CAPÍTULO 4. ANÁLISIS DEL TEXTO DRAMÁTICO
4.9 Cierre: Áyax diverso
Hasta el momento, el análisis de la obra dramática Áyax se ha acentuado en el estudio de las relaciones de género, tanto el sistema de géneros como las dinámicas masculinas. Sin embargo, se ha abordado el estudio de la sexualidad en el texto dramático sólo tangencialmente. En este apartado final del análisis se dará la visión sobre el conflicto principal del protagonista desde el punto de vista de la diversidad.
La identidad de género y la construcción de un cuerpo que justifique su precariedad crean la necesidad de la repetición, la compulsión de demostrar una y otra vez lo que se es, lo que se está a punto de no ser. En Áyax la compulsión surge como un mandato paterno que no será satisfecho hasta obtener los galardones que le demostrarán que es tan hombre y tan viril como lo fue su padre:
Áyax: ¿Y qué rostro mostraré cuando me presente ante mi padre Telamón? ¿Cómo va a soportar verme, si aparezco sin galardones, de los que él obtuvo una gran corona de gloria? (vv. 462-465)
La pérdida de las armas se convierte en un signo. Si Áyax se ha asegurado de cumplir con los requisitos que lo nombran el mejor héroe después de Aquiles como para recibir sus armas, ¿cómo es posible que sean adjudicadas a Odiseo? Si a juicio de los otros hombres, sus iguales, él no ha cumplido con los requisitos requeridos, ¿en qué más está en falta? La performatividad de género se agrieta y el destino seguro es la abyección.
La abyección se vive en lo privado, en la esfera doméstica, en el aislamiento de la comunidad, allí donde se acaba lo construido por la sociedad. En ese lugar transita la locura y la angustia de Áyax. Su reflexión es el enigma de
cómo volver a calzar sus actos con el ideal genérico que surge como mandato. Decidir expulsarse incluso de la periferia, del exterior constitutivo de la sociedad es encontrar la muerte, tal y como la encuentra en el bosque. Es volver a un antes de la identidad, a un antes del género.
Si bien en la sociedad occidental contemporánea se ha establecido el dueto homosexual/heterosexual79 para dar cuenta de lo “natural” y lo abyecto, en la sociedad griega del siglo V AC se vio que la oposición se presenta en el dueto activo/pasivo con respecto al control del apetito por los placeres. Esto es, tener templanza, sophrosyne. Para el personaje del Áyax, su principal
hybris es la falta de templanza, tanto en la estima que tiene de sí mismo,
como en las consecuencias del juicio de las armas y en las decisiones que toma después de ello. Es pasivo con respecto a sus apetitos, a su deseo de venganza.
La pregunta pertinente es ¿por qué Áyax se esfuerza tanto en conquistar la gloria, en parecer recio y valiente, en ser hombre? ¿Qué tan alejado se siente del ideal para que su búsqueda sea desesperada? El resultado del juicio de las armas y la sospecha de una injusticia en la votación precipitan a Áyax en la pasividad, en la vergüenza. La única forma de reconquistar la masculinidad activa es castigando a los culpables con la muerte. Esto demostraría quién es el pasivo en la competencia por la hegemonía masculina.
Sin embargo, la descripción que se hace en el prólogo de la obra, presenta un evento que es desbordado, lleno de locura. Áyax es preso de sus placeres, incluso lleva algunos animales a la tienda para torturarlos pensando que son los atridas y Odiseo. Esta es la razón de su posterior vergüenza: haber invertido todo su potencial como hombre en una acción que no da ningún mérito, sino la vergüenza del fracaso:
79 Tradicionalmente, ya que a finales del siglo XX surgieron una serie de nuevas identidades
que habían sido impensables para el siglo XIX como el travestismo, la transexualidad, la bisexualidad. Sin embargo, el dueto homosexual/heterosexual sigue siendo la oposición hegemónica con respecto a la identidad sexual.
Áyax: ¿Ves al intrépido, al animoso, al que en destructores combates no tembló jamás? A mí, terrible por mis manos, entre animales que no producen temor. ¡Ay de mí, motivo de irrisión! ¡Cómo he sido ultrajado! (vv. 365-368)
Este es un acto de rebeldía ejecutado desesperadamente contra aquellos que, para él, le llamaron poco hombre. El fracaso lo deja en un estado peor de deshonra que antes. Los actos expresivos y el reconocimiento de su debilidad frente a la voluntad de la diosa Atenea, son signos de la amenaza que siente de la feminidad. Esta amenaza de ser mujer (principal rasgo en la construcción de lo masculino) se manifiesta en el desprecio a Tecmessa y en sus recomendaciones de moderación y consuelo. En resumen, Áyax no encuentra un lugar en la sociedad que le permita reconstruir su identidad.
(P)odríamos decir que el suicidio de Áyax -como todo hara-kiri- constituye, al no poder dar muerte a los ofensores, la reparación triunfal que se procura el narcisismo humillado, la prueba de virilidad "fálica" que se obstina en dar ante los enemigos que antes le negar(a)n tal virilidad (…) el dolor de no haber obtenido las armas equivale a una castración; y la muerte voluntaria a espada borra el insulto: es un acto que proclama, en la cima del arrojo, la integridad del vigor masculino. (Starobinski, 1974, par. 7)
La penetración por la espada, símbolo de pasivización, representa el enfrentamiento con el miedo más grande y por eso se convierte en gesto heroico. El acto declara que es un enfrentamiento consigo mismo, con su propia castración. La masculinidad suprimida por la vergüenza ante los hombres sólo puede ser restituida en la soledad, mediante el desecho de aquello que se malogró.
La abyección instituye una mancha en la persona y el linaje. Vivir con la vergüenza constituye la legitimación de la misma a los ojos de la comunidad. La muerte es la eliminación de la mancha a través del propio sacrificio. Esto es, Áyax se transforma en un pharmakós, en un sacrificio ritual que lo
reconcilia con los dioses y lava la mancha de su familia y linaje. La muerte es haber cedido a la disolución de la identidad, dejar de ser una amenaza para la constitución de lo social. Es la prueba última de obediencia y reconciliación.
Es por esto que la restitución social del héroe es tan importante en la obra de Sófocles. Su enterramiento implica que todavía es parte de una comunidad. El héroe al comprobar que es él la amenaza a la sociedad a la que se debe, se inmola para salvarla de sí mismo. El reconocimiento que hace Odiseo de esto, apelando a las leyes de los dioses, permite que el gesto de la muerte encuentre su lugar en la sociedad, mientras que la vida en deshonra sería un gesto máximo de rebeldía.