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Colony and M other C ity in A ncient Greece, Manches­ ter, 1964, págs 71 y sigs.

LX X X II, 1933, págs 307-314, y M B Sakellariou: L a m igra­

10 Colony and M other C ity in A ncient Greece, Manches­ ter, 1964, págs 71 y sigs.

siguieron a la fundación de Tasos, las relaciones con Paros permanecieron, al parecer, muy estrechas: los parios ayu­ daron a los tasios en sus enfrentamientos con los tracios del continente y, como consecuencia de ello, nuevos grupos de parios se establecieron en Tasos en los decenios siguien­ tes a la fundación del establecimiento colonial. Al mismo tiempo una inscripción de fines del siglo v il a. n. e. nos permite conocer a un tal Akeratos, que desempeñó a la vez una magistratura en Tatos y en Paros. Por otra parte sub­ sistieron igualmente vínculos estrechos entre Tasos y las colonias por ellos fundadas en el litoral tracio: de esta for­ ma, un decreto de la segunda mitad del siglo v a. n. e. nos sirve en concreto de prueba de que Tasos podía legislar para sus colonias y, en el caso de que éstas produjeran revueltas, consideraba a los revoltosos como traidores. No obstante, dichas colonias constituían ciudades independien­ tes, puesto que una de ellas, Neapolis, aparece en las listas de tributos atenienses distinta de su metrópoli.

Los demás ejemplos de que se hace eco Graham presen­ tan caractères algo distintos, pues se trata de ciudades in­ tegrantes en verdaderos imperios coloniales, en los que, como consecuencia de ello, subsisten entre colonias y me­ trópolis lazos de estrecha dependencia, aun en los casos en que éstas sean ciudades autónomas. En este sentido el ejem­ plo de las colonias milesias {Olbia, Cícico o Istro) es un poco diferente; podemos preguntarnos, sin embargo, si las relaciones de iso p o liteia o s y m p o liteia tque les unen a sus respectivas metrópolis y que nos son conocidas a través de decretos del siglo iv a. n. e., existían ya desde un prin­ cipio o si se trata, más bien, como estaríamos inclinados a pensar, de fenómenos tardíos y propios de las nuevas condiciones que presenta el siglo IV; En cualquiera de los casos, a través de los ejemplos analizados aquí, podemos concluir que la experiencia política griega en el dominio colonial fue enormemente variada y que las circunstancias propias de cada lugar y época llevaron a las metrópolis y colonias a adoptar actitudes frecuentemente diferentes y, en ocasiones, opuestas.

3. El problema de las relaciones económicas entre metrópolis y colonias se plantea en términos un poco dis­ tintos. Por lo que concierne a las colonias agrícolas parece evidente que, a pesar de que el objetivo inicial no haya estado relacionado con ningún interés mercantil, la inexis­ tencia de estos mismos establecimientos coloniales determinó una corriente de intercambios comerciales con la propia Grecia y Asia Menor; en dicha corriente de intercambios comerciales, Grecia aportaba a las colonias productos ma-

nufacturados, esencialmente vasos cerámicos, y éstas, por su parte, materias primas, productos alimenticios, cereales y metales.

De esta forma, los estudios de Heichelheim sobre la economía antigua, así como los de Vallet y Villard, han probado que, si existió un comercio colonial, no se trató de un comercio de metrópoli a colonia, sino al revés. Fue­ ron los corintios quienes ejercieron el control sobre el co­ mercio existente entre Grecia y las colonias italiotas o si- ciliotas del mar Jónico, y los focenses; con posterioridad los atenienses, quienes dominaron el comercio en el mar Tirreno, mientras que Mileto enviaba hacia Síbaris sus te­ las finas. El historiador francés Vallet observa en concreto que la cerámica corintia se halla igualmente en Mégara, Naxos, Tarento y Cumas al igual qua en Siracusa; al mismo tiempo son estas relaciones comerciales generales las que explican la adopción de uno u otro patrón monetario, sin que esté relacionado necesariamente con la metrópoli: de esta forma, aunque la gran mayoría de las ciudades cató­ dicas de Sicilia adoptaron el patrón de pesas y medidas euboico, Cumas adoptó, al igual que Posidonia, los pesos monetarios propios de Elea, su vecina, de patrón lésbico Sobre este punto, no obstante, las investigaciones empren­ didas en los últimos años acerca de las monedas propias de las ciudades meridionales de Italia pueden aportar re­ ferencias más precisas y contribuir a matizar conclusiones exclusivamente de carácter económico.

4. Hemos de referirnos, por último, a las relaciones culturales existentes entre las colonias y sus metrópolis. Los trabajos y estudios de investigación recientes han de­ mostrado que, con relativa frecuencia, las colonias han con­ servado el alfabeto arcaico propio de sus metrópolis, de igual modo que persistían los dialectos particulares en cada región del mundo griego. Existieron, sin embargo, algunas excepciones: por ejemplo, según ha demostrado M. Guar- ducci a propósito del alfabeto de la crátera de Vüx, es casi seguro que hacia el siglo v n se constituyó un alfabeto oc­ cidental, que fue adoptado por casi todas las colonias grie­ gas de Occidente. Como conclusión podemos afirmar que, por lo que respecta al plano del soporte material del pen­ samiento, las relaciones entre metrópolis y colonias se mues­ tran bastante débiles llbis.

" G. V allet: Rhégion et Zancle. Histoire, commerce et c iv i­

lisation des cités chalcidiennes du détroit de Messine, P a­

ris, 1958, págs. 332-333.

h bü ç f r . Benoit: “A u to r du cratère de V ix. La voie du Rhône”, Rhodania X X X I, 1956, págs. 15-18.

Más débiles aún se manifiestan los lazos existentes entre colonias y metrópolis en el dominio del pensamiento mismo: apenas tenemos necesidad de referirnos a la originalidad propia de algunas escuelas filosóficas de la Magna Grecia, a las que hacen sobresalir, al final de la época arcaica y comienzos del siglo v, los nombres de Pitágoras, que vivió en Locros y Crotona; de Parmenides y Zenón de Elea, así como de Empédocles de Agrigento.

En cuanto al terreno artístico, se han podido distinguir zonas de influencia jónica o dórica; pero, como ha demos­

trado muy bien Vallet, estaría mejor hablar, en el caso me­ jor conocido, es decir, en el de las ciudades griegas occi­ dentales, de una especie de civilización común del Occi­ dente griego, que presenta ciertos matices regionales, pero sobre la que se ejercen, de forma sucesiva, y no en conjun­ to, las influencias peloponésicas y jónicas. Las excavacio­ nes arqueológicas de los últimos años han revelado la exis­ tencia de templos jónicos en Siracusa y Megara Hiblea '2, mientras que las influencias ligadas directamente a la me­ trópoli son, más bien, escasas, como puede ser la influen­ cia rodia sobre la pequeña plástica de Gela.

Estas observaciones resultan igualmente verdaderas en el campo de la cerámica, donde la producción local se ins­ pira mucho más en la producción corintia o, posteriormen­ te, en la ateniense que en las producciones propias de la metrópoli de cada colonia: quizá el ejemplo más signifi­ cativo resulte ser el de la cerámica de Gela, muy distinta de la cerámica rodia orientalizante, importada, por tanto, desde el Egeo hasta Occidente y Gela misma. Al mismo tiempo se va viendo aparecer un estilo cerámico regional, bastante alejado de los modelos que se importaban de Grecia.

En resumçn, podemos afirmar que, al parecer, salvo en el plano religioso, los lazos de unión entre metrópolis y colonias no se manifiestan como realmente estrechos más que en algunos casos concretos. Como norma general, cual­ quiera que haya sido el destino posterior de su metrópoli, brillante como el de Rodas, Corinto y Esparta, u oscuro como el de Tera y las ciudades eubeas, los establecimien­ tos coloniales evolucionaron según normas diferentes a las de su metrópoli. Particularmente en Occidente, y de forma más concreta en el sur de Italia y en Sicilia, tuvo su des­ arrollo una civilización original, que en muchos de sus as­ pectos constituyen un dominio propio de la cultura y ci­ vilización griegas. Respecto a esto último hemos de pre­