En el curso característico de una evaluación clínica, los resultados del MMPI-A se interpre- tan en el contexto de información histórica y de antecedentes sobre el cliente, considerando las
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condiciones y procedencia de determinados comportamientos o problemas, así como el entorno, en que la evaluación tiene lugar. De hecho, la evaluación con el MMPI-A siempre debe acompañarse de una entrevista clínica como recurso para validar de manera transversal los resultados de la prueba, y obtener información que permita una interpretación más precisa del MMPI-A. Además, hay muchas preguntas y escenarios referentes a la evaluación, que indican que el análisis con el MMPI-A debe darse como parte de una batería de pruebas mucho más grande. Por ejemplo, es posible que el examinador necesite abordar preguntas amplias con respecto a las capacidades de tolerancia al estrés, la regulación afectiva del adolescente y la precisión de sus procesos de valoración de la realidad. En el contexto de esta pregunta de referencia, la prueba Rorschach por lo general complementa la evaluación con el MMPI-A. De igual modo, pueden abordarse preguntas de evaluación relacionadas con las percepciones y relaciones interpersonales del adolescente, si se incluye la Prueba de Apercepción Temática (Thematic Apperception Test, TAT) como parte de la batería de pruebas. Otro método de evaluación útil con baterías tal vez consista en combinar el autoinforme obtenido del adolescente en el MMPI-A con datos proporcionados por los padres o los maestros, mediante la Lista de Verificación de la Conducta Infantil (Child
Behavior Checklist, CBCL; Achenbach & Eldebrock, 1983). Estas aproximaciones tienen la ventaja
de que utilizan múltiples métodos de evaluación, lo cual ofrece oportunidades para evaluar las dinámicas y procesos de la personalidad desde diferentes puntos de vista. Las estimacion es de las interrelaciones entre el MMPI y Rorschach obtenidas empíricamente en muestras de adolescentes. (véase Archer & Krishnamurthy, 1993; Krishnamurthy, Archer & House, 1996), han demostrado que la relación entre escalas e índices conceptualmente similares en las dos pruebas (p. ej., la escala 2 del MMPI-A y el Índice de Depresión de la Rorschach, DEPI) en realidad es mínima. Estos hallazgos indican dos posibilidades: que los constructos medidos por las dos pruebas son en esencia disímiles o que se evalúan facetas muy diferentes de constructos similares mediante los índices de las dos pruebas. Cualquiera de estas posibilidades indica que el clínico no obtendría información redundante del uso de ambas pruebas en una batería de evaluación. De manera similar, en los estudios de investigación publicados sobre inventarios de informes de padres versus niños se han descubierto asociaciones deficientes entre los dos conjuntos de informes. Por ejemplo, los resultados de la CBCL informados por los padres suelen ser divergentes de los hallazgos del Autoinforme Juvenil (Youth Self-Report, YSR), encontrando una discrepancia similar entre los perfiles reportados por los maestros en el YSR y la CBCL. Para el asesor clínico, estos hallazgos indican que quizá sea crucial contar con diveras fuentes de información para obtener una imagen mucho más amplia del funcionamiento del adolescente.
La evaluación con el MMPI-A también puede integrarse con datos de pruebas intelectuales, de aprovechamiento y neuropsicológicas, las cuales ofrecen información única, o que no se traslapa, con respecto al funcionamiento del adolescente. Esto es importante en particular cuando se sospecha que el adolescente tiene algún problema neurológico como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), una discapacidad de aprendizaje específica o antecedentes de lesión cerebral. Las puntuaciones en las pruebas de inteligencia llegan a explicar, por ejemplo, respuestas inconsistentes o aleatorias a los reactivos del MMPI-A en un perfil inválido o marginalmente válido, u ofrecen una explicación mucho más completa de comportamientos que reflejan un juicio deficiente o impulsividad. Las puntuaciones en comprensión de lectura de las pruebas de aprovechamiento también sirven como contexto útil para entender los resultados del MMPI-A concernientes a problemas relacionados con la escuela o aspiraciones bajas; además de determinar si la aceptación del adolescente a los reactivos de la prueba, se basa en
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una comprensión adecuada de los mismos. Mientras tanto, las pruebas neuropsicológicas pueden revelar deficiencias perceptuales y cognitivas que ayuden al terapeuta a entender los indicadores de confusión, baja autoestima y angustia emocional en el MMPI-A.
Otro beneficio adicional de la evaluación con el MMPI-A consiste en realizar una evaluación complementaria de los padres del adolescente con ayuda del MMPI-2, el cual ofrecen una imagen útil del contexto familiar que permite entender en forma más completa las dificultades del adolescente. El perfil del MMPI-2 revela, por ejemplo, un elevado nivel de angustia o psicopatología de los padres, a partir del cual el clínico puede hacer inferencias importantes sobre la capacidad de los padres para participar en, o beneficiarse de intervenciones como la terapia familiar.
Un aspecto final es que la evaluación con el MMPI-A en la planeación del tratamiento es en realidad un método que permite ahorrar tiempo y recabar el tipo de información necesaria para desarrollar un plan de tratamiento efectivo, sobre todo cuando se considera la cantidad de tiempo que se requiere para obtener un rango de datos comparable a partir de información proveniente exclusivamente de entrevistas clínicas. Los resultados del MMPI-A también proporcionan una mayor objetividad y precisión cuando se interpretan utilizando información contextual, cuando se tiene una comprensión psicométrica sólida de la prueba y conocimientos sobre el desarrollo y la psicopatología del adolescente. Estas características se traducen en rentabilidad “un principio rector importante en la práctica clínica contemporánea”, lo mismo que en una mayor efectividad clínica.
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AUTOEVALUACIÓN
1. El tipo de código 4-9 por lo general se encuentra en los perfiles del MMPI-A de los delincuentes juveniles, pero no en los de adolescentes que abusan de las sustancias. ¿Verdadero o falso?
2. Las adolescentes bulímicas tienen más probabilidades que las anoréxicas de mostrar elevaciones en las escalas del MMPI-A que reflejan tendencias rebeldes. ¿Verdadero o falso?
3. Las puntuaciones elevadas en las escalas K, R y RTR-A en una evaluación con el MMPI-A previa al tratamiento señalan:
a) una mayor conveniencia de psicoterapia de grupo b) una mayor conveniencia de psicoterapia individual c) renuencia a participar en la psicoterapia
d) apertura a todas las formas de psicoterapia x
4. Cambios de 5 o menos puntos de puntuación T en el retest de los perfiles del MMPI-A:
a) reflejan una cantidad realista de cambios relacionados con el tratamiento b) pueden deberse exclusivamente a un error de medición
c) indican una falla en el tratamiento d) ninguna de las opciones anteriores
5. Combinar el MMPI-A con otras pruebas en una batería:
a) puede ser útil para abordar preguntas de referencia amplias b) genera sólo información redundante
c) está contraindicado en el ambiente actual de la práctica de la atención regulada
d) debe darse sólo si las otras pruebas son listas de verificación informadas por los padres
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