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La categoría Madre de Dios, como presupuesto para acompañar la espiritualidad mariana

2 0 LA PROMESA DE UN ENAMORADO: TESTIMONIO DE VIDA

4.3. La categoría Madre de Dios, como presupuesto para acompañar la espiritualidad mariana

La Espiritualidad Mariana se encarna en hombres y mujeres concretos con una historia personal y familiar precisas, que hacen posible su existencia en el mundo que los circunda. Ellos se acercan a esta devoción de la Virgen del Carmen de manera sencilla, poniendo sus esperanzas en que Ella, como buena madre, los acompaña en todos los momentos de su vida. Por eso, en este horizonte de la fe, el aporte que hace la espiritualidad mariana en la devoción popular de la Virgen del Carmen es tomar en serio el sujeto –hombre o mujer- que se acerca ante la imagen de la Virgen para que allí encuentre su espacio de revaloración como persona, pues María, que conduce a Su Hijo Jesús y estuvo con él en la expansión del reino de Dios, ha de ser la mediadora entre los hombres y Dios, para que ellos al encontrarse frágiles, finitos, pecadores, pero con ansias de volver a Dios, se reivindiquen de esta condición y se encuentren con el trascendente. El hombre en su dimensión espiritual y su capacidad de trascendencia se descubre ante el mundo como criatura, se siente relacionado con un ser superior capaz de afectar su vida, de guiarlo. En su búsqueda de lo divino, de lo trascendente, encuentra que el ser superior se le está revelando de muchas maneras, experimenta su cercanía, siente que Él acompaña su existencia. Y, esta medida, “María es identificadora, con ello queremos decir que es capaz de ofrecer identidad; en ella leemos lo que es humano; es paradigma de lo humano personal: por eso se le puede mirar y se le puede imitar… María es ofrecimiento dinámico para ser y para hacerse”120.

120 Casiano, Floristán y Salvatore, Meo.

84 Esta espiritualidad mariana no puede quedarse entonces en una tradición que no permee la existencia, sino que ha de buscar siempre la novedad en los valores propios del evangelio y en las virtudes de la fe, la esperanza y caridad, para que estas personas que se acercan a esta espiritualidad se interpelen sobre su acción en el mundo. De ahí que sea preciso mostrar la revelación cristiana, que es una revelación histórica y progresiva de Dios que interviene salvíficamente y va expresando, al mismo tiempo, su designio salvífico, que lleva al ser humano a la plenitud del sentido. Por ello, es necesario buscar en la existencia de hombres y mujeres la acción maternal María, en este caso bajo la advocación del Carmen.

Tras la explicitación de la espiritualidad mariana en la devoción popular, se encuentra que esta acción de fe va acompañada de unas condiciones que soportan el proceso de vida de todo hombre y mujer frente a lo que lo circunda. La confianza que hombres y mujeres ponen en la Virgen del Carmen es la que me permite estar retroalimentándose de todo aquello que construye al ser humano, de todo aquello que va más allá de las creencias que se tiene de sí mismo. Así, “se advierte en la expresión de la religiosidad popular una enorme reserva de virtudes auténticamente cristianas, especialmente en orden a la caridad, aun cuando muestre deficiencias en su conducta moral”121. De igual manera, la espiritualidad mariana aporta en el ser humano ese deseo que lo hace salir de, para llegar a, pues alimenta un querer, un hacerse de un ahora, de un tiempo concreto y espacio concreto; es entonces esperanzador frente a hombres y mujeres que han perdido la esperanza. Y por último se da un esperar, pero un esperar que es dinámico que le da sentido a la historia que se va tejiendo en el día a día, que es continua en la vida, que no se agota sino que cada vez sobresale más y más en la capacidad que se tiene de trasmitir esta fe a los demás, por medio del testimonio. Frente a esto, se hace necesario en el trabajo pastoral de la espiritualidad mariana, partir siempre del aspecto antropológico, para luego pasar a un plano mariológico y que este confluya en lo cristológico, pues en el trabajo eclesial de la espiritualidad mariana, a veces se habla de una manera muy elevada y no se entra a las raíces del asunto que subyace en el acercamiento de las personas a la devoción de la virgen del Carmen.

121 Conferencias generales del episcopado latinoamericano,

85 Somos seres humanos que entramos en filiación en Cristo desde el momento que empezamos a dejar que Cristo actúe en nuestra vida, que Él acontezca y que nosotros nos abramos y nos dejemos tocar por Su Amor. En esta perspectiva, el hombre, sujeto de una antropología subyacente en la espiritualidad, se debe definir como un ser en relación afectiva y efectiva con Dios, como hijo predilecto de María y del Padre y hermano de los hombres, como hijo de una misma madre.

Por tanto, esta naturaleza de María como Madre de Dios, que se desprende de la espiritualidad mariana, debe tener como elemento antropológico la categoría de sujeto que hace posible que el ser humano se encuentre de nuevo con su dimensión de conversión, que le permite salir de sí e ir en busca del trascendente, pues el ser humano posee en lo más recóndito de su corazón el anhelo de encontrarse con Dios, y aunque no sea de manera consciente, acude a la Virgen del Carmen, pues sabe que Ella es camino para llegar a Él. Pero tal vez las imágenes borrosas y tergiversadas que se han presentado de Jesús a lo largo de la historia hacen que muchas personas no se acerquen a ese misterio infinito que habita en las cosas sencillas y particulares de la vida. Podemos decir entonces que:

En el fenómeno religioso existen motivaciones distintas que, por ser humanas, son mixtas, y pueden responder a deseos de seguridad, contingencia, importancia, y simultáneamente a necesidad de adoración, gratitud hacia el Ser Supremo. Motivaciones que se plasman y expresan en símbolos diversos. La fe llega al hombre envuelta siempre en un lenguaje cultural y por eso en la religiosidad natural pueden encontrarse gérmenes de un llamado de Dios122.

Es la autenticidad de cada hombre la que hace posible optar libremente por lo que desea, reconocer sus actos que van sujetos a su libertad y de las decisiones que involucran toda su existencia, por tanto, la espiritualidad mariana se ha de entender en este caso desde el compromiso radical del hombre con María, involucrando dicho compromiso en su vida. Así se llega a tener conciencia de la presencia íntima de María en la existencia y reconocer que a través de ella se da ese acontecer salvífico y redentor de Jesús, en lo ordinario de la vida.

86 Tanto así que hoy debemos, a la luz de la palabra, orientar y acompañar en esta pastoral del santuario de Nuestra Señora del Carmen a nuestros o nuestras feligreses al encuentro con Cristo; a reconocer en él, su verdadero amor para con nosotros, a dejar de lado muchos preconceptos e ideas malinterpretadas que no nos deja seguir incondicionalmente al encuentro con Dios. Hoy la espiritualidad mariana en los hogares, en el trabajo, debe ser alimentada a la luz de Cristo, a la luz de su palabra que invita a salir de nosotros mismos al encuentro con los hermanos.