testimonios de tres guaraníes, de diferente procedencia y origen, con quienes tuvimos la oportunidad de
intercambiar opiniones, y gracias a los cuales podemos confirmar que hay muchas historias que todavía están por contar:
Lo que pasa acá en Buenos Aires es que se oculta mucho lo paraguayo, se discrimina, mientras que Paraguay tiene una historia muy extensa, pero la Argentina trata de no ser guaraní. [...] Esta ciudad de Buenos Aires se intentó fundar en una ocasión donde los guaraníes lo impidieron, en lucha permanente retrasaron cincuenta años la conquista de Buenos Aires. [...] Después de cincuenta años vienen de Paraguay, desde Asunción, Juan de Garay y Díaz de Solís a hacer la refundación de Buenos Aires. Había una mujer entre ellos, Ana Díaz, que fue la primera mujer que tuvo un hijo porteño, o sea el primer porteño es hijo de una paraguaya, los nietos son de una paraguaya. Tenían cincuenta paraguayos con ellos, guaraníes, que fueron para fundar Buenos Aires, pero eso no se cuenta y no se dice, te dicen que no, que era española. Era una mujer, una viuda, que vino para acompañar a su hija que venía con el marido, después acá se casa con un hombre de la expedición, Garay les concede las tierras acá en Buenos Aires por ser parte de esa expedición: la calle Corrientes, muy céntrica, Alvear y esa zona, que tenía como dos o tres manzanas que les pertenecían. Hoy hay una plaquita muy pequeña, nadie lo recuerda, nadie lo menciona, hay también un presubte ahora que tiene el nombre de ella, una estación, y otras cositas así muy pequeñas, pero no se dice, no se habla.
San Martín, ese gran héroe de la Nación Argentina, que cruzó los Andes y libertó América, su lugarteniente era un paraguayo, que trae las tropas de San Martín de regreso a Buenos Aires, al cuartel de San Nicolás, el coronel José Félix Bogado, pero eso no se cuenta, se habla de otros, como si fueran más importantes.
El primer gobernador del Virreinato del Río de La Plata era paraguayo, Hernando Arias de Saavedra, más conocido como Hernandarias, un hombre nacido en Paraguay. Hoy se habla tanto de las Islas Malvinas69, mucho de la situación entre Inglaterra y Argentina, y el primer gobernador de las Islas Malvinas fue un guaraní de la zona de Entre Ríos, que estudió con Belgrano y Moreno en la Universidad de Córdoba y se formó ahí. Hay un montón de historias más, todo se borra o se tapa, pero están los libros y la historia no se puede borrar (Vera Gómez, 13.17.15).
Las palabras de Vera Gómez representan un testimonio de la persistencia de la lógica colonial, de la que hemos hablado previamente, así como de los prejuicios difíciles de erradicar hacia el paraguayo guaraníhablante. Se trata de historias ocultadas, que confirman la dificultad que plantea un definitivo cambio de ideología en un país como Argentina, con más de un siglo de negación a sus espaldas.
Esta región tiene una cantidad de topónimos en guaraní, todo el continente. Buenos Aires, es una ciudad fundada por los hermanos Querandí, atropellada y cambiada de nombre por los españoles, y refundada con el estilo occidental. Para esa refundación vinieron cincuenta guaraníes y una mujer guaraní acompañando a Garay, que era la compañera de Garay: el primer hijo mestizo en Buenos Aires tiene madre guaraní y padre español. Entonces, Buenos Aires es una gran ciudad guaraní, esa es la identidad fuerte de Buenos
69 La Guerra de las Malvinas fue un conflicto bélico entre Argentina y Reino Unido en 1982, cuyo
objetivo fue la recuperación de dicha zona por parte de Argentina. A pesar de que las tropas argentinas fueron derrotadas y las Islas Malvinas resultan actualmente de dominio británico, Argentina sigue considerándolas suyas. De hecho, en la cartografía argentina, las Islas Malvinas aparecen como parte del territorio nacional, hay un museo dedicado a las víctimas y varios reclamos todavía presentes en la Plaza de Mayo por parte de las familias de los soldados que piden justicia.
Aires, por más esfuerzos que haga en decir que es Europa, esto es Suramérica y esta la gran Nación Guaraní viviendo dentro de Buenos Aires (Ignacio Báez, 15.07.15).
Cabe preguntarse, entonces, si es posible reescribir la historia de un pueblo sin el pueblo, dado que los testimonios de los descendientes directos, como el profesor Báez, que se autodefine “Avá guaraní con toda pureza”, difieren tanto de la historia oficial. A este propósito, opinamos que, a pesar de la importancia fundamental de lingüistas, antropólogos e historiadores en la reconstrucción de una historia negada, es imposible prescindir de la versión del pueblo Guaraní, debido a una transmisión continua y constante de su propia historia de padre a hijo, hasta nuestros días:
Buenos Aires se fundó con los guaraníes, dos veces se fundó con los guaraníes acá Buenos Aires, la fundaron los guaraníes, imagínate vos, ¿cómo no va a estar lo guaraní? Y segundo, el Guaraní es inmenso, por todos lados están los guaraníes. Un historiador no lo puede definir porque es profunda la historia indígena, calcularle 12.000 o 15.000 años, de esto estamos hablando, y un historiador no puede definir eso, hay historiadores buenos pero no pueden llegar al fin, cómo vino ni cómo va. Por ejemplo, la parte donde está el Amazonas en Brasil es zona de los guaraníes y después todo aquel territorio, por lo menos esto es lo que yo puedo llegar a saber, porque a mí me lo enseñaron primero mi abuela y luego mi tío (Draulio Escobar, 16.07.15).
Este último testimonio es el del cacique de una comunidad urbana del partido de Moreno, descendiente directo Tupí guaraní, que por supuesto nos cuenta su punto de vista según lo que le contó su familia. Estos testimonios, aquí transcritos, quieren ser solamente un íncipit del trabajo que todavía queda por hacer para reescribir la historia escondida del pueblo Guaraní en territorio bonaerense. Gracias a nuestra investigación, hoy sabemos que, a pesar de la persistente negación, hay cantidad de personas que constantemente trabajan para esta legítima restitución, asimismo nuestra labor quiere ser una pequeña contribución a la realización de este objetivo.