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2 0 LA PROMESA DE UN ENAMORADO: TESTIMONIO DE VIDA

3.8. Expresiones populares de la devoción mariana

3.9.1 María en la fe del pueblo

En este apartado se analiza en primer lugar el origen de María para desde allí basar la reflexión de María que se encarna en un signo concreto en la fe del pueblo, como la piedad de la Virgen María en la devoción popular. De esta manera, “Las festividades marianas populares presentan uno de los grandes valores de la religiosidad popular, sobre todo

75

63 porque, en tiempos de Israel, en el A.T, ‘la fiesta religiosa adquiere un sentido relevante como constituyente del itinerario de la fe’”.76

Al hablar de los orígenes de María se debe hacer referencia al contexto religioso en el cual se desenvolvió María, pues así se puede comprender su fe y religiosidad en medio del pueblo. María vivió en Nazaret, una aldea ubicada en Galilea, al norte de Palestina. Allí creció con sus padres, Ana y Joaquín, según cuenta la tradición. Al respecto nos dice Mesters que “La vida de María fue seguramente como la de cualquier otra joven de Nazaret: traer agua, arreglar la casa, ayudar en la educación de los hermanos menores, conversar en la fuente, leer y meditar la Biblia, rezar a Dios en silencio, participar en las fiestas y los rezos del pueblo”77

. La economía de Galilea era específicamente agraria, y la

fe de este tiempo estaba focalizada en las prácticas del judaísmo, basadas en la ley que profesaba el Antiguo Testamento. Esta cultura era asidua a la lectura de la Torá, guardaba el descanso del sábado y participaba de las reuniones de la sinagoga. Al parecer, la sinagoga de Nazaret no era como la sinagoga de Jerusalén, donde se contaba con un lugar reservado para ello, pues Nazaret era un pueblo pequeño: “En el corazón de esta relación funcionaba el sagrado don de la ley, Totah. Con sus preceptos conformadores de vida, incluidos los famosos diez mandamientos y sus rasgos identificadores como la observancia del sábado, las leyes sobre los alimentos y la circuncisión del varón, ésta daba forma definida a la vida del pueblo de Dios”78

.

María participaba de los acontecimientos propios a los que las mujeres podían asistir, ya que esta clase social era extremadamente machista y las funciones de las mujeres dentro de la vida social y religiosa era poca, pues el hombre predominaba en esta cultura. Las mujeres debían desposarse según la tradición de la época cuando les llegaba la primera menstruación y el padre era el que decidía con quién se casaban. Después de que se daba el

76 Llano,

Orientación de la religiosidad popular en Colombia: Devociones Cristológicas, Marianas, a los Santos y a los Difuntos, 131.

77 Mesters,

María, la Madre de Jesús, 21.

78 Johnson,

64 desposorio, debían vivir un año más con sus padres, después de lo cual podían juntarse con su prometido, que debía pagar una dote por la mujer con que decidía desposarse.

La fe judía gozaba de un foco geográfico concreto, el templo de Jerusalén”79. Y desde este

foco se percibe toda la relación que tiene esta fe con las prácticas religiosas, ya que “la meta de la peregrinación era llegar al templo para ofrecer los sacrificios a Dios”80. Jerusalén distaba de Nazaret unos 129 km; para llegar de un sitio a otro debían andar una semana y lo hacían en grupos para evitar ser asaltados por los vándalos y atravesar zonas muy desérticas por lo que muchos no alcanzaban a llegar81. Este panorama que nos presenta Elizabeth Johnson, da a entender la vivencia propia de María y su contexto, en el cual se percibe como una mujer que vivió los avatares propios de su cultura y de su tiempo.

Si se hiciera un paralelo entre las manifestaciones religiosas de Miriam de Nazaret, y las prácticas que se encuentran hoy en día en la devoción mariana de un pueblo, en particular el de Villa de Leiva, se encontraría que muchas de ellas no distan mucho, sólo cambia la época y las formas de vivir estas manifestaciones. Ambas tienen una significación muy importante dentro del marco donde se desarrollan, es decir, en la expresión religiosa de María eran muy importantes los ritos cultuales propios del judaísmo: “Al dibujar el mundo religioso de Miriam de Nazaret, no es suficiente decir que la fe y la práctica judía constituían un mero trasfondo. Leal con las tradiciones de sus antepasados, vivía esta fe sinceramente”82.

Esta visión histórica de María de Nazaret nos lleva a comprender lo real de ella y no quedarnos con una imagen de María espiritualizada, o elevada, sino que frente a la fe de un pueblo, que día a día trabaja para buscar el sustento, nos hace descubrir en María esa mujer que también asumió un estilo de vida propio de muchas personas que sienten que su vida no tiene horizonte al ver una sociedad injusta, violenta frente a la mujer, con pocas 79 Ibíd., 196. 80 Ibíd., 206. 81 Cfr. Ibíd., 205. 82 Ibíd., 204.

65 opciones de trabajo y de desarrollo personal: “María ha de aparecer como el símbolo que nos brinda la fe de la liberación de la mujer, oprimida en el contexto de un pecaminoso universo machista, restituyéndole su dignidad y su dimensión específica social, tanto en la comunidad religiosa como en la profana”83. Es decir, la fe en María está puesta en la

intimidad del hombre que busca cada vez más acercarse a Ella, para llegar a Su Hijo Jesús. Además encontramos que este contexto social permite ver a María como una mujer de esperanza frente al horizonte de la vida, de las dificultades. Es Ella modelo de oración, pues su expresión de fe, basado en el Shema, nos hace comprender que Ella era orante y motiva

a hombres y mujeres a vivir la oración, a sentir ese impulso del corazón.