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Cfr Kleine Konfessionskunde Editado por el Instituto J A Molker, Paderborn 1997 2 , 102 103.

La Encarnación del Hijo de Dios

77. Cfr Kleine Konfessionskunde Editado por el Instituto J A Molker, Paderborn 1997 2 , 102 103.

Las iglesias monofisistas, que se separaron después de Calcedonia de la ortodoxia, constituyen aún hoy un grupo considerable. A ellas pertenece la iglesia jacobita de la Siria oriental, la iglesia copta, los etíopes y los

armenios. Por pocas que fuesen las razones primarias dogmáticas que llevaron al cisma, Efeso y Calcedonia provocaron heridas dolorosas en la historia de la Iglesia, heridas que aún hoy están abiertas.78 No podemos pasar por alto el papel que la escisión de las iglesias cristianas ha

desempeñado en pro del surgimiento del Islam. Aunque las conversaciones entre la ortodoxia, las así llamadas antiguas iglesias orientales, y la Iglesia romano-católica han sido fructíferas a lo largo de los últimos años, el

camino hacia la unidad está aún lejano y pedregoso.79

b) El concilio de Éfeso (431) y Cirilo de Alejandría

El tercer concilio ecuménico, que se reunió en Éfeso en el año 431 a petición de Cirilo de Alejandría, tenía que dar una respuesta al «caso Nestorio». No es éste el lugar para discutir las complejas circunstancias históricas de este Concilio; hubo factores económicos y políticos.80 Para nuestra exposición tiene sobre todo importancia la aportación dogmática del Concilio. Es significativo para comprender a las iglesias primitivas el hecho de que los obispos en Efeso no querían una nueva formulación dogmática, más bien comprendían todo lo que decían como

interpretaciones y confirmaciones del Credo de Nicea. Para ellos, la

fórmula nicena era la definitiva fórmula cristiana. El Concilio se consideraba a sí mismo como el legítimo intérprete de Nicea, que es el «resumen de la fe apostólica». Efeso

78. Por una visión de conjunto, cfr. Kleine Konfessionskunde 103-107; P. Neuner, Ökumenische Theologie. Die Suche nach der Einheit der christlichen

Kirchen, Darmstadt 1997, 94-95; H.-J. Schulz / P. Wiertz, Die Altorientalischen Kirchen, en: W.

Nyssen / H. J- Schultz / E Wiertz (eds.), Handbuch der Ostkirchenkunde I, Düsseldorf 1984, 34- 46.

79. El esfuerzo de la institución «PRO ORIENTE» cuenta mucho en esto, sobre todo la actividad de la Syriac Commission y la comisión para el diálogo con las iglesias antiguas. Cfr. la documentación PRO ORIENTE, Syriac dialogue non-official consultation an dialoge within

the Syriac tradition, Wien 1994ss.; A. Stirnemann / G. Wilfinger, 30 Jahre Pro Oriente. Festgabe für den Stifter Franz Kardinal König zu seinem 90. Geburtstag (= Pro Oriente 17), Innsbruck

1995. Sobre las conversaciones de las iglesias católicas con las orientales antiguas, cfr. Juan Pablo II, Encíclica Ut unum sint 62-63.

80. Literatura sobre el Concilio: P. Th. Camelot, Ephesus und Chalcedon (= GÖK 2), Mainz 1963; K. Schatz, Allgemeine Konzilien — Brennpunkte der Kirchengeschichte, Paderborn 1997, 51-56; E L'Huillier, The church of the anciet councils. The disciplinary work of the first four

ecumenical councils, Crestwood N. Y. 1996, 143-154; L. Perrone, Von Niccea (325) nach Chalcedon (451), en: G. Alberigo (ed.),Geschichte der Konzilien. Vom Nicaenum bis zum Vatikanum II, Düsseldorf 21-134; aquí: 84-100; Grillmeier, Jesus der Christus I, 687-691; sobre

Cirilo, cfr. J. A. McGuckin, St. Cyril of Alexandria. The Christological Controversy. Its History,

Theology, and Texts (= Supplements to Vigiliae Christianae 23), Leiden 1994.

nos ofrece así un buen ejemplo para la interpretación continuada de la fe apostólica, según las nuevas situaciones, y para ir por el camino que caracteriza las confesiones de todos los antiguos concilios.81

El resultado de Éfeso puede ser resumido en esta frase que interpreta a Nicea: «Uno y el mismo es el Hijo del Padre y el nacido en el tiempo según la carne de María la virgen, que, con razón puede ser llamada madre de Dios (theotokos)».82 El Hijo de Dios es, de manera misteriosa, el sujeto de la vida humana de Jesús. Esta confesión es la gran aportación del concilio de Éfeso. Naturalmente que el Concilio no es una reunión de dogmáticos. Los concilios son más bien dogmáticos en sentido original: confiesan y proclaman solemnemente la fe. Se confiesan seguidores de los «dogmata» apostólicos de la revelación. Raras veces ocurre que los concilios prosigan discusiones teológicas con una «aportación a la discusión teológica». No es ésta su misión. Éfeso confiesa la unidad de Cristo como sujeto. Dentro de esta confesión y partiendo de ella es cómo se puede seguir

desarrollando y abriendo la reflexión teológica.

A Cirilo de Alejandría hay que llamarlo el teólogo de Éfeso por antonomasia. Una breve mirada a su cristología hará que nuestra argumentación dé un paso adelante por el camino de la comprensión personal de la cristología. Cirilo, en su escrito centrado sobre la figura de Cristo, interpretó todo lo que Éfeso, siguiendo a Nicea, había confesado. «Él, que es la "imagen del Dios invisible" (col 1, 15)... ha tomado figura de siervo, pero no como si se le hubiese adherido un hombre, como dicen [los nestorianos], sino al darse él a sí mismo esta figura, de tal manera que él mismo así [es decir en la figura de siervo] confirma su semejanza con Dios Padre».83

Esta cita nos muestra los rasgos esenciales de su cristología. Si

confesamos en la fe que el Hijo se ha hecho hombre, entonces esto quiere decir que él es, también hecho hombre, el Hijo. Cirilo repite esto una y otra vez, citando la carta a los corintios (2 Co 4, 6), donde Pablo dice de la gloria de Dios que reluce en la faz de Cristo:

«Pues el Hijo unigénito muestra en sí mismo la gloria del Padre también como encamado [...] Pues en una figura de hombre no podemos

81. En el canon 7 estuvieron los padres firmes al decir que nadie estaba justificado a cambiar o sustituir de ninguna manera el Credo de Nicea. Pero lo lógico fue que precisamente este canon fuese sometido en los tiempos siguientes a varias malas interpretaciones, aunque siempre fue comprendido en el sentido de que no se podía seguir discutiendo sobre la fe.- Cfr. L'Hulier, The Church of the ancient councils 159-163.

82. Grillmeier, Jesus der Christus I, 698; subrayado por el autor; cfr. DH 251; 253.

83. Cirilo de Alejandría, Quod Christus sit unus (SC 97, 450-451).

ver a Dios, a no ser en el Lógos, que se ha hecho hombre, igual a

nosotros, permaneciendo así [esto es, como el encarnado] el verdadero y «natural» Hijo».84

En la Palabra hecha hombre reconocemos, pues, la gloria del Padre. Creer en Jesús de Nazaret quiere decir, creer en la persona del Hijo de Dios. En este contexto cita Cirilo con gusto el episodio del ciego de nacimiento. Jesús le pregunta: «,Crees en el Hijo de Dios?» Y él le responde con otra pregunta: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús: «Lo has visto, el que habla contigo, ése es» (Jn 9, 35-37).85 Este «lo has visto», supone, según Cirilo, que la humanidad de Jesús no es una especie de vestido, una librea del Lógos, sino que él mismo es esta su humanidad. Por ello puede Cirilo insistir: La carne es, de alguna manera, el Lógos; se ha llegado a una real identidad.

Éste es el paso decisivo que Cirilo da para el desarrollo de la comprensión de la persona de Cristo. Encarnación significa que el Lógos, el Hijo se identifica con la carne, con el ser-hombre y de tal manera que la

hace su propio ser-hombre. Por ello siempre habla Cirilo de un «hacérselo- propio» (i,&&otoírio*ai). Este pensamiento de apropiación se manifiesta especialmente fructífero de cara al futuro desarrollo del concepto de persona, cuando se trate de determinar, ante las definiciones clásicas de persona, que la persona hay que considerarla, sobre todo, desde la subsistencia y desde sus propiedades inconfundibles, y de introducir el elemento relacional, la relación esencial de una persona con otras y la capacidad identificadora en la concepción de persona.86 Cirilo subraya que la encarnación del Hijo significa que él se ha apropiado el ser-hombre, de tal manera que él mismo se ha hecho hombre. Un ejemplo, entre otros muchos, es el siguiente:

«El Lógos se ha hecho hombre. ¿Cómo podría ser esto verdad, si no fuera porque él mismo (avtó5) se hizo carne, es decir, hombre, al apropiarse del cuerpo humano en una unidad inseparable, de manera que este [cuerpo] fuese reconocido como propio y no como el de otro cualquiera».87

Esta apropiación significa que el Hijo mismo es el sujeto de la vida humana de Jesús. Por ello, puede y debe Cirilo decir que el Lógos no sólo se ha servido de una humanidad como instrumento —que es la manera cómo Dios habla por los profetas—, sino que es su propio ser-hombre. Todo lo que pertenece a este ser-hombre se lo ha apropiado el Lógos. Nacimiento, 84. Cirilo, Quod Christus sit unus (SC 97, 450-453).

85. Cirilo, De Incarnatione (SC 97, 269).

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