Integración y dinamismo en Asia y el Pacífico
PARTICIPACIÓN DE ALGUNAS AGRUPACIONES DE ASIA Y EL PACÍFICO EN LA ECONOMÍA MUNDIAL
C. El comercio intraindustrial y el surgimiento de China como eje de la plataforma exportadora
asiática
La alta complementariedad productiva y comercial es muy indicativa de los profundos cambios que están afectando a la integración regional en Asia, debido al desmembramiento del proceso de producción. Asia oriental puede considerarse una “fábrica” altamente integrada, en la cual los anteriores procesos nacionales de producción se han desmembrado y dispersado hacia los sitios de menor costo en la región (Baldwin, 2006). En efecto, Tailandia y China recibieron los procesos con uso intensivo de mano de obra, en cuanto a Japón y la República de Corea se quedaron con los componentes con uso intensivo de ingeniería. Llama la atención que toda esta creación regional de comercio se dio al margen de los acuerdos regionales de comercio.
La denominada “fábrica Asia” se estableció por la vía de la liberalización arancelaria unilateral del comercio de partes y componentes, elementos principales del comercio intrarregional de Asia oriental. Aunque las rebajas arancelarias fueron no discriminatorias, su efecto fue regional, debido a las redes de empresas multinacionales coreanas, japonesas y de la provincia china de Taiwán y a la propia naturaleza de estos productos. Esto representó un cambio considerable en el modelo de desarrollo de Asia antes del surgimiento de China como potencia económica. Un elemento importante del proceso de desmembramiento de los procesos de manufactura en la región fue la pérdida de ventajas comparativas de
Japón en la producción manufacturera, que llevó a las empresas niponas a “desmembrar” sus procesos productivos, enviando las etapas de uso más intensivo de mano de obra hacia las naciones más cercanas de Asia oriental. El proceso de “vaciado” (hollowing out) de la economía japonesa estuvo seguido por el de la provincia china de Taiwán, la República de Corea,
Singapur y Hong Kong (RAE de China), lo que profundizó el proceso de creación de la “fábrica Asia”. Por último, la entrada de China en el circuito económico internacional terminó por agudizar la erosión de las ventajas comparativas industriales de los países de mayor ingreso de Asia oriental, incrementando a su vez el atractivo de la producción extraterritorial.
1.
Aumento del comercio intraindustrial, concentrado
en el sector de maquinarias
El alto nivel del comercio intrarregional en Asia es causa y efecto a la vez del creciente grado de complementariedad comercial entre los países, manifiesto en elevados índices de comercio intraindustrial, es decir, casos en que un país simultáneamente importa y exporta productos semejantes pero diferenciados.
El Asia oriental, sobre todo las economías de la ASEAN+3 y la provincia china de Taiwán, constituye uno de los más importantes focos de comercio intraindustrial a nivel mundial. Según los cálculos más recientes del Banco Asiático de Desarrollo (ADB, 2007), en la última década se observan altos y crecientes coeficientes de comercio intraindustrial en los sectores relacionados con recursos naturales y manufacturas de uso intensivo de tecnología y capital humano. Aproximadamente la mitad del aumento del comercio intraindustrial asiático observado en Asia oriental entre 1990 y 2003 es atribuible a la expansión del comercio relacionado con el sector de componentes y partes de maquinarias (Ando y Kimura, 2005), que ha registrado el más rápido crecimiento. De esta
forma, Asia oriental y sudoriental asumen en conjunto la característica de “fábrica Asia”.
Cabe señalar que las empresas estadounidenses y, en menor grado, las europeas presentes en los sectores de maquinarias de Asia oriental y sudoriental se están insertando cada vez más en la red de cadenas productivas y aprovechan mejor la sinergia que se genera en la región asiática, en la cual participan numerosas pymes como proveedoras de insumos y partes (Kimura y Ando, 2004). Este comportamiento contrasta con el que revelan estas empresas en América Latina y el Caribe, donde no se advierte la creación de redes productivas ni cadenas de valor con participación de empresas transnacionales estadounidenses y europeas, salvo en México y, en cierto grado, Costa Rica. Para atraer mayores inversiones hacia la propia región, los países de América Latina y el Caribe deben aplicar políticas que estimulen la creación de esas cadenas de producción y comercialización, tanto a nivel regional como extrarregional. En ausencia de cadenas de este tipo, globalmente competitivas, será muy difícil atraer más IED de uso intensivo de tecnología hacia la región.
2.
IED intrarregional, clave para el comercio intrarregional
e intraindustrial
a) El caso de Japón
En comparación con el año anterior, en 2006 el comercio exterior de Japón acusó un significativo
aumento. Las exportaciones crecieron un 8,2% y las importaciones un 11,7%. Para Japón, sus países vecinos son fundamentales como destino y origen de su comercio exterior. La participación de los países de
Asia oriental en las importaciones de Japón supera el 40% y se acentúa aún más en las exportaciones, alcanzando a casi un 46%. Entre los vecinos asiáticos se destacan China como socio comercial, sobre todo en cuanto a las importaciones japonesas, y la ASEAN (10). Como origen de las importaciones, China casi duplica la participación de Estados Unidos y la Unión Europea considerados por separado.4Las importaciones
de Japón provenientes de la ASEAN (10) ya superan a las que se originan en Estados Unidos o la Unión Europea. América Latina y el Caribe ocupa un espacio relativamente reducido, ya que su participación no excede un 5% (JETRO, 2006).
Gran parte de los productos que Japón comercia con sus vecinos asiáticos, tanto exportaciones como importaciones, son maquinarias electrónicas, equipos de transporte y otras manufacturas de uso general. Esta característica se evidencia no solo en el comercio con China y las economías de reciente industrialización de Asia (República de Corea, Singapur y la provincia china de Taiwán) sino también con los miembros de la ASEAN. Así, la complementariedad productiva de Japón con el resto de Asia en el sector manufacturero aumenta y se refleja en un mayor grado de comercio intraindustrial.
El papel de Japón como inversionista y receptor de IED a nivel global es bastante limitado: la IED japonesa en el exterior representó el 6% de la IED total mundial en 2005 (45.500 millones de dólares) y los flujos hacia el país solo un 0,3% (3.200 millones de dólares). Sin embargo, la importancia relativa de Asia oriental y sudoriental como destino de este tipo de inversión japonesa es muy elevada. En 2005 más de un 35,6% de la IED de Japón se dirigió a Asia considerada en conjunto, la que se desglosa de la siguiente manera: China (14,5%), Tailandia (9,4%), Indonesia (2,6%), Hong Kong (RAE de China) (3,9%), República de
Corea (3,8%) e India (0,6%).5 El porcentaje
correspondiente a Asia supera al de la inversión destinada a Estados Unidos (26,7%) o la Unión Europea (17,3%). América Latina y el Caribe recibió
6.400 millones de dólares de inversión japonesa, es decir, un monto importante del total, que se concentró en los países que ofrecen exenciones de impuestos financieros (JETRO, 2006). Considerada la inversión por sectores, las maquinarias electrónicas (9,6%), los equipos de transporte (18,9%), las maquinarias de precisión (3,1%) y los químicos y farmacéuticos (7,4%) fueron los más favorecidos en el sector manufacturero. La predominante posición de Asia como destino, por una parte, y la importancia de los sectores de maquinarias, por otra, confirman el papel de dicho sector como eje principal de integración económica para Japón.
La contraparte de un elevado comercio intrarregional e intraindustrial es el dinamismo de las inversiones intrarregionales. En el caso de Japón, la importancia relativa en materia de IED japonesa se concentraba en los países de la ASEAN en los años noventa y ahora está cambiando su rumbo hacia China. Como se aprecia en el cuadro II.4, el centro de gravedad de la IED japonesa se mueve hacia tres regiones en China (la Bahía Bohai –Beijing, Hebei, Sandong, Liaoning–, el Delta del Río Yanzi –Jiangsu, Zhehing, Shanghai– y el Delta del Río Perla –Hong Kong (RAE de China) y Guangdong). Recientemente, Viet Nam se ha considerado una alternativa cada vez mejor a la IED en Guangdong, debido al alza de sueldos en China. Respecto de la ASEAN, el número de filiales japonesas en esa subregión no ha aumentado mucho en Indonesia y Filipinas e incluso ha declinado en Malasia, en un notable contraste con Tailandia, que sigue atrayendo la IED japonesa, sobre todo gracias al dinamismo de la industria automotriz tailandesa. La penetración de las empresas japonesas en India todavía es muy modesta, pero el gobierno tiene gran interés en contrarrestar la creciente presencia de China en el Asia oriental y sudoriental mediante gestiones diplomáticas con India. Como se examinará más adelante, ambos países acordaron llevar a cabo estudios de factibilidad para firmar un acuerdo de alianza económica (Fujita y Hamaguchi, 2006).
4 En 2006, las exportaciones a China se expandieron un 15,6% en relación con el año anterior (8,8%). Tal dinamismo se origina en el sector de
maquinarias electrónicas, automóviles y sus piezas y materiales, que se exportan a los mercados estadounidense y europeo (JETRO, 2007).
5 Las cifras preliminares para 2006 también confirman la importancia de esta zona, ya que recibió un 34,1% (17.200 millones de dólares) del
total, que alcanzó los 50.300 millones de dólares (JETRO, 2006). En este año, el peso como destino de los países miembros de la ASEAN sumados iguala al de China.
Por otra parte, las empresas transnacionales consideran fundamentales las inversiones en el propio Japón, con miras a fomentar su capacidad tecnológica y de innovación y para prevenir la fuga de sus tecnologías clave. Pese a que Asia sudoriental ha estado bajo la sombra china en los últimos años, su posicionamiento estratégico entre China e India le ofrecería nuevas oportunidades. En este sentido, sería necesario que la ASEAN avanzara más en su proceso integrador, promoviendo la especialización productiva de cada país miembro. Japón podría contribuir a este proceso de integración económica mediante su apoyo a la integración entre los miembros de la ASEAN y entre la ASEAN e India (Fujita y Hamaguchi, 2006).
b) El caso de China
La IED que ha recibido China de las tres principales fuentes, a saber, Japón, la ASEAN y la República de Corea (véase el cuadro II.5) registró un notorio crecimiento, sobre todo a partir de 2001, año en que China se integró a la OMC. Esas tres fuentes representan cerca de un 22% del total de IED que ingresó a China en 2005, cifra no despreciable, dado que: i) la participación de Estados Unidos y la Unión Europea ronda el 6% y el 7% del total invertido en los últimos años, respectivamente; ii) el porcentaje correspondiente a la provincia china de Taiwán se sitúa entre un 4% y un 5%, y iii) casi un 60% de la IED que ingresa a Cuadro II.4