Javier Añíbarro Rodríguez
CAUSAS DEL PLEITO
Hasta este punto hemos relatado los sucesos previos al pleito, pero apenas hemos esbozado las causas que movieron al concejo de Santander a litigar. Interponer un proceso frente a alguien con el poder y la riqueza de Iñigo López de Mendoza no era un asunto baladí; antes de comenzarlo debían de ser considerados los pros y los contras16. El Marqués de
Santillana y Duque del Infantado podía permitirse tener una causa abierta durante años, pero el concejo de Santander no. Si la estrategia de los procuradores del Marquesado se basaba en alargar el proceso y la llevaban a cabo con éxito, aquello supondría un desastre económico para la villa y el abandono de la causa17. Además, no tenía sentido arriesgar
tanto esfuerzo y dinero por un puñado de tierra a las afueras de la villa, y menos en un contexto económico delicado como el que atravesaba la villa desde 1467. Sin embargo el concejo decidió pleitear por cinco motivos fundamentales:
1) Base jurídica sólida. La mejor arma con la que contaba Santander frente al Mar- quesado de Santillana era la jurisprudencia. La villa contaba con una larga tradición de pleitos y procesos en los que había salido favorecida ante el Marqués. Éste, por el contrario, carecía de una base jurídica sólida y el control que ejercía sobre algunos de los territorios bajo su dominio se basaba en la usurpación. Por ese motivo, desde principios del siglo XV, los diferentes antecesores del Marqués aprovecharon los momentos de debilidad de la mo- narquía para conseguir privilegios, derechos y confirmaciones en las zonas donde su do- minio señorial aún no estaba claro.
2) Integridad territorial. La pequeña franja de terreno que estaba en disputa era pobre. Entre los testimonios que aparecen en el pleito se menciona el uso agrícola del espacio, principalmente se cultivaba mijo y nabos. Sabemos que los habitantes de Lluja (Santander) habían plantado un seto en un espacio con el fin de proteger las cosechas, pero los hombres del Marqués arrancaron la cerca bajo la excusa de que ese terreno pertenecía a Santillana; con ello trataban de demostrar de facto que aquella tierra les pertenecía18. Otra evidencia
14FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Santander. Una ciudad medieval. Santander 2001, pp. 180-181.
15SOLÓRZANOTELECHEA, J. A.; FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Conflictos jurisdiccionales… op. cit., doc. 2, p. 309, fol. 60 rº.
16FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Santander… op. cit., p. 180.
17La dilatación de los pleitos era común en la justicia de finales del siglo XV, véase ORTEGACERVIGÓN, J. I., “Usurpaciones de térmi- nos…” op. cit., pp. 226-227, y LÓPEZ-SALAZARPÉREZ, J., “Poderosos y adehesamientos…” op. cit., pp. 409-410.
18SOLÓRZANOTELECHEA, J. A.; FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Conflictos jurisdiccionales…. doc. 2, p. 316, fol. 67 vº. En otras partes de Castilla se constata que las zonas más susceptibles de ser usurpadas por parte de los señoríos se correspondía con las zonas limitadas por ca- bidos o mojones. Véase LÓPEZ-SALAZARPÉREZ, J., “Poderosos y adehesamientos…” op. cit., pp. 437-438.
del escaso interés productivo de la zona se muestra cuando se dice que el cabido de la Cues- ta de Otero había desaparecido entre la espesura de los matorrales que crecían por el poco uso agrícola que se daba a aquella zona. Por tanto, el verdadero interés que tenían los ve- cinos de Santander por mantener ese espacio bajo su jurisdicción era conservar el término jurisdiccional de forma íntegra, amén de lanzar un claro mensaje al Marquesado para que no osara volver a cuestionar los límites anteriormente establecidos.
3) Problemas que suponían las ventas para Santander. Tras el deslinde realizado hacia 1479, el Duque del Infantado dio licencia para construir en el terreno en disputa dos ventas: la de Pedro Ortiz (1480-1485) y la de Gutiérrez de Miera, llamada la “Venta de la Amenaza” (1491)19. Ello generaba un doble problema para Santander; por un lado, el Marquesado ha-
bía otorgado una licencia para construir en la zona disputada, y aquello podía constituir un peligroso precedente, pues consentirlo suponía admitir que el Duque del Infantado ejercía su jurisdicción allí. La otra motivación que llevó a los vecinos de Santander a iniciar el pleito fue económica: las ventas estaban situadas a media jornada de Santander. Por ese motivo era frecuente que en ellas pernoctasen los mercaderes que se dirigían con sus pro- ductos a la villa. Sin embargo, cabía la posibilidad de que el propietario de la venta comprase o vendiese productos al mercader, de forma que en la práctica éste se ahorrase completar el viaje hasta la villa, y las tasas por entrar dentro de la misma.
Estas prácticas perjudicaban la economía de la villa muy seriamente, que dejaba de percibir ingresos y al mismo tiempo se desabastecía, con la consiguiente subida de precios (momento en el que el ventero podía optar por vender los productos que había obtenido de los mercaderes). A ello deberíamos sumar otro tipo de problemas relacionados con el tipo de gente que frecuentaban las ventas. No sólo eran mercaderes: también merodeaban proscritos, bandidos, o condenados a destierro que vivían en aquella zona porque, al si- tuarse en áreas marginales de la jurisdicción de la villa, la ley difícilmente se hacía valer20.
4) Contexto político favorable. A finales del siglo XV Santander había recuperado par- te del poder que había perdido durante el reinado de Enrique IV. Además, los Reyes Cató- licos promulgaron una ley en las Cortes de Toledo de 1480 (con antecedentes en las de Madrigal de 1476) en la que ponía orden frente a las usurpaciones realizadas por la nobleza en las jurisdicciones de las ciudades del Reino21. Efectivamente, desde los años ochenta del
siglo XV, se percibe un incremento de las demandas de Santander para que se respeten tanto sus derechos y privilegios como las jurisdicciones terrestres y marítimas22.
El pleito con el Marqués no era el único de importancia en el que participó Santander en la época; tenía abierto otro con el propio Marqués por el incumplimiento de éste de las sentencias que otorgaban a la villa la posesión del puerto de San Martín de la Arena. Además, desde los años ochenta Santander litigaba en otro pleito con el Conde de Salinas
19 FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Santander… op. cit., p. 181. SOLÓRZANOTELECHEA, J. A., FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Conflictos jurisdicciona- les…. doc. 2, p. 556.
20 Ibíd. doc. 2, p. 559, fol. 305 rº, p. 569 fol. 313 vº.
21 ORTEGACERVIGÓN, J. I., “Usurpaciones de términos…” op. cit., p. 226.
22 SOLÓRZANOTELECHEA, J. A., Colección diplomática… op. cit., doc. 148, p. 206, doc. 155, p. 223; A.G.S., Registro General del sello, Agosto 1488, doc. 138, SOLÓRZANOTELECHEA, J. A., Los conflictos del Santander Medieval, Santander 1999, doc. 84.6, p. 393.
por el dominio de la ruta de la sal del interior de Castilla. Esta dinámica la siguieron otras villas, como San Vicente de la Barquera, pero a largo plazo resultó nociva para las arcas municipales23.
5) Tradición conflictiva con el Marquesado de Santillana. Probablemente se trate de uno de los factores que mayor peso tuvo a la hora de abrir el proceso. Los vecinos de San- tander percibían que sus derechos eran violados continuamente por parte de los vasallos del Marqués de Santillana. El deseo de revancha de uno y otro lado daba lugar a un círculo vicioso entre los vecinos, lo que generaba en malestar y algunos episodios de tensión.
Desde principios del siglo XV la lucha entre Santander y el Marquesado por la pose- sión del puerto de San Martín de la Arena había enturbiado las relaciones entre las dos partes. El conflicto pasó a ser considerado como algo personal entre ambas tras la toma de Santander de 1466, y a partir de los años ochenta, coincidiendo con la ley de las Cortes de Toledo, aumentaron las denuncias de Santander por la carga y descarga de mercancías realizadas en San Martín sin la licencia de su concejo. Como la parte del Marquesado no respetaba los derechos de la villa sobre el puerto, Santander comenzó a enviar hombres de armas para apresar las naves y mercancías que operaban sin su consentimiento. Ante esta situación, se abre un nuevo pleito en 1486 por el dominio del puerto de San Martín, que en la práctica no hizo sino aumentar aún más la tensión entre las partes.
Por tanto, el pleito de 1493-1494 debe entenderse como un episodio más en el con- flicto abierto entre el Marquesado y la villa. El desarrollo del proceso forzó el mayor alter- cado entre Santander y el Marqués desde 1466, cuando en la primavera de 1494 los hom- bres de armas de Santander apresaron barcos que operaban sin consentimiento del concejo de la villa en San Martín de la Arena. El bachiller Alonso de Medina, alcalde de Santillana, respondió enviando a sus escuderos a los concejos de San Román, La Llanilla y Cabres, pertenecientes a Santander, y allí tomaron bueyes, acémilas cargadas de pescado, carneros de los carniceros de Santander, y otras mercancías, para transportarlo al Marquesado. La indignación en Santander fue tal, que Gonzalo Sánchez de Castro, alcalde de Santander, se personó en Santillana con sus hombres y arrestó al bachiller Medina, al cual llevó preso a Santander y posteriormente a San Vicente de la Barquera24.
Por todo ello, a nuestro entender, el deseo de revancha y la ambición de superar al Marquesado fueron dos motivos determinantes que llevaron a Santander a entablar el pre- sente pleito. Los daños económicos y el contexto político también fueron factores a tener en cuenta, pero no explican por sí solos la decisión de la villa de emprender un proceso tan arriesgado.
23BLANCOCAMPOS, E.; ÁLVAREZLLOPIS, E.; GARCÍA DECORTÁZAR, J. A., Documentación referente a Cantabria en el Archivo General de Si- mancas. Sección Cámara de Castilla (años 1483-1530). Santander 2005, doc. 206, p. 149. A.G.S., Cámara de Castilla, Pueblos, leg. 17, 15 febrero, 1507.
24Episodios violentos similares están atestiguados en otros lugares de la Península Ibérica; así en 1515 en Cuenca, Jorge Ruiz de Alarcón se propuso sustraer unos pastos que pertenecían a la comunidad de Valverde, la cual respondió enviando hombres de armas para impedir aquel abuso. Véase LÓPEZ-SALAZARPÉREZ, J., “Poderosos y adehesamientos…” op. cit., p. 410. El episodio que describimos apa- rece en FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Santander…, op. cit., p. 181. y SOLÓRZANOTELECHEA, J. A.; FERNÁNDEZGONZÁLEZ, L., Conflictos ju- risdiccionales…, Doc. 2, p. 541, fol. 288 rº; p. 610, fol. 349 vº.