mayor parte de la gente, Wittgenstein piensa que las expli caciones que da no tienen a su favor sino el hecho de que
68 Ursache und Wirkung: Intuitives Etfassen, p 392.
ello tiene que ser introducida como una forma particular y específica de nuestra proposición, que de hecho, aquí, apa rece como principio de razón suficiente de la acción, princi-
pium rationis agendi, más brevemente, ley de la motivación” (Über die vietfache Wurzel des Satzes vom zureichenden Grande,
§ 43). Schopenhauer sostiene que la motivación no es sino “la causalidad pasada por el conocimiento”, y el motivo obra con la misma necesidad que todas las causas. La ley de moti vación es, como ley de causalidad, una ley natural y se apli ca con el mismo rigor: “La voluntad humana también tiene su ley, porque el hombre forma parte de la naturaleza: es una ley que puede demostrarse con todo rigor, ley inviolable, ley sin excepción, ley firme como la roca, que posee no una casi-necesidad, como le sucede al imperativo categórico, sino una necesidad plena: es la ley del determinismo de los moti vos, que es una forma de la ley de causalidad, de la causali dad pasando por un intermediario, el conocimiento. Es la única ley que se puede atribuir, en virtud de una demostra ción, a la voluntad humana, y a la cual obedece por natura leza. Esta ley exige que toda acción, simplemente, sea la con secuencia de un motivo suficiente. Es, como la ley de causalidad en general, una ley de la naturaleza”69. En otros términos, el hecho de que el conocimiento sea el interme diario obligado de la causalidad de los motivos no impediría a la ley de motivación ser un simple caso particular de la ley de causalidad, y dar lugar, así, a un determinismo tan rigu roso como el suyo. Wittgenstein considera esto como una confusión gramatical. Para él, la conexión causal simplemente no es ese tipo de cosa que podría, por un lado, ser objeto de una hipótesis y, por otro, de una experiencia inmediata. Como dice en uno de sus manuscritos: “La ‘conexión causal’ no es una conexión primaria, lo que significa que no cabe sentirla (u otras cosas de este tipo)”.
Desde luego es destacable que el propio W ittgenstein (como cualquiera, por otra parte), vacila a veces, y de un
69 A. Schopenhauer, Lefondement de la morale, Aubier-Montaigne, París, 1978, p. 16.
modo peculiar, entre el lenguaje de las razones y el de las causas, y, así, aunque considera que el psicoanálisis no es una disciplina causal, pues descubre razones y no causas, no ha dejado de escribir en las Investigaciones filosóficas:
A la pregunta de por qué me imaginaba la ciudad en esa dirección, de momento no puedo dar ninguna respuesta. No tenía ningún motivo para creerlo. Pero aunque no tenía ninguna razón, parece que veo ciertas causas psicológicas. Se trata de ciertas asociaciones y '• recuerdos. Por ejemplo, éstos: caminábamos a lo largo de un canal, y una vez anteriormente, bajo circunstan cias parecidas, yo también había seguido un canal, y la ciudad se hallaba entonces a la derecha. -E s com o si yo pudiera tratar de encontrar psicoanalíticamente las causas de mi convicción injustificada (p. 555 -trad. cast., p. 493).
Wittgenstein habla aquí de la posibilidad de reconstruir, por un método análogo al del psicoanálisis, la cadena causal de las asociaciones, de los recuerdos, etc., que han condu cido a la convicción injustificada de la que intento averiguar el origen. Pero aun así éste no es el tipo de explicación que, según él, proporciona el psicoanalista cuando explica un sue ño, un lapsus o un acto fallido -p u es no es ésta una expli cación causal.
Puede decirse, si se quiere, que una causa no puede ser conocida, sino únicamente conjeturada; al contrario, perte nece a la naturaleza de una razón el poder ser conocida, pero no el ser conjeturada; eso, claro, cuando resulta conocida, siempre de modo provisional y en la perspectiva de un posi ble reconocimiento (en el buen entendido de que se trata de una posibilidad lógica, no práctica) por parte del interesado: “De la causa puede decirse que uno no puede conocerla, sino sólo conjeturarla. Por otra parte, se dice frecuentemen te: “Sin duda tengo que conocer por qué lo hice” hablando del motivo. Cuando digo: “sólo podemos conjeturar la cau sa, pero conocemos el motivo”, veremos más tarde que este enunciado es un enunciado gramatical. El “podem os” se refiere a una posibilidad lógica” (The Blue Book, p. 15 -trad. cast., p. 43-). El hecho de que el sujeto ignore generalmen
te una buena parte de las razones que le llevan a actuar no reduce éstas al estado de causas sobre las cuales sólo cabría formular hipótesis. Lo que en estos casos se ignoran son pre cisamente razones, no causas. En otros términos, Freud tra ta una razón como una causa, suponiendo que aquélla pue de ser conjeturada por un procedimiento de tipo científico y finalmente confirmada por la aceptación del sujeto, que la reconocería como habiendo sido efectivamente su razón; y, también, trata la causa como una razón, suponiendo que las causas que busca pueden ser conocidas de la segunda mane ra, que nada tiene que ver con la manera en la que se verifi can las hipótesis causales en una ciencia experimental.
Cioffi se pregunta si, hablando de una confusión entre las razones y las causas, no se deja en la sombra un elemento esencial de la situación: las razones que son causas consti tuyen justam ente razones que el sujeto muy bien puede ignorar (como ignora la mayor parte de las causas de su com portamiento) o no aceptar, a pesar de que sean las “verda deras” razones (según la teoría). Decir que la acción ha sido determinada por un proceso inconsciente implica decir, pre cisamente, que ha sido producida por algo que puede, a la vez, ser ignorado y permanecer ignorado (como una causa) y ser conocido con una certeza inmediata (como una razón), de manera que siempre es posible interpretar la negativa del sujeto como un normal desacuerdo (pero sin consecuen cias) sobre la causa de su acción, y su asentimiento como la prueba de hecho de que la verdadera razón ha sido iden tificada: “La objeción que puede formularse contra la idea de que, en este contexto, los discípulos de Freud han come tido la monstruosa confusión entre causa y razón es que esto representa la situación real, y no tanto un estado de confu sión sin remedio; aunque así se deja de lado que la confu sión es astutamente explotada para servir a los intereses de la teoría. En la noción de razones que son causas, hay más de astucia gramatical que de enredo gramatical” (Wittgens-
taris Fraid, p. 195).
A veces se supone que lo que se opone a la asimilación de las razones a las causas es el carácter automático y obli gatorio con el que obran las causas, mientras que la acción de razones es o, en todo caso, debe ser compatible con el
. ejercicio de la voluntad libre. Podría decirse, en el lenguaje de Leibniz, que a diferencia de las causas, las razones incli nan sin obligar. Estando dada una causa, y permaneciendo igual lo demás, el efecto habitual se sigue de ella ineludible mente. Nada de esto puede decirse en el caso de las razones. ¿ Lo que es una razón suficiente para alguien en unas cir
cunstancias determinadas no lo es necesariamente para otra persona, ni para la misma en diferentes circunstancias. La posibilidad para una razón de obrar como una causa deter minante de una acción depende de una multitud de condi ciones diversas que a priori es difícil, por no decir imposible, especificar realmente. Si las razones son causas, serían unas causas que obran de un modo que no se presta a la formu lación de leyes causales. Una de las principales ventajas de la explicación motivacional sobre la explicación causal es, precisamente, que el poder explicativo de un motivo no está subordinado a la existencia de una conexión invariable entre el motivo y el comportamiento que él explica,
t Pero Wittgenstein es el primero en subrayar que una ley es simplemente la expresión de una regularidad natural, y que es una ilusión imaginarse que ella, de alguna manera, es capaz de obligar a los sucesos a desarrollarse como lo hacen: “¿Qué demonios podría significar que la ley natural obliga a las cosas a ir como van? La ley natural es correcta, eso es todo. [...] No hay razón por la cual, incluso si hubiese una regularidad en las decisiones humanas, no sería libre. No hay nada en la regularidad que haga de una cosa libre o no libre. La noción de obligación está ahí si pensamos en la regulari dad como obligación; como producida según unos rieles. Si, además de la noción de regularidad, introducimos la noción de ‘Esto debe desplazarse así porque los rieles están así dis puestos”’70. Wittgenstein llama la atención sobre el hecho de que la explicación por las causas y la explicación por las razones corresponden a dos juegos de lenguaje bien dife rentes. Nada de lo que dice sugiere que está dispuesto, ade