toria XX I, 1972, págs 129-144; Ph G authier: “Les tyrans dans
3 Cfr A Nibbi: The Sea Peoples and Egypt, Noyes, 1975 2 0
te poder de los reyes asirios, cuyas flotas estaban tripuladas en parte por marinos chipriotas. De esta forma, el Bajo Egipcio cayó, en el año 671, en poder de los asirios y, como consecuencia de ello, los reyes nublos no recuperarán nunca ya por completo el control sobre el delta del Nilo.
En este sentido tenemos noticias de un Egipto 'libre de nuevo en tiempos del faraón Psamético I (años 664-610 antes de nuestra era), el primer rey de la dinastía XXVI, oyéndose hablar también ahora de numerosos griegos en el país egipcio4. Hasta dicha época el conocimiento griego sobre Egipto parece haber sido escaso, aunque ya iban lle gando a Grecia algunos objetos egipcios, lo que muestra la posibilidad de que, en ocasiones, se produjera un contacto más directo. Los objetos egipcios de mayor antigüedad (va sijas, figurillas, escarabeos...) aparecen de manera ocasio nal en localidades griegas desde el principio de la Edad del Bronce, sin representar más que importaciones casuales, rea lizadas quizá a través del Próximo Oriente.
Existen dos centros del mundo griego que atrajeron a un tipo distinto de objetos egipcios, bronces finos, direc tamente y sin utilizar ningún intermediario oriental: Samos y Creta. Se comprende dicha situación por el hecho de que Creta constituía la primera escala en la vía marítima hacia Grecia, contando con pruebas fehacientes del interés cre tense hacia el norte de Africa, concretamente por Cirenai- ca; por otro lado, las primeras noticias de un comercio griego con Egipto mencionan a un capitán mercante de Samos poco después de la mitad del siglo v n a. n. e . 5.
La fuente literaria más importante sobre la presencia de los griegos en Egipto la constituye el historiador Hero doto; en primer lugar nos menciona a un capitán de Sa mos, Colaios, quien, al dirigirse hacia Egipto, fue desviado de su camino hacia Occidente por las corrientes marinas. El relato nos hace pensar en que el viaje a Egipto no era nada extraordinario para él, produciéndose dicha expedición alrededor del año 638; tenemos aquí, pues, un indicio de relaciones comerciales, al menos casuales, por parte de los griegos orientales hacia mediados del siglo vn. Sin embar go, para V. Tackholm6 el relato de la expedición del samio Colaios a Tartesos tal y como se nos ofrece en Herodoto
4 Cfr. P. M ontet: “Le nom des Grecs en ancien égyptien et l’antiquité des G recs en Égypte”, R A X X VIII, 1947, pági nas 129-144.
5 Hdt. IV, 152.
6 “Neue Studien zum Tarsis-Tartessosproblem ”, ORom X, 1974-1975, págs, 41-57.
se halla falsificado a causa de la confusion originada por la presencia de elementos samios.
Contamos igualmente con una nueva referencia, en este caso no a comerciantes sino a soldados griegos, es decir, mercenarios. Psamético I fue animado por medio de un oráculo a conseguir el apoyo de los «hombres broncíneos» con el fin de recuperar su trono:
«Este Psamético con anterioridad se había exiliado ante el etíope Sabaco, quien había hecho perecer a su padre Necao; en estos momentos se encontraba exiliado en Siria, y cuando el rey etíope, como consecuencia de la visión que había tenido en sueños, se había retirado, los egipcios del nomo de Sais le habían hecho volver. Reinó posteriormente y he aquí que, por segunda vez, le llega la orden de exi liarse en la zona pantanosa por los once reyes a causa de su casco. Pensando que le habían tratado indignamente, soñaba con vengarse de los que le habían expulsado. Envió a Buto al santuario de Leto, donde se encuentra el oráculo más verídico de los egipcios, y le fue dada como respuesta que la venganza le llegaría del mar cuando apareciesen hombres de bronce. Acogió entonces con enorme incredu lidad la idea de los hombres de bronce viniendo en su ayuda, pero, poco tiempo después, la suerte quiso que los jonios y carios, que habían cogido el mar como escenario de sus operaciones piráticas, fueran arrojados a la costa egipcia. Desembarcaron cubiertos con armaduras de bron ce; un egipcio marcha a los pantanos junto a Psamético y, al no haber visto nunca con anterioridad hombres con ar-, maduras de bronce, le anuncia que hombres broncíneos llegados del mar someten al país al pillaje. Psamético com prendió que se cumplía el oráculo, se comportó como ami go respecto a los jonios y carios, y mediante grandes pro mesas les hizo decidirse por aliarse con él; y una vez que les ha hecho decidirse, de acuerdo con estos auxiliares y los egipcios bien dispuestos por su causa, expulsa a los reyes» 7.
Valiéndose de la ayuda prestada por estos mercenarios jonios y carios, el faraón Psamético venció a sus oponentes, recompensando a los griegos con dos franjas de tierra, a las que se conocía con el nombre de Estratopeda o campa mentos, a ambos lados del brazo pelusíaco del Nilo. El mismo Herodoto asegura que los griegos fueron bien tra tados y respetados por parte del rey, quien creó incluso una escuela de intérpretes:
«A los jonios y carios que el habían prestado su ayuda, 7 Hdt. II, 152.
Psamétíco les donó, para vivir en ellos, dos terrenos uno frente a otro, pasando el Nilo por medio, terrenos que fueron denominados los Campamentos; les dio estas tierras y cumplió todas las demás promesas que les había hecho. Les confió también a los jóvenes egipcios para que les instruyeran en la lengua griega; y es de estos jóvenes que aprendieron la lengua de quienes descienden los intérpretes que existen actualmente en Egipto. Los jonios y carios ha bitaron durante mucho tiempo las tierras que se les había concedido, que están situadas junto al mar, un poco más abajo de la ciudad de Bubastis, en el brazo del Nilo llamado Pelusio. Más tarde el rey Amasis les hizo abandonar estos lugares para establecerse en Menfis, y los tomó como guar dia de corps con preferencia a los egipcios. Como conse cuencia de su establecimiento en Egipto y gracias a las relaciones que tenemos con ellos sabemos exactamente en Grecia, a partir del reino de Psamético, todo lo que suce dió' después en dicho país; en efecto, fueron los primeros hombres: de lengua extranjera que se establecieron allí» 8. Además, el historiador Diodoro de Sicilia añade que Psamético estimuló al mismo tiempo las actividades comer ciales de los griegos con E gipto9.
En tiempos del faraón Necao no poseemos pruebas di rectas de la utilización de mercenarios griegos (años 610- 595 a. n. e.), pero sabemos que el rey hizo ofrenda al Apo lo de Branquidas, en las cercanías de Mileto, de la arma dura con la que había peleado en su campaña siria del año 608, lo que puede ser un indicador de la participación de soldados griegos en la misma. Unos pocos años después, en el 605, el monarca egipcio fue derrotado por los babi lonios en Karkemish; en las ruinas de dicha ciudad, en el interior de una casa bien provista de objetos egipcios y de sellos con el nombre de Necao, se descubrió un escudo griego de bronce, que muy bien pudo haberlo transportado un soldado griego a sueldo del rey egipcio.
Necao ordenó construir igualmente trirremes de guerra para el Mediterráneo y el mar Rojo, contando probable mente en este caso, como con posterioridad en tiempos de Psamético II, con las pruebas de una explotación de las experiencias navales griegas, puesto que la navegación no fue jamás una actividad fuerte de los egipcios:
«Cuando hubo acabado la perforación del canal, Necao se volvió hacia las expediciones militares; hizo construir trirremes, unas destinadas al mar septentrional y otras en
8 Hdt. II, 154.
9 Cfr. J. G. M ilne: “Trade betw een Greece and Egypt before A lexan d er the G reat”, JE A X X V , 1939, págs. 177-183.
el golfo Arábigo con destino al mar Rojo, cuyas calas re sultan aún hoy muy visibles. Necao utilizaba estas trirremes en caso de necesidad; en tierra tuvo con los sirios un en cuentro en Magdolos, donde salió vencedor; y, tras este combate, se apoderó de Cadytis, una gran ciudad de Siria. Envió al santuario de 'los Branquidas, entre los milesios, para ser consagrado a Apolo, la armadura que llevaba cuan do realizó estas hazañas» l0.
Respecto a las actividades posteriores de los elemen tos griegos en la región egipcia, sabemos que en tiempos del faraón Psamético II tuvo lugar un viaje de un grupo de eleos, según nos testimonian algunos historiadores an tiguos:
«Este Psamético, durante el tiempo que reinó en Egip to, vio llegar a los delegados enviados por los eleos; éstos se jactaban de que el reglamento de su concurso de Olim pia era el más equitable y el mejor del mundo; pensaban, además, que los propios egipcios, los más sabios de los hombres, no sabían imaginar nada más. Cuando los eleos, llegados de Egipto, hubieron expuesto la causa de su veni da, el rey convocó a aquellos egipcios que se decía eran los más sabios. Habiéndose reunido, estos egipcios deman daron que los eleos expusieran todas las reglas que obser vaban en cuanto al concurso; y los eleos, después de haber explicado todo, declararon que habían venido para apren der mejor si los egipcios podían imaginar alguna cosa que fuera más justa. Los egipcios, tras ser consultados, pregun taron a 'los eleos si sus conciudadanos eran admitidos al concurso. Los eleos respondieron que quien lo quisiera, bien fuera de los suyos o de otros griegos, tenía el derecho de concurrir. Los egipcios declararon entonces que, man teniendo esta regla, habían faltado completamente a la jus ticia» n.
En cuanto a las acciones llevadas a cabo por los mer cenarios griegos, podemos ampliar la afirmación de Hero doto en el sentido de que Psamético II realizó una expedi ción a E tiopía12; los documentos egipcios nos muestran que se trató de una expedición de grandes proporciones, realizada en el año 591 a. n. e. contra el reino de Nubia, que amenazaba nuevamente al Bajo Egipto. Por lo qué res pecta al papel desempeñado por los mercenarios extranje 10 Hdt. II, 159. Cfr. A. B. Lloyd: “Trirem es and the Saïte N avy”, JE A LVIII, 1972, págs. 268-279.
11 Hdt. II, 160. Cfr. Diod. Sic. I, 95, y W. D ecker: “La délé gation des Éléens en Egypte sous la 26e dynastie”, CE X L IX , 1974, págs. 31-42.
12 Hdt. II, 161. 20 4
ros, proporcionan un claro testimonio las inscripciones gra badas en las piernas de las enormes estatuas talladas en la roca de Abu Simbel; dichas inscripciones fueron realizadas por soldados griegos y carios que acompañaron al faraón egipcio y que, según parece, desempeñaron importantes cargos en el ejército. La más larga de las inscripciones grie gas afirma:
«Cuando el rey Psamético llegó a Elefantina, esto es cribieron quienes con Psamético, hijo de Teocles, navega ron. Llegaron más allá de Cercis, hasta donde el rey les permitía. A los de lengua extranjera los conducía Potasin- to, y a los egipcios, Amasis. Esto fue escrito por Arconte, hijo de Amébrico, y por Peleco, hijo de Eudamo» 13.
En esta inscripción, así como en las demás, más cortas, aparecen generales griegos al frente de los egipcios: así, por ejemplo, Potasinto se nos muestra como general de los griegos en diversos monumentos egipcios. Las demás ins cripciones apenas difieren de los garabatos exhibicionistas con los que soldados u otros viajeros rayan cualquier muro o monumento, a pesar de que algunas resulten de capital importancia, ya que nos descubren el origen de estos hom bres: entre ellos se encuentran Heleribio de Teos y Pabis de Colofón, ambos de origen jonio, así como un tal Télefo, dorio de Ialisos, en Rodas. No resulta muy seguro, como afirma Boardman 14, que, tomando como base las formas egipcias de algunos nombres, podamos afirmar que dichos individuos nacieran en Egipto, siendo probablemente hijos de los mercenarios utilizados por Psamético I. Durante esta misma época las inscripciones egipcias se refieren a un ge neral llamado Hor como «comandante de los extranjeros y griegos» (posiblemente chipriotas), al tiempo que sabemos que en la fortaleza meridional de Elefantina existían grie gos desde 'la época de Psamético I, así como una guarni ción de procedencia judía.
Volviendo de nuevo al relato de Herodoto, pocas no ticias más descubrimos con respecto a los mercenarios grie gos: el rey Apries (589-570 a. n. e.) formó un ejército de mercenarios compuesto por 30.000 jonios y carios, que condujo contra Amasis' en el año 570; los mercenarios se batieron bien, a pesar de lo cual fueron derrotados, convir tiéndose Amasis en monarca egipcio:
«Habiéndose enterado de esta nueva defección, Apries armó a los auxiliares y los condujo contra los egipcios; te-
--- ♦