Podremos leer muchos buenos libros sobre la oración y la alabanza a Dios que inspirarán nuestra fe. Nos ayudará estudiar las oraciones y promesas bíblic as. Los testimonios de oraciones contestadas nos estimularán a orar. Sin embargo, sólo orando podremos aprender realmente a orar con eficacia. He aquí seis reglas para la oración que producen resultados en el evangelismo.
1) Hablar con Dios acerca de todo. 2) Pedir en el nombre de Jesús. 3) Creer en Dios y alabarlo. 4) Ser persistente.
5) Orar a solas y con otros.
6) Dejar que el Espíritu nos ayude.
Hablar con Dios acerca de todo
Supongamos que usted tiene dos hijos y se halla al frente de un negocio propio. Ambos hijos se interesan en el negocio. Uno conversa con usted sobre todas las cosas. Escucha atentamente lo que usted le dice. El segundo hijo nunca habla con usted, excepto cuando quiere pedirle algo. Simplemente le dice lo que él desea y no presta atención a lo que usted le dice. ¿A cuál de ellos elegiría usted como socio de su negocio? ¡Por supuesto que no elegiría al segundo! ¿Qué decir entonces del cristiano que trabaja arduamente en la obra del Señor, pero todo lo hace de acuerdo con sus propias ideas? No consulta al Padre ni
Conversemos con Dios sobre todas las cosas con franqueza y sinceridad. Podemos decirle lo que verdaderamente pensamos o sentimos; no sólo lo que nos parece que El quisiera oír. Confesemos nuestras faltas y pidamos su perdón; al fin y al cabo, no podemos esconderlas de El. No tenemos necesidad de impresionar a Dios o a los demás con un lenguaje especial o palabras bellas en nuestra oración. Lo que a El le importa es que sintamos lo que decimos en oración.
Orar no es echarle pequeños discursos a Dios. Es establecer una conversación de dos vías. Escuchemos su voz mientras esperamos en su presencia, y mantengámonos
―sintonizados‖ para oírla en medio de nuestros quehaceres diarios. El desea darnos la
respuesta a nuestra oración: la dirección que solicitamos, la fe que necesitamos, el mensaje que hemos de compartir, el poder del Espíritu Santo … Démosle gracias por sus
bendiciones, hablemos con El acerca del trabajo que nos ha encomendado y de la gente a la que debemos llegar, y escuchemos sus respuestas.
Pedir en el nombre de Jesús
ORAR EN EL NOMBRE DE JESUS
Bosados en
las promesas que El nos ha dado
su redencion que nos hace hijos de Dios la autoridad que El posee
que somos enviados por El a su obra
A menudo usamos la frase en el nombre de Jesús en nuestras oraciones, pero no es una fórmula mágica. Reconocemos con ella que por medio de Jesús nos convertimos en hijos de Dios y adquirimos acceso a cuanto Dios les brinda a sus hijos. Más aún: estamos unidos con Cristo. Somos una parte de su Cuerpo, la Iglesia, y acudimos en su nombre a recibir todo lo que necesitamos para desarrollar la labor que El nos manda hacer (Juan 14:13, 14).
Creer en Dios y alabarlo
Vemos en algunas de las oraciones de la Biblia que la persona que oraba citó las
promesas de Dios como base para lo que pedía. Es como presentar un cheque para cobrarlo. ¿En qué debemos creer? En las promesas de Dios. Más: debemos creer en Dios mismo. El nos ha llamado para que seamos sus socios en el evangelismo y debemos confiar en que hará su parte.
Ser persistentes
Persistir es continuar en un curso de acción a pesar de los obstáculos o la oposición. Si Dios ha prometido algo y sabemos que es su voluntad, perseveremos en nuestra oración por ello. Sabemos que es su voluntad avivar a la Iglesia y salvar a las almas. Por tanto, sigamos orando por nuestros amigos. No debemos desalentarnos si la respuesta no viene de
inmediato. Jorge Müller oró diariamente por más de 50 años por la conversión de una serie de amigos. Uno por uno iba quitando sus nombres de la lista a medida que aceptaban a Cristo. Cuando él murió, quedaban dos inconversos aún. Uno se entregó al Señor en el funeral de Müller. El otro se convirtió poco tiempo después.
Orar a solas y con otros
Jesús, nuestro ejemplo, pasaba mucho tiempo a solas con su Padre en oración, pero también oraba en público y con sus discípulos. Les enseñó a orar juntos y ponerse de acuerdo en aquello que pidiesen. Hay un tremendo potencial en la oración unida (Mateo
18:19, 20; Hechos 1:14, 15). Hasta el mismo Jesús sentía necesidad de la oración de sus amigos (Mateo 26:36 – 40). Los primeros cristianos iban al templo diariamente a orar (Hechos 2:41 – 3:1).
Dejar que el Espíritu nos ayude
El Espíritu nos ayuda a orar en la medida que se lo permitamos. A veces nos llama la atención a cierta necesidad o trae una persona a nuestra mente con el fin de que oremos por ella. ¿Se ha despertado alguna vez en medio de la noche con la sensación de que cierta persona tiene una necesidad urgente? Lo más probable es que Dios quería que usted orara por tal persona. El Espíritu le ayudaba a orar. Nuestra cooperación con el Espíritu puede
salvarle la vida a alguien o ayudarle a atravesar una crisis espiritual. ¿Le gustaría ver cuánto
aprovecha las oportunidades para orar? Marque una X en
la columna que muestra su
uso de cada una. Diariamente
Con regularidad A menudo A veces Rara vez Nunca Oración en privado Oración en familia Acción de gracias en las comidas
Mientras trabaja
Cuando va de un lugar a otro Mientras conversa por teléfono Antes de irse a acostar
Cuando no puede dormir Al despertarse por la mañana Con alguien que tiene una necesidad
Con quienes visitan su hogar Cuando visita a otros
En un grupo de oración En los cultos en la iglesia En una cadena de oración
El Espíritu Santo conoce por completo las necesidades de todos: las nuestras y las de aquellos por quienes oramos en el evangelismo. El sabe cuáles circunstancias impedirían y cuáles ayudarían a esparcir el Evangelio. Nosotros n o sabemos tales cosas. Por ese motivo, necesitamos su ayuda. El viene a llenarnos y orar a través de nosotros — si se lo
permitimos — con una intensidad, urgencia y fe que no tenemos en nosotros mismos. El ora eficazmente por nosotros conforme a la voluntad de Dios (Romanos 8:26, 27).
Quienquiera que usted sea, sea cual fuere su edad, su posición en la vida o su ocupación, si conoce a Jesús como su Salvador, El tiene un ministerio para usted en la oración. Desde donde está, puede circundar el mundo mediante la oración y ayudar a llevar almas a Cristo.
REPASO Y APLICACION PERSONAL
Después de contestar las preguntas, compare sus respuestas con las que se dan para la lección 4 al final del libro.
1 Nombre tres aspectos generales en los cuales Dios obra cuando oramos y le alabamos.
2 ¿Con qué actitud debemos orar según Filipenses 4:6?
3 Suponga que usted está dirigiendo un culto de oración. Nombre tres cosas que haría para dirigir a la gente en alabanza antes de comenzar a orar.
4 Muchos de los salmos son cánticos de alabanza. Lea el Salmo 100 frase por frase, alabando a Dios por lo que cada una le trae a la mente. ¿Qué experimentó al hacer esto?
5a ¿Quién oró por usted antes de que encontrara a Cristo?
b Haga una lista de oraciones suyas a favor de otras personas, que Dios ha contestado. Déle las gracias.
c Escriba el nombre de una persona por cuya salvación usted ora. Apunte algunas cosas respecto a ella y la obra de Dios en ella, por las cuales puede alabarlo.
6 Compare Hechos 16:16 – 34; Romanos 8:28; Filipenses 1:1 – 30. ¿Qué circunstancias parecen servir de obstáculo al Evangelio en su región? Ore y alabe a Dios confiando en que las cambiará o usará para bien.
7 ¿Qué nos manda hacer Dios en 2 Crónicas 7:14 para que El sane nuestra tierra?
8 ¿Qué es un avivamiento? ¿Cómo se relaciona con la oración y el evangelismo?
9 ¿Qué oportunidades tiene usted para orar por una necesidad de otra persona a quien le ha testificado o quiere hacerlo?
10 Lea Romanos 15:31; Efesios 6:19; Colosenses 4:3 y 2 Tesalonicenses 3:1, 2. Ore por algún obrero cristiano que usted conozca respecto a cada una de las peticiones mencionadas por Pablo.
11 Escriba las seis reglas de la oración. Al lado de cada una escriba su evaluación de cómo usted está en ese punto: fuerte, regular o débil.
12 Nombre cuatro cosas que debemos tomar en cuenta al orar en el nombre de Jesús.
13 ¿Con qué propósito contó Jesús la parábola que se halla en Lucas 18:1 – 8?
14 ¿Por qué es importante que le permitamos al Espíritu Santo orar a través de nosotros?