de modo general, desconfiar del fruto tan tentador del árh: del conocimiento psicoanalítico.
29 Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse (16), Fischer Tas-
chenbuch Verlag, Francfort, 1977, p. 234.
completamente diferentes. Desde luego no es, entiéndase bien, en el hecho de postular la existencia de un mecanismo mental inconsciente destinado a explicar las acciones del espí ritu ni tampoco en el hecho de proponer un modelo concre to de lo que podría ser ese tipo de mecanismo, donde reside la mitología. Como siempre ésta viene engendrada únicamente por analogías superficiales entre cosas que son, desde el pun to de vista “gramatical”, completamente distintas. Como dice Wittgenstein, en la gramática no hay nunca pequeñas dife rencias. La dificultad de la posición de Freud podría pues ser resumida con los enunciados siguientes: 1) Lo mental es intrín secamente inconsciente y la conciencia no le añade nada que sea esencial. 2) El inconsciente no puede, por razones intrín secas, ser conceptualizado y descrito sino desde el punto de vista de la conciencia: “[...] El inconsciente es, desde el pun to de vista de su relación con la conciencia, con la cual tiene muchas cosas en común, fácil de describir y de seguir en sus desarrollos; acercarse a él a partir de los procesos físicos apa rece, por contra, como algo que por el momento tiene que ser excluido. Debe permanecer, pues, como objeto de la psi cología” (Das Interessean der Psychoanafyse, p. 116). Como lo subraya Koffka: “[...] Cuando se ha considerado necesario ir más allá de lo consciente en la descripción y explicación del espíritu, se han imaginado las partes no conscientes del espí ritu como fundamentalmente análogas a las partes conscien tes, es decir, como fundamentalmente análogas en todos sus aspectos o propiedades, con la excepción del hecho de ser conscientes. En consecuencia, los elementos del espíritu, como se les llama, son concebidos como existiendo bajo dos formas, la forma consciente y la forma inconsciente”30. “A pesar de la revolución que se supone que ha efectuado en nuestro modo de percibir y de comprender el inconsciente, Freud no formula ninguna excepción a esta regla: ‘El deseo inconsciente es exactamente semejante a un deseo conscien te, salvo en que no es consciente’. Lo cual traiciona la misma
30 K. Koffka, “On the Structure of the U nconscious”, en Ethel Dum- mer (ed.), The Unconscious, A Symposium, Nueva York, 1928, p. 43.
posición adoptada; el espíritu sería específicamente cons ciente, por consecuencia todo lo que es mental debe ser con cebido en términos de conciencia, incluso si no es ello mis mo consciente” (ibíd., p. 47).
En sus Lecciones de Cambridge de 1932-1935, Wittgenstein consagra un largo pasaje, que será útil citar integralmente, a una discusión de lo que hace Freud:
Quisiera hacer una observación sobre una cierta cone xión que Freud cita, entre la posición fetal y el sueño; da la impresión de ser una conexión causal, pero que no lo es, en la medida en que no es posible hacer una expe riencia psicológica con esa índole. Su explicación hace lo que hace la estética: pone dos factores uno al lado del otro. Otro asunto que Freud trata psicológicamente, pero cuyo estudio tiene el carácter de un estudio estético: el de la naturaleza de los chistes. La pregunta “¿cuál es la naturaleza de los chistes?” es análoga a la pregunta “¿cuál es la naturaleza de un poema lírico?”. Pretendo examinar en qué la teoría de Freud es una hipótesis y en qué no lo es. La parte hipotética de su teoría, el inconsciente, es la pane que no es satisfactoria. Freud piensa que el disimu lar algo es una pane esencial del mecanismo de un chis te, por ejemplo el deseo de difamar a alguien, y por eso le da al inconsciente la posibilidad de expresarse. Dice que quienes niegan el inconsciente no pueden dar ver daderamente cuenta de la sugestión posthipnótica o del hecho de despertarse a una hora inhabitual porque lo hemos decidido. Cuando reímos sin saber por qué, Freud pretende que puede encontrar una respuesta gracias al psicoanálisis. Aquí veo una confusión entre una causa y una razón. Tener clara la razón por la que nos reímos no es tener clara su causa. Si éste fuera el caso, entonces la conformidad con el análisis del chiste, dado como expli cación de por qué nos reímos, no sería un medio de su verificación. El éxito del análisis se supone que viene reve lado por la conformidad de la persona. Y no hay nada que corresponda a esto en física. Bien entendido, nosotros podemos dar las causas de vuestra risa, pero en cuanto a saber si éstas son de hecho las causas esto no se estable ce por el hecho de que la persona esté conforme para decir que en efecto son ellas. Una causa es descubierta experi
mentalmente. El modo psicoanalítico de descubrir por qué una persona ríe es análogo al de una investigación estética. Porque la corrección de un análisis estético debe ser la conformidad de la persona a la que se le propor ciona el análisis. La diferencia entre una razón y una cau sa puede ser explicitada del modo siguiente: la investiga ción de una razón entraña com o una parte esencial el acuerdo del interesado con ella, mientras que la investi gación de una causa es realizada experimentalmente. [“Eso sobre lo que el paciente se pone de acuerdo no puede ser una hipótesis concerniente a la causa de su risa, sino úni camente el hecho de que tal o cual cosa ha sido la razón por la cual se ha reído.”] Bien entendido, la persona que está conforme con la razón no era consciente en el momen to en que de hecho era su razón. Pero sólo es un modo de hablar decir que la razón era inconsciente. Puede ser cómodo hablar de este modo, pero el inconsciente es una entidad hipotética que extrae su significación de la verifi cación que tiene las proposiciones. Lo que Freud dice sobre el inconsciente tiene el aspecto de ser algo científi co, pero de hecho es simplemente un medio de repre sentación. No es verdad que hayan sido descubiertas nue vas regiones del alma, com o sugieren sus escritos. La exposición de los elementos de un sueño, por ejemplo un sombrero (que puede querer decir cualquier cosa), es una exposición de comparaciones. Como en estética, las cosas son colocadas una al lado de otra, de modo que exhiban ciertas características. Estas arrojan una luz sobre nuestro modo de considerar un sueño; hay razones para el sueño. [Pero su modo de analizar los sueños no es aná logo a un método que permitiría encontrar las causas de una enfermedad estomacal.] Es una confusión decir que una razón es una causa vista desde el interior. Una causa no es vista ni desde el interior ni desde el exterior. Es des cubierta por la experiencia. [Permitiendo a alguien des cubrir las razones de la risa el psicoanálisis proporciona] únicamente una representación del proceso31.