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CAPÍTULO 4. ANÁLISIS DEL TEXTO DRAMÁTICO

4.7 Análisis de la interacción

4.7.2 Interacciones entre hombres

4.7.2.1 Masculinidades hegemónicas

La masculinidad debe demostrar a cada momento su valor y debe ser reconocido por aquellos considerados iguales (en el caso de las masculinidades hegemónicas), o superiores (en el caso de masculinidades subordinadas). En el caso de buscar legitimación en personas que no detentan el poder para otorgarla, el acto se convierte en una simulación, es vacío. Esto es lo que pasa con el personaje de Áyax y su conflicto con el tema de las armas. Sus quejas y defensas se llevan a cabo frente a aquellos que no pueden otorgarle legitimidad, como Tecmessa y los marinos salaminos, así que está condenado a llevar el estigma de la derrota frente a Odiseo.

Áyax: Ya no veréis a este hombre –voy a hacer una orgullosa afirmación–, a un hombre cual Troya no ha visto ningún otro en el ejército que vino de la tierra helénica… (vv. 421-425)

Áyax: No obstante, creo estar seguro de una cosa: que si Aquiles viviera y fuera a adjudicar a alguien con sus armas el premio del heroísmo, ningún otro que no fuera yo se lo hubiera llevado. (vv. 441- 444)

En la mente de Áyax, no sólo se encuentra la grave afrenta (la falta de reconocimiento) de sus iguales, sino también la estima de aquellos que son de su linaje, tanto el pasado como el futuro. El padre se vuelve una imagen ideal que es necesario alcanzar, a la que se le debe rendir cuentas:

Áyax: Tengo que buscar un proyecto de unas características tales que evidencien a mi anciano padre, de algún modo, que no he nacido de él para ser un cobarde. (vv. 470-472)

Por otra parte, el hijo representa el futuro del genos y, por lo tanto, le encarga el peso de vengar y defender el honor del linaje.

Áyax: Y cuando llegues a esto [la adultez], deberás mostrar entre los enemigos de tu padre quién eres y por quién has sido formado. (vv. 556-557)

La masculinidad que el niño debe asimilar se relaciona con el estoicismo frente a lo que le incomoda o asusta. Es parte de su educación como hombre. Nótese, por otra parte, la duda con respecto a la paternidad del hijo.

Áyax: Levántalo, levántalo aquí, que no se asustará por mirar esta carnicería recién cometida, si es que en verdad es hijo mío. Antes bien, hay que adiestrarlo en seguida en las duras costumbres de su padre y semejarle en su naturaleza. (vv. 545-549)

Sin embargo, los verdaderos enfrentamientos masculinos suceden entre Teucro y Menelao, y Teucro y Agamenón. En el primero se va a observar la presencia de una serie de amenazas, retos, insultos y desprecios. La mayor parte de los actos de habla entran en conflicto con la cortesía y amenazan la imagen pública del interlocutor. Prácticamente no hay fórmulas que atenúen la fuerza ilocutiva de los actos. Véase por ejemplo la cantidad de actos impositivos que enuncia Menelao en el siguiente fragmento:

Menelao: Y, ante esto, no te exaltes en cólera terrible; pues, si estando vivo no fuimos capaces de dominarle, lo haremos por completo ahora que está muerto, aunque tú no quieras, controlándole en nuestras manos. (vv. 1066-1069) (…) te mando que no des sepultura a éste para que no caigas tú mismo en la tumba, si lo haces.

Por su parte, Teucro muestra la misma falta de moderación:

Teucro: Has navegado aquí en calidad de lugarteniente de los demás, no de general de todos como para mandar alguna vez sobre Áyax. Así que da órdenes a los que gobiernas y repréndeles a ellos con las altivas palabras; que a éste, ya ordenes tú que no, ya lo haga otro general, yo lo pondré en una tumba con todo derecho sin temor a tu lengua. (vv. 1105-1110)

Se puede notar que la estrategia consiste en corregir al otro asignándole un status menor del que cree tener, para después lanzar un desafío que él cumplirá “sin temor”, ya que esta es la cualidad más estimable para los hombres. Más adelante, Teucro llegará incluso a insultar a Menelao llamándolo “el que no es nada” (µηδείς). (v. 1114) Menelao responde a eso con el insulto de “arquero” en el verso 1120, lo cual representaba un término peyorativo en Atenas77 porque los arqueros generalmente estaban más

alejados de la acción cuerpo a cuerpo, que implicaba más riesgo y, por lo tanto, más gloria.

Lo siguiente es el diálogo esticomítico entre Teucro y Menelao. En los primeros intercambios es en donde se miden como hombres antes de pasar a la arena del debate y acusaciones mayores que lanza Teucro. En los versos 1122 y 1123, Menelao lo subestima en la lucha y Teucro exagera el tamaño de su valor frente al jefe griego:

Menelao: Grande sería tu jactancia, si tomaras un escudo.

Teucro: Incluso desarmado me defendería ante ti, aunque tú tuvieras armas.

Esta batalla se cierra con un menosprecio de Menelao para Teucro y la réplica de este último en el mismo tono. La necesidad de Teucro de afianzar su carácter como hombre hegemónico radica en que ha sido nombrado tutor

de los asuntos de Áyax. Estos asuntos son muy delicados y requieren de una autoridad extraordinaria. Además, Teucro asume la muerte de Áyax como su responsabilidad: “¿A dónde me es posible ir, a qué mortales, ya que no te serví de ayuda en tus dolores?” (v. 1006) Así que se debe mostrar a la altura del mandato de fidelidad que le impone su genos.

Con Agamenón el tono de la disputa crece más aún. Los actos verbales atacan fuertemente la imagen pública del otro. En este caso, no existe la necesidad de guardar una imagen positiva, sino que todos los enunciados están invertidos en la defensa de su propio espacio simbólico, en la imagen negativa: de no permitir que el otro te invada tus prerrogativas. Agamenón inicia su discurso con un desprecio y un insulto dirigidos hacia el linaje de Teucro, de ahí que se puede ver que la masculinidad también se fundamenta en el origen:

Agamenón: ¿Eres tú el que te atreves a proferir impunemente –según me dicen– terribles palabras contra mí? A ti me dirijo, al hijo de la esclava. (vv. 1126-1128)

Y al final:

Agamenón: Y si te das cuenta de quién eres por tu origen, ¿no traerás aquí a algún otro hombre, a uno libre, para que ante nosotros defienda tu causa en tu lugar? Yo no te comprendería cuando hablases, pues no conozco la lengua bárbara. (vv. 1259-1263)

En este último fragmento se puede ver dos de los requisitos para pertenecer a la clase de los hombres que tenían derecho a expresarse y defenderse en un juicio: ser libre y ser ateniense. Estos hombres estaban en una jerarquía superior que quienes no tenían estas cualidades. La defensa de Teucro, si bien comienza como una defensa de las cualidades de Áyax, pasa a atacar el linaje de Agamenón y defender el propio.

Teucro: Y siendo de tal clase, ¿me haces reproches sobre mi origen, a mí que he nacido de mi padre Telamón, aquel que, por sobresalir en el ejército por su valor, obtuvo a mi madre como esposa, la que era por su nacimiento princesa, hija de Laomedonte? (vv. 1298-1302)

Teucro cierra su discurso con una amenaza donde Agamenón algún día habrá preferido ser cobarde que valiente (v. 1315) en la disputa que están teniendo, lo que es un desafío enorme a la autoridad.

Valor, libertad, ciudadanía son las tres características estimadas por la masculinidad en la obra y donde se fundamenta la misma. El hecho de que los debates del episodio 4 y el éxodo presenten la desacreditación del otro, implica que el conflicto engloba también la capacidad del otro en defenderse como hombre, no son debates puramente conceptuales, son duelos.

El tema se resuelve con la intervención de Odiseo, que establece una relación de amistad con Agamenón, esto es, acude a la imagen positiva que el jefe griego quiere conservar con él para defender la causa del enterramiento. El mismo Odiseo utiliza una serie de fórmulas corteses o atenuantes que hace que su gestión prospere. Por ejemplo, para presentar su caso, utiliza una fórmula donde hace recaer la responsabilidad en el otro de escuchar lo que él va a decir y no enojarse: “¿Le es posible a un amigo decirte la verdad y seguir siendo tan amigo como antes?” (vv. 1328-1329) Esto desarma a Agamenón y las consiguientes réplicas evitarán una y otra vez el enfrentamiento.