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2 0 LA PROMESA DE UN ENAMORADO: TESTIMONIO DE VIDA

3.8. Expresiones populares de la devoción mariana

3.9.2. María, la madre de Dios y de los hombres

En la tradición de la Iglesia, en especial en la patrística, se empezó a reflexionar sobre el papel de María, como la Madre de Dios. Pero antes de que esta verdad se convirtiera en dogma, debió pasar por diferentes contradicciones de personas que no aceptaban la maternidad de María, pues afirmaban que Jesús era hijo del Padre, en su esencia divina, y de María, en su esencia humana. Esto dio paso a grandes malentendidos dentro de la tradición, por lo que en el Concilio de Éfeso se llegó a concluir que:

El Concilio de Éfeso (tercer concilio ecuménico) debatió sobre si María debía ser llamada Theotokos o Christotokos. Theotokos significa "Madre de Dios"; esto implica que Jesús, a quien María dio a luz, es Dios. Los nestorianos sólo prefieren el significado Christotokos, que significa "Madre del Mesías", no porque nieguen la divinidad de Jesús, sino porque creen que Dios Hijo o el Logos existió antes del tiempo y antes de María, y que Jesús tomó su divinidad de Dios Padre y su humanidad de su madre, así que para ellos, llamar a María "Madre de Dios" es confuso y potencialmente herético. Otros en este concilio creían que negando el título de Theotokos acarrearía la implicación de que Jesús no es divino. Al final, el concilio confirmó el uso del término "Theotokos" y con ello afirmaba la indivisibilidad de la divinidad y la humanidad de Jesús. Así, mientras que el debate trató sobre el título correcto para María, también se trataba de una cuestión cristológica sobre la naturaleza de Jesucristo, una cuestión que volvería a debatirse en el Concilio de Calcedonia (cuarto concilio ecuménico). Las enseñanzas teológicas de las iglesias

83 González,

66 Católica Romana, Ortodoxa Oriental y Anglicana afirman el título de "Madre de Dios", mientras que otras iglesias cristianas no le dan tal título84.

Con esto se da un nuevo curso a la historia dogmática sobre María, ya que se presenta como la Madre de Dios, acarreando esto una nueva significación dentro de la tradición, pues

desde este concilio ecuménico ya se empezó a gestar en la mariología y en la tradición cristiana el título de María como madre de Dios. Por su parte, los hombres le fueron agregando, Madre Nuestra. Esta última afirmación está muy ligada a la kénosis, en la cual

se ha de entender la forma en que Jesús se ha encarnado, y según nos cuenta Filipenses 2, 6-7, “el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre”. Es decir, esta semejanza con los hombres ha sido la

que ha servido para reconocer la solidaridad de Dios al hacerse hombre como nosotros, pero sin desconocer que al hacerse hombre lo ha sido porque ha nacido de una mujer, según lo confirma el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas:"Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción" (4, 4-5). Confirmando así que

la reflexión sobre la madre de Dios no queda solamente supeditada a una afirmación dogmática, sino que lleva expresa una acción de Jesús en la vida de hombres y mujeres, que reconocen la acción de Dios a través de María que coopera en la encarnación del Hijo del Dios y en la obra redentora de Su Hijo. Además, haciéndonos a nosotros hijos por adopción de la Madre de Dios, que por eso la reconocemos como madre nuestra, por esa adopción.

La misión de María fue entregar a Jesús a los hombres y llevar a los hombres a Jesús. Por María vino Jesús al mundo, y los hombres y las mujeres encuentran en María un medio seguro para llegar a Jesús, fin último de la Salvación. Es por esto que la espiritualidad de María se centra en la maternidad de María. María es la madre y a Ella es la que invocamos en el amplio campo de la fe: “Todos los dones, gracias y privilegios excepcionales que le fueron concedidos a María por la divina liberalidad, lo fueron en atención a este hecho

67 colosal e incomprensible: María Madre de Dios”85. De esta forma en el evangelio de Lucas

1, 31 encontramos la escena donde el ángel le dice a María “vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”. Se podría inferir que este versículo sirve para sustentar la maternidad de María, pero lo que se ha de profundizar es la filiación de María con Su Hijo: “La Santísima Virgen María es propia, real y verdaderamente Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al verbo de Dios encarnado” (Dogma de fe expresamente definido por la Iglesia)86.

Al hablar de la maternidad de María, se habla en este caso de la madre física de Jesús, por quien Él vino al mundo y a quien el Padre predestinó como mujer para llevar a cabo este plan de salvación: “Así como el padre ha engendrado realmente al verbo según la naturaleza divina, así María la ha engendrado en el tiempo según la naturaleza humana”87.

Esto da entender que cuando Dios actúa siempre Su Obra es creadora, y precisamente por ser Madre del Verbo Encarnado, se ha convertido en la Madre amantísima de toda la humanidad. Así se puede ver en la devoción mariana, donde las personas dan cuenta de que Ella es la Madre de Dios, del Salvador. Pero, más allá de explicar la naturaleza o la teología de esta realidad, las personas sencillas no saben dar cuenta de estos aspectos; su fe es más vivencial que racional.

Hombres y mujeres sienten que María es su madre espiritual, que los acompaña en las luchas de cada día y, de manera muy especial, en las dificultades. Es decir, al hacer memoria de la madre de Dios, es fácil notar que ante el sufrimiento de muchas madres que sufren el flagelo del secuestro, del maltrato y de tantas realidades de la vida diaria que vive nuestro país, podemos encontrar que ellas acuden y ven en María la mujer que los fortalece, los acompaña en todos los momentos de la vida diaria, pues Ella también sintió el dolor de Su Hijo, como se lo predijo el anciano Simeón: ¡Y a ti misma una espada te atravesará el

alma! Frente a este hecho vemos que María santificó el dolor uniéndolo al de Su Hijo y ofreciéndolo al Padre, pues asumió toda la obra estipulada en la economía de la salvación.

85

Royo, la Virgen María, Teología y Espiritualidad Marianas, 91.

86 Ibíd., 94-95- 87 Ibíd., 105.

68 Si la Virgen María es Madre de toda la humanidad, en María hombres y mujeres aprenden a ser pobres, pequeños, pues se entiende que Dios elige a los pobres y pequeños. A ellos los enriquece sobre manera; en ellos hace grandes cosas y Ella hará con cada uno de sus hijos los oficios que corresponde a su papel de madre: cuidarlos, escucharlos, estar pendiente de ellos: “El pueblo humilde venera a María como madre de Dios, y de allí concluyen la maternidad universal; filiación que identifica con la advocación del Carmen, que siente muy cerca de su vida”88. Esto se puede notar en el testimonio de José del Carmen:

Bueno, ésta es mi historia sobre la Virgen del Carmen y todo lo que Ella ha hecho en mi vida y en mi familia. Es que definitivamente me pongo a repasar cada momento de mi vida y veo que la Virgencita me acompaña en todo momento, en mi trabajo, en mi vida de familia, en lo que he podido conseguir, hasta el nombre mío le pertenece a Ella89.

Como sabemos, el papel de una madre es por naturaleza ser mediadora de la vida que transmite a sus hijos, proporcionar a sus hijos todos lo relacionado con las necesidades básicas del sostenimiento. De esta manera, hombres y mujeres reciben por medio de María las gracias necesarias para la vida espiritual, que Cristo le concede para que pueda cumplir con su misión maternal. Esta evocación de “María como la madre de Dios” es expresión que el mismo pueblo va manteniendo de su relación con María. Al hacer referencia a María lo hacen como la madre de Dios y por tanto, la madre nuestra, reflejo de una dependencia, pues sienten Su asistencia en todos los momentos de la vida. En José del Carmen podemos ver que nuestra madre que está en el cielo intercede por nosotros ante Su Divino Hijo:

Son tantos los motivos que me llevan a querer a la Virgencita del Carmen que a veces me vuelvo obsesivo con ella, creo que por ser la madre de nuestro Señor Jesús y nos la dio a los hombres por madre nuestra para que nosotros la amaramos y la respetáramos aquí en la tierra, además ella me socorre, me auxilia y me fortalece en todos los momentos de mi vida, familiar, laboral y personal90.

Este hombre da fe de esta acción maternal de María en su vida, siente su acción copiosa en todos los momentos de su existencia y reconoce de una manera sencilla y genuina que

88

Zuluaga, la religiosidad popular en Colombia, 43.

89

Véase relato de José del Carmen, 43.

90

69 María es la Madre de Dios y de todos los hombres. Su experiencia religiosa en la Virgen hace que sus manifestaciones tengan hondura en la piedad y la devoción popular por su estilo de vida, es decir, hace palpable el mensaje de María en la historia de la salvación y en la historia de muchos hombres y mujeres que se acercan a los diferentes santuarios, confiando en esta acción maternal de María.