LX X X II, 1933, págs 307-314, y M B Sakellariou: L a m igra
18 Cfr G Rizza: “Siculi e G reci sui colli di Leontinoi”,
sencia de griegos que vivían junto a los indígenas y com partían más o menos estrechamente su vida 19. Tenemos, pues, la impresión de que no se trata solamente de influen cias difusas, sino de una helenización real: partiendo de las regiones costeras la penetración calcídica se desarrolló en época arcaica, de acuerdo con las vías naturales que condu cían hacia el interior, con cuatro sectores distintos, en los que los contactos e influencias son extremadamente varia bles. Sin embargo, el resultado de esta expansión comer cial y pacífica, que se realizó durante el siglo v i y a co mienzos del v fundamentalmente, fue, en su conjunto, la helenización casi completa de los medios indígenas, lo que explica que algunos centros hayan podido salvaguardar su independencia en época posterior.
Si, como dijimos anteriormente, las vías de penetración a partir de Naxos no fueron utilizadas más que en una época relativamente tardía, no sucede lo mismo con rela ción a Catania: todo el traspaís del Etna formaba una zona en la que el poblamiento indígena sículo parece haber sido extraordinariamente denso y su helenización muy precoz, como atestiguan las excavaciones arqueológicas efectuadas en los diferentes emplazamientos, como Centuripa20 o la antigua Morgantina 21, en los que se encuentran, a partir del siglo vi, habitaciones de tipo griego al mismo tiempo que una abundante cerámica de importación (corintia, jó nica, ática).
El estudio de la topografía antigua de la zona, así como de las fuentes literarias, incitaba a identificar la actual po blación de Serra Orlando con la ciudad antigua de Mor gantina; los resultados de las excavaciones realizadas y, de manera especial, los testimonios numismáticos confirman esta hipótesis y permiten trazar la historia de la ciudad22. Sin embargo, esta hipótesis, aceptada por nosotros, no ha sido común a todos los investigadores: así Μ. T. Piraino 23 afirma que la ciudad descubierta en Serra Orlando en los años 50 no puede ser identificada ni con Morgantina, como propuso en un principio K. E rim 24 y con posterioridad otros muchos autores, ni con Murgentia ni con Murgantia;
19 Cfr. G. V allet: “La colonisation chalcidienne et l ’helléni- sation de la Sicile orien tale”, K okalos VIII, 1962, pág. 36.
20 Cfr. G. Rizza: “Nuove ricerche a Centuripe", K okalos X V III-X IX , 1972-1973, págs. 366-373.
21 Cfr. E. Sjoq vist: “S e rra O rlando-M organtina”, RAL X IV , 1959, págs. 39-48.
22 Cfr. igualm ente E. Sjo q vist: “Perché M organtina?”, R A L XV, 1960, págs. 291-300.
2) "Morgantina e M urgentia nella topografía d e ll’ antica S i cilia orien tale”, K okalos V, 1959, págs. 174-189.
24 “M organtina”, A J A LXII, 1958, págs. 79-90.
para él el emplazamiento de Serra Orlando sería un centro sículo helenizado, del que no era posible en el estado de conocimientos de su época precisar el nombre.
En Morgantina la fase urbana tiene su comienzo hacia el año 560 a. n. e., siendo debida a un grupo de colonos griegos provenientes de la costa oriental; se trata, en efec to, de una colonia secundaria, cuya motivación obedecía a una serie de razones económicas y agrarias. La vida en común con los indígenas fue, en general, pacífica hasta la acción llevada a cabo por Ducetio en el segundo cuarto del siglo V, operándose una fusión de ambos elementos étnicos, desconocida casi totalmente en las ciudades cos teras 2S.
De este conjunto de datos parece destacar un hecho: las zonas de penetración de la cultura helénica a partir de Catania y Leontinos se muestran como zonas que, al me nos hasta el final del siglo vn, constituyen zonas de pobla- miento indígena; en ellas no se produjo ni conquista ni co lonización propiamente dicha; en todas partes los sículos permanecieron en sus lugares de asentamiento, continuaron fabricando sus vasos cerámicos y enterrando a sus muertos según las costumbres que les eran propias y tradicionales. En algunas ocasiones, fundamentalmente a partir del segun do cuarto del siglo vi, se constata la presencia de grupos de población griegos en medio de los indígenas, pero en dichos casos los griegos parecen vivir mezclados con los indígenas, cuyas costumbres y modo de vida se van hele- nizando más y más cada vez.
Además, este conjunto de núcleos griegos se encuen tra, sobre todo, en la zona de los montes Hereos, mien tras que el poblamiento de la región del Etna parece haber permanecido únicamente sículo. Esta situación puede ex plicarse por razones militares, al estar amenazada grave mente la región de los montes Hereos por la expansión de Siracusa y Gela, mientras que la región del Etna, mucho menos directamente bajo esa amenaza, mantenía relaciones comerciales, en las que la madera de construcción consti tuía un elemento importante de intercambio, con los grie gos de las ciudades calcídicas; de ahí, entonces, una influen cia civilizadora que no necesitaba la presencia constante de los colonos griegos.
El ejemplo de penetración de las ciudades calcidias en el traspaís, que acabamos de analizar, resulta particular mente interesante porque muestra:
25 Cfr. E. Sjôq vist: “I G reci a Morgantina", K okalos VIII, 1962, págs. 52-68.
1. Al lado de una influencia civilizadora, movida por los objetos de comercio griegos.
2. Una verdadera helenización del medio indígena, de forma que, al vivir en compañía de los griegos, los sículos de los montes Hereos adoptaban, ante todo, sus gustos y modos de expresión artísticos, daban a sus divinidades una forma griega, abandonando con posterioridad su propia lengua en beneficio del griego y, finalmente, asimilaban los ritos funerarios de los griegos 26.
b) Las ciu d a d e s d oria s d e Sicilia
Junto a esta penetración de carácter pacífico, que lleva implícita una serie de buenas relaciones continuas con los indígenas, el caso de las ciudades dorias de Gela y Siracura nos permite analizar otra de las formas que podían tomar la extensión del territorio de las colonias griegas y las re laciones con las poblaciones indígenas.
Por lo que se refiere a Gela la penetración de los co lonos griegos hacia el interior dio comienzo poco después de la fundación del establecimiento colonial, para finalizar en la segunda mitad del siglo v tras haberse conseguido la completa helenización de todos los centros del interior: Manfria, Butera, Monte Bubonia27. En un primer mo mento los colonos rodios y cretenses, según parece, no habían encontrado ninguna resistencia por parte de los ele mentos indígenas, habiéndose demostrado hace unos años que el emplazamiento de Gela no estaba ocupado cuando los colonos griegos se instalaron en él. Sin embargo, frente a ello, las poblaciones sículas asentadas en las colonias que dominan la llanura de Gela constituían una constante amenaza contra la que se hacía necesario resguardarse.
La conquista militar del traspaís de la ciudad de Gela comenzó casi inmediatamente después de la fundación de la colonia, siendo conducida por los mismos oikistes. Las fuentes arqueológicas confirman en este punto los datos de la tradición literaria: el asentamiento de Butera 28 ofre ce el ejemplo clásico de un emplazamiento indígena hele- nizado desde la primera mitad del siglo v m a. n. e., como lo atestigua la presencia, en las tumbas de sus necrópolis,
26 Cfr. G. V allet: “La colonisation chalcidienne...”, op cit.,