2 0 LA PROMESA DE UN ENAMORADO: TESTIMONIO DE VIDA
3.4. Privilegio Sabatino
El privilegio sabatino es otra de las características de la devoción de la Virgen del Carmen. Está íntimamente ligado al escapulario del Carmen, por el cual la Virgen promete a sus seguidores que el sábado después de su muerte, los sacará del purgatorio sí allí fueren. Según la tradición de la Iglesia, este privilegio lo concedió Juan XXII por medio de una visión que tuvo, en la cual la Virgen le prometió la pronta liberación del purgatorio a los que guardaran castidad. Sobre este episodio de la visión del Papa Juan XXII se ha especulado mucho. Lo que interesa en este caso es que “desde Alejandro V (1409), han hablado repetidas veces de manera positiva. En 1613 se promulgó un decreto por el que se permitía la predicación de la especial asistencia de la Virgen a sus devotos en el purgatorio, particularmente el sábado”41
. Desde esta fecha hasta nuestros días se habla de este
privilegio de salvación que entre los devotos de la Virgen del Carmen tiene mucho significado: “entonces tenemos el sábado por ejemplo en nuestra liturgia ahí aparece el pedir por todos los peregrinos porque es una responsabilidad de nosotras grandísima”42
.
Este privilegio está ligado con la salvación de las personas y la esperanza de la gente que se acerca a Ella esperando ser librada de todo mal y peligro, en concreto en el paso de esta vida mortal a la eterna. Aunque se debe clarificar que este tema del purgatorio es un tema que versó en la popularidad de la gente antes del Concilio Vaticano II, “el pueblo sigue creyendo lo que hasta antes del Vaticano II se predicaba, de que ella libra de las penas del purgatorio el sábado siguiente a la muerte, a los que pertenecen a la cofradía del Carmen y
41 Ortega,
Historia del Carmelo Teresiano, 47.
42 Véase entrevista
50 lleven consigo el escapulario”43
. Pero lo más importante de esta promesa, que aun está viva
en la memoria de las personas que se acogen bajo su protección, es la confianza en que María es corredentora en la obra de salvación; por eso la invocamos y le decimos según las palabras de la Encíclica Spe Salvi: “Santa María madre de Dios, Madre nuestra. Enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino”44
. 3.5. La devoción mariana en Colombia
Sería errado hablar de la génesis de la devoción mariana en Colombia, sin hacer mención de la devoción en América Latina: “La devoción a la Virgen se fue desarrollando ampliamente durante los siglos de la colonia, pero con progresiva matización americana, tanto para los criollos como para los mestizos e indígenas. Se iba desarrollando insensiblemente la conciencia y la fe de María como madre de América Latina”45
. Esta
devoción en América entra en la época del descubrimiento de América y de la Conquista, en el caso particular de Cristóbal Colón, que le tenía mucho fervor a la Virgen María, y antes de salir a tierras desconocías se encomendó a nuestra Señora y “cambió el nombre a su carabela, es decir a la que fue Juan de la cosa con el nombre de Marigalante; al bautizarla para el viaje de descubrimiento le dio el nombre de “Santa María”46. Más tarde
los demás conquistadores y los misioneros traían consigo imágenes de la Virgen María e iba inculcando esta devoción a los indígenas en los ritos propios de cada región donde iban descubriendo. Por esto, “Ella está presente en los propios orígenes del cristianismo del nuevo mundo. Desde el principio, la presencia de María confirió dignidad a los esclavizados, esperanza a los explotados y motivación para todos los movimientos de liberación”47
.
43 Llano,
Orientación de la religiosidad popular en Colombia: Devociones Cristológicas, Marianas, a los Santos y a los Difuntos, 109.
44 Benedicto XVI,
Encíclica, Spe Salve, 95.
45
González, De María conquistadora a María liberadora, 60.
46 Severino,
Orígenes de la devoción a la santísima Virgen en Colombia, 15.
47 González,
51 Antes de que llegaran los misioneros o clérigos a tierras colombianas, los conquistadores ya habían esparcido la semilla de la devoción mariana; precisamente era a través de imágenes que catequizaban a los indígenas y esclavos. Por ejemplo, “Alonso de Ojeda arribó por primera vez a costas colombianas de Urabá a finales de 1509… traía una imagen de nuestra señora muy devota y maravillosamente pintada en Flandes”48.Desde estos orígenes de la
conquista y por medio de la historia de los diferentes colonizadores en zonas colombianas, junto con los misioneros se fue difundiendo el amor a la Virgen Santísima: “María llegó con los descubridores a nuestra tierra colombiana, acompañó la siembra del evangelio y ella misma echo raíces muy profundas en el terreno indígena, raíces que han ido produciendo frutos en la fe y la vida de nuestra gente”49
. Esto lleva a comprender el valor religioso que
tiene la presencia de la Virgen en los pueblos colombianos, pues ella se ha gestado desde los inicios de estas tierra, y los colonizadores al llegar a una región y ubicarse allí, construían su Iglesia y casi siempre su dedicación era a la Virgen; por eso es tan común ver que las catedrales y santuarios que datan de la época de la colonia fueron puestas bajo la protección e intercesión de la Virgen María.
Este tema de reflexión de la mariología en sus orígenes es tan amplio como la misma historia de la conquista, tanto que habría que investigar o hacer un análisis de tipo sociológico para extraer los datos más relevantes de la construcción del ethos de aquel
tiempo. Lo que interesa en este caso es hacer notar cómo llegó la devoción a nuestras tierras y ver el influjo que ha tenido en la religiosidad de cada uno de los pueblos y forma en las regiones se guían por las celebraciones religiosas: “Yo descubro como una relación muy profunda de nuestro pueblo con la Virgen, es un pueblo mariano, su calendario es mariano, ellos van de fiesta en fiesta y más que el calendario civil, ellos cuentan es como por las fiestas de la Virgen y se hacen presentes en todas partes”50
. Esto es un indicativo del
fervor de las personas hacia la Madre de Dios, ya que desde los inicios de nuestros pueblos hasta el día de hoy, va pasando de generación en generación esta devoción y a pesar del
48 Vallejo,
La Virgen del tercer milenio, 205.
49
Llano, Orientación de la religiosidad popular en Colombia: Devociones Cristológicas, Marianas, a los Santos y a los Difuntos, 105.
50 Véase entrevista principal, # 4.
52 surgimiento de tantos movimientos no católicos que no veneran a Nuestra Señora, se sigue captando en los pueblos colombianos unas profundas raíces marianas: “La Virgen no es para el pueblo un personaje del pasado… es una persona viva que escucha sus suplicas, que está atenta a las necesidades de sus hijos, que intervienen en la vida del pueblo en una forma como natural”51. Y esto se ve reflejado en el culto y la veneración que a lo largo y
ancho del país, el pueblo colombiano le tributa a Ella.
Esta devoción y propagación de Nuestra Señora, bajo las diferentes advocaciones, se debe a las diferentes comunidades u órdenes religiosas, que bajo su patrocinio van alimentando la fe y la devoción en la Virgen María. En este sentido, “las imágenes de la Virgen reflejan de forma sublimada el amor de madre, muy arraigado en nuestro pueblo”52
. Así se puede ver
en los diferentes santuarios, donde acude mucha gente sencilla a implorarle a su madre que interceda ante Su Hijo Jesucristo por alguna necesidad particular. También es común ver en las diferentes carreteras que atraviesan las tierras colombianas, grutas en honor de Nuestra Señora, muy en especial la imagen de la Virgen del Carmen, patrona de los conductores:
La experiencia de la madre como sombra protectora a través de los caminos de la vida, quiere verla reproducida en una dimensión trascendente, colocando imágenes de la Virgen en las encrucijadas de los caminos, en la cima de las montañas o al borde de una carretera, ante cuya imagen se detienen los camioneros a encender a sus pies una esperma votiva53.
Particularmente a Villa de Leiva la devoción a la Virgen del Carmen llegó a después del arribo de las monjas en abril de 1645. Desde esta fecha hasta el día de hoy se vive una ferviente devoción a la Virgen María, bajo la advocación de la Virgen del Carmen:
Con la llegada de las monjas pues como que brota la devoción a la Virgen y comienza a crecer con la presencia de ella. Claro que al principio en una forma ronsina y sencilla porque la capillita era muy pequeña para acoger estas multitudes entonces. Pero comenzó ya la devoción a la Virgen del Carmen, con la presencia de las monjas y fue creciendo y se fue extendiendo a los pueblos vecinos porque parece que arraigó mucho
51 Llano,
Orientación de la religiosidad popular en Colombia: Devociones Cristológicas, Marianas, a los Santos y a los Difuntos, 106.
52 Ibíd. 53 Zuluaga,
53 lo de la cofradía que les dio a los laicos la presencia de sentirse hermanos de la Virgen en la Orden del Carmen. Los párrocos venían en peregrinación para el 16 de julio con sus grupos de peregrinos y traían en una lista las personas que habían ingresado a la cofradía y empezaban a escribirlos aquí en los libros para guardarlos en los archivos. Entonces parece que esto empezó así54.
A pesar de que los padres dominicos tienen la parroquia de Villa de Leiva bajo el patrocinio de Nuestra Señora del Rosario, la devoción a la Virgen del Carmen ha calado más en las personas de la Villa de Leiva y en las poblaciones vecinas. Las monjas, desde su fundación hasta la llegada de los padres carmelitas, esparcieron en estas tierras el amor y la devoción a la Virgen del Carmen con el signo del escapulario y las hermandades:
El fundador, que amaba mucho la Virgen del Carmen, es otro punto importante. Él conocía las monjas Clarisas y Concepcionistas en Bogotá y nadie le pudo hacer cambiar de idea de traer carmelitas, hijas de Nuestra Señora del Carmen. Era un hombre que amaba mucho a la Virgen del Carmen; el convento lo puso San José del Carmen y la Iglesia con las imágenes que están en el camerino y la que sale era la de la fiesta. Entonces esto viene desde el momento de la fundación55.
Con la llegada de los padres carmelitas a la Villa de Leiva, el 5 de julio de 1911, se comenzó a expandir la devoción por las poblaciones vecinas, pues ellos iban predicando de pueblo en pueblo el amor y la devoción a la Virgen del Carmen. Dentro de su apostolado principal estaba la extensión del amor a la devoción a la Virgen del Carmen y la imposición del escapulario. Con el tiempo esta devoción ha cogido mucha fuerza y durante todo el año acuden peregrinos al santuario de la Virgen del Carmen en Villa de Leiva, que cuenta además con una de las fiestas más grandes en la tradición mariana del pueblo boyacense. En su fiesta del 16 de julio son muchas las personas que van hasta su santuario durante las celebraciones: “La fiesta en honor a la Virgen del Carmen va del 14 al 17 de julio”56
.
Durante esos días son muchas las manifestaciones de piedad que tanto niños, como jóvenes, hombres y mujeres, familias, personas mayores, le profesan a la Virgen del Carmen. Le rezan, le cantan, pagan sus misas, sus salves, manifestaciones propias de personas que
54 Véase entrevista principal #1,
anexo 1, 120.
55
Ibíd.,
56
54 sienten amor y cariño hacia algo o alguien, que en este caso es la Virgen María, bajo la advocación del Carmen. Así, “su popularidad está probablemente en relación a la promesa de salvación que se le atribuye”57. Podemos decir entonces que el pueblo de Villa de Leiva celebra con alegría y júbilo esta fiesta, ya que ven en la Virgen del Carmen un modelo de virtudes como madre, como mujer y como intercesora ante Su Hijo Jesús. Las personas que se acercan a Ella sienten gran afecto a su presencia maternal en sus vidas; por eso durante estas fiestas son muchas las manifestaciones de cariño que el pueblo le expresa, pues la consideran como la reina del lugar.
Se puede entonces anotar que estas actitudes que se gestaron en las diferentes culturas de los pueblos latinoamericanos han sido la génesis de uno de los temas que con más cuidado se ha tratado en el desarrollo histórico de los pueblos de América. Su horizonte de estudio es tan amplio que se debe tratar con especial cuidado de no caer en reflexiones inequívocas que apaguen este foco de evangelización mariana y cristiana en nuestros pueblos latinoamericanos, en donde la presencia de la Virgen ha jugado un papel de cercanía muy importante.
En conclusión, al hablar de María en el horizonte de la fe del pueblo colombiano no se puede olvidar que Ella ha sido y sigue siendo el sustento de la fe en muchas de las poblaciones. En estas venera a María dado que se ve en Ella la figura de la madre, la mujer del pueblo, sencilla que conoce y acompaña el camino hacia Dios a través de los diferentes signos religiosos que se van gestando en la cultura de cada región. Por lo tanto, la religiosidad popular mariana sigue jugando un papel fundamental dentro de la reflexión popular del pueblo que clama en María las raíces propias de una liberación, de una conversión permanente que permee la vida cristiana, para que estos signos de confianza en Ella sigan teniendo validez en el trascurso de la vida diaria, muy en especial en la expresión de la religiosidad popular.
57 Llano,
Orientación de la religiosidad popular en Colombia: Devociones Cristológicas, Marianas, a los Santos y a los Difuntos, 109.
55 3.6. La religiosidad popular
El tema de la religiosidad popular en América Latina, tuvo su auge en el pensamiento eclesial de los últimos tiempos a partir del documento de Puebla, en donde surgió un discurso que avaló este medio de evangelización en tierras americanas. Es así que desde este documento y aproximadamente desde la época de los años setenta con la teología de la liberación que se empezó a gestar esta reflexión. Los nombres a esta reflexión fueron varios como catolicismo popular, religiosidad campesina, piedad popular y por último, religiosidad popular, nombre con el cual conocemos esta reflexión: “por religión del pueblo, religiosidad popular o piedad popular, entendemos el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, desde las actitudes básicas que de esas convicciones se derivan y las expresiones que las manifiestan”58
.
La religiosidad popular permite asomarse a los trasfondos históricos y religiosos de los pueblos; por tanto, allí se capta esa fe innata, pura que las personas manifiestan a través de ritos, cantos, muy asociada al culto y veneración de un santo o, en este caso, hacia la Virgen María. Ahora bien, si se quisiera adentrar en la significación semántica de la religiosidad popular, se debería definir qué se entiende por religiosidad y por popular. Ya la respuesta la dio el documento de Puebla al referirse a ésta como aquellas manifestaciones hondas y profundas de los creyentes, que expresan esa filiación a Dios de manera sencilla: “Su religiosidad está arraigada en la vida: en el camino inexorable que
debe recorrer el hombre desde su nacimiento hasta su muerte”59.
Podemos decir entonces que la religiosidad popular se caracteriza por sus expresiones de fe en medio de un pueblo sencillo, pero que no se queda allí, sino que es capaz de permear todas las clases sociales y económicas de la sociedad. Esta religiosidad manifiesta su piedad de una manera muy rústica, además de que impregna de manera arrolladora la vida eclesial y personal de las personas que se acercan a los santuarios o templos donde se
58 Conferencias generales del episcopado latinoamericano,
Puebla, 392.
59 Zuluaga,
56 gestan estas devociones, por medio de peregrinaciones, pidiendo un favor o en acción de gracias por un favor recibido.
Se hace entonces evidente que el hombre es un ser religioso por naturaleza; él se pone en escena frente a Dios, pero ahora a través de lo sagrado. M. Buber afirmará que “incluir completamente a Dios en la esfera del conocimiento humano es eliminar su divinidad, de ahí que muchos creyentes sepan cómo hablar a Dios, pero no como hablar de y sobre Dios”60
. Es decir, que la esfera de lo religioso lleva al hombre a llenar de sentido de aquello
que sale a su encuentro: “lo sagrado pervade toda la vida, guía su historia, la naturaleza se constituye en una naturaleza”61. Esta expresión sencilla, llena de sentido para cada persona,
está ahí, pero necesita de los signos concretos para ser develado. Asimismo, cada persona manifiesta de manera diferente este sentimiento. Pero, también la religiosidad popular se ha mirado con recelo en la reflexión eclesial, ya que en muchos casos ha caído en excesos y no ha cumplido con ese papel primordial de acercar a los hombres con el trascendente de una manera diáfana y trasparente, sino que se ha mezclado con un sincretismo religioso que no deja ver su acción limpia, sencilla, con que los creyentes buscan a Dios:
Tanto en las regiones donde la Iglesia está establecida desde hace siglos, como en aquellas donde se está implantando, se descubren en el pueblo expresiones particulares de búsqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy el objeto de un nuevo descubrimiento casi generalizado62.
Si bien hay que reconocer que la religiosidad popular ha presentado estas falencias, conviene considerar también que ha habido falta de preparación o de educación en la gente, ya que la religiosidad popular se puede observar como un fenómeno más de los sentidos que dé la razón. Por lo tanto, al entrar en la razón de ciertas manifestaciones de la religiosidad popular, ésta se queda corta al intentar explicar ciertos comportamientos o prácticas del creyente, que no contraponen en ningún momento las enseñanzas de la Iglesia,
60 Cf. Sahagún, Juan.
El fenómeno religioso, la religión como actitud especifica del hombre. citando a Velasco Juan Martín. 187.
61 Zuluaga,
la religiosidad popular en Colombia, 9.
62
57 ni va en contra del magisterio. Sólo son acciones puras y legítimas de hombre y mujeres que creen firmemente en un santo, en una imagen o en la Virgen María: “Al mundo de las manifestaciones de la religión pertenecen además las realizaciones de lo sagrado en las acciones santas de los ritos de purificación, del sacrificio, del drama mistérico de la liturgia, de la palabra sagrada en el mito, en la leyenda, en la bendición y en los conjuros, así como en la canonización de la tradición religiosa en la sagrada escritura”63. O, como lo clarifica mejor el magisterio en un apartado de la EvangeliiNuntiandi,