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Cfr Donald Davidson, “Actions, Reasons and Causes”, en Essays

mayor parte de la gente, Wittgenstein piensa que las expli­ caciones que da no tienen a su favor sino el hecho de que

71 Cfr Donald Davidson, “Actions, Reasons and Causes”, en Essays

on Actions and Events, Clarendon Press, Oxford, 1980, pp. 9-19.

empírica y extema entre dos sucesos. A lo cual Davidson objeta que esto no excluye que la redescripción de la acción la describa igualmente como habiendo sido producida por ciertas causas y que, correlativamente, una proposición cau­ sal verdadera (en el sentido de que identifique realmente la causa) puede ser analítica o sintética, según la manera en que ella describa la causa en cuestión. En ciertos casos, determinar el motivo real de una acción resulta, eso pare­ ce, lo mismo que identificar el agente causal que efectiva­ mente ha producido la acción.

Wittgenstein insiste, por su parte, sobre el hecho de que no podemos decir de una razón lo que diríamos de una cau­ sa, a saber: que la razón es una buena razón si hace proba­ ble (e incluso, quizá, en el límite, que hace cierto) el que ocu­ rra el suceso concernido. Decir que una razón es una buena razón significa, sólo, que corresponde a un cierto patrón de una buena razón, un patrón que a su vez no remite a una razón ulterior. Cuando decimos que el miedo está justifica­ do (por una buena razón), no hay una nueva razón para con­ siderar esa razón como una buena razón. Pero la cuestión de saber lo que hace de la razón que aceptamos una verdadera razón es precisamente lo que deberíamos plantear si la rela­ ción de la razón con aquello que ella justifica fuese una relación empírica: “Si la justificación de una creencia fuera una relación empírica, entonces deberían preguntarse aún ‘¿Y por qué ésta es precisamente una razón de esta creencia?’ Y así continuamente”. No cabe, pues, considerar la justifi­ cación por una razón como una relación que nos enseña la experiencia sin arriesgamos, inmediatamente, a ser envuel­ tos por una regresión al infinito. No es la experiencia lo que nos justifica el que lleguemos a considerar algo como una (buena) razón: “La experiencia enseña que la causa de B es A, y por consecuencia que haya sucedido A es una buena razón para suponer que sucederá B. Pero no puede decirse que la experiencia enseña que la experiencia repetida de la coincidencia es una buena razón para suponer que las coin­ cidencias continuarán”. Es un hecho que cuando se nos pre­ gunta por la razón de una creencia, no procedemos como cuando se nos pregunta por la causa de un suceso: “Pre­ guntado por las razones de una suposición, se reflexiona

sobre esas razones (man besinnt sich). ¿Es lo mismo que ocu­ rre cuando reflexionamos sobre lo que pueden haber sido las causas de un suceso?” En las Investigaciones filosóficas, Wittgenstein nos invita a comparar los dos juegos de len­ guaje siguientes: a) un juego de lenguaje en el cual se da a alguien la orden de efectuar ciertos movimientos con el bra­ zo o de adoptar ciertas posturas corporales; b) un juego de lenguaje en el cual alguien observa ciertos procesos regula­ res, como por ejemplo, las reacciones de diferentes metales a los ácidos y formula predicciones sobre las reacciones que tendrán lugar en ciertos casos. “Hay, subraya Wittgenstein, entre estos dos juegos de lenguaje un evidente parentesco, e igualmente una diferencia básica. En ambos casos podría decir que las palabras expresadas son ‘predicciones’. ¡Pero compárese el adiestramiento que conduce a la primera téc­ nica con el que conduce a la segunda!” (§ 630). A fin de cuentas, quizá, todo lo que se puede decir acerca del juego de lenguaje de la explicación por razones y del de la expli­ cación por causas, es que tienen, a la vez, un indiscutible parentesco (el conocimiento de las razones puede, como el de las causas, ser utilizado para realizar predicciones) y una diferencia esencial Qos dos juegos de lenguaje en absoluto son aprendidos ni jugados del mismo modo).

La diferencia “gramatical” que W ittgenstein establece entre las razones y las causas y entre la explicación por razo­ nes y la explicación por causas casi siempre parece haber sido comprendida como si dijese que si algo es una razón, enton­ ces no puede ser al mismo tiempo una causa. Pero W itt­ genstein no dice explícitamente nada que pueda excluir esta posibilidad; y en sus Lecciones de filosofía de la psicología de

1946-1947, hallamos la siguiente nota:

Ofrecer el motivo es un juego de lenguaje específi­ co -igual que la formulación de un deseo o una inten­ ción también lo e s-. Un perro no aprenderá a hablar, tampoco un cerdo aprenderá a contar una historia. Algu­ nos hombres no aprenden a hablar, otros aprenden unos juegos de lenguaje y no otros -p o r ejemplo, aprenden a decir “manzana” y nunca aprenden “si... entonces”, ni tampoco a ofrecer motivos.

Si tengo miedo de algo, eso no quiere decir “Tengo el m iedo en la cara”. Y lo m ism o con la sorpresa. La expresión de miedo o de sorpresa contiene un objeto. [...] Ofrecer el motivo de una acción es como enunciar el objeto del miedo o de la sorpresa; el motivo, o el obje­ to, puede igualmente ser una causa.

¿Debe ser el motivo una causa probable de la acción? Si digo que lo he asesinado porque comía una manza­ na y no digo que quería esa manzana o que odio a los que comen manzanas, entonces los demás no lo acep­ tarán como un motivo/como una causa probable72. El punto importante, pues, parece ser que incluso si la razón o el motivo pueden eventualmente ser una causa, en todo caso no pueden ser simplemente una causa. Así sería excesivo imputar a Wittgenstein la tesis de la incompatibili­ dad entre la explicación por razones y la explicación por cau­ sas. Todo lo más lo que él defiende es la irreductibilidad del primer tipo de explicación respecto al segundo. Davidson mis­ mo ha reconocido que no tiene una solución realmente satis­ factoria a la cuestión de qué tipo de causa debe ser una razón para que se pueda decir, al mismo tiempo, que racionaliza la acción: “No creo haber acertado a interpretar el modo en que las actitudes deben causar las acciones si tienen que raciona­ lizar la acción”73. Puede decirse, como lo hace en el artículo titulado “Intending”, que “una acción es efectuada con una cierta intención si es causada de buena manera (in the right

way) por las actitudes y las creencias que la racionalizan”74.

72 Wittgenstein’s Lectures on Philosophical Psychology 1946-1947, Notas de P T. Geach, K. J. Shah, A. C. Jackson, editado por P T. Geach, Har- vester-Wheatsheaf, Nueva York-Londres, 1988, pp. 82-83.

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