mayor parte de la gente, Wittgenstein piensa que las expli caciones que da no tienen a su favor sino el hecho de que
45 Cfr Anthony Kenny, “The Hom unculus Fallacy”, en The Legacy of
Wittgenstein, B. Blackwell, Oxford, 1984, pp. 125-136. El error consis
te en utilizar predicados que sólo son normalmente aplicables a seres humanos y a animales com pletos a algunas de sus partes (como el cere bro) o a otros dispositivos a los que se les supone que cumplen una fun
Como con exactitud lo hace notar Archard, hay una rela ción directa entre la crítica que consiste en invocar la incom patibilidad de explicación causal y de explicación intencional y la que pone de relieve el carácter fundamentalmente ina propiado de toda tentativa reduccionista de explicación de lo que es propiamente psíquico o mental a partir de algo pura mente neurofisiológico: “La explicación causal parece plau sible en tanto que es, y en la medida en que es, una explica ción neurofisiológica; al contrario, el lenguaje intencional parece únicamente apropiado para una explicación de lo que es irreductiblemente mental o psíquico. Lo que hay que decir inmediatamente es esto: en primer lugar, la aceptada inade cuación de las teorías neurofisiológicas de Freud no puede ni debe considerarse como algo que demuestra el fracaso de toda explicación reduccionista en tanto que tal; en segundo lugar, una interpretación dualista de Freud presentaría problemas, a la vez, en lo que se refiere a su presunto dualismo, y tam bién como mera interpretación de Freud” (op. cit., p. 130).
En el buen entendido de que sería absurdo y deshones to reprocharle a Freud no haber resuelto un problema que es el de todas las teorías o filosofías de la mente, y que nin guna de ellas, incluso las más “científicas” y las más recien tes, no han resuelto, por ahora, de un modo realmente satis factorio. La dificultad con la que se topa es la de todas las concepciones que se proponen dar cuenta de la intenciona lidad y de la inteligencia, que se manifiestan a nivel perso nal, intentando hacerlas emerger de la combinación y de la cooperación de constituyentes y de agentes en principio inin teligentes y ciegos (así, en todo caso, es como tienen que aparecer en el estadio del último análisis, en el cual han sido eliminados todos los “homúnculos” de los estadios anterio res) que pertenecen a un nivel subpersonál. A veces se ha sugerido que Lacan ha resuelto la dificultad que subsiste en
ción semejante; el error, pues, está en ignorar la indicación de Wittgens- tein: “Sólo de seres humanos y de los que se les parece (comportándose de m odo semejante) podem os decir que tienen sensaciones, ven, están ciegos, oyen, están sordos, son conscientes o in con scien tes” (Philoso-
phische Untersuchungen, § 281).
Freud, olvidando de una vez por todas las concesiones al materialismo vulgar, al reduccionismo y al biologismo, y a los préstamos “desdichados” tomados del lenguaje de la ener gética y de la causalidad bruta, para concentrarse únicamente sobre la naturaleza propiamente lingüística del inconscien te. Al contrario, pienso que no hay nada de esto, por razo nes que tienen que ver con el hecho de que eso que en Lacan aparece bajo el nombre de “lenguaje del inconsciente”, o bien no es aún un lenguaje, o bien nos proporciona única mente una versión lingüística un poco más sofisticada de la aporía fundamental. La conclusión de Archard me parece, sobre este punto, enteramente justificada: “Bien puede ser irrealista considerar al inconsciente como un agente lingüís ticamente sofisticado, políglota, culturalmente educado y superinteligente. Y, en esta medida [...], poco razonable e inútil aceptar que tal inconsciente existe. Esto puede no ser incoherente. Lo que es imposible es exigir del lenguaje que, por ejemplo, las palabras o los significantes estén enteramente separadas de sus significaciones o significados; que la signi ficación tenga que encontrarse en las interrelaciones de las palabras en tanto que palabras. Si efectivamente el psicoa nálisis exige semejante teoría psicoanalítica del lenguaje y de la significación, entonces se puede argüir que la teoría psi coanalítica es incoherente en otro nivel que el de su teoría de la m ente.[...] Éste podría ser el totalmente involuntario mérito de la aproximación de Lacan” (p. 132). Si la famosa “primacía del significante sobre el significado” significa que el inconsciente no es sensible sino a las propiedades pura mente fonéticas y sintácticas de los significantes, en tanto que tales, y los manipula de una manera que corresponde a lo que denominaríamos un tratamiento puramente formal (y, así, “mecánico”), el concepto usual de significación no es realmente aplicable a este nivel. El sentido no puede resul tar simplemente de las relaciones inestables y de los movi mientos relativos de los significantes, considerados única mente como significantes. Reemplazar la energética vulgar por una dinámica lingüística de la metáfora y de la metoni mia, de los cambios y los deslizamientos de sentido, etc., y la causalidad física o psicológica por una forma más abstracta y más etérea de “causalidad estructural”, no nos acerca más
al nivel en el que pueden ser realmente introducidas nocio nes como la de intencionalidad y de significación propia mente dichas.
Si se considera que la esencia del lenguaje es ser una acti vidad gobernada por reglas, el lenguaje formal del incons ciente no es un lenguaje, porque las “leyes lingüísticas” a las cuales obedece no pueden ser sino leyes de tipo causal, y no reglas. De lo que precisa Lacan es de un sistema que fun cione “como un lenguaje”, es decir; por la aplicación de reglas, pero lo que de hecho propone no es sino un mecanismo cau sal de un tipo peculiar46. El concepto de regla no puede ser, para Wittgenstein, completamente separado de la idea de un usuario que conoce y aplica las reglas. Y esto significa que, o bien el inconsciente no aplica ninguna regla y no habla nin gún lenguaje, o bien las reglas de las que se trata en este nivel son aplicables por un agente que las conoce o que es, en principio, capaz de reconocerlas. Es posible que Baker y Hac- ker hayan radicalizado bastante la posición de Wittgenstein cuando han concluido, de sus indicaciones sobre lo que sea “seguir una regla”, una suerte de refutación anticipada de todas las teorías contemporáneas del lenguaje construidas sobre la idea de reglas que el sujeto aplica sin conocerlas, y que no pueden ser descubiertas sino por el procedimiento científico que consiste en formular hipótesis y teorías expli cativas sobre el comportamiento lingüístico47. Pero lo que resulta claro, si se es sensible a los argumentos de W itt genstein, es que tiene que concluirse que nociones como las de significación, uso, regla, corrección (e incorrección), etc., no son aplicables al tipo de actividad “lingüística” que efec túa, según Lacan, al nivel del inconsciente o en el incons ciente. No es pues, con seguridad, su común interés por el lenguaje y la importancia central que atribuyen a la proble mática del lenguaje para la comprensión de los fenómenos
46 Sobre este punto, cfr. Grahame Lock, “Analytic Philosophy, Psycho- Analytic Theory and Formalism”, Revue de Synthése, abril-junio, 1987, pp. 157-176.