Leticia Agúndez San Miguel
NUEVAS PROPUESTAS DE CONTEXTUALIZACIÓN: LA DEFINICIÓN DE LOS ESTADIOS TEXTUALES
La búsqueda del contexto de escritura específico de esta crónica ha sido objeto de una nue- va preocupación historiográfica que, lejos de llegar a un acuerdo unánime, ha mantenido la divergencia de opiniones, proponiendo una multiplicidad de estadios textuales repre- sentativos de su momento de confección.
Primer estadio textual: la primera mitad del siglo XII
La explotación del material diplomático y los paralelismos con algunas crónicas contem- poráneas son los principales argumentos que sostienen la adscripción de este producto discursivo a la primera mitad esta centuria, y su posterior traducción de la lengua latina al romance en el siglo XIII o XIV.
Por lo que respecta a la explotación del material diplomático inserto en la crónica, la notable presencia del registro jurídico ha constituido en opinión de Javier Jiménez Belmon- te6uno de los principales motivos que han influido en su crítica adversa7, aunque, a su vez,
representa uno de los argumentos más recurridos para apoyar su autenticidad8. Si es una
cuestión innegable que la calidad y cantidad de la información que maneja el cronista es muy sobresaliente, no lo es menos que la inserción del material diplomático que realiza su- pone una importante variación respecto a la estrategia discursiva monástica precedente, e inmediatamente posterior, fundamentalmente sustentada en la confección del Becerro Gó- tico9. Para valorar esta afirmación seleccionaré tres diplomas que se instituyen como ins-
trumentos fundamentales de las libertades y prerrogativas de la abadía, puesto que afirma- ban unánime y contundentemente su derecho a erigirse como centro de dominación social y económico, y de los que el cronista hizo buen uso en su narración. Se trata del fuero breve o del año 1085 otorgado por Alfonso VI, del diploma de confirmación de privilegios y exen- ciones otorgado por este mismo rey en 1087 y de la carta conventionis de 109610.
6 JIMÉNEZBELMONTE, J.,“Hagiografía y denuncia política en la primera Crónica Anónima de Sahagún”, La Coróníca, 29, 2001: 213-232. 7 Éste no constituye ningún rasgo particular de esta fuente, dado que otras crónicas supuestamente contemporáneas, como por ejemplo
la Historia Compostelana, también se caracterizan por la numerosa inclusión de documentos que presentan. Se trataría, siguiendo la definición de Alejandro Higashi, de crónicas que enlazan con una historiografía documental frecuente en las comunidades eclesiásticas. HIGASHI, A., “Contaminación, composición y diferencia en dos crónicas mediolatinas (Historia Roderici e Historia Compostellana)”, Visiones y crónicas medievales. Actas de las VII Jornadas Medievales. Universidad Nacional Autónoma de México: México, 2002, 85. 8 Como apuntaba el último editor del texto, ANTONIOUBIETOARTETA: “A lo largo de la narración de la primera Crónica aparecen citados
una serie bastante numerosa de personajes navarro-aragoneses de segunda y tercera fila como Sanchianes, Geraldo Diablo, etc. O acontecimientos históricos menudos, como puede ser la entrevista del abad de Sahagún y Alfonso el Batallador en Villamayor, cerca de Nájera. La mayor parte han sido documentados, lo que obliga a aceptar que cuando el autor señala que vio algunos acontecimientos es verdad, aunque distorsione un poco la realidad. Es imposible que un redactor no coetáneo tuviese a su disposición la documentación que hoy manejamos y que pudiese construir una visión tan acorde con la posible realidad”. UBIETOARTETA, A., Crónicas Anónimas de Sahagún. Textos Medievales: Zaragoza, 1987, 6.
9 El análisis del Becerro Gótico revela dos fases de confección: la primera, finalizada en torno al año 1110, se caracteriza por compilar la mayor parte de la documentación; la segunda constituye una etapa de incorporación de una serie de diplomas, mayoritariamente de autoría regia, que se realizó de una forma discontinua en el tiempo; razón por la cual caben presuponer circunstancias individuales para la inserción de estos diplomas en este códice diplomático. La cronología de esta segunda fase se inicia a partir del año 1152 y se extiende hasta la segunda mitad del siglo XIII, fecha del cierre definitivo del becerro. Hasta el final de su confección, este cartulario constituyó la principal herramienta en el proceso de construcción memorial y de forja de la identidad monástica confeccionada en el scriptorium monástico.
10 Todos estos documentos se han conservado en versiones posteriores a su supuesta fecha de confección: el fuero de 1085 en una copia de la segunda mitad del siglo XII que fue incorporada al Becerro Gótico en su segunda fase de redacción, el privilegio confirmatorio
Todos estos documentos fueron hábilmente entremezclados por el cronista en su par- ticular versión del fuero de 1085, que constituye una creación propia que no responde al con- tenido de ninguno de los fueros conocidos11. En efecto, en su particular composición el anó-
nimo toma como base el decreto regio señalado e incorpora una serie de privilegios de este monarca que conocemos por distintos documentos. Igualmente, incluye una serie de pre- ceptos cuya constatación documental se sitúa ya en el reinado de Alfonso VII y otros que, ni siquiera, se encuentran atestiguados en la colección diplomática. El específico trabajo de se- lección y de combinación documental que supone esta creación textual, especialmente en lo que concierne a los tres diplomas seleccionados, representa una importante innovación con respecto a la estrategia discursiva que la comunidad monástica había proyectado en la con- fección del Becerro Gótico. Dentro de la primera fase de elaboración de este códice diplomá- tico ninguno de estos tres documentos tuvo cabida12y, en su segunda fase de incorporación,
tan sólo el fuero de 1085 fue juzgado valioso para responder a las nuevas demandas de ga- rantía documental pretendidas con la reapertura de este cartulario.
La exclusión de la carta confirmatoria de 1087 y de la carta conventionis de cualquiera de las dos fases de composición del becerro podría justificarse como un mecanismo para ratificar la estrategia textual que proyecta su discurso, mediante la eliminación de todos los documentos que contienen formas historiográficas que narran conflictos, todo ello con la finalidad de ofrecer una imagen de paz en las relaciones entre el cenobio y los grupos y poderes del entorno. Es por lo que el aprovechamiento del contenido de estos diplomas por parte del cronista supone una notable variación en la estrategia discursiva monástica tanto previa como posterior, de difícil justificación si aceptamos la hipótesis de que la re- dacción de su creación textual se produjo en la primera mitad del siglo XII, período inter- medio de confección de ambas etapas del cartulario. Esta particular versión del fuero de 1085 representa uno de los más ilustrativos ejemplos del recurso a la reescritura presentes en este registro, en el que los mecanismos de reempleo y trasformación permiten la ob- tención de un nuevo producto más acorde con las nuevas expectativas.
El segundo argumento del que se han valido los investigadores para datar el contexto de escritura de esta fuente en el siglo XII viene definido por los paralelismos existentes entre la Primera Crónica Anónima y otras crónicas supuestamente contemporáneas. Una serie de si- militudes que han sido puestas de manifiesto tanto a nivel estructural, como estilístico o pu- ramente de contenido. Las obras que han servido como modelo de comparación con el registro cuestionado son, fundamentalmente, la Historia Compostelana, la Crónica del obispo don Pelayo y la Crónica del emperador Alfonso VII. En virtud de un criterio que evalúa el grado de simi-
en un traslado del año 1414 y la concesión abacial en la obra de Romualdo Escalona. HERRERO DE LAFUENTE, M., Colección diplomática del monasterio de Sahagún, III. Centro de Estudios “San Isidoro”: León, 1988, núms. 823 (año 1085), 830 (año 1087) y 974 (año 1096). 11 RODRÍGUEZ, A., “Los fueros de Sahagún”, Anuario de Historia del Derecho Español, XLII, 1972: 407-412.
12 Éste representa un dato revelador si se tiene en consideración el contexto de dificultades para el poder monástico en el que se con- feccionó la primera fase de este becerro y la utilidad de estos tres diplomas como garantes de la condición privilegiada del monasterio. Sin embargo, podría argumentarse, en función de sus problemas de tradición, que la elaboración de estos tres diplomas se produjo una vez finalizada la primera etapa de composición del cartulario; si bien, restaría, entonces, justificar su exclusión de la segunda fase de redacción del mismo. En cualquiera de los dos casos, lo que quiero poner en evidencia es la importancia de la ausencia de estos diplomas en el becerro dada su provechosa utilidad en el proceso de creación identitaria por el valor de su contenido.
litudes reflejadas, y no el orden cronológico de composición, comenzaré por exponer las se- mejanzas que han sido puestas de manifiesto entre nuestra crónica y la composición pelagiana.
La primera de ellas reside en la práctica literalidad con la que ambos textos reproducen los episodios que narran la institución sucesoria de Alfonso VI y el matrimonio de la reina doña Urraca. Este mismo paralelismo, que en numerosas ocasiones ha sido aceptado para avalar la veracidad de los datos expuestos, ha sido también objeto de cuestionamiento por parte de José María Ramos de Loscertales, en cuya opinión “lo que no es posible a la vista de tanta coincidencia, demasiado abundantes para ser casuales, es utilizar la primera crónica como fuente histórica sin haberla sometido a una crítica rigurosa”13. La segunda de las similitudes que más ha destacado
en ambas fuentes incumbe a la narración del cambio de rito hispano por el romano en el reino de León y Castilla. En los dos registros, como bien ha puesto de relieve Pablo Rudio Sadia14, la
iniciativa de la introducción de la liturgia romana es atribuida al rey Alfonso VI y no al papa Gregorio VII, y ambos relatos proponen el año de 1076 como fecha del cambio. Como se com- prueba, las semejanzas señaladas se corresponden exclusivamente con el nivel del contenido.
La Crónica del emperador Alfonso VII, por su parte, también presenta importantes parale- lismos a este nivel, aunque éste se complementa con un grado estilístico. H. Salvador Martínez15
ha sido el encargado del estudio de la interconexión entre ambas crónicas. Según este autor, el providencialismo, las rebeliones y la aversión hacia Alfonso “el batallador”16son tres temas do-
minantes que caracterizan a estos dos registros. Más concretamente, existen otros indicios que justificarían una posible dependencia textual. En su opinión, “es una verdadera lástima que las semejanzas de mayor bulto, como los giros y ciertas expresiones, las encontremos hoy muy pa- liadas por hallarse el texto en castellano, pero no cabe duda de que el texto latino presentaba una más estrecha relación con la Crónica Adefonsi Imperatoris”. Con todo, el principal punto de co- nexión que presentan estas fuentes, y que supone una completa particularidad de ambos textos, se aprecia en el relato del famoso pasaje del robo de la reliquia del Lignum Crucis por parte del Alfonso “el batallador”. Para Salvador Martínez, “el parecido es tan grande, incluso en las palabras, que pudiera pensarse en una dependencia directa. ¡Lástima que el texto latino del Anónimo no se haya conservado!, pero aún el castellano del siglo XIV es bastante elocuente”17.
13 RAMOS DELOSCERTALES, J. M., “La sucesión del rey Alfonso VI”, op. cit.: 61.
14 RUDIOSADIA, P., “El cambio de rito en Castilla: su iter historiográfico en los siglos XII y XIII”, Hispania Sacra, vol. 58, 117, 2006: 11-14. 15 SALVADORMARTÍNEZ, El poema de Almería. Gredos: Madrid, 1975, 110.
16 Algunos autores han señalado que no hay monumento en toda la historiografía española que contenga más violentas expresiones contra este rey que la crónica de Sahagún. Es evidente la animadversión del cronista anónimo por Alfonso “el batallador”, no obstante, como apunta Maurilio Pérez González, la Historia Compostelana, el Chronicon Mundi de LUCAS DETUY, los Anónimos de Sahagún, el De rebus Hispaniae de RODRIGOJIMÉNEZ DERADAy otras obras no son menos duras en su valoración de Alfonso I de Aragón. Según esto, el juicio de la crónica se halla en la línea del sentir común de los castellanos y leoneses de la época, quienes nunca olvidaron ni perdonaron las devastaciones de Alfonso I de Aragón en tierras de Castilla y León. Esta caracterización común, al margen de su ve- racidad histórica, responde a que, como propone Leonardo Funes, en los discursos historiográficos “la categoría de personaje se cons- truye sobre el modelo de la figura ejemplar, de modo que el carácter figural potencia su capacidad condensadora de lo histórico y de lo axiológico y la ejemplaridad sostiene su trascendencia histórica”. Este recurso narrativo de la ejemplaridad fue magistralmente aprovechado por el anónimo, quien construye todo su relato mediante la estructura de pares opuestos, personajes enfrentados, que se posicionan como benefactores o detractores del cenobio y que adquieren tanto un grado individual como colectivo, acentuando el discurso apocalíptico de la narración. PÉREZGONZÁLEZ, M., “Crónica del Emperador Alfonso VII”, El reino de León en la Alta Edad Media. IV. La Monarquía (1109-1230). Centro de Estudios e investigación “San Isidoro”: León, 1993, 96-97. FUNES, L.,“Elementos para una poética del relato histórico”, Poétique de la chronique. L´écriture des textes historiographiques au Moyen Âge (péninsule Ibérique et France). CNRS: Tolouse, 2008, 241-274.
Finalmente, la comparación entre la Primera Crónica Anónima y la Historia Composte- lana es un ejercicio casi automático, tratándose de las dos únicas crónicas que narran las re- vueltas burguesas acaecidas en el reino de León durante la primera mitad del siglo XII. Es por ello por lo que el aprovechamiento conjunto que de ambas fuentes se ha realizado por los investigadores interesados en el estudio de ese tema ha sido ampliamente sostenido18. Las
semejanzas de contenido quedan, por tanto, más que justificadas; razón por la cual, prefiero centrar mi análisis en los paralelismos estructurales y estilísticos que presentan estos registros. Unos paralelismos que, para el caso de la Historia Compostelana, han sido particularmente puestos de manifiesto en la parte cuya autoría se atribuye a Giraldo de Beauvois19.
La primera de las notables similitudes que encontramos concierne a la estructura in- terna del relato y a su capacidad para definir modelos de intencionalidad didáctica. La dis- posición textual del anónimo sucumbe ante dos grandes segmentos temporales de narra- ción, la fase alfonsina20y la fase post-alfonsina, que ilustran la transgresión que supuso
para el poder monástico la transición del reinado de Alfonso VI al de su hija Urraca. Desde su perspectiva tendenciosa, el cronista concibe la muerte del rey como el acontecimiento clave que marcará el fin de una etapa idílica:
“E ansí como la serpiente tiene consigo las armas mortíferas (…) los burgueses asçondían e çelavan la maliçia e venino de su coraçón en tanto en quanto el rei don Alfonso tubo e mantubo el señorío de su reino; e así como el aspóstol san Pablo diçe de los perversos como conociesen a Dios, no le glo- rificaron como a Dios, nin fiçieron a él gracias debidas, mas enbasçieron en sus pensamientos. E como nos, malaventurados, toviésemos tienpos seguros e de gran paz e sosiego, non conosçimos al dador de tanto bien, e por tanto non es maravilla si por tanto desagradesçimiento seamos dados e puestos en las bocas de las bestias fieras, las quales acaresçen de entrannas, de misericordia e piedad, alongado de nos primeramente el bengador de la maldad, e tirado de nos el padre de Espanna”21.
Por su parte, en el momento en el que Giraldo de Beauvais se incorpora a la narración compostelana la idea de que la muerte de Alfonso VI representa el inicio de un período de convulsiones se abre paso:
“Tras su muerte, la fidelidad, como si nunca hubiese existido, es relegada y la paz que en otro tiempo había dominado el reino desaparece”22.
18 PASTOR DETOGNERI, R., Resistencias y luchas campesinas en la época del crecimiento y consolidación de la formación feudal. Castilla y León, siglos X- XIII. Siglo veintiuno: Madrid, 1980. PALLARESMÉNDEZ, M. y PORTELASILVA, E., “Revueltas feudales en el camino de Santiago: Compostela y Sahagún”, Las peregrinaciones a Santiago de Compostela y San Salvador de Oviedo en la Edad Media. Gobierno de Asturias: Oviedo, 1993, 313-334. HENRIET, P., “In injuriam ordinis clericalis. Traces d´anticléricalisme en Castilla et León (XIIe-XIIIe
s.)”, Cahiers de Fanjeaux, 38, 2003: 289-319. MARTÍNEZSOPENA, P., “Los francos en la España de los siglos XI al XIII”, Minorías y mi- graciones en la Historia. Universidad de Salamanca: Salamanca, 2004, 25-66.
19 Según los especialistas, Giraldo terminó el libro I y redactó la mayor parte o todo el libro II. FALQUEREY, E., Historia Compostelana. Akal: Madrid, 1994, 13-14.
20 La organización del material textual reunido para la composición de esta crónica, analizado desde su perspectiva retórica, se dispone en tres segmentos temporales: el primero tendría la función de un extenso exordio en el que la atención del público se dirige a la ge- nealogía del monasterio y a su época de esplendor; el segundo conjugaría la narratio y la argumentatio para contrastar dramáticamente ese esplendor primitivo con el elenco de desgracias denunciadas; y, el tercero, con la celebración del concilio, asumiría la función de la conclusio. Dentro del primero de estos tres segmentos temporales, la narración de las actuaciones de Alfonso VI, seleccionadas siempre por su estrecha vinculación con la historia del monasterio, representa el núcleo fundamental de la composición. 21 UBIETOARTETA, A., Crónicas Anónimas de Sahagún, op. cit.: 24.
En el nivel estilístico, ambos textos comparten un acabado retrato del rey castellano- leonés, repleto de arquetipos regios, que, en forma de encomio, define un modelo princi- pesco de intencionalidad didáctica que obedece a la imagen de una realeza sometida a la tuitio eclesiástica en su versión monástica23.
La notable presencia del autor en ambas crónicas, pese al anonimato que define al texto sahaguntino, y el carácter de gesta de algunos de los hechos narrados, entre los que destacan sus propias actuaciones, representan otros de los principales puntos de conexión reseñables entre ambas fuentes24. A diferencia de la discreta posición que otros autores de
crónicas contemporáneas adquieren en el desarrollo de su tarea, nuestros cronistas han vi- vido los sucesos, conocen y estiman el funcionamiento de los mismos, y participan con pasión de las historias que relatan, lo que amplifica la eficacia narrativa de su discurso. Su protagonismo, a su vez, es el reflejo del grado de confianza que las autoridades responsables de sus centros les profesaban. Como episodios representativos de sus incursiones en los textos seleccionaré algunos de los múltiples viajes en que se vieron involucrados:
“Así pues, se decidió que el obispo Diego de Orense y yo, Giraldo, canónigo de la iglesia de Santiago que intervine en los asuntos anteriores y escribí este relato, fuéramos a ver al papa Gelasio para obtener la dignidad arzobispal (…) Pero nosotros, tras hacer una pequeña parte aún de nuestro viaje, cuando