CAPÍTULO 2. SEXUALIDAD Y GÉNERO
3.2 Contexto discursivo 1 Origen del teatro
3.2.2 Los concursos dramáticos en Atenas
El teatro griego se instituye en su sociedad en tanto que práctica de
reproducción social. “La tragedia no es sólo una forma de arte: es una
institución social que la ciudad, por la fundación de los concursos trágicos, sitúa al lado de sus órganos políticos y judiciales” (Vernant, 2002b, p. 27). La importancia de lo oral en la cultura griega se relaciona con la transmisión de cultura práctica, más importante que la enseñanza de hechos abstractos: la forma dramática “evoluciona hacia una situación donde el rol del poeta era en algún grado pensado como educativo57” (Green, 1994, p. 6 y cf. también
Hubeñák, 1996, p. 26).
Así el teatro se convierte, en parte, en un difusor ideológico de las clases altas, donde se celebran los ideales griegos y donde se advierte a los ciudadanos acerca del peligro de ir en contra de las leyes instituidas por los dioses y la ciudad:
El uso público del mito ha estado desde hace mucho en las manos de las clases altas. Es normal que en la mayoría de las culturas se use el mito consciente o inconscientemente para sostener sus ideologías, y así, para grupos particulares o individuos el usarlo de la misma forma:
57 …it evolved in a situation where the role of the poet was to some degree thought of as
para sostener sus causas o justificar sus puntos de vista58. (Green,
1994, p. 12)
También se instituyen una serie de mecanismos de inclusión-exclusión en torno al teatro: unos de ellos económicos, no cualquiera tenía el tiempo y el dinero para encargarse de organizar una obra o para siquiera participar en ella. Tampoco se contaba con la posición social como para acceder a la escuela y posteriormente dedicarse a escribir. Un dato que atestigua esta afirmación es que todos los grandes dramaturgos de la antigüedad griega pertenecían a familias encumbradas de su ciudad (Berthold, 1974, pp. 123- 127).
Los festivales (Dionisiacas rurales, Lenaia, Grandes Dionisiacas), también funcionaban como instituciones excluyentes ya que fijaban ciertos géneros permitidos y absolutamente delimitados como fueron la tragedia, la comedia, el drama satírico y los ditirambos; estos últimos más emparentados con la poesía y la danza.
La asignación de premios significaba dar una escala de valores contra la cual se juzgaban las obras teatrales. Esto respondería a una ideología acorde a la reproducción de la democracia griega como sistema de gobierno. Es sabido que la gran mayoría de los que participaban en las obras de teatro eran familias de “de bien”: “Es probable que los tradicionales coros de animales, extranjeros o de particulares categorías de hombres (…) fueran característicamente no-atenienses y así, sirvieran para probarle al público (…) las ventajas y placeres de ser ateniense59” (Green, 1994, p. 11).
Este ejercicio ideológico se sumaba a la necesidad de Atenas de proyectarse como ciudad hegemónica en el mundo griego y los festivales eran un signo
58 The public use of myth had for long been in the hands of the upper classes. It is normal in
most cultures for myth to be used consciously or unconsciously to support its ideologies, and for that matter for particular groups or individuals to use it in the same way, to support their causes or justify their points of view.
59 It is probable that the traditional choruses of animals, foreigners or particular categories of
men (…) were characteristically non-Athenian, and so served to prove to the audience (…) the advantages and pleasures of being Athenian.
para los visitantes, así como la arquitectura y la estatuaria. La vida alrededor del teatro también se proyectaba en artesanías y ventas de utensilios alusivos que podían adquirir los asistentes.
El teatro podía servir como lugar de debate y de hecho, era este un aspecto muy apreciado por el público. En la escena se defendían puntos de vista democráticos, aristocráticos o conciliadores de acuerdo a la visión de mundo del dramaturgo en cuestión: “El poeta dramático está en realidad siempre en
gagé, intenta desempeñar un papel de educador entre sus conciudadanos, a
los que propone, enmascarada tras el mito, su visión particular del mundo”. (Degani, 1981, p. 262)
Sin embargo, ganar un concurso dependía en gran medida de la configuración de participantes en todos los roles posibles:
Sabemos que los arcontes, a los que el estado confiaba el papel de decidir la admisión de los concursantes, y por consiguiente, la aceptación de las obras teatrales respectivas, hacían a menudo elecciones que estaban muy lejos de ser “imparciales”; e incluso, en la designación de los coregos y en la nominación del jurado, resulta que había amplias posibilidades de manipulación. Y no tenían escrúpulos, en caso necesario, de aprovecharse del regular procedimiento electivo (Degani, 1981, p. 263).
Los concursos teatrales se realizaban tres veces al año: Las Grandes Dionisíacas, que se celebraban en honor a Dioniso en marzo y atraía una gran cantidad de extranjeros; la fiesta de las Leneas, llamada así por las ménades o mujeres poseídas de frenesí dionisíaco; y finalmente, las Dionisíacas rurales, que se celebraban en distintos demos del Ática y tenían carácter local (Barahona, 2006, pp. 259,264).
La importancia que se le daba a que los atenienses asistieran a las representaciones se puede ver en el hecho de que se estableciera el
teoricon, el cual consistía en una subvención estatal “que permitía a los
También el hecho de que podían asistir las mujeres, las cuales no participaban del espectáculo en sí, pero se consideraba importante su asistencia; esto a pesar de que tenían prácticamente prohibida su presencia en la vida pública (como se vio más arriba).