Los grandes hombres de Dios en la Biblia fueron todos hombres de oración. Podemos aprender de ellos cuál debe ser el objeto de nuestras oraciones en el evangelismo.
Consideremos tres zonas generales de necesidad en el evangelismo.
Avivamiento y evangelismo
Daniel, Esdras y Jeremías eran todos hombres de Dios que lloraron ante El por los pecados de su pueblo como si ellos mismos hubiesen sido los culpables. Otros profetas
oraron también con toda sinceridad por la restauración espiritual de su nación descarriada. Dios obró en respuesta a sus oraciones para produ cir un despertar espiritual, el retorno del pueblo de la cautividad, y varias épocas de avivamiento.
Propiamente hablando, un avivamiento es una actuación de Dios en medio de su pueblo para darle vida nueva, pero el avivamiento genuino de los cristianos siempre produce
conversiones también. En un avivamiento los cristianos se arrepienten de sus pecados y se consagran de nuevo a Dios. Cuando esto sucede, el Espíritu Santo los llena de amor por los perdidos, impulsándolos a orar y trabajar por la salvación de éstos. Oramos por un
avivamiento, porque el avivamiento produce más oración y evangelismo, y éstos producen a su vez las conversiones a Cristo. Si deseamos ver más conversiones, debemos comenzar a orar para que Dios avive a la Iglesia.
En la historia de la Iglesia vemos que el avivamiento siempre ha atraído a los pecadores a Cristo. La oración ha sido una fuerza vital en todo avivamiento. Hugo P. Jeter dice en Convicción del Espíritu Santo y avivamiento:
La oración ha sido reconocida desde hace mucho tiempo como esencial para el avivamiento. El espíritu de oración marcó cada avivamiento de Finney. Los convertidos oraban toda la noche por otras personas. Finney mismo dependía totalmente de la oración. En 1829 unos leñadores asistieron a una campaña de Finney en Filadelfia y se convirtieron. Volvieron a su lugar de trabajo en las montañas, contaron lo que habían presenciado y comenzaron a orar por un avivamiento. En 1831 algunos de ellos fueron a preguntar a Finney cómo conseguir un ministro. Dijeron que no menos de 5,000 personas se habían convertido en esa región y que no había un solo ministro del Evangelio en toda la zona. El
gran avivamiento de 1800 comenzó después de la distribución de una carta circular convocando a la oración. Se formaron grupos de oración en muchas partes del país y
comenzó un gran movimiento del Espíritu de Dios que duró más de 40 años. Hubo decenas de miles de conversiones.
La predicación desempeñó un lugar secundario en el gran avivamiento de 1857. Este avivamiento, uno de los más grandes de la historia, principió cuando un laico, el señor Lanphier, inició en Nueva York unas reuniones a la hora del mediodía para gente de negocios. Los comienzos, en la Antigua Iglesia Holandesa, fueron modestos, pero la asistencia fue creciendo y las reuniones se extendieron a otras ciudades hasta que hubo millares de personas orando diariamente por un avivamiento. Cuando este avivamiento se hallaba en su cúspide, se convirtieron unas 50.000 personas semanalmente durante un período de ocho semanas. (Condensado del artículo aparecido en Paraclete, winter 1972,
vol. 6, No. 1, páginas 7 – 8. Gospel Publishing House, Springfield, Missouri, EE. UU.)
Juan Knox exclamaba en la agonía de su oración intercesora: ―Dios mío, dame Escocia. Si no, me muero.‖ Juan Wesley y los demás predicadores de principios del metodismo se levantaban a las 4:00 a.m. todos los días y pasaban las dos primeras horas del día en oración. ¡No es de sorprenderse que el avivamiento ocurriera y que hubiera muchas conversiones dondequiera que ellos iban!
La oración y el avivamiento son todavía parte del esquema de un evangelismo dinámico y eficaz. La preparación para algunas cruzadas evangelísticas comienza con el enrolamiento de las iglesias de la zona en una lista de turnos para la oración intercesora. Centenares de grupos de oración entre vecinos se reúnen semanalmente (o diariamente) en los hogares de los miembros de las iglesias. En algunos lugares se organizan cad enas de oración con voluntarios inscritos en una lista para orar durante 15 minutos, media hora, o una hora, en un momento determinado del día, de tal manera que ascienda continuamente la oración por el avivamiento hasta el Señor. Algunas iglesias celebran vigilias de oración toda la noche. Otras tienen días de ayuno y oración.
En la actualidad vivimos en días de gran avivamiento en muchos lugares; es un momento emocionante de la historia en el que Dios está haciendo cosas maravillosas en muchas partes del mundo. El lo ha escogido a usted para que tome parte de ese
avivamiento. ¿Quiere orar para que Dios avive a todos los cristianos y a la iglesia de su comunidad?
Necesidades personales
Hechos 1:14; 2:42, 43, 47; 4:24 – 31 nos muestran que la oración y sus respuestas tuvieron una parte importante en el evangelismo y el crecimiento de la Iglesia primitiva. También uno de los secretos del éxito de Pablo en la fundación de iglesias fue su oración constante a favor de los creyentes en particular.
En Lucas 15 Jesús insiste en el valor de la persona; en su interés por cada uno en particular. Por esto, no oramos solamente diciendo: ―Señor, sana a los enfermos, salva las
almas y llena a los creyentes con tu Espíritu.‖ Más bien, miramos a los que nos rodean y que necesitan a Dios, y oramos por los problemas y necesidades particulares de cada uno.
El interés sincero por las necesidades de una persona a menudo abre el camino para un testimonio y una oportunidad para orar con ella. La respuesta a la oración edifica la fe y a menudo conduce a la salvación. Esto está sucediendo en miles de grupos de oración.
En la visitación, la oración por las necesidades de las personas que componen el hogar también ha conducido a muchos a Cristo. Un ministro evangélico de Francia deseaba iniciar una iglesia en cierta ciudad. Después de alquilar una vivienda con una habitación
suficientemente grande para celebrar cultos, comenzó a visitar el sector de casa en casa. — ¿Hay algún enfermo en esta casa? — solía preguntar — . Jesucristo sana a los enfermos en la actualidad, tal como lo hacía en otros tiempos. ¿Quieren que yo ore por el enfermo? — Casi siempre la familia recibía la oración de buen grado, y cuando él oraba, Dios
contestaba. Pronto él volvía a visitar el hogar para ver cómo seguía el que había estado enfermo. La respuesta a la oración había convencido a los familiares del poder de Dios y de su amor. Estaban listos para escuchar el Evangelio. Muchos aceptaron a Jesús como
Salvador y pronto se fundó una iglesia.
Obreros
¿Qué nos manda hacer Jesús en Lucas 10:2 a favor de las multitudes perdidas? ¡Orar para que el Padre envíe obreros a su mies! Una señora sintió hondamente la necesidad de
que el Evangelio se predicase en cierta ciudad. Ella no podía ir a predicar allí, pero sí podía orar. Durante varios días ayunó y oró para que Dios estableciera una iglesia en ese lugar. Pronto el Señor dirigió a un evangelista a celebrar una campaña allí. Como resultado, se fundó una fuerte iglesia en aquel lugar.
No solamente debemos orar para que el Señor envíe más obreros, sino que tenemos la responsabilidad de orar por los que ya están trabajando para el Señor. Podemos aprender de Pablo, que no sólo oraba por sus convertidos, sino que les pedía a ellos que oraran por él para que su ministerio fuera eficaz (2 Tesalonicences 3:1, 2).
Los obreros de la actualidad, a semejanza de Pablo, dependen de las oraciones del pueblo de Dios. ¿Oramos por los evangelistas o misioneros que conocemos solamente
cuando celebran cultos en nuestra iglesia, o continuamos recordándolos en oración? ¿Cuánto oramos por los pastores de nuestra iglesia y otras de la región donde vivimos? ¿Oramos por aquellos que enseñan en la escuela dominical y por los diáconos? ¿O por el testimonio de otros creyentes donde trabajan?